miércoles, 24 de agosto de 2011

Más, más, más, más...


Froylán M. López Narváez

La abundante y precisa información, datos y cifras, que proporcionó ayer Reforma sobre el incremento de la criminalidad en el país, la sistemática u organizada, y la circunstancial, compungen y atosigan por su aumento desolador. México Evalúa y México SOS sobresalen en sus precisiones y registros escrupulosos.

Se ofrecieron promedios mensuales de víctimas en los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. Para conocerlas y estimarlas es de principio acotarlas. Esta es una de las maneras o métodos para tomar conciencia que no sea banal y de superficie anecdótica y posibilitar, remota o próximamente, el encaramiento, atención, freno, ya que no se sabe, ni siquiera se intuye, que sea factible una anhelada caída honda y permanente de esta barbaridad que daña la convivencia, la coexistencia entre vecinos, lugareños, transeúntes, visitantes y demás fauna humana que ha de vivir y transitar por el país.

México Evalúa especifica que el crimen aumentó en el último quinquenio, con expansión de sus áreas de maldad. No tienen fronteras; se les analoga con una especie de cucarachas. Afirman: "Basta ver la evolución de las denuncias de delitos violentos reportados por los Ministerios Públicos al Sistema Nacional de Seguridad Pública: el homicidio, el secuestro y el robo con violencia empezaron a crecer aceleradamente entre 2006 y 2007 y la extorsión, que ya mostraba una tendencia ascendente desde los años noventa (por lo tanto, se agrega aquí, es injusto achacar al panismo en el gobierno toda la responsabilidad o culpabilidad), se disparó a mediados de 2007".

Los secuestros crecieron: en el 2007 se denunciaron en las Procuradurías 438 secuestros, en el 2010: mil 262, un incremento de 188 por ciento. Habida cuenta de que la ONG se proveyó con datos oficiales, las cifras son creíbles, hasta donde se confía en los registros oficiales. Es imponderable el caso de los secuestros no denunciados, que se suponen de una cuantía semejante. Es una probabilidad ignota.

(Está uno escribiendo ayer, 1.15 pm y don E. Strauss advierte sobre el temblor de 5.8 o 5.9 en el estado de Virginia, con repercusión en Washington y Nueva York. Nadie ni nada está seguro. Felizmente no se reportaron muertes ni heridos, de inmediato).

Siguiendo los siniestros causados en México por obra u omisión humanos, el apunte relativo a las extorsiones también indigna: se ha pasado de un promedio mensual de 594 denuncias en los premonitorios tiempos de Ernesto Zedillo, 750 en tiempos de Fox, a mil 613 en los años de Felipe Calderón. El robo con violencia conocido es abrumador: 90 mil 726 en la dictablanda de Zedillo, 59 mil 431 con Fox y Calderón 62 mil 918. Es de advertir que según estas referencias hubo decrecimiento importante. Let it be.

También hubo decrecimiento en el robo de autos con violencia, 20 mil 917 con Zedillo, Fox 14 mil 148 y Calderón 13 mil 967. Quienes ponderan estos datos distinguen entre víctimas visibles e invisibles, estas últimas son personas vinculadas con las víctimas directas. Pero la estimación de México Evalúa da cuenta de la magnitud atroz de damnificados: de 1997 a mayo de este año en los 32 estados del país se causaron 3.2 millones de víctimas directas, o "visibles" y 9.7 de víctimas invisibles. De los 12.9 millones de victimados, las proporciones calculadas, el 91.9 sufrió robo directo o indirecto en 91.9; el 6.5 homicidios; el 1.3% extorsiones; y el .3 secuestros.

Por esas cifras, ponderaciones y datos es de entenderse que la proporción numérica de damnificados es suficientemente ubicua y en aumento casi geométrico para sostener que el país todo está amedrentado, con inseguridad que se expresa y se comenta por aquí y allá, a todas horas. No obstante no solamente es impreciso sino injusto sostener, como lo hacen algunos de los valientes y esforzados denunciantes, sus organizaciones civiles, de que no se hace nada para confrontar a las delincuencias, a sus agentes. Son decenas las policías, militares, funcionarios públicos que han sido muertos, asaltados e intimidados. Ciertamente el encaramiento no es suficiente, sobre todo por su explosión extendida y en extensión.

Y sí vale el reclamo de la asunción de las responsabilidades de las autoridades de todo rango, municipales, estatales y federales. Lo mismo que la reclamación de trasparencia y la demanda de que se den nombre y casos de quienes son imputados de irresponsabilidad o impotencia en estas guerras. Es penoso advertir que la criminalidad no se concentra en los delitos de los enfermos y agentes del narco.

Reforma
24/08/2011