martes, 18 de mayo de 2010

Astillero

Entre La Paca y Paulette

Esperando el fin de gira

Temor a represalias

Colchón expiatorio

Julio Hernández López

Vacío de poder y de información. Felipe vaga por el mundo en actos oficiales aparentando que nada grave sucede en su país mientras acá las instancias gubernamentales se enredan con filtraciones y especulaciones y la familia del ya reconocidamente secuestrado Fernández de Cevallos busca negociar mediante el reaparecido ex procurador federal Antonio Lozano, que con su presencia evoca los episodios de ridícula parasicología forense que tuvieron como estrella a La Paca y evoca el tráfico de influencias y la transformación del ya de por sí corrupto aparato judicial mexicano en botín de un grupo de litigantes ventajosamente incrustados en el poder público para convertir la “justicia” en fuente de negocios y riqueza grupales de los que los ranchos del llamado Jefe Diego son simples muestras bucólicas.

Nadie sabe, nadie supo. La densa red burocrática de manipulaciones al gusto es tendida por la PGR y la procuraduría de Querétaro para darle el toque “científico” (la escuela de Bazbaz y PeñaPeña) a la difícil consigna recibida de hacer como que se hace pero sin hacer nada. Boletines oficiales sin sustancia, declaraciones políticas de cajón, y movilización de saliva de las procuradurías estatales conminadas federalmente a crear la sensación de que mucho se está haciendo para encontrar a un secuestrado cuya suerte real pareciera atada al final de una gira internacional felipesca, que ha tocado tierra en España para recibir un premio absurdo desde el punto de vista de lo mexicano pero absolutamente congruente y válido desde la óptica empresarial hispana agradecida de tantos favores recibidos; gira que continuará en Estados Unidos, donde The New York Times dice que el ocupante de Los Pinos hablará ante el Capitolio con la difícil tarea de convencerlo de que le puede ayudar a sobrellevar los problemas mexicanos cuando éstos se le están saliendo tan evidentemente de control.

El mismo diario neoyorquino plantea en http://nyti.ms/9dJPf0 un caso que algunos mexicanos creen conectado con la extraña desaparición de Fernández de Cevallos: la presurosa liberación de la ex esposa de Joaquín Guzmán, El Chapo, a la que habían detenido en Culiacán el pasado miércoles unos 200 “efectivos de unidades especiales de la Policía Federal, el Ejército y la Marina, coordinados y enviados desde la ciudad de México” (nota de la edición de Proceso de la presente semana). Griselda López Pérez, también llamada Karla Pérez Rojo, madre de cuatro hijos en pareja con el hasta ahora intocable Chapo, fue aparatosamente detenida la misma mañana en que el secretario de gobernación, Fernando Gómez-Mont, encabezaba en la misma capital sinaloense una reunión oficial con el gobernador Jesús Aguilar Padilla para revisar las estrategias de seguridad pública de esa entidad sometida al dominio estricto del cártel preferido de una década federal panista. Originalmente enfilada a un largo proceso por lavado de dinero, la ex esposa de Guzmán fue puesta en libertad al día siguiente en la capital del país, adonde había sido llevada por sus captores. La PGR dijo que luego de hacer su declaración ante un agente federal del Ministerio Público, la señora López Pérez o Pérez Rojo “se retiró con las reservas de ley”. Según The New York Times, Calderón tuvo que ver con esa rápida excarcelación, movido por el temor de que hubiera una serie de represalias, según asegura el afamado diario que le dijeron a uno de sus reporteros algunos funcionarios entrevistados sobre la materia, pero que hablaron con la condición de no ser mencionados.
Al siguiente día de la liberación de la ex esposa de El Chapo, uno de sus principales colaboradores, Ignacio Coronel Villarreal, encargado desde mucho tiempo atrás de la plaza de Guadalajara y sus alrededores, habría sido detenido en una propiedad llamada El Molino, en Chapala, Jalisco. Hasta ahora, ninguna autoridad, ni civil ni militar, ha precisado si es verdad o mentira la muy comentada detención de un personaje del más alto nivel del hasta ahora siempre protegido cártel de Sinaloa. Ese mismo viernes, por la noche, en su rancho llamado La Cabaña, en Pedro Escobedo, Querétaro, habría sido secuestrado Fernández de Cevallos.

Tanta sinuosidad hace casi natural que sobre la mesa de los despropósitos aparezca el recuerdo de La Paca, es decir, de la grotesca manipulación de los procedimientos judiciales para acomodarlos a las necesidades del poderoso en turno. La aparente imposibilidad del aparato federal de generar información más o menos aceptable sobre el asunto también ha hecho que los detalles del caso Diego se equiparen a las inverosímiles torpezas cometidas en el expediente Paulette, a tal grado que hay un clamoroso humor negro que exige que los investigadores oficiales hurguen en resquicios de la camioneta del ex candidato presidencial porque allí podría ser encontrado el cuerpo, con o sin vida, del barbado personaje central de un extraño secuestro silencioso, incruento y sin testigos. Tal vez para aprovechar el oportuno direccionamiento de la atención pública hacia los escenarios panistas, el ganador de los comicios yucatecos, Enrique Peña Nieto, ha anunciado que esta semana dará a conocer el desenlace de la increíble historia de Interlomas y el colchón desalmado: accidental habría sido la muerte de Paulette, según los adelantos conocidos ya.

Y, mientras el EPR se deslinda del secuestro (aunque no es la única guerrilla que actúa en la región queretana) y el PAN se decide a hacer plantón en el Paseo de Montejo para exigir un recuento voto por voto y casilla por casilla de las elecciones yucatecas que le dieron al PRI un triunfo que los blanquiazules rechazan enérgicamente, ¡hasta mañana, en esta columna que se entera con preocupación de otro incidente intimidatorio, con las ráfagas disparadas en Tepic contra una televisora afiliada a Televisa, en el marco de las extendidas amenazas a medios y periodistas que tocan temas delicados como el narcotráfico!

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