domingo, 16 de diciembre de 2012

El hambre eterna

MUEREN 10 MIL INFANTES AL AÑO
 

 

Desde hace décadas México arrastra esa desvergüenza. Las mismas zonas de muerte infantil. Las mismas víctimas
domingo, 16 de diciembre de 2012
MÉXICO, DF (Apro).- En México en estos momentos un millón y medio de menores de cinco años padecen desnutrición crónica. Son niños bajitos, flacos, que no alcanzan la talla que deberían tener. Los de un año, por ejemplo, no llegan a los 75 centímetros de los infantes sanos. A la edad en la que deberían pronunciar sus primeras palabras, no lo hacen.
Expertos del Instituto Nacional de Nutrición y del Instituto Nacional de Salud Pública señalan lo anterior y agregan que la desnutrición infantil en México mata a 10 mil infantes al año. Pocos por hambre. La mayoría por infecciones que los encuentran sin defensas.
Desde hace décadas México arrastra esa desvergüenza. Las mismas zonas de muerte infantil. Las mismas víctimas. Pobres, campesinos, indígenas que huyeron del hambre rural y se asentaron en los cinturones de miseria urbanos.
Pero el drama no sólo afecta a los niños, advierten los investigadores del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INNSZ) y el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). En años recientes tres de cada 10 hogares tuvieron problemas para alimentarse. En uno de estos, por pobreza se saltaron alguna comida. La familia entera se fue a dormir con hambre.
‘EL ESTADO ABDICÓ’
El director ejecutivo del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del INSP, doctor Juan Ángel Rivera Dommarco, muestra los gráficos del hambre, resultado de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012.
Una de las preguntas que se hizo en la encuesta fue: "¿En algún momento tuvo temor de que no podía darle alimento a sus hijos?"
Si la respuesta era sí comenzaba otra serie de preguntas para determinar la "inseguridad alimentaria": "¿Usted se fue a la cama sin cenar? ¿Los niños se fueron a dormir sin cenar? ¿Alguna vez durante el día no tuvo alimento? ¿Tuvo que pedir comida a un conocido o sacarla del basurero?"
En los hogares encuestados 30% nunca sintió inseguridad alimentaria y 41.6% presentó inseguridad leve (sintió que quizás no iba a alcanzarle el gasto), pero 17.7% registró inseguridad moderada (dejó de comer carne y consumió alimento de menos calidad) y 10.5% severa (es decir que por la carencia se saltó alguna comida).
Esto significa que cuatro millones de hogares o 16 millones de personas en algún momento tuvieron hambre, un día no tuvieron qué comer.
El experto en epidemiología de la mala nutrición –premiado por la Real Academia de Medicina del Principado de Asturias– explica que aunque la desnutrición ha descendido en los últimos 25 años, la reducción se frenó el sexenio pasado, mientras países como Brasil sí "hicieron bien la tarea".
El problema es multifactorial pero tiene soluciones. Esos niños de las familias más pobres están desnutridos desde la gestación. Los primeros seis meses de vida deberían alimentarse exclusivamente de la leche materna que les aporta nutrientes y anticuerpos que previenen enfermedades. Es el periodo que llaman de "la ventana de oportunidad para que el niño tenga todas las ventajas".
Esa práctica, que de por sí era baja ("México –dice– es de los países de Latinoamérica con las peores prácticas de América Latina en lactancia materna") de 2006 a 2012 se desplomó de manera "brutal". De 22.3% de mujeres que alimentaban a sus bebés con su propia leche, seis años después sólo lo hace 14%.
Esta deserción de la lactancia se dio en el medio rural y en familias indígenas. Estas introdujeron agua, que algunas veces está contaminada, que combinan con fórmulas para bebés.
Las proteínas que llegan a consumir los más pobres no son de calidad, no son de carne, huevo, pollo o leche. Las familias sustituyeron la leche materna por el atole, los frijoles por el arroz y la pasta –que tienen baja calidad nutricia– y la tortilla tradicional por la refinada, carente de aminoácidos. La única orientación nutricional que recibe la gente es a través de los comerciales de televisión que promueven comida chatarra. Prácticamente, dice, "el Estado abdicó y la gente se las arregla como puede".
Un sustituto son las papillas del programa Oportunidades y la leche enriquecida de Liconsa.
"Es un círculo vicioso: A los niños sin leche materna les dan alimentos contaminados; además no tienen anticuerpos, empiezan a tener enfermedades diarreicas que causan desnutrición. Si la cura era la leche materna, la mamá empieza a producir menos, el niño ya está inmerso en un ciclo de desnutrición (…) y si agregamos que no tienen acceso al agua potable, entonces tienen diarreas seguido".
Este coctel da como resultado el retardo del crecimiento. La desnutrición marcada por la inequidad.
"¡Una de las peores injusticias es que tenemos un número importante de niños que llegarán con desventajas a la escuela; y las tendrán toda su vida!"
Da varias referencias sobre cómo la desnutrición se concentra en los sectores de menor ingreso. "Es un volado (si tendrás desnutrición) según donde naciste". 31% de los indígenas contra 12% de los no indígenas. Entre los pobres, en general, en el último sexenio se redujo la desnutrición; no así entre los indígenas.
Interrogado sobre la Cruzada Nacional contra el Hambre, anunciada por el gobierno entrante, opina que se necesitan programas específicos para atacar la desnutrición en el "periodo crítico", entre la lactancia y los dos años de vida (que incluyan dotación de suplementos alimentos, nutrición de calidad con orientación alimentaria, fomento a la lactancia materna) y al mismo tiempo cambios estructurales como ampliar la dotación de agua potable, drenaje, servicios de salud preventivos y el mejoramiento de los ingresos para "que no haya ese 10% de gente que tiene días con hambre, que no come".
VERGÜENZA CATASTRÓFICA
El médico Abelardo Ávila Curiel, investigador de ciencias médicas de la Dirección de Nutrición del INNSZ, señala que cada año hay 10 mil defunciones asociadas con la desnutrición infantil en menores de cinco años atacados por enfermedades infecciosas que no matan a niños sanos.
Las tasas de mortalidad infantil en México son de 14 niños por cada mil nacidos vivos. El doble que en países como Cuba, Costa Rica o Chile, superior a otros como Argentina.
Esa mortandad se concentra entre la población indígena. En La Montaña de Guerrero la tasa real es de 20 por cada mil, aunque las estadísticas registran ocho. El subregistro se presenta también en otras zonas de Guerrero, Chiapas, Oaxaca.
"Si uno traza el mapa de la desnutrición infantil se encontrará que es el mismo de zonas indígenas, de medio rural atrasado, en los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Puebla y el Estado de México", dice el también epidemiólogo doctorado en estudios de población.
En algunos lugares, como Chiapas, encuestas como la de seguridad alimentaria no reflejan la realidad pues la gente se acostumbró a la falta de alimentos y "perdió el sentido del hambre". Clausuró su apetito.
MARCELA TURATI