sábado, 16 de mayo de 2009

5 de julio, la elección del abstencionismo16 de mayo de 2009

Manuel López San Martín


Estamos ya en plena campaña electoral… No llegamos a esta etapa precisamente en el mejor momento. Además de la emergencia sanitaria por el virus de influenza humana, es evidente la enorme brecha, que crece a pasos agigantados, entre ciudadanía y clase política.

El desinterés ciudadano en la política aumenta, en buena medida, auspiciado por partidos y políticos, quienes sólo voltean a ver a la sociedad en época electoral.

Ya la etapa de precampañas, que concluyó el pasado 11 de marzo, evidenció una disociación absoluta entre la actividad política que pretenden llevar a cabo los partidos —todos— y la realidad del ciudadano común al que pretenden convencer sólo para arrancarle el voto.

Por ejemplo, la Encuesta Nacional Sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas realizada por la Secretaría de Gobernación, dada a conocer hace algunas semanas, puso el dedo en la llaga: sólo 4 % de los mexicanos confía en los partidos políticos y únicamente uno de cada 10 cree que los diputados y senadores toman en cuenta los intereses de la población al momento de legislar.

Lo dicho, la brecha crece. Y crece porque los partidos políticos son incapaces de mostrarse cercanos a la ciudadanía. Porque observamos candidatos que brincan de un partido a otro sin pudor alguno. Crece porque, salvo contadas excepciones, no parece haber principios ni ética entre quienes se ostentan como representantes populares. Crece porque la clase política no se ha cansado de defraudar una y otra vez a los ciudadanos que les manifiestan su confianza. Porque tenemos un árbitro electoral deslegitimado y atado de manos. Porque los partidos privilegian la confrontación a las propuestas. La brecha crece porque la partidocracia, empeñada en que sus miserias no sean exhibidas en los procesos electorales, convirtió al IFE en un organismo de censura. Crece porque la autoridad electoral y los partidos creen que con “milagrosos” spots publicitarios los ciudadanos se interesarán en el proceso electoral.

Para el 5 de julio, los mexicanos habremos visto o escuchado más de 24 millones de spots. La gran mayoría de ellos huecos y sin sustento. Así, a nadie debería extrañar que el desánimo por la política entre los ciudadanos, contagiado por la partidocracia, siga aumentando.

Porque tanto partidos como candidatos, lejos de acercar, alejan al ciudadano. Lejos de motivar, desmotivan a la sociedad. Lejos de estimular, desincentivan a la población.

Y la brecha crece cuando observamos cómo nuestro sistema es, además de descaradamente malo, de altísimo costo.

Por ejemplo, el gasto electoral de 2009 asignado al IFE, al Tribunal Electoral y los partidos políticos equivale al presupuesto de la Secretaría de Salud para todo un año de ejercicio.

Mientras los primeros ejercerán en conjunto 16 mil 600 millones de pesos, la dependencia encargada de la salud federal tendrá asignados 17 mil millones.

Por si fuera poco, el gasto electoral y de partidos es mucho mayor que el monto asignado a entidades especializadas en atención a la salud.

Los 12 mil 100 millones de pesos aprobados al IFE para este año equivalen a lo que en conjunto reciben siete hospitales especializados y 11 institutos de investigación como el de Cardiología, Cancerología, Neurología, Pediatría, Nutrición o Enfermedades Respiratorias, que tantas limitaciones tuvo para atender a pacientes del virus AH1N1.

Otro botón de muestra: los partidos políticos tendrán para las elecciones locales y federales un monto que supera en seis veces el presupuesto del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades, organismo dedicado a la prevención y seguimiento de padecimientos como la influenza.

Y así podríamos seguirle.

Queda de manifiesto que a la partidocracia le importa más el tamaño de su botín que la salud de los mexicanos.

Así, nadie debería de sorprenderse con datos como el del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, de la Cámara de Diputados, que en el estudio Elecciones 2009 estima que en los comicios del próximo 5 de julio el abstencionismo fluctuará entre 65% y 69%.

Nos encaminamos, pues, a un histórico nivel de abstencionismo que, en los hechos, será la muestra más palpable del hartazgo ciudadano frente a la clase política.

Presidente de Construyamos un Mejor País, AC, y analista político en Proyecto 40