lunes, 2 de febrero de 2015

Astillero


 Ebrard: ¿corrupción o venganza?
 Golpe antes de las pluris
 Morena, designaciones
 Caso 43, a la ONU
Julio Hernández López
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SAN LÁZARO. El senador Emilio Gamboa Patrón y el diputado Manlio Fabio Beltrones, ambios del PRI, departen con sus pares al término de la sesión de apertura del segundo periodo de sesiones ordinarias del tercer año de ejercicio de la 62 LegislaturaFoto Cristina Rodríguez
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or salud pública es muy importante saber si el anterior jefe del gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, es un pillo redomado o cuando menos un irresponsable lleno de complicidades y fallas en cuanto a la obra más representativa de su sexenio, la línea 12 del Metro (dorada y ahora tan desdorada). Pero al mismo tiempo, ligada una cosa con la otra, es necesario saber si el ciudadano Marcelo Ebrard ha sido víctima de una campaña de maquinaciones y venganzas que pretenden culparlo de procesos técnicos fallidos (no adjudicables forzosa o fundamentalmente a su persona) e inhabilitarlo electoralmente, justo en estos dias en que están por definirse las candidaturas a diputados federales por la vía plurinominal.
La eventual resolución rápida y precisa de esas dos preguntas (cuyos enunciados hoy son sostenidos y defendidos apasionadamente por cada una de las partes en conflicto) no ha sido posible ni lo será en un mediano plazo debido a que los acusadores han actuado con evidente espíritu faccioso y sumario, coaligadas de sugerente manera las fuerzas y recursos de Enrique Peña Nieto, los legisladores priístas, Miguel Ángel Mancera y Joel Ortega Cuevas, permitiendo que en lugar de una contundente demostración de la presunta corrupción de Ebrard se abra paso una fundada percepción de que en el fondo del asunto predominan (con una comisión a modo y su sentencia sin escuchar a la parte acusada y sin cumplir los procedimientos legislativos del caso) los cálculos de exterminio político de un adversario, más que un auténtico espíritu justiciero.
Ebrard, por su parte, ha sido ineficaz en su propia defensa, ciertamente cerrados para él muchos de los terrenos mediáticos que suelen ajustarse conforme a la agenda del poder en turno, pero atenido Marcelo sólo a esos canales tradicionales y omiso en cuanto a ventilar con energía y puntualidad su versión de los hechos mediante las accesibles redes sociales. Tampoco había dado Ebrard un paso fuerte, verdaderamente confrontacional, en demanda de ser escuchado y de que su postura fuera atendida sino ayer, en la hora final de esta fase legislativa de la comisión indagatoria que ahora transfiere el expediente al terreno de la acción penal. Deshojando la margarita electoral (como se decía en la parte final del Astillero del pasado viernes), ME estudiaba si aceptaba la candidatura a diputado federal por el PRD-Chucho-amalista con el que no hace clic, o la del Movimiento Ciudadano que está en concentrado proceso de suma de votos para conservar su registro (muy confiado en la abundante cosecha venidera de Jalisco con Enrique Alfaro, pero condicionado en cuanto a alianzas por el panismo allí coaligado al MC alfarista, el de Emilio González Márquez y su mánager, el cardenal Juan Sandoval, enemigo expreso de Ebrard por políticas abortistas chilangas) o la del propio Andrés Manuel López Obrador, con quien estaba programada una plática personal en estos días (con el también acusado por el tema de la línea 12, el senador Mario Delgado, como avanzada de monetarizadas migraciones rumbo a Morena), a Marcelo le asestaron el amago judicial justo antes de que resolviera las dudas de su nueva adscripción grupal y de que tratara de retomar la ruta, primero legislativa, rumbo a la candidatura presidencial en 2018 de las izquierdas reformadas, como lo pretendía en 2011, cuando cedió el paso a Andrés Manuel López Obrador, aprobó la decisión de dos para hacer candidato al gobierno capitalino a Miguel Ángel Mancera y parecía encaminarse rutilante a un destino muy distante de los vericuetos por los que hoy le llevan.
Mientras tanto, cargado de politiquería el asunto, imprecisas las fronteras entre la fundada acción judicial legítima y la venganza política extrema (según eso, una de las causas sería el haber filtrado los datos de laCasa Blanca y la compañía Higa, hecho que niegan con firmeza tanto el ex jefe de gobierno como el profesional y respetable equipo de trabajo de Carmen Aristegui y ella misma), quedan desprovistos los ciudadanos de saber si en la especie se está frente a un político muy corrupto, causante de graves daños al erario y al interés público en la mencionada línea dorada o si en realidad se está en presencia de un acto más de despotismo del poder sexenal que desea impedir que un aborrecido opositor con posibilidades de crecimiento siga adelante.
Tampoco será posible calcular la fuerza del partido Morena tan sólo a partir de las asambleas distritales y estatales que realizó ayer para que fueran aprobadas las candidaturas únicas que la Comisión Nacional de Elecciones dio por válidas y que los asambleístas, conforme a la convocatoria del caso, para las postulaciones a diputados federales de mayoría relativa, sólo habrían deconocer y aprobar para declararlasinapelables. Ya con esos aspirantes a las curules federales, y los nueve buscadores de gubernaturas estatales (ninguno de los cuales tiene hoy expectativas fundadas de triunfo), impuestas las designaciones, que no elecciones, el nuevo partido elaboró a su vez las listas de 10 aspirantes por distrito al sorteo (la tómbola, es el término que se ha generalizado para designar el proceso de insaculación) de las candidaturas de representación proporcional o plurinominales.
Con el gobierno federal empeñado en sacar de la atención mediática el caso de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos y la abierta advertencia de que habrá tolerancia cero a las protestas desbordadas, padres de esos estudiantes murillescamente dados por asesinados han viajado a Ginebra, en una fase de internacionalización del conflicto, en demanda de atención y justicia en el legítimo plano externo, dado que en el interno se cierran las puertas y los puños.
Y, mientras el senador Ernesto Cordero se ausentaba ayer de la inauguración del último periodo ordinario de sesiones del congreso federal (negativamente histórico al haber aprobado las lamentables reformas peñistas), por asistir al Supertazón junto con Felipe Calderón y el cuñado de éste, Juan Ignacio Zavala, ¡hasta mañana!
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