sábado, 24 de abril de 2010

Celebración de la palabra escrita


La gloria del Quijote sigue en pie ante el horror que nos cerca: JEP


*El poeta mexicano recibe el premio Cervantes y consuma su paso a la posteridad
*Escribe sabiendo que vendrá la marea y con ella la desmemoria, dice la ministra de Cultura de España
*Su compromiso fraterno lo pone junto a los que sufren, resalta el rey Juan Carlos

Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La JornadaSábado 24 de abril de 2010, p. 4

Alcalá de Henares, 23 de abril. A sus 70 años –50 los ha dedicado a la literatura y la creación–, el polígrafo mexicano José Emilio Pacheco (JEP) recibió el Premio Cervantes de las Letras 2009, con el que se convierte en un “clásico vivo”, en un autor esencial que intenta descifrar el presente.
Después de Octavio Paz, Carlos Fuentes y Sergio Pitol, ahora tocó a JEP el turno de llenar con su palabra el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, en una sesión solemne en la que se consumó su paso a la posteridad. “Me gustaría que el premio Cervantes hubiera sido para Cervantes”.
Su obra, escrita a lo largo de 50 años, se resume en 14 libros, 800 páginas y miles de manuscritos o esbozos de poemas destruidos; su relación con la literatura ha tenido varias vertientes; desde sus primeras incursiones en la veta fantástica y de piratas, cuando tenía seis años y ya garabateaba fábulas, hasta sus doctos ensayos literarios o poemas más proféticos.
Visión doliente
Rodeado de académicos, escritores, de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, y del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, Pacheco subió al estrado, apartó con elegancia su inseparable bastón negro e inició un discurso rico en referencias literarias y de gran profundidad.
Pacheco recordó su primer contacto con la obra cumbre de Cervantes, El Quijote, cuando, con tan sólo ocho años fue al Palacio de Bellas Artes con sus compañeros de escuela para escuchar una adaptación realizada y dirigida por Salvador Novo. “La cortina se abre. De la oscuridad surge la venta que es un castillo para Don Quijote. Quiere ser armado caballero a fin de que pueda ofrecer sus hazañas a la sin par Dulcinea del Toboso, la mujer más bella del mundo. Dos horas después termina la obra. Desciende de los aires Clavileño que en esta representación es un pegaso. Don Quijote y Sancho montan en él y se elevan aunque no desaparecen. El Caballero de la Triste Figura se despide: No he muerto ni moriré nunca… Mi brazo fuerte está y estará siempre dispuesto a defender a los débiles y a socorrer a los necesitados”.
Con esa visita escolar y la influencia involuntaria de Novo, JEP descubrió “que hay otra realidad llamada ficción. Me es revelado también que mi habla de todos los días, la lengua en que nací y constituye mi única riqueza, puede ser para quien sepa emplearla algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el escenario. La historia del Quijote tiene el don de volar como aquel Clavileño. He entrado sin saberlo en lo que Carlos Fuentes define como el territorio de La Mancha. Ya nunca voy a abandonarlo”.
José Emilio Pacheco confesó además que en sus sucesivas lecturas de esa obra descubrió que “el Quijote no es cosa de risa. Me parece muy triste cuanto le sucede. Nadie puede sacarme de esta visión doliente”.
Acompañado estos días por su mujer, Cristina, y sus hijas Laura Emilia y Cecilia, volvió después a lo que llamó “el plano de la realidad irreal o de la irrealidad real”, en el que los personajes del Quijote pueden ser al mismo tiempo sus lectores, y afirmó: “Me gustaría que el premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera aliviado sus últimos años al recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en poco o nada remedió su penuria”.
Tras detallar cómo padeció Cervantes un orden injusto e impuesto, JEP concluyó: “El Quijote es muchas cosas, pero es también la venganza contra todo lo que Cervantes sufrió hasta el último día de su existencia. Si recurrimos a las comparaciones con la historia que vivió y padeció Cervantes, diremos que primero tuvo su derrota de la Armada Invencible y después, extracronológicamente, su gran victoria de Lepanto: El Quijote es la más alta ocasión que han visto los siglos de la lengua española”.
Finalmente, JEP volvió a esa realidad diaria, a ese “pan cotidiano” de la violencia extrema que padece México. “Nada de lo que ocurre en este cruel 2010 –de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta a países como México– era previsible para comenzar el año. Toda cambia día a día, todo se corrompe, todo se destruye. Sin embargo, en medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes, siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote”.
El discurso de JEP recibió la respuesta de la ministra de Cultura española, Ángeles González-Sinde, quien señaló: “Pacheco escribe sabiendo que vendrá la marea, y con ella, la desintegración en el tiempo, la desmemoria”.
Mientras el rey Juan Carlos, quien entregó la medalla y el acta de reconocimiento del premio, destacó la “modestia” del poeta, así como su obra que “rezuma una humanidad y un compromiso fraterno que le han llevado siempre a estar cerca de los que sufren”. Su obra entraña “la hondura de un compromiso ético, ejemplar y necesario”.