miércoles, 31 de octubre de 2012

Calderonomics

El sexenio de Felipe Calderón nos hereda una esquizofrenia económica.
POR RAMÓN ALBERTO GARZA
Imagine a papá llegar a casa para compartir con la familia dos noticias. Una buena y una mala.
La buena, que le duplicaron el sueldo y que la cuenta de cheques tiene 160 mil pesos de reservas. Lo que nunca.
La mala, que a partir de hoy, hay que apretarse el cinto. Que en lugar de tres serán solo dos las comidas del día. Ah, y uno más de los 10 miembros de la familia se va a dormir a la calle. Ahí ya viven tres.
¿Absurdo, no? Pues esa es más o menos la esquizofrenia económica que nos hereda el sexenio de Felipe Calderón.
Por un lado indicadores macroeconómicos estables, nada despreciables en un mundo convulsionado por el bache económico del dólar y la severa crisis del euro. Bien por la disciplina.
Baja inflación, déficit fiscal muy manejable, reservas récord de 160 mil millones de dólares y la fortuna de que los ingresos petroleros en el sexenio –por los precios récord del crudo– superan en 60 por ciento los que tuvo Fox y casi un 100 por ciento los que recibió Zedillo.
Hasta aquí el lado soleado de una economía aparentemente sana, que si Enrique Peña Nieto la sabe aprovechar tiene una plataforma de despegue excepcional.
Y decimos aparente, porque a la par de las buenas cifras macro, también se asoma el lado oscuro. El de un sexenio que a pesar de la abundancia, y de acuerdo a las estimaciones oficiales, nos hereda 12 millones de nuevos pobres.
Por eso la esquizofrenia. Porque las buenas cifras macro contrastan enormemente con los resultados micro, los que se sienten en el bolsillo de la gente. No hace sentido.
¿Dónde están los miles y miles de millones de dólares extras que nos entraron con el barril de petróleo a 100 dólares? ¿Por qué a pesar del boom petrolero no fuimos capaces de mantener la producción en el nivel que Calderón la recibió?
¿Por qué a pesar de los ingresos extraordinarios la deuda pública federal se incrementó sustancialmente?, ¿Por qué la deuda de los estados entró en descontrol, como si fueran repúblicas autónomas?
Sin duda algunas respuestas están en la costosa guerra contra el crimen organizado que elevó en más de 30 mil los policías federales para que al final del día los resultados los terminaran dando el Ejército y la Marina.
También están en el dispendio que no solo elevó el número de burócratas, sino que incrementó sustancialmente sus remuneraciones, sin reciprocidad en la productividad.
Ni qué decir de ese barril sin fondo que es Pemex. Un hoyo negro en donde desaparecen 110 mil barriles de crudo diarios que se reportan como “mermas”. Y nadie enciende los focos de alerta para recuperarlos.
O en obras inútiles como la Estela de Luz que costó 100 millones de dólares cuando la Torre Mayor, justo enfrente del monumento al bicentenario, costó 200 millones de dólares.
Por eso no hay que echar las campanas al vuelo. Porque es cierto que tenemos los indicadores en posición global envidiable para ser –una vez más– de los nuevos consentidos entre las economías mundiales.
Pero también es cierto que si bien los pilotos están leyendo que todo está bien en su tablero, entre los pasajeros de la cabina abundan los mareados.
Algunos pasajeros comienzan a pedir que los bajen del avión. Son los que se van de México porque, a pesar de todo lo bueno, no ven la seguridad.
A otros simplemente los están lanzando sin paracaídas desde el avión. Son los sin empleo, los sin escuela, a los que no les beneficia lo bien que marquen los indicadores. Ellos van en caída libre, cortesía del Calderonomics.
Reporte Índigo
31/10/2012