miércoles, 21 de enero de 2009

Capos, los verdaderos jefes de la SIEDO

RICARDO RAVELO

Los cárteles de Sinaloa y del Golfo, los hermanos Beltrán Leyva, Los Zetas y La Familia pagaban a funcionarios civiles y militares de varias dependencias, y no sólo de la SIEDO, para que les informaran sobre operativos, cateos, órdenes de aprehensión y cualquier otra cosa que les requirieran. De hecho, los primeros fungían como los verdaderos jefes de esa dependencia. Así, eran los narcos quienes dirigían la "lucha antinarco" del gobierno de Felipe Calderón.

La amplia red de protección del narco incluye a funcionarios de primer nivel de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), así como agentes y comandantes de la Policía Internacional (Interpol), de la Policía Federal Preventiva (PFP) y efectivos del Ejército Mexicano que servían por igual a los intereses criminales de cinco cárteles mexicanos a cambio de fuertes pagos en dólares.

Así, la infiltración no se reduce a los mandos superiores de la Subprocuraduría General de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), coludidos con la célula representada por los hermanos Beltrán Leyva, como lo informó la Procuraduría General de la República (PGR).

Esta penetración en todo el aparato de seguridad y de combate al crimen organizado, sin precedente en la historia reciente del país, explica en buena medida la atrofia que enfrenta el gobierno de Felipe Calderón para abatir la violencia y exterminar las redes patrimoniales del narcotráfico que florecen por todo el país.

La averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/0241/2008, iniciada a mediados de 2008, confirma lo anterior con base en diversas declaraciones -la mayoría rendidas por testigos protegidos- que dan cuenta, por ejemplo, que exfuncionarios de la SIEDO recibieron pagos millonarios de los cárteles de Sinaloa y del Golfo; de la célula de los hermanos Beltrán Leyva, del grupo armado Los Zetas y de La Familia, grupo criminal que opera en una decena de estados de la República.

La investigación comenzó cuando agentes de la agencia antidrogas estadunidense (DEA, por sus siglas en inglés) le informaron al entonces titular de la SIEDO, Noé Ramírez Mandujano, que sus colaboradores cercanos estaban ligados al narco.

Ahí se acredita que, lejos de enfrentar a las redes del narcotráfico con los instrumentos legales de la que fue dotada, la subprocuraduría más importante de la PGR terminó maniatada y puesta al servicio de la mayoría de los cárteles que operan en el país.

Personal de la SIEDO como el capitán Fernando Rivera Hernández, excoordinador de inteligencia de esa dependencia, y los comandantes Roberto García y Milton Cilia Pérez recibieron radios Nextel de parte del cártel de Sinaloa para que les informaran sobre operativos, cateos, órdenes de aprehensión y otras acciones.

No es todo: el exdirector de Interpol-México, Rodolfo de la Guardia -declarado formalmente preso el jueves 15, por su presunta responsabilidad en materia de delincuencia organizada y delitos contra la salud-, es señalado en el expediente como "un vendedor y arrendador de las plazas de la Policía Federal Preventiva" mientras fungía como director de Despliegue Regional de la Secretaría de Seguridad Pública, al inicio de este sexenio.

Ahora se sabe que De la Guardia es primo de José Antonio Cueto (incriminado en la investigación de la PGR como publirrelacionista y reclutador de funcionarios civiles y militares, para los hermanos Beltrán Leyva) y que ambos eran socios de un despacho que defendía los casos de narcotráfico que ellos mismos perseguían desde sus respectivos cargos.Así mismo, el capo Sergio Villarreal Barragán, El Grande, operador de los Beltrán en la Comarca Lagunera, Nuevo León y Morelos, aparece como protagonista de una historia truculenta: pretendió controlar a los policías adscritos a la SIEDO para que le brindaran protección y así traficar drogas sin ser molestados.

Entre verdades a medias, datos incompletos y algunos hechos que parecen irrefutables, los testigos protegidos de la PGR han tejido la historia de cómo los capos del narcotráfico, en lugar de ser perseguidos terminaron girando órdenes al interior de la SIEDO. Aún falta que los jueces correspondientes analicen el valor probatorio de los testimonios.

El testigo Saúl -cuyo nombre real es Milton Cilia Pérez, quien fungió como comandante en la SIEDO- detalló el 4 de agosto de 2008 la manera en que se entablaron las negociaciones con Sergio Villarreal Barragán, El Grande, un narcotraficante ligado a los Beltrán que sigue impune.

Narra: El Grande me comentó que cuál sería la mejor manera de tener el control de las dos policías de la SIEDO, la del grupo del capitán (Fernando) Rivera y la del Ing. (Miguel) Colorado. De éste su gente de confianza era un agente federal de nombre Antonio, que le apodaban El Capuleto (Antonio Mejía Robles, a quien también le llamaban Capulina), y que para que tuviera el control de las dos policías le arreglarían una reunión entre El Capuleto y alguien del capitán Rivera.

El Grande le comentó que el Ing. Colorado (actualmente preso en Puente Grande a la espera de ser extraditado) vendía la información a todos los cárteles, y que lo hacía por medio de su esposa (...) y los agentes que están al mando de El Capuleto se la llevan a la señora a un restaurante que está cerca de las oficinas de la SIEDO y que El Capuleto se apoya en otro de apellido Zavala (el agente de la AFI Jorge Alberto Zavala), pues éste controla a todo el personal.

Cuatro días después, el 8 de agosto, Saúl reveló un plan para asesinar a varios funcionarios de la SIEDO que no avisaron a tiempo del operativo que derivó en la aprehensión de Alfredo Beltrán, El Mochomo, detenido en enero de 2008:

En la declaración de fecha 4 de agosto omití señalar unas cosas de las que me acordé después diciendo a quiénes de la SIEDO iban a matar por no haber avisado del operativo, si al capitán Rivera, a su gente o a otros servidores públicos, entre los que nombró a Miguel Colorado.

El testigo también abunda en la insistencia de El Grande para unir a las policías adscritas a la SIEDO y ponerlas a su entero servicio:

Me enteré que el contacto directo entre la organización de los hermanos Beltrán Leyva con la policía que dirige el ing. Colorado era a través de un agente que se llama Francisco (Francisco Javier Jiménez), de apodo Pinocho, misma persona que se reportaba directamente con El Borrado (cuyo nombre real es Guillermo Martínez y formó parte del cártel de Sinaloa), quien es uno de los principales cabezas de la organización.

Por su parte, el capitán Fernando Rivera Hernández, excoordinador de inteligencia de la SIEDO, convertido en el testigo Moisés, asegura que Miguel Colorado, excoordinador técnico de esa subprocuraduría, colaboraba con los Beltrán Leyva a través de José Alberto López Guerrero, el agente federal adscrito a la embajada de Estados Unidos en México -actualmente es el testigo Felipe-, con cuyo testimonio inició formalmente la Operación Limpieza.

Cuenta Moisés: Quiero agregar que José Alberto López Guerrero es amigo del Ing. Miguel Colorado, y que esta amistad es desde hace muchos años, cuando el licenciado Cueto (José Antonio Cueto López, el primo de Rodolfo de la Guardia y reclutador de funcionarios) era director de Tránsito en el Estado de México y el Ing. Colorado era director de la Policía Auxiliar. Hasta donde yo sé, hace muy poco que se distanciaron, esto se debió a que Colorado se percató de que Cueto andaba muy pegado con el suscrito (...) Además, Cueto me mencionó que Colorado laboraba con los Beltrán Leyva a través de El Borrado. Por otra parte, quiero señalar que el mismo día que se detuvo a El Mochomo (Alfredo Beltrán Leyva) Roberto García (actualmente el testigo David) y Milton Cilia (el testigo Saúl) se entrevistaron con El Grande, un líder de la organización criminal de los Beltrán, quien les dijo que su jefe Arturo estaba encabronado con el declarante y su gente, así como con Colorado y su gente, también, ya que todos recibían dinero de él y nadie le avisó de la detención de su hermano menor.

Sin embargo, tanto Fernando Rivera como su gente cercana sí tuvieron a tiempo la información sobre la captura de Alfredo Beltrán, pero no la pudieron filtrar porque el famoso Mochomo era seguido y tenía todas sus líneas telefónicas intervenidas por el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) del Ejército.

Esto se desprende de las declaraciones de un personaje que dentro del cártel de Sinaloa es conocido como El 19 y que actualmente es el testigo protegido identificado con la clave Jennifer.

Según el testigo, el 21 de enero de 2007 el presunto reclutador de los Beltrán, José Antonio Cueto López, estaba nervioso. Se reunió con el capitán Fernando Rivera, quien le informó que estaban a punto de capturar al Mochomo, y que en la SIEDO nada podían hacer para evitarlo.

El 19 o Jennifer relató en su testimonio "que Rivera le dijo que ellos no habían trabajado ese asunto, pero que se acababan de enterar, ya que era un asunto del GAFE".

El testigo protegido atribuye al capitán Rivera Hernández gestionar la obtención de los informes militares secretos para entregarlos a los Beltrán. Jennifer dice que el mismo día que detuvieron al menor de los Beltrán, "Rivera ya tenía los informes".

Y añade: Ese mismo día, como a las 10:00 de la mañana, Fernando Rivera proporcionó al declarante los detalles y la información original de la Secretaría de la Defensa Nacional respecto de cómo había el GAFE del alto mando tenido acceso a la ubicación exacta de Alfredo Beltrán Leyva, El Mochomo, y dijo que fue a través de un militar infiltrado dentro del grupo de El Mochomo conocido como El Chamaco, que logró llamar al GAFE para informar sobre la ubicación precisa y condiciones de baja seguridad que permitieron lograr la detención del referido Alfredo Beltrán Leyva (...) Que a las 2:00 de la tarde de ese mismo día, Fernando Rivera le proporcionó las copias completas de todo lo que estaba declarando Alfredo Beltrán en la SIEDO.

En otra declaración, el exmilitar Milton Cilia Pérez (el testigo Saúl), quien laboró en la SIEDO bajo las órdenes de Rivera Hernández, contó lo ocurrido después de la detención de Alfredo Beltrán Leyva:

En una ocasión tuvimos que ir a ver a Sergio Villarreal Barragán, El Grande, operador de los Beltrán Leyva, para dar una explicación de lo sucedido, deslindarse de la captura de El Mochomo y evitar represalias (...) El Grande comentó que quería la lista de militares, o su gente se la proporcionaría (...) En ese momento se le explicó a El Grande, tanto por Roberto García como por mí, que el operativo lo habían hecho gafes del alto mando de la Sedena y que gente de su grupo no había participado.

Secreto a voces

En una ampliación de declaraciones, el capitán Fernando Rivera (Moisés) reconoce que dentro de la SIEDO se protegía a varios cárteles de la droga:

(...) Era un secreto a voces que (...) nuestro jefe Colorado era el encargado de repartir las investigaciones; esto lo hacía por persona, no por turno, ya que su gente está relacionada con el cártel del Golfo, La Familia de Michoacán, el cártel de Sinaloa y los hermanos Beltrán Leyva, y quienes a su vez son los encargados de vender dichas investigaciones con sus contactos, como lo hacía El Pinocho.

También se dice que la esposa de Colorado y su hijo (...) tienen relación directa con Nacho Coronel, narcotraficante del cártel de Sinaloa; que ella era quien directamente pasaba información a dicha persona y cuando lo hacía iba acompañada de Jorge Zavala y Antonio Mejía.

El testigo David (Alberto García García) coincide, en parte, con lo que afirma Moisés al referirse a los vínculos de Miguel Colorado con los Beltrán:

(...) Cuando se puso a disposición del MPF a Alfredo Beltrán Leyva, alias el Osito Bimbo o El Mochomo, se acompañó un oficio de investigación dirigido al Ing. Miguel Colorado que se localizó en una de las pertenencias de El Mochomo. Posteriormente, la Visitaduría de la PGR llevó a cabo la investigación en la AFI adscrita a la SIEDO, y en esos momentos Zavala (el agente de la AFI, Jorge Alberto Zavala, subordinado de Colorado en la SIEDO) trituró diversa documentación para desaparecerla y no fuera localizada por la Visitaduría.

Conforme transcurrieron- los meses, varios testigos aceptaron sus vínculos con el narcotráfico. Moisés, por ejemplo, reconoce que recibió una maleta con dinero en un restaurante, y que se trataba de un regalo de los hermanos Beltrán Leyva entregado por El 19.

El propio testigo detalla los pormenores respecto de cómo se "enganchó" con el narco siendo funcionario de la SIEDO:

Es mi deseo manifestar que aproximadamente en el mes de septiembre de 2007 se estuvo comunicando conmigo (El 19) y me invitaba a comer. Esto ocurrió en unas tres ocasiones (antes de que) yo aceptara la invitación, ya que él decía que andaba buscando trabajo (...) hasta que en una de sus llamadas le acepté la invitación y fue como nos quedamos de ver en la cantina de Los Remedios un viernes de septiembre.

Cuando me dirigí a ese lugar, no sabía con quién me iba a encontrar, pero seguramente al verlo yo lo iba a reconocer. Al entrar a la cantina y pasar por las mesas de la entrada, sin que yo los reconociera, ellos se pusieron de pie ya que sí me reconocieron a mí y me dijeron que estaban trabajando para una empresa de seguridad y que estaban dándole protección a una persona que se encontraba ahí presente, también de aspecto militar.

Después de tanta plática me dijo que si ya me habían dado alguna vez la maleta, a lo que yo respondí en tono de sorpresa que era lo que yo estaba esperando, en forma de burla, a lo cual me indicó que estaba de suerte, ya que ese momento por fin había llegado (...) También quiero agregar que en esa reunión el supuesto licenciado (Rey Zambada) me dijo que él trabajaba para el cártel de Sinaloa y que su patrón era uno de los Beltrán, y que si quería nos podíamos reunir para que yo trabajara también con ellos, por lo que acordamos que el día lunes siguiente le resolvería.

Cuando llegó el lunes, en el transcurso de la mañana me habló a mi Nextel y le dije que nos reuniríamos en un restaurante de la avenida Reforma. Le pedí a los comandantes García y Milton que nos reuniéramos en ese lugar y que le pidieran al lic. Cueto para que nos acompañara y ver en qué términos íbamos a quedar. Al llegar al restaurante ellos ya estaban ahí, y la plática fue directa y el que me había dicho que era "El Lic." me enseñó su mano y me dijo que era El 19, ya que le faltaba parte de un dedo. Me dijo que lo que quería era protección para su papá, haciendo alusión a los Beltrán Leyva.

Ahí él ofreció una cantidad de dinero, a lo cual El Lic. Cueto pidió la cantidad de quinientos mil dólares, a lo que dijo que era mucho y que lo iba a consultar con su papá.

Horas más tarde, Fernando Rivera y su equipo se reunieron con el enlace de los Beltrán a espaldas del centro comercial Perinorte.

Nos dieron un pago de 150 mil dólares, los cuales los repartimos en cuatro partes iguales, tocándonos cuarenta y siete mil dólares (sic). También se entregaron unos radios para la comunicación, los cuales se distribuyeron entre El Lic. Cueto, el comandante García y Milton. Yo no quise radio. Todo ese equipo era para estar en comunicación.

En los días siguientes me informaba el comandante Milton que si teníamos pendientes algunas salidas de operativos para que se les informara (...) Transcurridos treinta minutos, le informé, recordando que recibimos la misma cantidad en tres ocasiones, es decir, en los meses de septiembre, octubre y noviembre, en total ciento veinte mil dólares recibí como pagos.

A partir de diciembre de 2007 se cortó la comunicación con El 19 y pensamos que lo habían matado. Después nos enteramos que había tenido problemas con La Barbie y que por eso había apagado los radios.

Proceso18/01/2009