lunes, 7 de septiembre de 2009

Productos milagro y malos hábitos alimentarios

Iván Restrepo

La Secretaría de Salud y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios advirtieron recientemente lo peligroso de consumir ciertos productos que se venden en farmacias, tiendas naturistas, mercados públicos y tianguis y que prometen bajar de peso sin dieta alguna y con asombrosa rapidez.
Destacan los casos de Capslim, Escoba Intestinal, Easy Figure, Maxi Demograsa, Peso Natural, Sbeltix, Slim and Bodygrass y el Té Rojo. Contienen plantas tóxicas como Thevethia peruviana, Fucus vesiculosus y Thevethia spp. Por su parte, Adelgazol pm, Fat Burners, Kma Kilos, Peso Natural, Redu Sí Express, Thermogenic y Venus Slim contienen sustancias peligrosas, como el picolinato de cromo. Piden no comprar ni consumir esos productos y que se denuncie, vía Internet o por teléfono, los sitios donde se venden. Porque, avisan las autoridades, bajar rápido de peso puede matarte. Los productos mencionados no favorecen al organismo y provocan a quien los consume vómitos, urticaria, alteraciones a la tiroides, gota, acné, insuficiencia renal, problemas visuales, taquicardia y, en caso extremo, cáncer. Está probado que la mejor forma de bajar de peso es con una dieta sana, balanceada y haciendo ejercicio.
El problema es grave, pues en el país se comercializan sin control unos 22 mil “suplementos” alimentarios diferentes que no llenan los estándares de calidad, seguridad y eficacia. Además, en el etiquetado de esos productos se asegura que cuentan con registro sanitario oficial, cuando no es así.
Existen más de mil 500 empresas dedicadas a venderlos, además del comercio informal. Agréguense las fórmulas milagrosas provenientes de Asia que entran de contrabando en el país.
La venta de tantos productos que causan daño evidencia la necesidad de modificar la actual Ley General de Salud, que solamente actúa en los aspectos relacionados con la información y la publicidad que se hace de dichos compuestos. Hace falta entonces regular su comercio, tarea que debe abordar lo más pronto posible el Congreso de la Unión. Y es que en la televisión, la radio, los periódicos y revistas se promueve la compra de productos “milagrosos” que adelgazan de un día para otro a quien los utiliza y, de paso, “vigorizan” el organismo, elevan la potencia sexual y hasta protegen contra las “malas vibras”. Los panegiristas de tantas bondades son lo mismo una conocida figura del espectáculo que en la tele ensalza los efectos casi mágicos de una crema reductora que el curandero llegado de la selva amazónica. Éste ofrece en la radio la fórmula “naturista” para devolverle la salud al enfermo más desahuciado.
El sobrepeso y la obesidad son hoy un grave problema y para atenderlo se dedican cada vez más recursos públicos y privados. Afectan a 70 por ciento de los adultos y a una tercera parte de los niños. Cómo no va a ser así, si 20 por ciento de las calorías que consumen los mexicanos provienen de los refrescos embotellados. Somos los mayores compradores de esos productos en el planeta. Está probado que los refrescos aumentan el sobrepeso, la obesidad y, en paralelo, el costo de atender los males que originan, en especial la diabetes y la hipertensión arterial. Mientras millones no tienen los recursos para comer lo necesario, otros millones con dinero se alimentan pésimo y enferman. En el medio rural llega más fácil el camión repartidor de refrescos de las dos trasnacionales que dominan el mercado que el agua, potable o no. En el colmo, los diputados de la pasada legislatura gastaron casi 7 millones de pesos en agua embotellada. Con mucho menos se instala en el Palacio Legislativo un sistema de captación y tratamiento de agua de lluvia y se garantiza que la de la llave sea potable.
Se anuncia la creación de un consejo nacional para combatir el sobrepeso y la obesidad. Si realmente funciona y no es otra iniciativa fallida de este sexenio, debe atacar el problema en sus orígenes. Por ejemplo, la falta de agua potable en casi todo el país y los malos hábitos alimentarios. Una primera iniciativa: cero venta de refrescos y comida chatarra en el sistema escolar y en hospitales, centros de salud y oficinas públicas. Como en otros países.