martes, 2 de agosto de 2011

Expediente de ‘el Ponchis’ revela crueldad extrema

El Universal
02-Agosto-2011

Privado del calor maternal desde los cinco años de edad, Édgar, el niño identificado por autoridades como “El Ponchis” y a quien adiestró criminalmente el Cártel del Pacífico Sur (CPS), ganó desde ese momento la calle y algunos amigos que lo iniciaron en su carrera delictiva, en la cual el primer antecedente fue el asalto a negocio.


México, DF.- Beneficiado en aquella ocasión por la ley al ser menor de 12 años, Édgar regresó a su casa, la calle, donde lo reclutó el grupo criminal hasta que dos años más tarde se le capturó tras conocerse su participación en casos de secuestros, homicidios y tortura, por lo que hoy purga tres años de cárcel.

A la sombra de Julio de Jesús Hernández Radilla, identificado por la Procuraduría General de la República (PGR) como “El Negro” y como quien encabezó el CPS en Morelos, al menor le bastaron dos años para que su sobrenombre trascendiera en el plano nacional y mundial, luego de que una investigación militar lo ubicó como el primer caso documentado de un niño que era adiestrado en México por el crimen organizado para torturar y asesinar a los rivales del grupo criminal, bajo los influjos de la mariguana, de cuyo enervante es adicto, según el expediente AP/PGR/MOR/CV/726/2010-II al que tuvo acceso “El Universal”.

Una serie de videos subidos a Internet a mediados de 2010 delató sus actividades y ahí comenzó la persecución que realizó personal militar sobre el CPS y el menor, quien antes de ser detenido en diciembre de 2010, ya cargaba un abultado historial delictivo.

La madrugada del 3 de diciembre “El Ponchis”, sobrenombre endilgado por su familia porque de pequeño era gordo, fue arrestado por soldados y bajo las intensas luces y flashes de cámaras de tv y fotográficas que daban sobre su cuerpo, en su sudadera color negra se alcanzó a ver la leyenda “Big Air”, “El Gran Salto”.

Como una ironía del destino, el muchacho, entonces de 14 años, fue detenido precisamente cuando pretendía surcar el aire en un avión con destino hacia Tijuana, Baja California, junto con una de sus hermanas. De ahí se trasladarían a San Diego, California, Estados Unidos para reunirse con su madre, quien se separó del padre de Édgar y emigró a ese país cuando el chico tenía sólo cinco años.

Minutos antes de tomar el taxi hacia la terminal aérea se entrevistó con su tutor criminal, Julio de Jesús Hernández Radilla, quien le recomendó desde días antes que se fuera del país. Y mientras Édgar y dos de sus hermanas se trasladaban al aeropuerto, la 24 Zona Militar recibió una llamada anónima que avisaba de la huída del menor por avión. Ahora, el ya adolescente deberá esperar para dar el “gran salto” porque un juez oral determinó aplicarle el pasado 26 de julio tres años de cárcel por sus conductas antisociales y la posesión de armas de fuego para uso exclusivo del Ejército.

La carpeta judicial TJO-019/2011 contiene el informe militar sobre la detención de Édgar en el aeropuerto Mariano Matamoros, firmado por ocho soldados del 21 Batallón de Infantería de la 24 Zona Militar. El documento oficial reportó que el padre de Édgar le pidió a éste en varias ocasiones que abandonara la organización criminal, en tanto que su mamá sólo sabía que el adolescente trabajaba lavando los carros del CPS.

A los militares que lo detuvieron el menor les dijo que era la primera vez que iba a ver a su mamá porque no se acordaba de ella, ya que se fue a Estados Unidos cuando él tenía cinco años de edad. Édgar contó que viajaría a Estados Unidos –con registro de nacimiento en el Condado de San Diego, California– por instrucciones de su jefe porque éste le recomendó: “vete, porque aquí está muy feo, te van agarrar, cuídate mucho”.

Édgar y sus hermanas se reunieron alrededor de las 19:30 horas del 2 de diciembre con “El Negro” en la fuente de Civac, Jiutepec, punto de reunión habitual de los integrantes de la banda. Julio llegó a bordo de un auto Tsuru, blanco, con vidrios polarizados. Luego abordaron un taxi que los llevó al aeropuerto para tomar un vuelo a las 21:30 horas.

Un informe castrense firmado por un mando militar, identificado como Barrales, relató que alrededor de las 20:00 horas de esa noche el Ejército recibió una llamada anónima para denunciar que Édgar se fugaría en avión a Tijuana con una de sus hermanas.

Enseguida el teniente Barrales salió rumbo al aeropuerto con 16 elementos y al llegar se dirigieron a la taquilla donde constataron que Édgar y Elizabeth tenían boleto para abordar el vuelo número Y4841 de la línea Volaris a las 21:15 horas para llegar a Tijuana a las 23:05 horas del mismo día. Los hermanos tenían su pase de abordar y habían documentado su equipaje por lo que se encontraban en la sala de espera.

Ahí fueron detenidos por la compañía castrense y luego de pedir el equipaje a nombre de Édgar encontraron dos pistolas abastecidas con cartuchos útiles. Luego los revisaron y se le encontró en las bolsas de su pantalón 12 envoltorios de cocaína y otros dos de mariguana.

Otro video muestra el cadáver de un hombre sin la piel del pecho, abdomen y el brazo izquierdo. En otro video aparecen dos hombres colgados en un cuarto y sometidos a métodos de tortura, en éste aparece “El Ponchis” golpeando a los detenidos con un palo que tiene grabadas las siglas del CPS.

En los videos se ven a jóvenes de entre 14 y 23 años de edad, aunque Édgar dijo que el CPS había reclutado gente nueva de 19 y 20 años que trabajaban bajo las órdenes de Julio de Jesús Radilla Hernández, detenido en mayo, en Veracruz como presunto responsable del crimen de siete personas, entre ellas, Juan Francisco Sicilia Ortega, hijo del escritor y poeta Javier Sicilia.

ADIESTRADO A LO CASTRENSE

Ante fiscales, Édgar confesó que como “trabajador” del CPS mató a cinco personas, cuatro de ellos decapitados y uno por disparo de arma de fuego, “pero mis compañeros han dado muerte a 36 personas”, admitió. Las órdenes de Hernández Radilla eran llevar a las víctimas a las casas de seguridad para torturarlos y luego los asesinaban. Su labor en el CPS, agregó, era robar, detener a rivales, sacar información a las víctimas y después asesinarlos.

Una de sus últimas “conductas antisociales”, de acuerdo con la tipificación de la Ley de Justicia para Adolescentes de Morelos, fue el asesinato de un hombre cuyo cuerpo arrojaron sobre la autopista Cuernavaca-Acapulco, a la altura de la colonia Antonio Barona, dos meses antes de su captura. Al cuerpo le abrieron el cerebro y le pusieron carne molida y luego lo aventaron en ese lugar, refiere un Informe de la Dirección General de Despliegue Regional Policial de la PGR.

Pero el caso de mayor peso utilizado por la fiscalía para acreditar las “conductas antisociales” de Édgar fue el cuádruple homicidio cometido el 22 de agosto de 2010 alrededor de las 1:00 horas, cuando en compañía de tres de sus cómplices que viajaban en otros dos vehículos interceptaron en la avenida Ciudad Chapultepec, en Cuernavaca, un vehículo Peugeot en el que viajaban los jóvenes Édgar Eduardo Ayala Gallardo, Mauricio Michael Maravilla Martínez, Éder Ernesto Calderón Martínez y Éric Iván Ayala Ortiz.

Posteriormente, los plagiados fueron llevados bajo el amago de alto poder a una casa de seguridad en la colonia Las Fuentes, de Jiutepec. Ahí fueron golpeados en la cara, cráneo, tórax y abdomen para después ahorcarlos con un cordón plástico. Luego los decapitaron y cercenaron varias partes del cuerpo y genitales. Enseguida los llevaron hasta el kilómetro 93 de la autopista México Acapulco, a la altura del puente de Tabachines, donde suspendieron los cuerpos con cuerdas plásticas atadas a los pies y los deslizaron hacia el vacío. Al final pusieron una cartulina y los genitales sobre el asfalto.

PROTECCIÓN POLICIACA

En su pretendida huida, Édgar fue acompañada por su hermana Elizabeth, una chica de 19 años, ex novia de Hernández Radilla. A los dos los llevó su hermana mayor Lina, quien también fue detenida por los militares cuando pretendía abordar un taxi afuera del aeropuerto. Las mujeres se encuentran recluidas en el penal de Atlacholoaya por delitos del fuero federal. Elizabeth contó ante el MPF que conoció a Julio de Jesús, “El Negro” Radilla, porque se lo presentó su hermano Édgar y después comenzaron un noviazgo en enero de 2010.

La narración de Elizabeth da cuenta de las diversiones en centros nocturnos, visitas a restaurantes y recorridos de su ahora ex novio por el municipio de Jiutepec –con 196 mil 953 habitantes–, según el último censo de 2010, sin temor a ser detenido, porque policías municipales estaban cooptados por el CPS.

La garantía de impunidad lo confirmó en septiembre de 2010, cuando al viajar con Julio a bordo de un auto Ibiza rumbo a su casa, en Tejalpa, cuando se acercó una patrulla de la Policía Preventiva municipal y se detuvo frente a ellos.

Elizabeth observó que los policías se acercaron a su novio y entonces “mi novio sacó dinero y me imagino por la actitud de los policías que, como yo ya los conocía, siempre mi novio les daba dinero. No sé si trabajaban para él o a cambio de algo”. La sospecha de la complicidad policial fue detonada por el ex comandante de la 24 Zona Militar, Leopoldo Díaz Pérez la víspera del 29 de octubre de 2010, cuando vía telefónica exigió al Presidente Municipal de Jiutepec, Miguel Ángel Rabadán Calderón, que revelara datos que condujeran a la detención de las células del CPS.

Colaboradores del Ayuntamiento de Jiutepec dijeron que el edil respondió: “Yo no sé nada”.

“Recuerde que la omisión también es un delito”, acentuó el mando militar.

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