lunes, 9 de abril de 2012

Astillero

Felipe toma el control

Incrusta refuerzos a JVM

Tlazcala y agenda equívoca

DF: Paredes y Miranda

Por: Julio Hernández López

De un golpe y sin pudor, el jeFe Lipe instaló a tres de sus personalísimos opera- rios fieles en el presuntamente correctivo mando renovado de la campaña de la candidata en naufragio a la que ahora busca condicionar y controlar de manera abierta.

Destaca por su profunda y extendida mala fama Juan Molinar Horcasitas, quien se ha especializado en cumplir encargos pinoleros turbios. Su punto más alto de impopularidad (por usar un término suave) se relaciona con el caso de la guardería ABC, pero en términos generales el ex director general del Issste se mueve entre los subterráneos políticos y la discursiva cínica con la que busca justificar las peores andanzas del régimen al que sirve. Calderón suele enviarlo como cuña, provocador, desestabilizador o avanzada, siempre implicado en planes que conllevan intenciones ocultas. Su sola inserción en el equipo de la cándida Chepina y su equipo de campaña desfondado revela con claridad la indefensión de Vázquez Mota y la persistencia de malos pensamientos relevistas en el ánimo del acechante Felipe. Si Josefina tuviera fuerza, y pudiera tomar decisiones por sí misma, ¿incluiría en estos momentos en su equipo a alguien como Molinar, que le acarrea tantos negativos (como dicen ahora) y asocia su campaña con la injusticia histórica inolvidable del ABC, de la impunidad de la familia de Margarita Zavala, de las complicidades de élite?

Otro de los refuerzos envenenados es el primer compadre del sexenio, el senador Guillermo Anaya, que nunca ha podido entregar buenas cuentas a su protector pinolero: en Coahuila el PAN fue borrado en varias elecciones por los hermanos Moreira a pesar de todo el apoyo económico, político, militar y policiaco federal que el poder central puso a disposición del mencionado Anaya, a uno de cuyos descendientes llevó a la pila bautismal en 2006 quien entonces se ostentaba como presidente electo. Buena parte de la terrible desgracia cotidiana que viven los coahuilenses en materia de violencia por narcotráfico, sobre todo en Torreón, pro- viene del enfrentamiento de cárteles políticos: uno auspiciado desde el centro, otro afianzado en lo local. En varias ocasiones los estallidos de la guerra han coincidido en la agenda coahuilense con las necesidades, planes, berrinches y odios correspondientes a lo político y partidista.

Y cierra la tercia de fieros subordinados de Felipe Calderón el encuestador de cabecera, Rafael Giménez, quien deja oficialmente su cargo en Los Pinos para dedicarse a trabajar abiertamente con Vázquez Mota. Otro personaje felipista en curso de incorporarse al equipo de JVM es Max Cortázar, en el área de comunicación social. Recuérdese que el principal vocero de la campaña es Javier Lozano, quien fue secretario del Trabajo. Y que el coordinador general, Roberto Gil, fue secretario particular de FCH, a quien dedicó en meses pasados uno de los discursos de mayor lambisconería que se han escuchado. Es decir, para fortalecer al josefinismo se le incrustan personajes que no le guardan fidelidad, que pelearon en su contra (apoyando a Ernesto Cordero) y que están prestos a obedecer las instrucciones precisas que reciban de su verdadero jefe, Calderón, y no de la candidata en jaque que hoy dará a conocer otros nombramientos, que tomó la importantísima decisión personal de que su coordinador de campaña, Gil, ahora sea llamado jefe de gabinete, y que ayer, ante las insistentes versiones de que le harán renunciar a su postulación, tuvo que hablar del tema sin atreverse a mencionarlo expresamente: No he contemplado ningún escenario distinto al de seguir adelante.
En una parte de su promesa ha cumplido Vázquez Mota: han seguido adelante las pifias que parecerían increíbles en el equipo de campaña de la candidata pre- sidencial del partido en el poder. Ayer, en un primer envío de prensa, que más tarde fue corregido, se anunciaba una visita de JosefinABC a Tlazcala, y se daba a conocer una agenda de trabajo con referencias equivocadas de calendario, citando días con una numeración con 24 horas de adelanto.

Beatriz Paredes e Isabel Miranda de Wallace registraron ayer sus candidaturas ante el órgano electoral correspondiente. La tlazcalteca (diría el equipo de campaña de JVM) llamó a evitar la tentación de que los próximos comicios capitalinos sean de Estado. Es extemporánea la pretensión de la priísta: desde hace largo rato la administración ebrardista está a cargo del proceso electoral del perredismo, en cuanto a la jefatura de gobierno y los cargos legislativos, y esa misma postura de intervención y control se mantendrá en las campañas. No hay tentación alguna, sino plenas acciones en curso. Miranda de Wallace, por su parte, recibió el apoyo de la cúpula panista, en respuesta a los continuos señalamientos de que la han dejado sola. La delegación de levantadores de ánimo estuvo encabezada por Margarita Zavala.

Para cerrar esta entrega, Deborah Guzmán comparte algo de lo que leyó en La inmortalidad, segunda parte, de Milan Kundera, a propósito de deporte escenográfico para políticos (y políticas, diría Fox): El presidente norteamericano Jimmy Carter siempre me cayó simpático, pero fue casi amor lo que sentí por él cuando lo vi en televisión en chándal corriendo con un grupo de colaboradores suyos, entrenadores y gorilas; de pronto se le empezó a cubrir la frente de sudor, su cara se contrajo en un espasmo, los demás corredores se inclinaron hacia él, lo cogieron y lo sostuvieron: era un pequeño ataque al corazón. El jogging debía haberse convertido en una oportunidad para exhibir a la nación la eterna juventud del presidente. Por eso había invitado a las cámaras y no fue culpa suya si, en lugar de un atleta pletórico de salud, tuvieron que exhibir a un hombre envejecido que tiene mala suerte. El hombre ansía ser inmortal, y la cámara un buen día nos enseña su boca estirada en un triste gesto como lo único que recordamos de él, lo que nos queda de él como parábola de toda su vida. Entra en una inmortalidad que denominamos ridícula… ¡Hasta mañana!

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