miércoles, 20 de mayo de 2009

Indicadores del descenso católico

Carlos Martínez García

Si las estadísticas contradicen mis premisas, peor para las estadísticas. Tal parece ser la convicción de varios jerarcas de la Iglesia católica. Aunque los números duros no les den la razón, altos clérigos siguen con su afirmación de que 90 por ciento de los mexicanos son católicos. Pero la verdad es que tal porcentaje fue real hasta hace dos décadas.

Hoy profesa la fe católica alrededor de 80 por ciento de la población del país. Pero la misma está distribuida de manera desigual en el territorio nacional. Por ejemplo, mientras en estados como Guanajuato, Jalisco y Querétaro la Iglesia católica si aglutina en su seno a más de 90 por ciento de las preferencias religiosas, en Chiapas solamente la reconocen como suya 60 por ciento de los habitantes de la entidad. Es innegable que en términos porcentuales el catolicismo tiene un descenso sostenido desde hace varias décadas.

Son múltiples las razones de la declinación. Así queda reflejado en la nota de Carolina Gómez Mena, publicada el lunes en las páginas de La Jornada. Diversos expertos en el tema consideran que entre los motivos del éxodo de las filas del catolicismo están los escándalos de pederastia clerical y el conservadurismo ético en asuntos como el ejercicio de la sexualidad y controles de la fertilidad. Por otra parte, el activismo de un amplio abanico de confesiones, que se destaca por ir a buscar a las personas en los espacios donde desarrollan su vida cotidiana, contrasta radicalmente con la actitud general de los liderazgos católicos, que con pasividad esperan a que la gente acuda a ellos.

De acuerdo con Josué Tinoco Amador, de la Universidad Autónoma Metropolitana plantel Iztapalapa, “el número de personas que profesa, practica y obedece a los jerarcas de esta fe [la católica] cada vez es menor”. Añadió que de acuerdo con censos y encuestas, “ya no llega ni a 60 por ciento de los mexicanos la cantidad de verdaderos profesantes, aunque se calcula que la de creyentes asciende a entre 75 y 80 por ciento”. En la misma nota de Carolina Gómez Mena que hemos citado, Manuel Canto Chac, investigador de la UAM-Xochimilco, considera que entre las explicaciones para comprender el crecimiento de credos no católicos está que las personas “se adhieren a una denominación religiosa en función de que ésta responda a su problemática cotidiana”.

¿Pero cómo es percibido el descenso de la feligresía católica por la jerarquía de esa confesión? Por ejemplo, Leopoldo González González, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), piensa que el descenso de sus feligreses está lejos de ser alarmante. De todas maneras reconoce que es necesario un mayor involucramiento de los sacerdotes en la “nueva evangelización”, y criticó a quienes no van tras las “ovejas” y solamente están “atendiendo lo que me caiga, lo que llegue a la iglesia (parroquia)”.

El vocero de la arquidiócesis primada de México, Hugo Valdemar, reconoce que la escasa formación de los feligreses católicos en las creencias sostenidas por el catolicismo es un factor para que “fácilmente [sean] presa de sectas o ideologías”. Para él la cuestión debe aquilatarse en el contexto de la pluralización que vive la sociedad mexicana en variados terrenos, entre ellos el religioso, por lo que el tópico ni es alarmante ni tampoco como para desesperarse.

Sin duda que otra faceta del asunto es lo que en distintos lugares hemos descrito como autonomía valorativa por parte de quienes se reconocen católicos. Ésta consiste en tener ideas y prácticas distintas, y a menudo contradictorias, con las enseñanzas oficiales de la Iglesia católica. Tenemos el caso de que, según estudios de Católicas por el Derecho a Decidir, 85 por ciento “de los fieles apoyan el uso de los condones para prevenir la propagación del VIH-sida, pese a que la curia insiste en negarse al uso de este preservativo”. Es decir, la cúpula eclesiástica católica va por un lado, y sus feligreses norman su vida con creencias y prácticas divergentes de las tesis oficiales.

No obstante, los números adversos en prácticamente todos los rubros, entre ellos escasez de vocaciones sacerdotales, baja en el porcentaje de matrimonios realizados conforme al rito católico, descenso en las preferencias religiosa, etcétera, en las capas dirigentes de la Iglesia católica del país todavía hay quienes se niegan a reconocer lo que muestran los números. Es el caso del secretario general de la CEM, Leopoldo González, ya que según él “no hay que creerles a las estadísticas” que indican que el catolicismo va a la baja en México, porque éste “es un país en su mayoría católico”.

En el tema que hemos desarrollado no se trata de una cuestión de creencias en los números. Negarse a reconocer lo marcado por las estadísticas es un recurso que puede resultar consolador para los intereses de quien se cierra a la realidad, pero las tendencias seguirán presentes con sus implacables indicadores. Porque no es cuestión de gustos, sino de cifras comprobables y contundentes.