domingo, 20 de mayo de 2012

Despeinar a Peña Nieto

Jorge Ramos Ávalos

Los periodistas y los jóvenes de México tenemos la obligación de despeinar a Enrique Peña Nieto, el candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Hay que ponerlo contra la pared, cuestionarle todo, preguntar de más, revisar sus cuentas, sospechar de sus relaciones políticas, asegurarse que no tenga compromisos previos con empresas o particulares y sacarle la verdad. Toca, como dicen los colombianos.

Si Peña Nieto tiene más posibilidades que cualquier otro mexicano de ser Presidente, según la mayoría de las encuestas, entonces hay que saberlo todo de él antes que llegue a Los Pinos. Todo antes. Después del 1o. de julio ya no sirve.

Muchos mexicanos no creen en las encuestas. Se acuerdan de los fraudes y las trampas del PRI durante 71 años y consideran que están compradas, maquilladas o todo lo anterior. Cierto o no, la candidata del Partido Acción Nacional (PAN), Josefina Vázquez Mota, y el candidato del Partido de la Revolución Democrática, Andrés Manuel López Obrador, están tratando a Peña Nieto como el candidato a vencer -basta recordar los ataques durante el primer debate. Por lo tanto, como periodistas, como votantes y como mexicanos, nos toca hacerle las preguntas incómodas. Para eso son las campañas.

A pesar de ser un candidato joven -tiene 45 años- el copete, los corbatones, el lenguaje corporal y sus discursos burocráticos nos hablan de un político atorado en el pasado, tradicional, hecho a la vieja usanza priista. Nos ha costado tanto la democracia en México, que no podemos darnos el lujo de elegir a un candidato que esté ligado con personajes antidemocráticos, como el expresidente Carlos Salinas de Gortari, quien fue elegido por dedazo (1988) y que dio, a su vez, dos dedazos (1994): uno por Luis Donaldo Colosio y otro por Ernesto Zedillo.

Decir PRI antes del 2000 era decir corrupción. Por eso me preocupa la actitud tan tibia que ha tomado Peña Nieto ante las graves acusaciones de corrupción contra su aliado político, el exgobernador del Estado de México Arturo Montiel. Si de verdad Peña Nieto quiere ser un candidato moderno, tiene que romper con los dinosaurios en su clóset y, hasta hoy, no lo ha hecho.

Flojas, también, me parecieron sus declaraciones sobre la matanza de Atenco en el 2006, donde murieron dos personas cuando él era gobernador y donde, según reportes de prensa, al menos 26 mujeres fueron violadas o abusadas sexualmente por la policía. "Cuando se habla de violaciones, ultrajes, yo te diría que son presunciones y son señalamientos que algunas mujeres hicieron pero que en ninguno de los casos quedó debidamente probado", me dijo en una entrevista en el 2009. Peña Nieto, ahí, tomó partido con los victimarios y no con las víctimas. (Aquí está la liga http://bit.ly/tLbMTx).

"México es un país seguro", me dijo en esa entrevista, "más que otros países de América Latina". Esto no transmite el sentido de urgencia que tienen muchos mexicanos para que no haya otros 50 mil muertos el siguiente sexenio. La prioridad número uno para el próximo Presidente es detener la violencia. No más masacres con 49 torsos, sin cabezas y extremidades, como aparecieron impunemente hace poco en Nuevo León.

Peña Nieto aún no ha logrado despejar las dudas de que utilizó millones de dólares en recursos de su gobierno para promover su imagen y su eventual candidatura presidencial. "La inversión en comunicación deriva en la necesidad propia de la autoridad de comunicarse con la población", me dijo. Pero ¿cómo no concluir que esta es una campaña dispareja en recursos y medios?

Y lo personal tampoco puede olvidarse. Peña Nieto, en el 2011, explicó como un "lapsus" cuando no se acordó -durante una entrevista previa- de qué había muerto su primera esposa, Mónica Pretelini. (Aquí está la entrevista http://bit.ly/oGF8Gx).

Además, el escritor Carlos Fuentes, meses antes de morir, fue durísimo con él y lo calificó de "muy ignorante" por no recordar tres títulos de libros que lo marcaron. Peña Nieto, dijo
Fuentes, "tiene derecho a no leerme (sin embargo) lo que no tiene derecho es a ser presidente de México a partir de la ignorancia".

Pero hasta el momento Peña Nieto ha sido el candidato Teflón, porque ninguna acusación o crítica se le pega.

Nuestro principal trabajo como periodistas no es ser amigos de los que están en el poder sino evitar que los políticos y candidatos abusen de él. Hoy nos toca cuestionar a Peña Nieto a fondo y despeinarlo. Lo mismo haríamos con López Obrador y Josefina si estuvieran de punteros. Después del 1o. de julio será demasiado tarde.

Reforma
20/05/2012

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