jueves, 25 de septiembre de 2014

Diputadas de Coahuila ¿nueva máscara del moreirato?



Horizonte ciudadano

Rosa Esther Beltrán Enríquez
Septiembre 25 de 2014

En primera plana

El domingo pasado algunos diarios locales y regionales nos sorprendieron con la insólita noticia de que, “Por primera vez en la historia, el Congreso de Coahuila será ocupado por más mujeres que hombres” siendo así el primer estado del País en tener un Congreso con mayoría absoluta femenina, ya que la próxima Legislatura estará conformada por 13 mujeres y 12 hombres; la sala regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación resolvió así la impugnación presentada por el PAN contra la asignación de diputaciones plurinominales en el Estado.
De manera que en la próxima Legislatura que iniciará en 1 de enero de 2015 estarán: Martha Garay, Lilia Isabel Gutiérrez, Verónica Martínez, Irma Leticia Castaño, Ana Isabel Durán, Carolina Morales, Georgina Cano, Sonia Villarreal y las pluris  Claudia Morales, Larisa Montiel, Yolanda Acuña, María de Jesús Martínez y Patricia Garza.
Por supuesto que la decisión del Trife levantó ámpulas; los que conocen a David Aguillón afirman que estuvo a punto de arrancar su cabellera a tirones de no ser porque Rubén Moreira lo conminó a la mesura; igualmente, Sergio Garza Castillo de la UDC pretende impugnar el dictamen ante la sala superior del TEPJF, al depuesto diputado electo se le olvidó que la paridad de género es válida solo para las mujeres.
A pesar de que  la equidad de género se incluyó en la Ley Electoral estatal desde el 2002 (art. 20) en el Congreso local la participación de las mujeres como diputadas ha sido inestable y mínima, veamos: en la LV Legislatura las mujeres lograron 6 curules, con 18.7 por ciento , en la LVI  lograron 7, y 20 por ciento, en la LVII el porcentaje cayó hasta un 8.5 con sólo 3 diputadas, en la LVIII con 6 diputadas y un 19.5,  y en la actual LIX, el porcentaje volvió a caer al 12 por ciento, con sólo 3 diputadas, los datos son reveladores, en 5 elecciones de 14 años las diputadas no fueron más de 7; ¿a qué obedeció esa discriminación, ese rezago a pesar de las continuas reformas que incluían la equidad y la paridad de género?
Una respuesta obvia es la misoginia imperante en los partidos políticos y en los gobernantes que intervienen, éstos indebidamente, en la selección de candidatas y candidatos  a los puestos de elección popular.      
Si bien es un  hecho histórico el que en la próxima Legislatura cuente con más mujeres que hombres, es lamentable que haya sido mediante una impugnación a las decisiones del IEPC y del Tribunal Estatal Electoral y no por la participación directa de los electores.
Veo imposible que por sí mismo el mayor número de diputadas pueda cambiar la dinámica del Congreso respecto a la urgencia de liquidar el autoritarismo corrupto y edificar una nueva arquitectura parlamentaria sustentada en la ética, para que los diputados dejen de ser los verdugos del pueblo, aprobando deudas públicas y reestructurándolas a modo así como romper la hegemonía del gran legislador Rubén Moreira o abolir la congeladora.
Pero es cierto que este hecho termina de súbito con la hegemonía masculina, además la acción sienta jurisprudencia que tendrá que observarse en los próximos casos que se presenten en los Congresos estatales; las priistas acostumbradas a acatar la “línea” deberán cuidarse para no ser exhibidas como participes de la corrupción y elevar con sus pares la calidad de la representación política porque todas van a estar en la mira.
Lo menos que se puede esperar de ellas es que establezcan una agenda legislativa de género en la que se incluyan las cuestiones que lastiman e interesan a las mujeres, sobre todo a las que padecen mayor pobreza.

Ojalá ellas enarbolen la bandera de un Congreso que sea el refugio del Estado de derecho, su misión cardinal,  el combate a la corrupción,  el seguimiento penal de los delitos contra el patrimonio público y la supresión de la servidumbre palaciega.