domingo, 26 de agosto de 2012

Estrés, un mal cotidiano pero fatalmente anormal

La angustia de vivir

Disfrutar aquí y ahora, una actitud que puede salvar su vida

No es una enfermedad, sino una situación sicosocial, dicen especialistas

Ángeles Cruz Martínez

Periódico La Jornada
Domingo 26 de agosto de 2012, p. 2

Vivir y disfrutar “aquí y ahora” se vuelve más difícil cada día. Es una actitud que el ritmo de la vida moderna les ha quitado a las personas casi sin darse cuenta, pero sus consecuencias son evidentes: desánimo, cansancio, mal humor, angustia, ansiedad o, como se dice ahora, estrés, en ocasiones permanente.

Una condición que prácticamente se considera normal en la sociedad, para los especialistas no lo es. “El estrés nunca es normal”, advierten y puntualizan que no es una enfermedad, sino una situación sicosocial que potencialmente puede desencadenar trastornos diversos.

Todo lo que afecta la tranquilidad del individuo, como la violencia, inseguridad, pobreza, falta de oportunidades para estudiar o trabajar, ingresos económicos insuficientes, carencia de tiempo para convivir con la familia e incluso para tomar los alimentos, son factores que afectan a la población en general, y que para algunos se convierten en detonantes de situaciones patológicas críticas.

Son padecimientos mentales o clínicos pocas veces diagnosticados y menos aún vinculados con las situaciones que viven los afectados. Sólo los casos más graves llegan a los hospitales, pero ya con crisis de ansiedad, depresión, ataques de pánico o con intentos de suicidio.

Sólo de los casos graves se tiene información estadística, aunque tampoco es reciente. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica, entre 2001 y 2002 un 28.6 por ciento de la población había sufrido un trastorno mental alguna vez en su vida, pero sólo uno de cada 10 individuos recibía atención médica especializada.

El estudio también encontró que la búsqueda de atención médica puede tardar de 8 a 15 años y 15 por ciento de los pacientes prefería automedicarse, según reportó Marcelo Valencia Collazos, del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente en la revista Salud Mental, de abril de 2007.

En su artículo, el especialista resaltó que la atención de la salud mental debería incluir a aquellos –la mayoría– que si bien no tienen un diagnóstico siquiátrico ni han solicitado ayuda médica, pueden presentar afectaciones en su salud emocional e impacto negativo en su calidad de vida.

En el ámbito clínico los individuos que viven bajo condiciones generadoras de estrés pueden presentar afectaciones diversas como las gastrointestinales (gastritis o colitis), cardiacas e incluso males crónicos, de por sí frecuentes, como diabetes e hipertensión arterial, los cuales pueden, incluso, poner en riesgo la vida del individuo.
Los síntomas iniciales de la alteración emocional son diversos: sudoraciones, dolores musculares, taquicardias, temores sin razón aparente, pérdida de la capacidad de concentración e insomnio.

Vivir en un ambiente que genera estrés, es decir, que altera la tranquilidad, se ha convertido en algo cotidiano que ya se ve como normal, pero tan no lo es que en los servicios médicos de primer nivel se estima que entre 25 y 30 por ciento de las consultas son por trastornos de ansiedad, angustia y depresión.

Enrique Camarena Robles, especialista del Hospital Psiquiátrico Doctor Héctor Hernán Tovar Acosta, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), comentó que esta prevalencia puede ser tres veces mayor en las grandes ciudades que en las poblaciones con menos de 10 mil habitantes.

Pero, insistió, estos representan una parte mínima de los afectados. La mayoría de la gente anda en la calle viviendo en un estado de constante tensión y preocupación, o de alerta permanente, por la inseguridad, el tránsito vehicular, las aglomeraciones y las largas filas para casi cualquier servicio, además de las dificultades económicas, familiares, laborales o escolares.

Todos estos factores que provocan estrés generan en el organismo una reacción a nivel hormonal y del sistema de defensa para enfrentar una situación interpretada como amenaza o de peligro inminente, explicó Camarena Robles.

Las glándulas suprarrenales liberan adrenalina al sistema circulatorio, con lo que aumenta la frecuencia cardiaca, la tensión, se secan las mucosas nasales y de la boca. También se dilatan las pupilas y el organismo en general se pone en estado de hiperreactividad, conocido comúnmente como angustia y ansiedad.

En este estado de alerta continuo viven algunas personas y salen a la calle con temor e inseguridad, sea por una experiencia previa o porque alguien cercano haya sido víctima de la delincuencia.

Para ciertos individuos con alguna predisposición genética, con el paso del tiempo esto se convierte en una enfermedad mental o física. No sucede así con todos, pues la mayoría de la gente vive así de manera cotidiana y, como sea, sigue adelante.