martes, 27 de abril de 2010

Busco un lenguaje que nos aleje de lo confortable, dice Atxaga

Siete casas en Francia es “una novela brutal”, dice el escritor vasco a La Jornada

*El autor ambienta la historia en el Congo belga para describir “una comedia del poder”
*Traducir la obra del euskera al castellano, catalán y gallego ha sido una cosa de locura, indica

Ericka Montaño Garfias

Periódico La JornadaMartes 27 de abril de 2010, p. 4

Bernardo Atxaga tomó todas las convenciones del género de aventuras, las sacudió, les quitó los efectos especiales y dejó a los héroes sin aura.
El resultado es una novela brutal y sutilmente subversiva “contada en un tono meteorológico”: Siete casas en Francia, que se publicó casi de manera simultánea en euskera, castellano, catalán y gallego, lo cual debió ser significativo en un país que habla acerca de la comunicación entre sus lenguas oficiales y sin embargo “no lo fue“, dice el escritor vasco en entrevista vía telefónica con La Jornada.
Esta nueva novela, publicada por Alfaguara, se ambienta en el Congo belga a principios del siglo pasado; los personajes son militares que se ocupan de la explotación del caucho, y extraoficialmente del tráfico de caoba y marfil, durante el reinado de Leopoldo II. El aislamiento en la selva y la ambición para hablar de temas actuales, no sólo de la explotación, sino de la “comedia del poder”.
–Siete casas en Francia recuerda mucho las novelas de aventuras.
–Efectivamente. La novela está planteada sobre dibujos literarios. Uno de ellos es desde luego una novela de aventuras. Sobre ese dibujo utilizo un lenguaje que nada tiene que ver con el género y una forma de narración que tampoco tiene mucho que ver con el género: normalmente las novelas de aventuras siempre tienen un lenguaje que tiende al aura, al brillo, a lo épico, y yo aquí hago mofa de todo esto.
“Mi idea es tomar todas las convenciones, desde el género hasta el lenguaje, y tratarlas subversivamente. Le quité toda la paja, busqué otra forma de nombrar lo que es terrible y lo hago como si fuera meteorología, de la forma en la que se habla del clima, porque me parece que así es un silencio que se oye.”
–Es una novela brutal.
–Claro, es una novela brutal tratada meteorológicamente. Es brutal por lo que no se dice, por lo que el lector deduce. Al no subrayarlo, al no ponerle efectos especiales, al rodearlo de silencio busco un lenguaje que nos haga huir y no nos deje en una zona confortable. La novela no actúa, mueve a la reflexión.
Y esa reflexión proviene no sólo de hablar acerca de la explotación en África y otros lugares del mundo, que es la parte dura, dice el narrador y poeta, nacido en Asteasu, Gipuzkoa, el 27 de julio de 1951.
“La parte trágica es que también está ocurriendo lo que podríamos llamar la comedia del poder, la comedia casi burlesca del poder”, que en la novela toma los nombres de Leopoldo II, el capitán Lalande Biran o el teniente Richard van Thiegel.
“Fuera de la ficción toma casos como el de la secretaria que acusó de acoso sexual a un gobernante en Israel, o Berlusconi. La anécdota ficticia de sacar a un león viejo del zoológico de Bruselas para que Leopoldo II lo matara en la selva tiene origen en la realidad.
“Ese acto absurdo no lo he inventado directamente. Aquí se supo y se publicó que el rey de España había cazado un oso en Rumania o en Hungría, no sé en qué país de Europa del este, pero sacaron al oso dos días antes del zoológico. Nadie quiere hacer la asociación y, por ejemplo, quienes lo hicieron en cómic tuvieron algunos líos.”
Bernardo Atxaga, nombre de batalla literario de José Irazu Garmendia, es uno de los autores más reconocidos del País Vasco y escribe en su lengua natal, el euskera. Algunas de sus obras, que le han valido varios premios, han sido traducidas a 25 idiomas, como la emblemática Obabakoak.
Novela, ensayo, poesía, cuento, y literatura infantil y juvenil son los géneros en los que vive su escritura, que ha llevado la literatura en euskera al mundo.
En este momento en el País Vasco “hay cada vez más escritores y, por tanto, más voces y lectores. Eso es lo bueno, lo malo es que de repente hay una especie de ola institucional, una ola de dinero público que apoya a la literatura o el arte, pero es un flanco que hay que cuidar: hay que permitir que le ayuden a uno, pero lo justo. Que se ayude a la literatura lo mismo que al hierro. Hay que ser independientes, pero en definitiva cuesta más ser independiente cuando te tratan bien que cuando te tratan mal”.
Su base de escritura es el euskera, lengua prohibida durante la dictadura de Francisco Franco. Hoy sus libros son de los más traducidos, “pero esto también se debe a un trabajo conjunto: yo no hubiese podido escribir si no hubiese habido una generación aquí un poco representada por el poeta Gabriel Aresti. Quizá decir esto en México o en el mundo anglosajón no tenga mucho sentido, pero cuando aquí, durante la dictadura, escribir en lengua vasca era algo casi de catacumbas, cuando éramos un grupito; entonces ahí sí ha habido un sentido, al menos hasta mi genera- ción, de reconocimiento para los que prepararon para mí el camino.
“Con Obabakoak tuve la suerte de ser traducido a unos 25 idiomas y en ese sentido acepto ser quien abrió las puertas de la literatura vasca; acepto que se tenga cierto mérito, pero no crea que pienso mucho en eso: yo me preocupo por lo siguiente, no por el pasado.”
–Pero también es significativo que Siete casas en Francia se haya publicado en las cuatro lenguas oficiales casi al mismo tiempo.
–Eso tenía que haber sido significativo, pero no lo ha sido. Me ha parecido que fui un poco ingenuo al creerme lo que se viene diciendo otra vez. Ese discurso sobre la importancia de que haya relación entre todas las comunidades del Estado español. Pues lo creí, pensé que tenía que hacer ese acto simbólico para que la gente, por ejemplo, dijera: ‘qué bien, aquí hay una apuesta por la buena comunicación entre las diferentes lenguas’, pero esto no es así.
“He hecho centenar de entrevistas acerca de esta novela, pero es usted la primera que me pregunta al respecto, así que fíjese lo mucho que importa aquí. Se lo puedo asegurar, nunca más lo vamos a volver a hacer. Hablo en plural, porque hice la traducción con mi mujer, y ha sido un esfuerzo terrible.
“Nadie se puede imaginar lo difícil que ha sido traducirlo y sacarlo en las cuatro lenguas. Ha sido una cosa de locura y es porque no acabo de dejar de ser ingenuo y me creí un poco eso de que hacía falta esa utopía de la Iberia que se comunica, que se respeta, pero eso no es verdad, no le importa a nadie.”
Por lo pronto, Bernardo Atxaga continúa su trabajo literario y ahora prepara un cuento “de risa” que se titula Xola un animal libre, y lo que será su libro “más interior”, Un poeta en Nevada.
“Me sigue divirtiendo escribir y ésa es para mí una señal para seguir adelante. Después de una semana en que uno ha hecho cien cosas, me pregunto cuáles han sido los mejores momentos, cuándo he estado bien, sereno, tranquilo, un poco volando con la cabeza, y la respuesta es escribiendo. Yo todavía tengo afición, la tuve de joven y no la he perdido; y creo que esta voluntad de escribir, esta afición a escribir, se llega a perder, y lo he notado con escritores que ya no preparan las conferencias, que dicen cualquier cosa o atienden cualquier premio y eso es porque están cansados, ya no están en la vida.
“Yo todavía estoy ahí, supongo que al menos otro libro aguantaré.”