lunes, 14 de febrero de 2011

La Laguna; martes de terror, alcaldes inútiles

Con narcomantas e Internet, la llamada delincuencia organizada declaró “toque de queda”, mientras los alcaldes, Eduardo Olmos, Rocío Rebollo, Roberto Carmona y Guillermo del Real permanecieron mudos

*Calles y negocios permanecieron desiertos

Juan Monrreal López
Febrero 14 del 2011
http://www.democratanortedemexico.com
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Torreón, Coahuila.- Negocios vacíos, tiendas de conveniencia sin compradores, restaurantes ociosos y cortinas bajadas; escuelas públicas y privadas enviando a casa a los alumnos, universidades carentes de estudiantes, policías y agentes de tránsito ausentes de las arterias viales; fueron los primeros barruntos que este 8 de febrero, arrojó el “toke de keda”, decretado en La Laguna, por un grupo de la delincuencia organizada auto llamado “El Poniente”, mismo que usando narcomantas colocadas en distintos puntos de la zona conurbada de esta ciudad y Gómez Palacio, establecieron la restricción de circular después de las 21 horas, advirtiéndole a un grupo de colonias del oriente de Torreón, de no hacerse responsables de los daños a civiles, sí los mismos son afectado por los enfrentamientos que se darían con el “Cartel del Oriente” , ya que a “ las 9 00 PM EMPEZAREMOS UNA LIMPIA DE TODAS LAS PERSONAS QUE COLABORAN PARA LOS Z Y POLIZ (sic)” según pintaron en las narcoruanas.

Alrededor de las 8 de la mañana, llamadas telefónicas anónimas repiquetearon en las policías municipales. Las voces del otro lado del cordón avisaban de mantones colgados en el límite de ambas ciudades. Las frisas colgaban en la carretera al Huarache, y en la llamada puerta de Torreón, adyacente a la Universidad Autónoma del Noreste, vecina del llamado Edificio Coahuila, sede de la policía estatal.

De inmediato, las llamadas redes sociales, correos electrónicos transmitieron la orden del “toke de keda”, sin que las autoridades dijeran nada en el transcurso del día, pese a que las fotos de los narcoavisos corrían por la WEB. Los alcaldes de Torreón, Coahuila; Gómez Palacio, Ciudad Lerdo, Durango, y Matamoros, Coahuila; Eduardo Olmos Castro, Rocío Rebollo Mendoza, Roberto Carmona Jáuregui, así como Guillermo del Real; permanecieron callados, evadiendo la responsabilidad de brindar seguridad a la ciudadanía.

Para en la tarde, antes del oscurecer, grupos de obreros presurosos, abandonaron la ciudad industrial de Gómez Palacio. Los comercios en el centro de Gómez Palacio y Torreón, bajaron las cortinas, sólo unos cuantos permanecieron abiertos rayando las 8 de la noche. La escena se repetía en la Universidad del Valle de México, Campus Laguna, donde los directivos decidieron cerrar las aulas. Lo mismo aconteció en las preparatorias públicas y privadas de Gómez Palacio. Cbetis, Cetys, el Instituto Francés de la Laguna, todos regresaron a los alumnos a las casas. Las ciudadanos convirtieron las calles en espacios deshabitados; sólo algunos dueños de restaurantes se mantenían con la esperanza de recibir algún comensal despistado. Pero se rindieron por el peso de las amenazas, por la gravedad de los narcomensajes, por la ausencia de las autoridades municipales y policiacas, refugiadas en su séquito de guaruras y su atalaya de silencio, como si la seguridad pública no fuera su responsabilidad.

Poco antes de las “9 00 PM” gimnasios, iglesias, sacaron de las instalaciones a físico constructivistas y feligreses, “porque los balazos de la guerra pueden caer aquí”.

A las 9 de la noche, las calles lánguidas de transeúntes, sólo albergaban a pocos vendedores de hamburguesas.

Los rumores corrían sin cesar. Llamadas de pánico en cascada avisaban de supuestas balaceras en el Puente Plateado que divide esta ciudad y Gómez Palacio; comandos armados recorriendo el Bulevar Revolución, grupos de gente en camionetas baleándose en la Colonia Los Álamos hasta la Colonia Hamburgo, en Gómez Palacio; mientras tanto, las calles aumentaron la desolación; un imagen del desamparo en que se encuentra la sociedad lagunera azotada por la violencia, por las ejecuciones, por la extorsión, por los plagios.

El miércoles 9, después de “la limpia” anunciada en las narcomantones, oficialmente aparecieron 4 ejecutados, entre ellos, Rodolfo Ochoa Moreno, trabajador de mantenimiento de la antena de transmisión de Multimedios Laguna, a quien asesinaron en las instalaciones de esta empresa, ubicadas en el Cerro de las Noas, justo atrás del Cristo monumental.

Mientras tanto, Eduardo Olmos Castro, sólo declaró que se pedirían más policías federales para sellar el Río Nazas. Rocío Rebollo, no dijo nada, al igual que Roberto Carmona y Guillermo del Real. El pasado 3 de febrero, los ediles, se habían reunido a desayunar en el mercado José Ramón Valdés de Gómez Palacio, para discutir acerca de la inseguridad.

Por otra parte, el pueril jefe de policía de Torreón, Bibiano Villa Castillo, declaró que abriría una cuenta en Twitter, para mantener informada a la población.

Bibiano Villa, abrió el año pasado una cuenta en Facebook, con el mismo motivo, de nada ha servido. La muerte en las calles sigue. Las extorsiones a todo tipo de negocios permanecen. Los robos de autos se han incrementado. Los secuestros mantienen a Torreón, en uno de los primeros lugares a nivel nacional.

De las narcomantas colgadas el martes 8 de febrero en distintos puntos de la zona conurbana de La Laguna, los alcaldes siguen actuando como si nada hubiese pasado.

Guaruras, aparatos de radio, autos blindados, les brindan mayor seguridad que a los ciudadanos de a pie.

jmonrreall@yahoo.com

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