sábado, 31 de agosto de 2013

El Seguro Popular de Peña Nieto: un ajuste mínimo empleable

 


Gustavo Leal F.*

El equipo de gobierno de Peña Nieto empieza a reconocer fallas operativas –señaladas por años– en el Seguro Popular. Pero sigue omitiendo enfrentar los problemas de fondo vinculados a su diseño –también señalados por años– y, sobre todo, aún no se atreve a renunciar públicamente a seguirlo utilizando electoralmente, como antes lo usaron Fox y Calderón. El propio Peña Nieto se ha pronunciado por la consolidación de su cobertura.
Por supuesto que no se trata de la secretaria Mercedes Juan, quien cree devotamente en el Seguro Popular. Pero sí del actual comisionado nacional de protección social en salud, Gabriel O’Shea, el hombre fuerte de Pe­ña en la Ssa y antes su secretario de Salud en el Edomex.
O’Shea reconoce finalmente que con ese seguro sus antecesores se preocuparon más por afiliar que por atender a la par su infraestructura; que para la cobertura universal todavía falta mucho; que el Seguro Popular es sólo una compañía de seguros sin médicos y hospitales, dotada de una póliza y un catálogo de enfermedades que atiende en un reducido número de clínicas y que con el fondo de gastos catastróficos se cubren apenas 20 enfermedades caras.
Otros funcionarios de la Ssa también reconocen, ¡hasta ahora!, que esa afiliación desmedida al Seguro Popular saturó los servicios por falta de planeación; forzó edificaciones hospitalarias que operan a 60 por ciento y generó un problema laboral (hasta ahora irresuelto): cerca de 70 mil médicos y enfermeras sin las debidas y regulares contrataciones.
O’Shea ha aceptado que, a partir de 2013, el programa consulta segura se elimina de los requisitos para la reafiliación al Seguro Popular. Y es que, obligar a los individuos a acudir al centro de salud para una evaluación médica e identificación de factores de riesgo y/o detección oportuna de padecimientos desalentó el interés de las personas por renovar sus pólizas. Consulta segura fue la aportación más sólida de Salomón Chertorivski, último secretario de Salud calderonista, al Seguro Popular.
Este primer diagnóstico del nuevo gobierno, aún no se ocupa de las fallas de fondo en el diseño del Seguro Popular vinculadas a la ejecución de un programa federalista en extremo centralizador (que explica los endémicos episodios de corrupción que acompañan su operación consuetudinaria); la implantación de un catálogo de beneficios que, por esencial, no se ajusta a lo que enferma y mata a los asegurados; que se impone indiscriminadamente sin considerar el perfil de daños local de las diferentes patologías estatales, al tiempo que inhibe la libertad diagnóstica propia del juicio médico-clínico al sólo restringirla a las intervenciones que contempla el catálogo esencial.
El diseño del Seguro Popular y su paquetería esencial tecnocráticamente racionada es el problema y no su operación, que deriva justamente de ese diseño. Tampoco es muy probable que el Seguro Popular pueda ganar calidad sobre la base de un diseño minado desde su punto de partida. A menos que por mejora en la calidad se entienda seguir sumando afiliaciones.
La interrogante es, más bien, si el gobierno de Peña Nieto resistirá la tentación se seguirlo usando electoralmente. Por lo pronto, el 11 de marzo de 2013, ya aparece presuntuosamente como una de las acciones realizadas en sus primeros 100 días de gobierno al destinar 66 mil millones de pesos al Seguro Popular, exactamente igual que como ocurría en los tiempos de Fox y Calderón.
Además, O’Shea ya declara a voz en cuello y sin miramiento alguno que para 2013 se prevé sumar 2.5 millones de afiliados más en el Seguro Popular: un crecimiento de aproximadamente 5 por ciento.
Como con Fox y Calderón, O’Shea asegura que es como una gran aseguradora. Al cierre de 2012 tenemos afiliados a 53 millones con catálogo único de enfermedades. Cubre mil 533 enfermedades, incluye 522 medicamentos y 20 enfermedades catastróficas que son diferentes tipos de cáncer. Buscamos tener mayor presupuesto para 2014, que en 2013 se incrementó en 3 por ciento, y poder incluso meter cáncer de pulmón.
Frente al desafío de los males crónicos no transmisibles, cuya magnitud demuestra que el destino nos alcanzó y que es imperativo tomar acciones inmediatas –a decir del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades (Cenavece)–, Peña Nieto con su cobertura consolidada del Seguro Popular apenas instruye a su secretaria de Salud, Mercedes Juan, a que instrumente una estrategia nacional contra la obesidad y la diabetes. Al mismo tiempo exhorta a que los ciudadanos fomenten estilos de vida y hábitos de alimentación saludable, así como actividad física. Porque, en su opinión, no se verán resultados positivos, si los ciudadanos no contribuyen con cambios de hábitos!
No sorprende que Mercedes Juan se contente con repetir que los padecimientos crónicos representan para el sector costos muy elevados y que, con el Seguro Popular como estandarte y la “participación de la sociedad se podrán reducir factores de riesgo y garantizar intervenciones oportunas. ¿Con un Seguro Popular que sólo afilia y no resuelve?
En suma: el Seguro Popular en manos de Peña Nieto y su equipo de gobierno, recibe un ajuste mínimo y a la baja, sin enfrentar a fondo sus fallas de diseño estructural, para seguir empleándolo ¿electoralmente? ¿Esa es, acaso, la segunda alternancia del nuevo PRI?
*Universidad Autónoma Metropolitana /Xochimilco