sábado, 20 de noviembre de 2010

"Conmemoran a difuntos y no honran a los vivos"

Al menos 28 mujeres, quienes fueron robadas y entregadas a los jefes revolucionarios, viven en nueve localidades de Morelos marginadas por sus familias, el gobierno y olvidadas en los festejos, denuncia el bisnieto de Emiliano Zapata.

Francisco Mejía

Constanza Reyes García tenía 13 años de edad cuando se la llevaron los zapatistas que entraron al pueblo de Tepalcingo, Morelos; sólo recuerda que unos hombres bajaron de sus caballos la cargaron a ella y a otras mujeres y se las robaron. Entre lágrimas y gritos alcanzó a ver un pueblo lleno de tierra que se quedaba atrás.

El que sería su hombre por muchos años y que al morir la dejaría con una pensión trimestral, que aún hoy recibe de 3 mil pesos, se llamaba Víctor Neri Cortés, capitán de caballería del Ejército Liberador del Sur de Emiliano Zapata.

Con sus 115 años de vida, Constanza se encuentra sentada a la entrada del cuarto donde duerme, en ese mismo pueblo donde un día fue sacada por la fuerza. Lleva en la cabeza un paliacate blanco con estampado gris y su piel se extiende por todo el cuerpo lleno de surcos que son arrugas. Sus oídos casi ya no escuchan, sus ojos ya no ven, sus pies no la sostienen. Y la artritis le ha atrofiado las manos, los huesos. Su vida.

Pero tampoco de sus ojos salen lágrimas y eso que llora desconsoladamente cuando recuerda su pasado. Ella toda está seca.

Con el hombre que se la robó vivió muchos años, tantos que ya no los recuerda. "Fueron muchos", dice con voz apagada. Y llora, llora, llora, llora…

—¿Lo llegó a querer? —se le pregunta ingenuamente a está mujer de pelo completamente blanco.

—Aunque no quisiera… él me tenía a fuerzas, no fue por mi gusto que estuviera ahí… con él me entregaron y no, no más a mí, sino a otras muchachas…

Para Édgar Zapata, bisnieto de Emiliano Zapata, las viudas de revolucionarios zapatistas, ya muertos, viven en pobreza extrema, marginadas por sus familias, por los gobiernos y olvidadas en los festejos del Centenario de la Revolución.

Según su contabilidad son 28 las viudas que quedan. Mujeres que muy jóvenes, casi niñas, fueron robadas y entregadas a los jefes revolucionarios ya entrados en años. Ellas sobreviven de alguna manera en nueve localidades del estado de Morelos.

En entrevista, Édgar Zapata, junto con la regidora de Cuautla, Ana Guerrero Pinzón, coinciden y critican: "no es posible conmemorar a difuntos y no honrar a los vivos". Se refieren a las mujeres cuyos cuerpos ya poco se sostienen. Es el caso de Inés Ramírez Labra y de Catalina Aguilar Merino de 100 años y cinco meses de edad y claro de la misma Constanza.

Entrevistados por MILENIO rescatan el artículo 8 del Plan de Ayala que dio sustento a la lucha de Emiliano Zapata donde se habla de las propiedades de los hacendados y su venta, cuyo dinero se destinaría a pagar "pensiones de viudas y huérfanos de las victimas que sucumban en la lucha…".

Sin embargo, el dinero que hoy en día reciben esas viudas "es una miseria" y piden al gobierno federal "asegurar sus últimos días con una vida digna", dice el bisnieto que dirige, junto con Edgar Merino, la Fundación Herederos de la Revolución.

Pero todo parece indicar que no será así y peor aún lo que reciben podría recortarse y es que en días pasados recibieron una llamada de la Secretaría de Hacienda donde les dejaron ver eso y para ello pedían revisar santo y seña de esas 28 viudas.

En el sexenio de Vicente Fox les cancelaron su afiliación al IMSS y el pago de bono de marcha llegada su muerte, además, les disminuyó la pensión.

Hoy las viudas, reciben poco —el gobierno del estado les da, además 500 pesos al mes— y viven sin sillas de ruedas y sin la promesa de tener de forma gratuita una tumba en el panteón de su pueblo.

"Se requieren más apoyos a las comunidades rurales: los jóvenes no tienen oportunidades de trabajo. Para la mayoría de ellos su única opción es la delincuencia…".

O, más benigno, marcharse a buscar trabajo a Estados Unidos. La revolución que hicieron sus padres en el estado de Morelos no les alcanzó y para ellos sólo hay dos caminos: engrosar las filas de la delincuencia organizada o largarse al vecino país del norte.

Regidora y bisnieto van a fondo en sus críticas. "No llegan los apoyos al campo", pese a que en el estado hay una tierra y un clima favorable. "La Revolución no le ha hecho justicia a los campesinos de aquí ni del país, los políticos sólo utilizan el voto de la gente, de los jóvenes y los abandonan...

"Nos quemaron las casas…"

Catalina hizo pareja con Crisoforo Quiroz Serrano que había estado en el ejército de Emiliano Zapata: subía y bajaba por los cerros con la comida y agua para los revolucionarios.

"En aquél tiempo no había trabajo, sólo un poco. En la tierra nos pagaban 25 centavos al día y a la semana salía yo con 1.50 era muy pobre el terreno, no había trabajo. El litro de leche era de 15 centavos, una maquila de fríjol 15 centavos, el kilo de azúcar 28 centavos, cinco piezas de pan por 15 centavos y el kilo de carne a 30 centavos. Bueno ahí íbamos".

Su esposo le platicaba que cuando Emiliano Zapata salía del pueblo los hacendados los amenazaban "el que agarre tierra le vamos a ahorcar, Zapata no va a estar todo el tiempo con ustedes", les decían.

La lucha armada le dejo al esposo sus tierras y una pensión. Al morir, ella quedó con lo segundo. Unos hijos de Crisoforo le quitaron la tierra. Recuerda que su esposo se fue muriendo poco a poco. Primero le quitaron una pierna que ella fue solita a enterrar al panteón, al poco tiempo él murió.

"Me dejo una pensionsita chiquita es lo que tengo ahora... Cuando empezaron a dar era de 10 pesos pero era un poco cómodo y eso nos ayudaba algo…".

Catalina escucha poco y dice "aquí estoy en lo que se llega la hora de la partida…".

En la vejez los recuerdos valen mucho. Es el caso de Inés, quien dice que tiene 85 años de edad. Aunque su familia dice que tiene más. Ella conserva con mucho amor cuatro fotografías de su esposo con su sombrero zapatista y su rifle. Ella, oronda, posa a su lado. "son los recuerdos de él y ahora sólo son míos, pues él ya murió. Yo las colgué ahí, yo las arregle".

Es otra mujer pensionada por la Revolución. "A él lo conocí ya viejito…".

Milenio
20/11/2010