sábado, 6 de octubre de 2012

Falsificadores de la historia: una lucha descarnada por el poder

 


Pedro Salmerón Sanginés

Para Macario Schettino la Revolución Mexicana nunca existió: es un mito o invención ideológica, una “falacia post facto”. Para sustentar estas fuertes aseveraciones, escribió un libro de aparente solidez académica: Por ello a estos párrafos les sigue medio millar de páginas en las que creo que sustento adecuadamente todas las afirmaciones que he hecho (Cien años de confusión, p. 15). Eso sería muy interesante, de no ser porque está montado sobre argumentos falaces y omisiones tramposas. Veamos cómo procede: afirma que la Revolución nunca existió argumentando que sus causas –la lucha agraria, la obrera y el nacionalismo– fueron inventadas post facto. Cierto que hubo lucha agraria y obrera, concede, pero no existe ninguna conexión entre ellas y la Revolución: la revisión cuidadosa de la información que tenemos acerca del periodo no nos permite sostener con algo de confianza ninguna de las tres primeras explicaciones. Es sólo la cuarta, la prosaica, la que parece contar con cierto apoyo de las fuentes. Por tanto, la Revolución sólo fue destrucción, lucha descarnada por el poder (p. 31).
En mi anterior entrega (La Jornada, 23 de septiembre), a propósito de la demanda agraria, intenté mostrar el deshonesto proceder de Schettino. Ciertamente, podríamos hacer lo mismo con las otras causas o con otros agravios mencionados por los revolucionarios en su momento y que él ignora o llama leyendas, pero hablemos de la única causa: la vejez de Díaz: durante tres páginas glosa un solo documento: la entrevista Díaz-Creelmann. Con eso, sólo con eso, da el tema por visto sin ninguna explicación y pasa al capítulo dos, en el que pretende contar la historia de la Revolución, empezando por borrar de nuestra historia los movimientos magonista y antirreleccionista.
“Es importante notar –dice– que en 1908 [...] nadie planteaba seriamente una crítica a Porfirio Díaz”. Esta mentira recuerda la fantástica afirmación con la que inicia el capítulo 1: Hay algo sorprendente en la revolución mexicana. Poco antes de que ocurriese nadie parecía preverla. No existió, pues, el Partido Liberal Mexicano, ni Regeneración, ni las insurrecciones de 1906 y 1908, como no existe el descontento agrario o es irrelevante. Para Schettino. Todos (los que apoyan a Díaz, en contrapartida al nadie atrás advertido) son los políticos, científicos y la nueva generación de la élite económica. No hay más. Seguramente así concibe también al México de hoy… ahora entiendo sus artículos y comentarios (p. 55).
Y sigue la retórica sin sustento y los errores a razón de dos por página: el día de la cita [20 de noviembre] pocos intentaron hacer algo y ninguno logró nada (p. 56; debería leer a Santiago Portilla). En diciembre se levantaron en armas Pascual Orozco y Pancho Villa (p. 56, en realidad, lo hicieron desde el 20 de noviembre). En abril y mayo aparecen decenas de movimientos [...] sin conexión con el maderismo (p. 58, el hecho de que en todos lados los rebeldes leyeran públicamente el Plan de San Luis será irrelevante, supongo). Las batallas en el territorio nacional ocurren con mayor frecuencia en esos meses, a pesar del armisticio maderista; ya que a Madero no le hacían caso (p. 58, irrelevante también que el armisticio sólo tuviera vigencia alrededor de Ciudad Juárez). Con De la Barra, no hubo maderistas en el gobierno (p. 59, Emilio Vázquez, secretario de Gobernación, nomás fue presidente nacional del irrelevante Partido Nacional Antirreleccionista; y no menciono a otros). Y así hasta el cansancio.
No se puede basar una explicación tan sesuda sobre estas falacias. No se puede decir que un movimiento no existió cuando se inventa de esta guisa. No se puede afirmar que va a sustentar sus fuertes afirmaciones, o hablar de revisión cuidadosa de la información cuando no revisó material de primera mano, cuando para explicar la base de toda su argumentación (la inexistencia de la Revolución) lo que hace es glosar (mal) el libro de Alan Knight con el añadido, de tarde en tarde, de otra fuente. En efecto, la apariencia académica de su texto es sumamente tramposa: el capítulo está plagado de notas… 92 de las cuales son del libro de Knight, 11 de Hans Tobler y 28 más de otros nueve autores, con sólo tres citas de autores de la época. Por cierto en un trabajo académico (http://redalyc.uaemex.mx/pdf/600/60015959002.pdf) he mostrado que Alan Knight es un autor sumamente tramposo aunque, por supuesto, nunca tanto como el líder de opinión Macario Schettino.