lunes, 30 de julio de 2012

DESFILADERITO

Jaime Avilés

El Seguro Popular y el exterminio


Murió el viernes a las 11 de la mañana. El jueves amaneció con catarro: dolor de garganta, moco, flemas, pero sin fiebre. Horas más tarde se sintió peor aun: todos los signos del cuadro gripal se agravaron. Luego estornudó violentamente y empezó a perder sangre por la nariz. No es nada, se te reventó un vasito, pensó o le dijeron. Pero cuando la siguiente ráfaga de estornudos le provocó una hemorragia nasal mayor, sus padres lo llevaron al Hospital Universitario.



A principios del año pasado un médico le diagnosticó cáncer de testículo. Como era un muchacho de 20 años y su padecimiento estaba clasificado como “atípico”, no le brindaron apoyo económico por medio del Seguro Popular y su familia desde luego que no podía sufragar los gastos de un tratamiento tan costoso.



Un amigo de su padre era amigo del director del Seguro Popular. Este fue puesto al corriente y prometió girar instrucciones para que lo atendieran de inmediato. La orden salió de las oficinas de San Angel Inn, vía telefónica, y llegó a Monterrey pero no fue cumplida con la velocidad que exigían las circunstancias.



La familia insistió y confirmó la buena noticia: el muchacho contaría con todo el respaldo de la institución creada por Julio Frenk durante el sexenio de Fox y adoptada por Felipe Calderón como su programa “consentido”. Con lentitud y nuevos tropiezos burocráticos, el Seguro Popular finalmente comenzó a pagar las facturas que el Hospital Universitario de Monterrey expedía por cada sesión de quimio y radioterapia. Y por todo lo demás.



El cáncer cedió. Los médicos aseguraron que estaban asombrados por la capacidad de resistencia del paciente y la alineación de los planetas de la ciencia y de la fortuna que en marzo de este 2012 les permitieron darlo de alta. Claro, estaría sujeto a revisiones periódicas dos veces al año durante cinco años.



Yo lo conocí en Monterrey, hace un mes medio, en la presentación de mi libro acerca de AMLO. Vlady medía más de un metro 90, se veía fuerte, vigoroso, de buen color: un muchacho tímido pero de sonrisa carismática. Ya había normalizado sus estudios universitarios, de nuevo estaba haciendo deporte. Su padre, que igual se había quedado en la quinta pregunta por el desempleo y el alto costo de todo en una ciudad muerta como como Monterrey, tenía un motivo adicional para estar contento: acababa de conseguir un trabajo que le permitiría salir a flote.



Estar con esos dos, el padre y el hijo, guerreros que habían dado una tremebunda batalla y habían vencido, fue para mí tan grato como emocionante. Y nada. La vida en esa familia continuó dentro de su recobrada normalidad, soportando con asco, furia y deseos de rebeldía la burla puesta en escena por el IFE, el PRI, Televisa, Calderón, Fox, Salinas, Vázquez Mota, Elba Esther y demás, para falsificar un título de “presidente electo” y expedirlo a favor de Peña Nieto, un trámite que aún está lejos de culminar con éxito para los poderes fácticos involucrados.



Para el fin de semana que terminó ayer, la familia de Vlady planeaba asistir a una de las 142 asambleas informativas que Morena llevó a cabo en todo el país. Sin embargo, el jueves, cuando aparecieron los estornudos con sangre, el muchacho volvió al Hospital Universitario, los médicos de Urgencias confesaron estar muy “extrañados” ante ese cuadro clínico y lo enviaron a tomarse una radiografía. La placa reveló que los pulmones habían sido invadidos por tumores cancerígenos cuya agresividad, concluyeron los especialistas, es “excepcional”.



Médicos y políticos recurren sistemáticamente a las estadísticas para explicar sus fracasos. México, ha dicho en repetidas ocasiones Calderón, tiene menos muertes violentas al año que otros países de América Latina. La economía mejoró tanto por ciento con respecto a la del semestre anterior. Estimado señor, a su hijo lo mató un cáncer que ataca a uno de cada 10 millones de jóvenes; venga mañana por el cuerpo.

Para quienes no manejamos los instrumentos de la manipulación estadística, nuestras conclusiones son más simples: la violencia que azota a nuestro país –en estos momentos hay tres jóvenes del PRD-DF desaparecidos en Michoacán y uno de #YoSoy132 en Poza Rica-- y la economía que mantiene 140 mil millones de dólares congelados en las reservas del Banco de México, son expresiones de una misma política de limpieza social, esto es, de exterminio.



¿Por qué, entonces, el Seguro Popular debería haber salvado la vida de un joven como Vlady? No lo sé, pero si alguien tiene una explicación al respecto, estaré en Twitter en la cuenta @Desfiladero132, observando cómo se extingue el mes de julio y se acerca el de agosto, que será definitivo en la historia contemporánea de México, para bien o para mal: no lo duden.