domingo, 8 de enero de 2017

Represión e ignorancia, legado de Jorge Herrera Caldera


JHC dibujo
Editor: El Clarín
Abril 4 de 2016
Mal y de malas termina uno de los peores gobiernos que haya tenido Durango. No se puede decir que haya causado sorpresa alguna, pues desde la primera semana en el gobierno, Jorge Herrera Caldera dio muestras de su intolerancia, su deleite por la represión a quienes se atrevieran a disgustarlo y su muy marcada ignorancia en temas sociales, así como su forma de interpretarlos y de resolverlos.
En opinión de los expertos y analistas en política de Estado, es elemental terminar una administración en calma y entregar un electorado tranquilo y mínimamente contento, se pudiera decir satisfecho.
Pero la represión brutal y desalmada que se ejerció en contra de los maestros que se atrevieron a manifestar su descontento e inconformidad el día del último informe de Jorge Herrera Caldera, además de ser el parangón de un sexenio gris-oscuro será el culmen de la triste realidad de un Durango sometido a los caprichos de un sólo individuo. Un acto más de un gobierno que no dio un sólo signo de cambio, ninguna señal de aprender el oficio de gobernar. La visceralidad implantada desde el primer día en las maneras de vincularse con la sociedad fue la constante, bajo la sombra de un Frontispicio Universitario fracturado por los golpes, el sello personal de la ignorancia y la represión permanecieron indelebles a lo largo de seis nefastos años.
El recuento de los logros deja un estado lastimado por la inseguridad, con la impunidad galopante, en que el gobernante priorizaba el uso de los cuerpos policiacos como golpeadores, confundidos con la acción de los porros y el aparato judicial empleado como ariete contra la protesta social. Las compañías contratadas para maquillar la imagen del gobernador se empeñan en ofrecer un rostro de bondad y buen manejo, sobre todo en las finanzas, repitiendo en cuanto medio está a su alcance los millones de pesos gestionados para supuestas mejoras en infraestructura, escondiendo bajo un raído tapete la estratosférica deuda que deja a los duranguenses; enfatizan los más de dos millones de uniformes escolares intentando borrar la gran falta de respeto de Herrera Caldera para con las instituciones educativas.
Evidencias de lo falso y frágil del gobierno que termina, han sido la aparición en un programa en la TV de paga en donde el aún gobernador, por enésima vez intenta justificarse por lo hecho en contra de la UJED, diciendo que fue en “aras del amor que le tiene a la querida universidad”, la petición pública del diputado priísta Julián Salvador Reyes de “sensibilidad” por parte de la Secretaria de Educación ante la inconformidad de los maestros por lo que consideran modificaciones autoritarias y sin consenso que afectan su trabajo; también las alertas internacionales de la inseguridad en el estado y ocupar una de las primeras posiciones en muertes maternas a nivel nacional.
Jorge Herrera Caldera tuvo a su alcance frecuentes formas de ser un Entre gritos y sombrerazos, termina el sexenio gobernador medianamente aceptable, 2190 días para evaluar resultados y modificar rumbos y estrategias; 52,560 horas, transformarlas en un número igual de oportunidades y pasar a la historia como un duranguense responsable, inteligente y comprometido que sin necesidad de pregonar “su amor” mostrara respeto para con las instituciones y no mandarlas al precipicio como él lo hizo

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