viernes, 7 de mayo de 2010

El silencio de Hezbollah sobre armamento habla de Israel

Robert Fisk

Si en Líbano existiera un código de colores para el pánico al estilo estadunidense, que fuera del blanco hasta el morado, en este momento y por cortesía del presidente israelí, Shimon Peres, el vocero de la Casa Blanca y el líder de la milicia libanesa Hezbollah, Hassan Nasrallah, la seguridad en la zona oscila entre el rosa y el rojo.

¿Ha entregado Siria a Hezbollah misiles tierra-tierra modelo Scud para dispararlos contra Israel? ¿Puede Tel Aviv ejecutar ataques de represalia si Hezbollah cuenta con misiles antiaéreos como los que tienen los israelíes? ¿Puede el gobierno libanés decomisarle estas armas a la milicia antes de que sea demasiado tarde?

Es una saga prolongada, desde luego; Israel ansía vengarse del movimiento guerrillero más disciplinado del mundo. Cuando se trata de eficiencia, Al Qaeda no se compara con Hezbollah. Después de la lamentable actuación del ejército israelí en 2006, cuando su promesa de deshacer al movimiento terminó con un ruego por el cese del fuego, después de un saldo de más de mil muertos civiles.

En meses pasados, Nasrallah ha retado a los israelíes a batirse en un nuevo enfrentamiento, y ya prometió que un ataque de misiles israelíes contra el aeropuerto de Beirut tendrá como represalia un ataque de cohetes de Hezbollah contra el aeropuerto de Ben Gurion en Tel Aviv.

Recientemente, Peres denunció que Hezbollah obtuvo misiles Scud de Damasco trasladados a través de Siria o Irán, mientras Hezbollah se niega a discutir su desarme dentro de un “diálogo internacional” encabezado por el presidente libanés, Michel Suleiman. Esto ha nublado los ánimos tanto en Líbano como en Israel. El secretario de prensa de la Casa Blanca, Robert Gibbs, señaló al respecto que Estados Unidos se preocupa por el armamento de vanguardia que ya existe en Siria y Líbano y que supuestamente está siendo trasladado. Fue Peres quien comenzó el alegato cuando declaró que “Siria afirma que quiere la paz, pero envía misiles Scud a Hezbollah, la organización cuyo único objetivo es amenazar al Estado de Israel”.

Estas declaraciones exaltadas siempre han tenido un fuerte elemento de hipocresía. Los Scud, si es que Hezbollah los tiene, son tan anticuados que es imposible que den en el blanco. En 1991, durante la Guerra del Golfo, los Scud de Saddam causaron menos de cien muertos. Entre más vocifere Peres sobre el peligro que representan, los aliados de Hezbollah en Irán, quienes supuestamente intentan fabricar un arma nuclear, más se enorgullecerán de la forma en que han logrado implantar la colonización israelí de las tierras palestinas en la imaginación del público.
Nasrallah prometió el año pasado que el desarme de Hezbollah se discutiría con el gobierno libanés, sino en un supuesto “diálogo nacional”, que ya empezó, pero la organización ha dejado claro que no tiene intención de discutir su desarme con otros partidos políticos libaneses.

Los problemas forman toda una legión. Hezbollah se representa a sí misma en el parlamento libanés según se determinó en el acuerdo de Doha, que concluyó el control que la guerrilla tuvo sobre el oeste de Beirut durante un solo día, en mayo de 2008.

Asimismo, la agrupación tiene poder de veto sobre la mayor parte de las decisiones del gabinete libanés, y aun cuando los opositores a los musulmanes chiítas de Hezbollah en el gabinete son mayoritariamente musulmanes y tienen un importante contingente cristiano, es imposible que este cuerpo ordene que se les confisquen las armas a los milicianos por una sencilla razón: al menos la mitad del ejército, probablemente dos terceras partes, son musulmanes chiítas que tendrían reparos si se les ordena atacar los hogares de sus hermanos, hijos y padres que son miembros de Hezbollah.

Una pista que indica la seriedad con que todos aceptan la posibilidad de una guerra está contenida en una observación hecha por un vocero anónimo estadunidense quien advirtió que enviar misiles Scud a Hezbollah “representa un serio riesgo para Líbano”. Nótese que habló de Líbano y no de Israel. No hay duda de que esto es una alusión a las veces que Israel ha dicho que de emprender otra guerra contra el grupo armado, harán responsable de ello al gobierno libanés y la infraestructura del país será destruida.

Esto no suena menos negativo en Líbano que en otras partes. En su última guerra, que fue la quinta desde 1978, los israelíes culparon al gobierno libanés de la existencia de Hezbollah y destruyeron los caminos, puentes, viaductos, redes de suministro eléctrico e industria civil y mataron a más de mil civiles. Las muertes de israelíes fueron cientas, en su mayoría soldados. ¿Existe algo peor que Israel pueda hacer contra la falta de escrúpulos de Hezbollah, después de que las acusaciones de crímenes de guerra contra Tel Aviv demostró que los israelíes son igualmente inescrupulosos?

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca