lunes, 27 de agosto de 2012

¿Quién defiende la imparcialidad de Calderón?


Iván Restrepo

Ala señora Isabel Miranda de Wallace se le recordará por su lucha para localizar a los asesinos de su hijo. Por la forma violenta en que quiso defender su negocio de anuncios publicitarios, que la llevaron a ser detenida por la policía. Por, convertida en La mujer maravilla, presionar a los integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación cuando debatían el asunto Cassez. Por haber aceptado la candidatura del PAN a gobernar la capital del país. Se proclamó candidata “ciudadana”, ajena a ese partido.

Ahora no debemos olvidarla por acusar al cardenal Norberto Rivera y a su hombre de confianza y ex vocero, Hugo Valdemar, de haber orquestado una campaña en su contra, llamando a los fieles católicos a no votar por ella. El cardenal enmudeció ante ese señalamiento, pero mandó a su empleado a desmentirla por “inmadura e irresponsable, incapaz de reconocer que no estuvo a la altura de la candidatura que le confió Acción Nacional, por tanto, todos, menos ella, son culpables de su fracaso”. Lo que dijo la señora, agrega Valdemar, habla igualmente de su “ingratitud y su irresponsabilidad al hacer declaraciones falsas y maliciosas en contra del cardenal”. Y revela por vez primera que a la Iglesia católica nunca le preocupó su candidatura, pues “teníamos muy claro que su campaña sería un fracaso y sería relegada a un tercer lugar, lo que aconteció. La culpa de su derrota es únicamente de ella”, remató.

Ya encarrerado, Valdemar sostiene que doña Isabel “de forma oportunista y violatoria de la ley electoral intentó arrancar su campaña asistiendo a la misa de la Catedral con sus huestes, al punto de no permitirle la entrada al recinto sacro con su propaganda. Nos negamos a que la recibiera el cardenal para que no se interpretara como un acto proselitista y partidario”. El ex vocero de la arquidiócesis y azote del PRD, dice que si hubiera llamado a no votar por ella, “no entiendo por qué la señora Miranda y el PAN no me demandaron ante las autoridades electorales”. Quizás porque saben que los funcionarios panistas mandan a la basura las denuncias en contra de los prelados católicos y sus escuderos.
Según la “candidata ciudadana”, otros culpables de su derrota son el director de la Comisión Nacional del Agua, José Luis Luege, y el delegado en Miguel Hidalgo, el ex priísta y ex perredista Demetrio Sodi. Ambos a su vez acusaron al licenciado Felipe Calderón de haber impuesto a la señora. Luege sostiene que la señora Isabel fue nominada por dedazo y con base en una encuesta de la Secretaría de Gobernación. Con eso “entregó la plaza y provocó la pérdida de más de un millón de votos”. Sodi opina que “el Presidente finalmente es el responsable de los resultados… cualquier otro de los candidatos que sonaba: Gabriela Cuevas, Mariana Gómez del Campo, Luege, Orvañanos, o yo hubiéramos estado arriba”. Y que “los líderes ciudadanos son eso mientras no se metan en política, cuando lo hacen les cae el costo del político y de estar en una contienda electoral”.

Pero, ¿quién defiende la imparcialidad de Calderón? Alguien con probada credibilidad: Cecilia Romero. Hace justo dos años, cuando la matanza de centroamericanos en San Fernando, Tamaulipas, era la responsable de los asuntos migratorios de la Secretaría de Gobernación. Por su notable desempeño, a la señora Romero la premiaron con la Secretaría General del PAN. Uno de los más autorizados especialistas en el tema migratorio, el doctor Jorge Bustamante, afirma que “no hay otro país en el mundo donde hayan muerto más migrantes que en México y ese triste campeonato mundial lo hemos ganado en la administración actual”. Pues la señora Romero negó que la postulación de doña Isabel haya sido una imposición de su antiguo jefe. Afirma que, luego de diversos sondeos efectuados por el PAN y la Secretaría de Gobernación, “era más conocida que cualquiera de los otros precandidatos panistas”.

La picaresca política nos obligó a posponer en esta ocasión el tema ambiental. Deseamos rematar con la felicitación pública (apareció en un diario capitalino) que el licenciado Peña Nieto tanto esperaba y requería: la de la Asociación de Clavadistas Profesionales de La Quebrada, en Acapulco.