jueves, 18 de octubre de 2012

Los ‘enredos’ en el caso Lazcano; inconsistencias al por mayor

Con la pérdida del cadáver inicia la cadena de errores cometidos por las autoridades estatales y federalesEl Universal/ Silvia Otero
  • 17 octubre 2012


    MÉXICO, D.F.- A la “pérdida” del cadáver de Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, las autoridades del gobierno de Coahuila y de la Secretaría de Marina (Semar) han sumado otras inconsistencias oficiales como las diferencias en la estatura del líder de “Los Zetas”, “errores de dedo” en la necropsia y hasta declaraciones que ellos desmintieron horas después, evidenciado fallas de protocolo en el sistema de procuración de justicia y falta de coordinación entre los distintos niveles de gobierno.
    La cadena de fallas tiene como principal eslabón la tardía identificación del cadáver de uno de los narcotraficantes más buscados en México y Estados Unidos, abatido junto con su chofer en un enfrentamiento con la Marina el domingo 7 de octubre en Progreso, Coahuila. Pasaron 15 horas para que el cotejo de las huellas dactilares del cadáver estuviera listo en la base de datos criminal más importante del país: Plataforma México.
    Ninguna autoridad federal o local se hizo responsable del resguardo del cadáver. La funeraria García, en la pequeña ciudad de Sabinas, fue habilitada como servicio médico forense para practicar la necropsia de ley. Alrededor de las 2:00 horas del lunes, un comando irrumpió y se apoderó del cuerpo. La sustracción fue lo que puso en alerta a las autoridades de que el muerto podría ser un capo de relevancia.
    El procurador general de Justicia de Coahuila, Héctor Ramos Gloria, trató de justificar el hurto: “Nosotros no tenemos la obligación de tener resguardos en todas las funerarias donde suceden este tipo de hechos”, aseveró; sin embargo, José Cuitláhuac Salinas, titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), dijo que el cuerpo era parte de los elementos de la indagatoria y su cuidado era responsabilidad de la dependencia local.
    Las inconsistencias
    La noche del 8 de octubre, cuando el cuerpo ya había sido robado, la Semar emitió un comunicado en el que indicó que había “fuertes indicios” de que uno de los dos muertos era “El Lazca”. El vocero de la Marina, José Luis Vergara, incluso reconoció después que la caída del capo fue un hecho fortuito, ya que su ubicación fue producto de denuncias ciudadanas, no de labor de inteligencia.
    El 9 de octubre, en otro comunicado (197/2012), la Semar confirmó la identidad de Lazcano: “Al realizar una búsqueda en las bases de datos dactilares de las huellas de los dedos pulgar, índice y medio, tomadas de la mano derecha de uno de los criminales abatidos, se obtuvieron datos demográficos”, entre los que destacó que “El Lazca” medía 1.60 centímetros; el mismo dato dio el gobierno de Coahuila, pero contrastó con la ficha de la DEA, que ubicaba al capo con 1.76 de estatura, mientras que la necropsia apuntó que el hombre no identificado medía 1.80 centímetros.
    Presuntamente los datos de Plataforma México sobre el narcotraficante se alimentaron con los archivos que tenía la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), cuando perteneció al Ejército. Ante la diferencia de datos, Vergara corrigió: “Las pruebas periciales marcan que la estatura del cuerpo era de 1.80 y no de 1.60”.
    En entrevista en televisión explicó que “hay una diferencia en la información que teníamos en la base de datos que corre a nivel nacional. Mucha de esta información proviene de inteligencia, ojalá pudiéramos llamar a cada uno de los delincuentes para pedirles de favor que nos den su estatura y medirlos y pesarlos; son siempre datos aproximados”. Y concluyó que lo importante es que el sujeto abatido era “El Lazca”, sin lugar a dudas.
    Niegan al “Lazca”
    El dictamen médico forense que difundió la Procuraduría de Coahuila sobre la necropsia de ley que se practicó a “El Lazca”, indicaba que el capo recibió seis impactos de bala. Pero después, el director del Servicio Médico Forense de la PGJE, Felipe de Jesús Cobos, dijo que cometió “un error de dedo” en el documento, pues en realidad fueron cinco los impactos que recibió y sólo uno de ellos en la cabeza, y no dos.
    Adicionalmente, el 11 de octubre, el procurador Ramos Gloria reveló que Lazcano tenía una enfermedad terminal “muy avanzada. Traía inclusive una faja alrededor de la cintura, traía problemas en riñones y lumbalgia”.
    Para el 15 de octubre, la versión cambió. Cobos Avilés dijo que el capo no padecía ninguna enfermedad terminal, y que la faja —que se ve en fotografías— no es indicio de que estuviera desahuciado.
    El cadáver, dijo el forense, no presentaba huellas de cirugías, tatuajes u otra seña particular, cuando Ramos Gloria había declarado que el cuerpo tenía “las orejas cosidas”.