viernes, 12 de marzo de 2010

Los Siameses

Juan Villoro

Javier Marías ha decidido editar un libro que leyó en la infancia: Cuentos de las orillas del Rin, de Erckmann-Chatrian. El autor de Corazón tan blanco encontró este peculiar volumen hace unos 40 años en la ciudad de Soria, donde pasaba los veranos. Cuando la lluvia pretendía arruinar sus vacaciones, Marías se refugiaba en la hospitalaria biblioteca de don Heliodoro Carpintero, amigo de su familia.
Ahora Cuentos de las orillas del Rin reaparece con la cara limpia de las ediciones Reino de Redonda, en la espléndida traducción de Mercedes López-Ballesteros.
Hay que resaltar la influencia que libros considerados como "secundarios" pueden tener en la imaginación de un futuro novelista. Marías se benefició con historias muy distintas a las que escribe, pero que le legaron un aura duradera y casi mágica.
Las lecturas de la niñez se convierten en una forma de la atmósfera; olvidamos las tramas, pero conservamos una impresión decisiva, similar a la de una tormenta lejana o un apagón que duró demasiado.
Marías no podía recuperar detalles, pero recordaba haber leído algo bueno y terrible: "A pocas sensaciones se resisten menos los niños que al temor ficticio (o pocas los cautivan más), esto es, el temor que les permite descubrir los peligros y las maldades del mundo sin exponerse a ellos directa ni verdaderamente, sin padecerlos, sintiéndose más o menos a salvo en la práctica y en lo cotidiano y concreto, y amenazados sólo en la teoría y en lo futurizo y abstracto", escribe en su nota introductoria.
Buena parte de la literatura infantil cumple el fin estético y terapéutico de contar un horror superable. Replegar los males a un terreno ficticio sirve para aquilatarlos desde la tranquilidad de la especulación y para valorar el regreso al mundo concreto donde la cena está lista.
En recuerdo del niño que fue, y del generoso Heliodoro Carpintero, Marías reeditó este libro casi olvidado.
Erckmann-Chatrian es el nombre literario de los franceses Émile Erckmann y Alexandre Chatrian. De 1847 a 1887 el binomio ganó fama y fortuna. Durante esos 40 años, los niños del siglo XIX se asustaron deliciosamente con sus historias.
Especialistas en fantasmas, Erckmann y Chatrian también escribieron sagas militares, con especial dedicación a las campañas napoleónicas. Su libro Waterloo parece escrito con más pólvora y lágrimas que tinta.
Otra peculiaridad es que se ocuparon de numerosos personajes judíos en un tiempo en que muy pocos lo hacían. Estudiosos del judaísmo en la literatura han señalado que Erckermann era muy partidario de los judíos mientras que Chatrian recelaba de ellos. Esta tensión produjo personajes variopintos, de gran riqueza emocional. Uno de los más simpáticos y coloridos es el Rabino que protagoniza El amigo Fritz, y que tuvo como inspiración a Nathan Sichel, gran amigo de Erckermann, editor de Le Constitutionnel, periódico donde las primeras obras del binomio aparecieron en episodios, y célebre degustador de kirsch.
La división del trabajo entre los amigos que recorrían Alsacia y Lorena en busca de historias era muy definida: Erckmann escribía y Chatrian contribuía a diseñar las tramas y llevaba la intensa relación con los editores. Su alianza parecía tan inquebrantable como la de los Grimm; a tal grado que en sus décadas de gloria eran conocidos como "los Hermanos Siameses".
El éxito genera suspicacias y 40 años de éxito generan muchas suspicacias. Erckmann sintió que Chatrian lo trataba como su parásito, algo que le parecía injusto, tomando en cuenta que su colega poco o nada escribía. Amargas disputas económicas arruinaron la relación. Chatrian murió en 1890 con una foto de los "Siameses" bajo la almohada. Erckmann sobrevivió nueve años a su "parásito", pero sólo escribió dos insulsos opúsculos.
Uno de los Cuentos de las orillas del Rin prefigura este drama. "Mi ilustre amigo Selsam" trata de los microbios y las lombrices que viven en el organismo. Un inventor descubre que esos parásitos se excitan con la música: "Es lo que los físicos llaman la creación equívoca... Los sonidos, al actuar sobre el sistema nervioso, producen un desprendimiento eléctrico, el cual actúa a su vez sobre los líquidos contenidos en nuestro cuerpo, de donde nacen miles y miles de insectos que atacan el organismo". Ante una sobredosis de sonido, las "creaciones equívocas" devoran el cuerpo que les sirve de hogar. Fue lo que sucedió cuando el talento de los narradores se convirtió en codicia.
Llama la atención que autores tan disfrutados hayan pasado a una zona de sombra. ¿Será ése el futuro de sagas como Crepúsculo y Harry Potter, que distribuyen escalofríos con tanta eficacia hoy en día?
Aunque H. P. Lovecraft elogió la destreza de estos diseñadores de espectros, Erckmann y Chatrian siguieron el camino al olvido de tantos autores célebres.
Cada época parece tener un modo especial de asustarse. Cuentos a las orillas del Rin permite regresar a un tiempo anterior, cuando la luz eléctrica aún no disolvía los fantasmas.
Reforma12/03/2010

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