lunes, 25 de octubre de 2010

Las mantas

Roberto Zamarripa

Cuernavaca ha cambiado. De la eterna primavera pasó a la eterna balacera. El asesinato de Arturo Beltrán en los condominios Altitude, una joya del descanso en la capital morelense, coronó meses de degradación social y una escalada de violencia que impactaba en distintos municipios morelenses.

El reguero de ejecutados como sucedía en entidades del norte del país; la quema de comercios cuyos dueños no cedían a las extorsiones, tal como ocurre en Ciudad Juárez o en varios municipios de Tamaulipas; las ejecuciones en las puertas de las discotecas, y la violencia azotando el tradicional centro de la ciudad acumularon la zozobra.

Las narcomantas avisaron de la posesión de territorios. Después vinieron los ejecutados, ataques a comercios, ejecuciones en las puertas de los bares. De los puentes peatonales colgaban primero mantas y luego ejecutados. La madrugada del 9 de abril dos cuerpos de hombres que tenían los rostros cubiertos con bolsas y cinta adhesiva, y amarrados de pies y manos, fueron colgados de un puente vehicular frente al concurrido centro comercial Galerías a un costado de la carretera federal México-Cuernavaca.

Tres meses después, en el mismo puente, otros dos cuerpos de un par de prófugos de la cárcel morelense fueron colgados con sogas y baleados con armas de grueso calibre. En esa ocasión, los ejecutores contaron con tiempo suficiente para bajar los cuerpos de vehículos, atarlos al cuello, amarrarlos al barandal del puente e incluso dispararles desde abajo del puente.

Ambos incidentes ocurrieron en la madrugada y los cuerpos permanecieron horas hasta que la policía intervino para descolgarlos. No se conoce aún a los responsables de esos hechos.

El pasado domingo 10 de octubre, sobre las ocho de la mañana, un grupo de personas colocó sobre ese mismo puente de los ejecutados una manta blanca que en letras negras decía: "Si el crimen está organizado ¿Por qué nosotros no? ¡Estemos unidos mexicanos!".

La manta no duró ni tres minutos. El denominado grupo "Estemos Unidos Mexicanos" subió a su blog un video donde se aprecia la rapidez con la que llega una patrulla policiaca para quitar la manta. Cortaron por donde pudieron, doblaron el lienzo con miedo y se lo llevaron incautado a un cuartel militar.

Los policías no leyeron la manta. Sus jefes, cuando la observaron, seguramente no entendieron el mensaje. O lo repudiaron. Un mensaje subversivo: la unión ciudadana provocaría la desarticulación de la connivencia entre criminales y funcionarios corruptos.

Al día siguiente, el grupo que se reivindica como ciudadano, reclamó: "Gobierno de Morelos: ¿De qué lado están? Nosotros colocamos la manta en el puente, porque ese lugar ya no es de los delincuentes. ¡Estamos recuperando el territorio que nos pertenece! Regresen la manta a su lugar".

La manta jamás regresó ni a ese lugar ni a sus dueños. Una semana después, una veintena de mantas con consignas similares aparecieron en puentes del Periférico, entre el poniente y sur de la Ciudad de México. Las mantas duraron más tiempo colgadas pero seis horas después fueron retiradas. Nadie sabe dónde quedaron los lienzos.

El grupo Estemos Unidos Mexicanos explicó en su blog que es un movimiento de ciudadanos "hartos de la delincuencia" cuyo primer enemigo a vencer es "la apatía de la ciudadanía". El grupo dijo actuar sin violencia. Hasta ahora sólo han colocado mantas y han recibido, de las autoridades, desdén; de miles de ciudadanos apoyos, porras, ofrecimientos para la acción.

Ésa es la reacción silenciosa. Como la decisión de Marisol Valles, la estudiante de Criminología que decidió trasladar sus prácticas escolares al escritorio de la titularidad de seguridad pública municipal en el pequeño municipio de Praxedis G. Guerrero. Marisol, de 20 años de edad, tiene planes de crear destacamentos de policías en bicicleta y emplear a los ancianos en la vigilancia de casas y escuelas.

Hay también reacciones estruendosas y peligrosas que provienen de ciudadanos igualmente dispersos, anónimos y hartos.

Los linchamientos crecen en Morelos. También en Oaxaca, o en Puebla, algunos en la Ciudad de México (Milpa Alta, Tláhuac, la colonia Peralvillo), varios en el estado de México. Es la ausencia de autoridad y su sustitución por la multitud enardecida.

Las mantas de Estemos Unidos Mexicanos son una voz silenciosa pero efectiva. El maltrato de la autoridad ante ello es inexplicable. ¿Por qué no permitir las mantas en los lugares que ocupó la delincuencia? ¿Por qué no estimular esa expresión? ¿Por qué no iniciar con el cambio de lenguaje?

¿ Es preferible la multiplicación de los linchamientos a la multiplicación de las conciencias? O será simplemente que las autoridades no saben, ni quieren, leer.

Reforma
25/10/2010