jueves, 27 de junio de 2013

Pantalla nómada / Dos documentales imperdibles

 


Alan Rodríguez
Publicado: 27/06/2013 09:44

Sugar Man o la oda al poeta de música marginal Estimulante y con alma, a ratos conmovedora, la película Buscando a Sugar Man (2012) llega a las salas comerciales este viernes 28. El documental de Malik Bendjelloul que viene a animar la cartelera comercial este fin de semana, es una oportunidad para invertir 86 minutos de nuestra vida en algo que vale la pena sin riesgo de falla. Algo capaz de entretenernos sin tiroteos a la menor provocación, superhéroes alienantes ni ciudades que se vienen abajo.
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Galardonado con el Óscar 2013 al mejor documental, Buscando a Sugar Man supone una ejemplar forma de llevar al cine una vida admirable. En esta ocasión la de un compositor con música y voz potentes, un poeta marginal cuya historia pasó desapercibida por décadas en Estados Unidos. Fue el caso de Sixto Rodríguez, cuyo prometedor futuro quedó hundido bajo tierra tras un fracaso inexplicable en el horizonte musical gringo, pero que a la vez su mística profética y su canto oscuro fueron himno en el clamor de la insurrección y el despertar de conciencias de la Sudáfrica de los 70. Y es que Rodríguez lo tenía todo, decían. Que hizo la crónica de su tiempo, que gozaba de la sabiduría de un sacerdote; que su escritura llegó más arriba en lo poético que la de Dylan, decían.
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La película de Bendjelloul nos atrapa apenas empieza. Quién no quiere que le cuenten más sobre un cantante quien difuso entre el humo de un bar maloliente de Detroit, ofrece su arte para luego inmolarse prendiéndose fuego. Y es que el cineasta sueco nos concede un modelo de documental alejado de los moldes tradicionales. Explota con fortuna las cualidades narrativas de la entrevista, la animación, el metraje casero y la recreación; al igual que se apropia con mucho control de algunas convenciones del cine de género para vestir su pieza de suspenso, humor, drama y mito.
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El filme también triunfó como mejor documental en los premios BAFTA y Critics Choice Movie Awards 2013, entre otros. Tiene una virtud muy importante, invita a y entretiene a la audiencia. Gusta no solo por desplegar una historia de esas con aliento y espíritu de vida, sino igualmente por un soundtrack todo el tiempo disfrutable. La música de Rodríguez es un plus, un elemento que Bendjelloul sabe bien explotar para beneficio de su película.
Leviatán o la experiencia fílmica por inmersión
También este viernes llega a Cineteca Nacional un filme rodado en el norte del Atlántico y precedido de muchos premios. Dirigido por Lucien Castaing-Taylor, Véréna Paravel, triunfó en el pasado FICUNAM, además de quedarse con el gran premio en el IndieLisboa IFF y hacerse de reconocimientos en Torino, Locarno y otros festivales.
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Leviatán (2012) es una película pero por momentos una vivencia; como si fuera, digamos, una atracción dentro de un parque de juegos mecánicos. Tiene su onda de vértigo e impresión. De la ordinaria tarea de la pesca en alta mar hace una experiencia prácticamente tangible para el espectador. Pequeñas cámaras dispuestas en específicos rincones o adheridas a personas, objetos y peces, hacen que la audiencia atraviese por un espectáculo sensorial.
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Coproducido por Francia, UK y Estados Unidos, es un documental abierto sin conflicto o vicisitud a retratar, simplemente se teje como relato plagado de atmósferas, formas, movimiento y ritmo acerca de la faena en un barco pesquero. Es una pieza hiperrealista que inicia y avanza con paso de gigante. Se impone por su pura verdad, su fidelidad al mundo que captura. Estamos ante un filme físico-muscular, un salto hacia adelante en el mismo rizoma genealógico de piezas como La sangre de las bestias (Georges Franju, 1949).
Por momentos, el documental de Castaing-Taylor y Paravel nos somete a un trance, como lo hace una película de género, como puede lograrlo un filme japonés de terror. Hay un estupor que de repente se viene encima del espectador y lo somete. Leviatán es una película que se siente.
@kromafilm