viernes, 30 de enero de 2009

Presentan en Oaxaca exposición de libros prohibidos en el siglo XVI

Juan Drusio, a quien se le consideró sospechoso de herejía y, por tanto, "autor condenado", aparece como anotador, comentador y autor respectivamente de las obras exhibidas.

Notimex / La Jornada On Line Publicado: 30/01/2009 14:23

Oaxaca. La explanada municipal de San Pablo Huitzo, en esta entidad, alberga la muestra Libros prohibidos, censura y expurgo en la Biblioteca Palafoxiana, conformada por diversos volúmenes representativos de la coartación a la libertad de imprenta en el siglo XVI en la Nueva España.

La muestra está conformada por 34 libros divididos en los temas de "Expurgo", "Indices de libros prohibidos" y "Licencias y aprobaciones de la autoridad civil y eclesiástica". Entre las obras que en esta ocasión se muestran destacan "Sabiduría solar o eclesiástico", "La historia sagrada de Sulpicio Severo" y "Comentarios sobre sectas judías".

En estas obras, Juan Drusio, a quien se le consideró sospechoso de herejía y, por tanto, "autor condenado", aparece como anotador, comentador y autor respectivamente.

Esta exposición tiene también como objetivo mostrar la riqueza bibliográfica de la Biblioteca Palafoxiana, ubicada en la ciudad de Puebla, de manera que todo el público tenga acceso a reconocer su patrimonio cultural.

Para ayudar a entender la importancia de estos volúmenes y su significado histórico, se imparte un recorrido abierto con una variedad de lecturas que el propio espectador podrá construir.

Durante el siglo XVI y debido a la invención de la imprenta, la cual permitía una rápida proliferación y acceso a una diversa gama de ideas, se creó un control civil y eclesiástico que influyó en la presentación y circulación de los libros, estampas, alegaciones, pasquines, panfletos y otros.

Los motivos principales que la Corte española y el Tribunal de la Inquisición presentaron ante la Santa Sede para controlar los contenidos de los libros fueron: impedir la propagación de ideas subversivas y de escritos que se consideraban inútiles y perjudiciales.

También se buscaba proteger económicamente al consumidor, al implantar la tasa de precios en los libros, y suplir la falta de lo que se denominaba derechos de autor mediante la concesión del privilegio.

Con esos argumentos, la Corona española implantó una legislación para el libro que marcaría su estructura.

La historia comenzó en 1502 con la pragmática emanada por los reyes católicos, en donde se ordenaba que todo libro debiera llevar en la primera hoja, de una forma clara, el título de la obra y el nombre del autor, así como la licencia de la Corona.

Posteriormente, en 1554, Carlos V ordenó que las licencias, privilegios y tasas que debía llevar toda obra impresa sólo fueran otorgadas por el rey o el virrey. Años después (1558), Felipe II decretó que tanto libros nacionales como extranjeros no podían circular en tierras españolas si no llevaban la autorización del rey, aclarando que se adjudicaba pena de muerte y confiscación de bienes a quien comprara y vendiera la obra.

De esta forma, a partir del siglo XVI todo libro debía contener -antes del texto y después de la portada- una seria de hojas que le dieran legalidad para poder ser leído, comprado y distribuido en el reino español, de otra forma sería considerado como prohibido.

La exposición cuenta con el auspicio del gobierno de Oaxaca, a través de su Secretaría de Cultura, y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, por medio de su Dirección General de Vinculación Cultural, y permanecerá en exhibición hasta el próximo 22 de febrero.