lunes, 11 de abril de 2011

Torreón; Marcha por la paz, para detener baño de sangre

La protesta evidencia el “valemadrismo” de las autoridades federales y las municipales encabezadas por Eduardo Olmos


Juan Monrreal López


Abril 6 del 2011



Torreón, Coahuila.- Familiares de desaparecidos, secuestrados, levantados, ejecutados; deudos de los masacrados en el Bar Ferrie, del Juana´s Vip, Quinta Italia Inn; se congregaron con ciudadanos que exigen paz en México y La Laguna, en la “Fuente del Pensador” ubicada en la Alameda Zaragoza de esta ciudad, haciendo palmario que ¡Estamos hasta la madre! la consigna acuñada por el poeta Javier Sicilia, con motivo del crimen de su hijo Juan Francisco, quien fuera asesinado en Temixco Morelos, el pasado 27 de marzo.




Convocados por las redes sociales de La Laguna, poco a poco, más de 150 personas llegaron para sumarse a la llamada Gran Marcha Nacional por la Justicia y la Paz, que se efectuó cuando menos en 25 ciudades y 5 países.




Con mantas, pancartas, volantes, veladoras, dípticos, los manifestantes explicaron la importancia de detener la militarización que vive el país, y la guerra inútil de Felipe Calderón Hinojosa (FeCalHino) contra el narcotráfico y la violencia, hostilidad que ha arrojado alrededor de 40 mil muertos durante el gobierno FeCalHino.



No más sangre



Sin presencia de militantes partidistas, a las 5 de la tarde, con ejercicio de decisiones colectivas ciudadanas, la gente decidió caminar en torno a la Alameda Zaragoza, practicando la consigna, “No más miedo, Torreón, es nuestro”.



Con una pequeña parada para leer discursos breves, los manifestantes decidieron avanzar por la Avenida Morelos, ante el asombro de cuatro agentes policíacos preocupados por saber quiénes eran los dirigentes de la marcha; atónitos de escuchar que la protesta había sido convocada a través de páginas de la Web.



Sobre las bardas de la Fuente del Pensador, dos mujeres cobijadas por las consignas de los presente repasaron públicamente renglones que sintetizan la necesidad de que los movimientos de inconformidad contra la violencia generada por la llamada narcoguerra crezcan.



Desde las pequeñas atalayas, el par de mujeres reivindican ante los presentes la necesidad de participar en los movimientos de protesta con el objetivo de detener el baño de sangre por el que atraviesa el país y la región.



El mensaje es claro, dicen, “No más sangre”. “No más violencia”. “No más hijos desaparecidos”. “No más asesinatos”. “Solidaricémonos con el dolor de las familias que han sido víctimas de la inseguridad que se vive día con día; queremos justicia”.



Y bajo la consigna de, “que este llamado nacional, no se convierta en un dicho más; hagamos la diferencia”, los manifestantes iniciaron la marcha de condena a la violencia, ocupando un carril de la avenida Morelos enfilando hacia el centro de la ciudad.



Animosidad en los manifestantes



Pese a la tensión existente en la localidad,- el nuevo jefe de la policía, Adelaido Flores Díaz, es un fracaso-, los manifestantes iniciaron el recorrido de protesta, que es quizá, el más largo en lustros.



La marcha por Justicia y Paz, caminó por 3 kilómetros, ante los ojos sorprendidos de los torreonenses, que desde los comercios; los autos; sólo atinaban a guardar silencio para escuchar las consignas en contra de la inutilidad de la narcoguerra del gobierno FeCalHino; “No más sangre, queremos paz”. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. “Torreón, no es cuartel, fuera el ejército de él”. “Revocación, al pillo Calderón”.



Seis ejemplos de impunidad



Las masacres del año pasado, en el Bar Ferries, en el Juanas Vip´s, así como en la Quinta Italia Inn, siguen sin castigo.



También en la marcha estuvo presente, la mamá de Fanny, una adolescente que desapareció hace más de 6 años, quien abrumada subrayó “que hay muchos desparecidos”, que hay que manifestarse por todas las familias que se encuentran sufriendo por las agresiones generadas en esta ola de violencia.



“Sólo tengo, una impotencia increíble”, por la desaparición de “mi hija”, dice a los reunidos.



Al igual que la madre de Fanny, la señora, Olga Madrid, denunció ante Demócrata Norte de México, el “levantón” que sufrió su marido Gustavo Ávalos, hace 8 meses, quien luego apareció asesinado en la ciudad de Durango. Hasta la fecha, las autoridades no han localizado a ningún culpable.



También, la señora, Hilda Madero Valdés, reveló a este medio, que su hija Luz Alejandra Andrade Madero, desapareció el 8 de junio en la Calle 27 y Avenida Juárez, luego de que pagó el recibo telefónico.



La desaparición de la joven, sólo mereció el levantamiento de un acta circunstanciada de las autoridades de la Fiscalía de Coahuila.



Estamos hasta la madre…



Y mientras la marcha por Justicia y Paz, recorría la avenida Juárez en Torreón; en el Zócalo de Cuernavaca, el poeta Javier Sicilia, leía el discurso que se distribuyó por las redes sociales de la Web, entre estas, Facebook:



“…Hace unos días-y estoy por terminar-leí en esta misma plaza el último poema que escribiré (dedicado a mi Juanelo) hasta que el cuerpo de este México desgarrado en sus inocentes resucite. Este silencio poético no es, como muchos lo han interpretado, una claudicación, sino un grito. Hay silencios más profundos y significativos que la palabra que viene de él y en él se recoge.



Desde ese silencio poético donde la palabra aguarda hacemos un llamado a las autoridades del país, al presidente de la República, al Congreso de la Unión, al poder judicial, a los Congresos Locales, a los Gobernadores, a los Presidentes Municipales, a los líderes de los partidos políticos, a sus miembros, a los llamados poderes fácticos, a los sindicatos, a los jerarcas de las iglesias, a los empresarios, a los capos y a las mafias de toda laya para que escuchen. Este silencio doloroso y terrible está gritando cuatro hermosas y profundas palabras: dignidad, paz, justicia, concordia. Ese es el grito que está en el latido de nuestro amado México, el grito de nuestros hijos a quienes la inmisericorde violencia les asfixió la palabra en los pulmones y el de los que estamos aquí, de pie, sembrando nuestra esperanza y gritando por ellos”.