domingo, 15 de marzo de 2009

“La Reina del Pacífico”, en 60 Minutos

J. JESÚS ESQUIVEL

WASHINGTON.- ¿Puede el gobierno mexicano ganarle la guerra a los narcotraficantes? Anderson Cooper hizo la pregunta a Sandra Ávila Beltrán, en el reclusorio femenil de Santa Martha Acatitla, en la Ciudad de México.

La Reina del Pacífico respondió, enfática: “No lo creo”.

Cooper, reportero de la CNN y conductor estelar del programa noticioso 60 Minutos, de la cadena de televisión estadunidense CBS, vino a México para entrevistar, entre otros personajes, a Sandra Ávila, para el reportaje titulado “La guerra en la puerta de al lado”, que se transmitió el domingo 22 de febrero.

En el curso del programa –que según las mediciones tuvo un rating aproximado de 25 millones de televidentes–, Cooper explicó que se enteró de la importancia de Sandra Ávila en el mundo del narcotráfico mexicano, gracias al libro La Reina del Pacífico: es la hora de contar, de Julio Scherer García. “Por cierto, un best seller en México”, indicó. Y fue precisamente Scherer García otro de sus entrevistados.

Anderson Cooper relató que para llegar a Sandra Ávila el equipo de 60 Minutos tuvo que sortear el rechazo inicial de las autoridades mexicanas. “Por encima de la negativa, nos presentamos en el reclusorio femenil el día de visitas. Para sorpresa nuestra, logramos entrar…”

En la entrevista con Cooper, Ávila Beltrán niega estar involucrada en el tráfico de drogas y ser cabecilla dentro del crimen organizado de México, cargos en su contra por los que el gobierno de Estados Unidos solicita su extradición. Y a una pregunta del conductor, señala:

“En México hay mucha corrupción. No pueden entrar unas cantidades tan grandes de droga por los puertos y aeropuertos sin que se enteren las autoridades. Es obvio y lógico que el gobierno esté involucrado”.

El segmento de 60 Minutos dedicado a México duró 11 minutos y estuvo centrado en dos temas básicos: la violencia que ha generado la guerra contra el narcotráfico y el poder de corrupción de los cárteles de la droga.

Incluyó, entre otras, una entrevista con Eduardo Medina Mora, titular de la Procuraduría General de la República, a quien Cooper le preguntó en qué radicaba la eficacia de los cárteles para corromper a las fuerzas policiales y a los políticos. El funcionario mexicano respondió:

“Esencialmente, porque tienen un poder económico y de intimidación tremendo, generado en las armas y el dinero que poseen”.

Un día después de la difusión del programa, 60 Minutos subió a su página de internet una serie de elementos complementarios, entre otros un texto de Ana Real, subdirectora de temas internacionales, y Anya Bourg, productora asociada. Para conocer acerca de Sandra Ávila, dicen, entrevistamos a Julio Scherer García, “un periodista respetado en México y autor de La Reina del Pacífico: es la hora de contar, el cual escribió a partir de las entrevistas que le hizo en la cárcel”.

El propio sitio de internet de 60 Minutos incluyó, con audio y video, fragmentos traducidos al inglés de la entrevista que le hicieron en México al fundador de Proceso.

Antes de la grabación de la entrevista, Scherer García expuso ante el equipo de 60 Minutos sus puntos de vista en torno al narcotráfico. Sintéticamente, dijo:

Un disparo en la zona del corazón de una persona, irremediablemente provoca cambios en el ritmo de su vida. Algo parecido ocurre con la violencia desatada por el narcotráfico, que perturba el ánimo de la nación. La palabra ingobernabilidad cobra forma y se introduce en conversaciones más y más frecuentes.

Los asesinatos se suceden a los asesinatos y se pierde en la memoria el último día blanco de la República. A los crímenes se agregan las manos carniceras en las vísceras de sus víctimas, los secuestros por paga o venganza, las desapariciones sin tiempo y el horror inenarrable de las decapitaciones.

El gobierno enfrenta la guerra con sus cuerpos de seguridad infiltrados por los narcotraficantes y un ejército, también infiltrado, que no desarticula la organización de los cárteles. Se vale también de discursos optimistas y aprovecha el poder de los medios electrónicos, sus incondicionales.

Enfrenta el gobierno otros problemas de gravedad creciente. No quiere verse a sí mismo y no encara su propia corrupción. Vicente Fox, insensato y frívolo, es ejemplo de una megalomanía que mucho le ha costado al país. El rosario de sus cuentas pendientes es interminable, e inadmisible la complicidad de Felipe Calderón con tan nefasto sujeto.

Habría muchísimo que contar. Calderón no puede apostar a la unidad nacional en la guerra que libra, porque el país se ha escindido. La elección de 2006 atrajo dudas sobre su ilegitimidad hoy confirmadas sobradamente. El propio Calderón dice que no participará en la batalla política del año próximo, en alusión a Fox que, pública e ilegalmente, unió fuerzas con el entonces candidato de Acción Nacional.

Y un dato mayor: la miseria agravia al país. Son millones los mexicanos sin futuro. Ahora, en la recesión económica, se levanta la ola de los pobres y de aquéllos que sólo esperan la muerte. Muchos miles sin trabajo acuden donde hay empleo y un salario. Son cooptados por los narcotraficantes para todo lo que haga falta, entre otras tareas, su arraigo en la tierra para la siembra y cosecha de la amapola.

Hiela la sangre pensar en un Estado narco.

Proceso 08/03/2009

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