jueves, 20 de mayo de 2010

Astillero

¿Promoción o castigo?

Campaña espectacular

Diego, viable

Odio de Los Pinos

Julio Hernández López

El Partido Acción Nacional ha sumado un ingrediente de suspicacia al de por sí muy enrarecido ambiente que rodea el extraño secuestro de Diego Fernández de Cevallos. Al mismo tiempo que autoridades federales y estatales tratan de instalar una suerte de velo a medios de comunicación para que no difundan información nueva del incidente sucedido en uno de los ranchos del poderoso abogado queretano, la directiva del PAN en esa entidad ha emprendido una campaña de propaganda que no hace eco de esas exhortaciones gubernamentales a guardar silencio para no entorpecer eventuales negociaciones, e incluso complicarlas hasta llevarlas a riesgos de muerte.

Por el contrario, como si de una estrategia electoral se tratara, se han comenzado a instalar anuncios del tamaño llamado “espectacular” con una fotografía del ex candidato presidencial que ocupa casi la mitad del espacio disponible, en actitud propicia para el proselitismo comicial y una frase que igual suena a solidaridad inmediata en la desgracia que a adhesión futura rumbo a las urnas: “Diego, estamos contigo”. Y, de remate, la frase que cualquier publicista acomodaría a cualquier candidato en busca de votos: “Por un Querétaro seguro y en paz”, elaboración retórica que al manifestar “solidaridad” de esa manera a un hombre en cautiverio suena a aprovechamiento político, a búsqueda de ganancia partidista, a descarada conversión de sentimientos humanitarios en estrategia electoral.

Contrastante de manera grotesca, por ejemplo, con la indefendible autocensura que Televisa se aplicó en oscuros términos ópticos (que a la vez resultan muy claros), habrá de verse si la actitud de la cúpula del panismo queretano es compartida y secundada por la jefatura nacional de ese partido, es decir, por el propio Felipe Calderón, que es quien en realidad dicta las órdenes que puntualmente cumple su demeritado y, en razón de ello, sostenido dependiente, César Nava. Si la campaña de difusión de la figura de Diego continúa, es válido especular acerca de eventuales propósitos de retorcida construcción de una candidatura de emergencia panista rumbo a 2012 que el PRI apunta a ganar sin mucha competencia, según los escenarios actuales.

En realidad, el llamado Jefe Diego es casi la única opción electoral que podría enfrentar con buenos augurios la aplanadora tricolor, en particular por su talante bravucón y declamatorio que resultaría atractivo para una sociedad necesitada de esperanzas de firmeza y pragmatismo extremos, como puede ofrecer Fernández de Cevallos, único político de primer nivel que abiertamente es capaz de defender los postulados del conservadurismo más rancio y de erigirse en impulsor de mano dura para restituir la seguridad y la paz mencionadas en sus anuncios espectaculares queretanos. No es menor el dato de que el abogado desaparecido forma parte del entorno de fiabilidad transpartidista con que el verdadero jefe, Carlos Salinas, libró su sexenio de origen impugnado pero luego tersamente convalidado por el panismo que vio perecer a Manuel J. Clouthier y emerger a una especie de cogobernante amable, aunque exigente en términos de ganancias políticas y económicas personales, en la figura del a partir de allí llamado Jefe Diego. Salinas tendría de esa manera en su mano la posibilidad de manejar dos cartas centrales de la contienda de 2012 si es que en el PRI quedara su ahijado Enrique Peña Nieto y en el PAN su socio Fernández de Cevallos.

Pero justamente esas posibilidades presidenciales del esfumado político fumador de puro podrían haber actuado en su contra, sabido como era que en su entorno se hablaba de iniciar en fecha próxima algún sondeo o promoción abierta de su precandidatura y sabida como es la paradójica animadversión que hacia él ha mantenido largamente un michoacano, ahora en el poder, que le considera un corrupto litigante que ha traficado con influencias para hacerse de riqueza, a pesar de que en los momentos difíciles de 2006 le pidió asesoría legal y política y a pesar de que, por esas mismas carencias de personal y oficio para enfrentar las crisis, haya echado mano de dos personajes pertenecientes al cártel del Jefe Diego para ocupar las carteras de Gobernación y la Procuraduría General de la República. A las valoraciones propiamente políticas podrían agregarse versiones como la publicada el pasado lunes por el columnista Roberto Rock en El Universal (texto que este tecleador no pudo encontrar ya en el archivo de Internet de ese diario, aunque sí en http://bit.ly/b2Xnwo mediante Google): “El amor-odio entre el Presidente y Fernández de Cevallos encierra una paradoja en el breve lapso de una década: se asegura que durante una reunión privada en 1996, Diego puso en duda la hombría de Carlos Castillo Peraza, quien estaba en proceso de ceder el liderazgo del PAN nacional en manos de su pupilo político, Felipe Calderón. Este último, furioso, habría desafiado a Diego a liarse a puñetazos”.

¿Qué sucedió realmente con el controversial abogado y probable precandidato presidencial? ¿Su desaparición es una treta para convertirlo en el aspirante a 2012 de un panismo reunificado? O, por el contrario, ¿su ausencia es un castigo, preventivo o definitivo, por sus ácidas críticas al calderonismo y por sus pretensiones futuristas? Los anuncios espectaculares, en Querétaro o en todo el país, irán apuntando, con su cancelación o proliferación, los rumbos de esta historia de poderes oscuros.

Y, mientras Calderón y Obama hacen discursos y cumplen con rituales escenográficos, el primero incluso hablando de mensajería narcotraficante alterna y asegurando respecto a DFC que “no hay evidencia de que se trate de un secuestro porque, de acuerdo con la investigación, no tenemos evidencia”, ¡hasta mañana, con el ataque armado contra el experto en guerra sucia, el general en retiro Mario Arturo Acosta Chaparro, en un raro asalto cometido cerca de oficinas de atención ciudadana de la SSP de García Luna!

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