sábado, 29 de marzo de 2014

Laura Esquivel y Xavier Velasco, escritores de consumo nacional, dice el crítico Emmanuel Carballo

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Emmanuel Carballo en su estudio. Foto tomada de: http://ciudadania-express.com/
 
Juan Carlos Aguilar el 27 marzo, 2014.
 
CIUDAD DE MÉXICO, 27 de marzo (Al Momento Noticias).- Sus obras ocupan un lugar imprescindible en la historia de la literatura mexicana del siglo XX. Críticos y académicos han celebrado la belleza y rigor de sus textos e incluso uno de ellos gozó de las mieles del éxito al convertirse en el primer best seller de las letras nacionales.
Se trata, afirma el editor y crítico literario Emmanuel Carballo (1929), de las creaciones de los cinco escritores más grandes que ha dado México, las cuales, paradójicamente, han sido enterradas en el olvido por las nuevas generaciones que se entretienen leyendo a autores “de segunda, tercera y hasta cuarta categoría”.
Los “cinco maestros” a los que se refiere Carballo son: Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos (pertenecientes al Ateneo de la Juventud); José Gorostiza (del grupo de Los Contemporáneos) y Octavio Paz, ganador en 1990 del Premio Nobel de Literatura, a quienes formar parte de los “imprescindibles” no les ha servido de mucho para atraer nuevos lectores.
Así lo considera Carballo, quien en entrevista reflexiona sobre estos “cinco grandes” de nuestras letras, a la vez que enumera a los narradores maduros que han tomado la estafeta, y los más jóvenes que podrían convertirse en los nuevos maestros.
DE EXPORTACIÓN
– ¿Qué es de los “cinco grandes” actualmente?
–La verdad es que no se leen. Lo que sucede es que tenemos una literatura magnífica, pero para unas cuantas personas. Mientras que los cinco mejores escritores de los que hablamos son de escala mundial, los lectores que tenemos son de escala mexicana, de país subdesarrollado, que no entiende a sus propios autores.
Ahora se lee a Laura Esquivel y Xavier Velasco, escritores de segunda, tercera y cuarta categoría, facilones, para secretarias que mascan chicle y para muchachos que no tienen la menor cultura literaria.
Para Carballo esa literatura no está en posibilidades de trascender las fronteras de nuestro país. “No es exportable”, dice. Y es que, explica, “la literatura es la conjunción entre un tema y la manera adecuada de tratarlo. El puro tema es como un bistec crudo y a mí no me gusta la carne tártara. La literatura es el tema, más la estructura, el estilo y, en el caso de una novela o cuento, la creación de personajes”.
– ¿Eso fue lo que vio, por ejemplo, en la obra de Martín Luis Guzmán?
–Sí. Martín Luis Guzmán sufrió intensamente la vida política de México y tuvo tiempo para hacer las Memorias de Pancho Villa, para hablar de Nueva York, para publicar el primer cuento de la literatura fantástica de nuestro país, dato que se conoce poco. Escribió además La sombra del caudillo, la primera novela política de México.
– ¿Y qué me dice de Alfonso Reyes?
–Bueno, Reyes fue el cronista de sí mismo. Publicó cien libros en los que recogió lo bueno, lo malo y lo pésimo de su obra, aunque, por supuesto, predomina lo bueno.
– ¿Qué destacaría de él?
–Tuvo la virtud de escribir en un español perfecto, que no era de España ni de México, era de él, él lo inventó, le puso su sello y pasará a la historia de la literatura como un estilista de primera fila. Jorge Luis Borges escribió alguna vez que Reyes no profundizó lo suficiente en los grandes problemas de México y del mundo de los años veinte y treinta del siglo XX, que era un señor que sabía escribir, pero que no tenía nada importante qué decir. Quizá haya algo de razón en eso…
Respecto a José Vasconcelos, a él lo descubrí no solamente como un hombre de acción, creador del lema de la Universidad Nacional (“Por mi raza hablará el espíritu”) y de la Secretaría de Educación Pública, sino como el autor del Ulises criollo. Fueron momentos en que la prosa mexicana alcanzó sus niveles más altos en cuanto a intensidad, en cuanto a fuego, en cuanto a la desnudez de un hombre que se entregó por completo al público que lo leería. Ulises Criollo fue el primer best seller de la literatura mexicana. De 1935 a 1959 había vendido unos 50 mil ejemplares.
-Cuando le comenté de los cinco escritores más destacados, me dijo que uno de ellos era Salvador Novo, pero al final se inclinó por José Gorostiza…
–Lo estuve pensando bien y considero que José Gorostiza es más importante, pues es el autor de Muerte sin fin, uno de los tres mejores poemas que se han escrito en México. Los otros dos son: Primero Sueño, de Sor Juana Inés de la Cruz; y Piedra de Sol, de Octavio Paz. Así que Gorostiza es el mejor poeta de Los Contemporáneos y, quizá, el mejor de la primera mitad del siglo XX.
El mejor poeta de la segunda mitad es Octavio Paz, un hombre de 360 grados que escribió ensayos luminosos, perfectos, sobre política, literatura y religión. Y ganó el Nobel, ni más ni menos.
– ¿Y dónde queda Salvador Novo?
–Bueno, claro que Novo ocuparía un lugar si habláramos de una lista menos rigurosa de más de cinco autores. Si fuera de diez, él ocuparía el sexto lugar; después vendría Juan Rulfo, Juan José Arreola, Carlos Fuentes y Jaime Sabines.
Rulfo, hay que recordar, suplió la falta de muchos libros con la excepcional calidad de sus dos obras: El llano en llamas y Pedro Páramo”. Lo que sí me da una gran tristeza es que se tenga olvidado a un gran escritor de la misma generación de Rulfo: Juan José Arreola. Borges decía que uno de los grandes cuentos del siglo XX era ‘El Guardagujas’, que figura en las antologías más estrictas de cuento a escala mundial.
–En su opinión, ¿quiénes destacan de las generaciones posteriores a los “cinco grandes”?
–Son varios. Algunos de ellos son Francisco Rojas González, Ramón Rubín, José Agustín, José Emilio Pacheco, Eduardo Lizalde, Juan García Ponce, Salvador Elizondo y Carlos Monsiváis. Pero te voy a decir una cosa: Los “cinco grandes” son autores de exportación, mientras que estos otros que te enumero son más de consumo doméstico.
– ¿Qué pasa con autores más jóvenes?
–Diría que destacan Efraín Bartolomé y Daniel Sada. El problema de este último es que es demasiado perfeccionista y complicado. Confunde la dificultad con la hermosura, la cual esconde a tal grado que solamente los eruditos entienden su obra.

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