sábado, 13 de noviembre de 2010

El capo perpetuo


Miércoles, 03 de Noviembre de 2010 23:14


El capo perpetuo
Diputado inútil, capo institucional
Valentín Cardona
31 de octubre de 2010

Para lograr el exterminio del Régimen de Jubilaciones y Pensiones (RJP), de los trabajadores del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS), al gobierno de Vicente Fox le bastó que, en el año 2003, Roberto Vega y Galina -entonces secretario general del sindicato-, y una parte de su cúpula sindical firmaran en lo oscuro un pacto con el entonces director del IMSS Santiago Levy Algazi, hecho conocido desde entonces el “acta de la traición”

Los cambios pactados al RJP en esa acta firmada el 4 octubre de 2003 quedaron sentados y ahí se definieron pasos sencillos con los que el Estado dejaría de lado su responsabilidad de otorgar seguridad social de los nuevos trabajadores sindicalizados, aunque para ello todavía faltaba amarrar con la cúpula sindical una figura que les garantizara abrir el camino para no confrontarse con los trabajadores.

Para mal de millones de mexicanos, Vicente Fox amenazó con que al finalizar su sexenio había continuidad, premonición que se hizo realidad al término de ese funesto mandato con la figura “continuista” de Felipe Calderón Hinojosa.

Sentado en la silla presidencial bajo el auspicio del Ejército, Calderón Hinojosa echó mano de amigos que le ayudaran a proseguir con las políticas devastadoras en seguridad social “que eran ejemplo en países ‘avanzados’ del mundo” y para el MSS escogió a Juan Francisco Molinar Horcasitas, un fracasado como politólogo, con antecedentes negros en la Secretaría de Gobernación pero amigo del presidente. En la secretaría del Trabajo colocó a Carlos Lozano, siniestro personaje salido como de una película de terror.

El cambio presidencial coincidió con el cambio de cúpula sindical, a Calderón ya le tocó escoger quien sería el sucesor del traidor Vega y Galina, quien terminó su periodo sumido en el desprestigio y el descrédito entra la base trabajadora, igual que la cúpula que lo acompañó en tanta traición a sus representados.

Ya entonces existía la figura de Valdemar Gutiérrez Fragoso, quien desde la Secretaría del Interior del gremio firmó la traición y operó para que esta se hiciera realidad. Desde entonces Valdemar ya asumía papel de secretario e incluso tomaba decisiones. Poco antes del cambio de secretaría, Gutiérrez Fragoso se vio envuelto en líos que lo involucraban directamente con el narcotráfico y el crimen organizado, al igual que parte de su parentela en línea recta.

En un congreso sindical “a modo” -octubre de 2006-, con cero credibilidad pues, Gutiérrez Fragoso “resultó electo democráticamente”, unos 900 dedos de trabajadores congresistas maiceados, llevaron a 380 mil trabajadores de base al desastre.

La maquinaria para terminar por pasos las prestaciones de los trabajadores sindicalizados contenidas en el Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) apenas comenzaba sus devastadores movimientos, así que ante la inconformidad de miles de trabajadores de base, el gobierno calderonista soportó con todo a Valdemar y junto a él crearon una feroz mancuerna represiva al interior del IMSS y contra toda aquella voz disidente a las decisiones del secretario.

Garantizado el periodo de secretario general –de octubre de 2006 a octubre de 2010- las negociaciones en lo oscuro se sucedieron y se fueron minando “poco a poco” prestaciones a favor de los trabajadores sindicalizados contenidas en el CCT, prestaciones adquiridas en poco más de 60 años y bajo el régimen conocido como de la Revolución.

Ante la nula credibilidad de Gutiérrez Fragoso ante las bases y la falta de un sucesor a modo que garantizara al gobierno de la continuidad proseguir con el desmantelamiento del IMSS, el capo ideo una forma de prolongar su mandato por dos años más y para ello contó con todo el apoyo, decidido y abierto de la Secretaría del Trabajo, dependencia que, sin más, le otorgó la codiciada toma de nota.

De un plumazo, en otro “congreso democrático” –octubre de 2008-, unos 900 dedos “maiceados”, otorgaron a Gutiérrez Fragoso la ampliación de su periodo hasta octubre de 2012, justo para coincidir con el cambio presidencial. En paralelo, Acción Nacional reforzó y brindó impunidad al capo de agosto de 2009 hasta agosto de 2012, al convertirlo en diputado federal.

Pero no solo eso, en ese congreso amañado y a modo, el capo dejó abierta la posibilidad de reelegirse por seis años más a partir de octubre de 2012, lo que lo mantendría en la impunidad hasta octubre de 2018 como mínimo. Apenas en octubre de 2010, el sueño del capo se hizo realidad al anunciarse por adelantado la reelección en automático dentro de dos años.

Un capo inútil, pero institucional

Sentado en una curul, recibiendo mensualmente sueldo jugoso y todas las canonjías a que se hacen acreedores los señores diputados, Gutiérrez Fragoso se ha ganado la fama de ser un diputado “inútil, pero institucional”. Inútil porque no se le conoce absolutamente ninguna propuesta ni algún trabajo legislativo.

“Institucional”, porque está como simple títere de Acción Nacional, nomás para levantar el dedo y para reforzar todo tipo de propuestas del gobierno federal relacionadas con arrebatar conquistas a los trabajadores y apoyar el proyecto de nueva Ley Federal del Trabajo que se encuentra atorada, confía un diputado federal a este reportero.

Cuentan que en la Cámara es un diputado aislado, que prefiere mantenerse al margen de los reflectores y que cientos de diputados le dan el saludo por educación, pero la vuelta por el estigma que lo envuelve: la sombra del narco.

Es por eso que algunos diputados lo llaman también el capo institucional. Valdemar ejerce como diputado federal desde el 29 de agosto de 2009 y lo será hasta el último día de agosto de 2012. Un mes después de su unción, el 30 de septiembre de 2009, aparecieron contadas esquelas en periódicos de circulación nacional, en la que se lamentaba la muerte de un hijo de Valdemar.

Poco difundida en medios, la información hacía referencia al nombre de Ariel Gutiérrez Botello, de 24 años, “quien padecía cáncer en el estómago”. De acuerdo con las notas periodísticas, a los velatorios de Gayosso, Sullivan, asistieron para “ofrecer sus condolencias” Javier Lozano Alarcón, Juan Francisco Molinar Horcasitas, Josefina Vázquez Mota y Miguel Ángel Yunes, entre otros.

El nombre del difunto coincide con el del hijo del capo que fue detenido en un aeropuerto internacional de España por intentar introducir a ese país cerca de un kilogramo de cocaína que había tragado en uvas y llevaba escondidas en el estómago.

De acuerdo con médicos especialistas, es común que traficantes de drogas que utilizan sus estómagos e intestinos como medio de transporte pierdan la vida al reventarse los contenedores fabricados regularmente de látex, o que posteriormente a un “reventamiento”, sufran graves estragos o trastornos a su salud, como el cáncer.

Cuando la cúpula panista ofreció a Valdemar la diputación segura, se revivió toda una historia que parecía ya enterrada y referente a los enredos de Gutiérrez Fragoso y su parentela con el narco, sin embargo, la clase política panista defendió el dedazo de Calderón y aguantó la “embestida” de los medios, aunque con ello aumentó el temor y el descrédito hacia uno más de los integrantes de sus filas.

Ante la impunidad, los trabajadores sindicalizados del MSS están gestando algún movimiento. A ellos se suman los “nuevos” trabajadores, carentes de toda seguridad social, los jubilados y pensionados, que también han visto mermadas sus prestaciones. La histora, por su parte, va colocando en su lugar a cada cual. Horcasitas es hoy un cadáver que cobra en la Secretaría de Comunicaciones y Tansportes, terminó ante la nación entera con la imagen de un “sicario de bebés”; esa u otras fechorías algún día las pagará en la cárcel.

Lozano Alarcón es el enemigo número uno de los trabajadores organizados en sindicatos no alineados al gobierno y también de los alineados, siniestro y perturbado personaje parido como de una película de terror.

La de Daniel Karam es otra historia y Valdemar Gutiérrez es simple y sencillamente un capo más al servicio del Estado.