domingo, 13 de octubre de 2013

El caso Del Bosque Villarreal, «primera ejecución extrajudicial del gobierno de Peña»

Es la prueba para saber si esta administración tendrá cero tolerancia a la impunidad: ONG



Sanjuana Martínez
Periódico La Jornada
Domingo 13 de octubre de 2013, p. 12
¿Te sientes muy seguro? Mejor te callas o a ti también te va a llevar la chingada, le dijo Raúl Sánchez Labrada, capitán de la Armada de México, a Humberto del Bosque Gutiérrez, después de presuntamente llevarse a su hijo el pasado 3 de agosto en Colombia, Nuevo León.
Han pasado exactamente dos meses. Una llamada confirma lo peor: Vimos el Mustang de tu hijo en una brecha a 10 minutos del campamento de la Marina, le dijo un amigo que andaba cazando el 3 de octubre.
Humberto del Bosque corrió a buscarlo. Llegó al lugar, observó el coche abandonado cubierto de polvo y a 500 metros, entre los matorrales, alcanzó a contemplar la escena que le había atormentado en las pesadillas. Temblando, avanzó un poco y vio un tenis. En ese momento supo que era él. No pudo caminar más. Llamó a la policía y la instrucción fue concreta: No se acerque.
Licenciado en derecho, dedicado a la minería del carbón con sus hijos desde hace dos décadas, Humberto del Bosque estudió, con el dolor encima, los pormenores del crimen denominado desaparición forzada. Durante las semanas recientes volvió a los libros de leyes, acudió a todas las instancias nacionales y llegó hasta el alto comisionado para la Organización de Naciones Unidas que revisa esos casos, que tomó el suyo como emblemático. También Amnistía Internacional lanzó una acción urgente, y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos abrió un expediente para investigar los hechos.
Ahora está en las oficinas de la Procuraduría General de la República esperando. Han pasado ocho días desde el hallazgo y la unidad de medicina forense sigue haciendo pruebas de ADN y análisis criminalísticos. Nadie le da razón: Yo lo que quiero es que me lo dejen descansar, sabemos que es nuestro hijo; que me lo entreguen para darle santa sepultura, dice María del Rosario Villarreal.
Aquel 3 de agosto, Armando Humberto del Bosque, de 33 años, fue a interponer una denuncia a la comandancia de policía de Colombia contra dos vecinos, por allanamiento de morada, robo y amenazas de muerte. Los policías le dijeron que iban a solicitar apoyo a la Marina.
A la media hora lo mandaron llamar. Le avisó a su padre y él le dijo: Vete en tu carro, ahorita te alcanzo en mi camioneta. Humberto del Bosque cuenta que iba llegando cuando observó un retén: estaba a una cuadra de la comandancia y veo cómo los de la Marina lo detienen, lo bajan del automóvil, lo tiran, lo amarran y lo suben a una camioneta oficial. Le quitan el auto y un marino se sube, lo conduce y es escoltado por otros oficiales.
Del Bosque siguió al convoy y al llegar al campamento identificó inmediatamente al marino que había detenido a su hijo, el capitán Raúl Sánchez Labrada. “Le dije que por qué habían detenido a mi hijo, que él había ido a poner una denuncia, y resulta que lo detienen, y no a los delincuentes. Me respondió: ‘Estoy checando las versiones de las partes. Luego le llamo para decirle cómo está el asunto. Retírese a su domicilio’”.
A las dos horas, el capitán le llamó para decirle que su problema era civil y que la Marina no podía hacer nada: Yo le pregunté: ¿Y mi hijo? ¿Qué hicieron ustedes con mi hijo?
El capitán Sánchez Labrada le contestó: No, a tu hijo nunca lo detuvimos. Ni lo conozco. Humberto del Bosque le dijo entonces que él y otros testigos habían visto cómo él lo había detenido, lo habían subido a un vehículo de la Marina y luego él se había llevado el Mustang conduciendo”. Fue entonces cuando el capitán lo amenazó, según señala.
Sin dar crédito a lo que estaba pasando, Humberto del Bosque fue a buscar a su hijo a las distintas corporaciones de policía, incluida la del municipio de Anáhuac, pero en todas le dijeron que era asunto de la Marina. La misma denuncia policial da cuenta de cómo los marinos se llevaron a su hijo.
La policía de Colombia, que horas antes había recibido la denuncia de Armando Humberto, confirma la detención por la Marina y dice textualmente en el oficio 01/2013 del expediente 002: Por la avenida Juárez, al cruce con la calle Urrea, se observó circular al denunciante Del Bosque Villarreal a bordo de un vehículo Ford tipo Mustang, color gris, por lo que fue intervenido por personal de la Marina, momento que el responsable del destacamento y comandante de la Marina refiere que a partir de ese momento ellos se hacen cargo de la denuncia, por lo que el denunciante y su vehículo quedan a su disposición.
Indignado, Humberto del Bosque añade: todos vimos cómo se lo llevaron. Hay entrevistas de muchos testigos que también observaron ese momento, pero ahora la Marina lo niega y contestó en un oficio que no sabe nada.
La respuesta de la Marina corresponde a la misma que ha dado en 43 casos documentados de presunta desaparición forzada o ejecuciones extrajudiciales en los dos años recientes. Es un machote. La Marina ha adoptado una actitud de cinismo y burla hacia las instituciones, las víctimas y la propia Constitución, señala Raymundo Ramos, presidente del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo.
Para este luchador social, amenazado de muerte y que sigue trabajando bajo riesgo, el caso de Armando Humberto del Bosque Villarreal es la primera ejecución extrajudicial atribuida a la Armada de México en el gobierno de Enrique Peña Nieto:
Este caso es una prueba para saber si en verdad este gobierno va a reconocer los derechos humanos, si le va a dar a las víctimas el acceso a la justicia y si tendrá cero tolerancia a la impunidad, independientemente de que sean o no integrantes de las fuerzas armadas. Si no vemos que se haga justicia y no se le brinda apoyo a los familiares, entonces estaremos en la continuación de un sexenio de impunidad y violencia.
El sonido del helicóptero hace vibrar las ventanas de la casa,, Humberto del Bosque dice que siente la presión que la Marina utiliza contra él y su familia por atreverse a denunciar. Nos están intimidando para que dejemos de hablar, pero no me van a callar. Sabemos que a la gente que denuncia a la Marina le balean las casas, pero yo no tengo miedo. Este es un crimen de Estado. Queremos justicia.