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jueves, 24 de noviembre de 2011

Los delincuentes se pasean en Zacatecas y Durango: Arzobispo

En Miguel Auza, Río Grande y Juan Aldama



Señala que la delincuencia actúa como Satanás, llevándose a la gente.

2011-11-24•M.P.

Durango .- Integrantes de la delincuencia organizada, se pasean en municipios de Zacatecas y Durango, asegura el Jerarca Católico, Héctor González Martínez.

En conferencia de prensa, donde el Arzobispo de Durango presentó un documento llamado “Instrucción Pastoral sobre la Vida”, en el que se plasma que la iglesia rechaza aquellas ideas modernistas que en nombre de una falsa libertad defienden y proponen legislar ciertas prácticas inmorales que van en contra de la dignidad humana, hablando de derechos humanos, a la salud, a la familia y al trabajo, señaló que esa preocupación resulta ficticia si no se defiende con la misma intensidad el derecho a la vida como derecho fundamental.

Por lo que señaló que todos los fenómenos del relativismo y la cultura de la muerte saltan a la vista de todos en el ambiente duranguense y mexicano, las que calificó como desviaciones de la moral, como vicios y pecados en los que esta inmersa la sociedad.

“La familia sufre el embate de estos pecados sociales, sufre el embate y se contagia no falta quien le diga, quien le sugiera y se van contagiando unos a otros y la familia de por sí es noble, es sana, mas aún es santa, pero llegada la necesidad no falta quien le sople al oído tentaciones de estas, por ejemplo, la gente de los pueblos es sana y buena, sin embargo llegan los cárteles y les soplan al oído como Satanás y les ofrecen lana y se los llevan.

Así obra el mal, como tentación que sopla al oído” (sic).

Según su versión y de acuerdo a su labor pastoral, Héctor González afirma que la presencia de estos delincuentes se da tanto en Zacatecas como en Durango.

“Yo he predicado en Miguel Auza, Río Grande y otros, he predicado que tengan cuidado con los delincuentes, porque ahí andan por la calle en sus camionetas tranquilamente”.

lunes, 11 de mayo de 2009

Retén de presuntos narcos detuvo a arzobispo

El Universal
11/05/2009 - 01:03 PM

Durango, Dgo.- El arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, denunció haber sido detenido en un retén de presuntos narcotraficantes en el municipio de San Bernardo.
En su colaboración semanal a los medios de comunicación locales, la cual se denomina Episcopeo, el prelado refiere que la semana pasada realizó una visita pastoral en la referida demarcación, y que el miércoles 6 del presente mes tras regresar de la comunidad 5 de Julio, "el comando armado montó un retén en un entronque...pasamos nosotros, nos pararon, nos gritaron que nos bajáramos, nos apuntaban con sus armas largas...".
Tras lo cual el representante de la grey católica en esta entidad establece que luego de haberse identificado como el arzobispo y que con él venía el párroco, "se calmaron, se disculparon y nos dejaron seguir".
González Martínez subraya en su colaboración que en el municipio de San Bernardo operan grupos armados de distinto bando en lucha por la supremacía de ese territorio y que el pasado 20 de febrero del presente año, el edificio de la presidencia municipal fue atacado con disparos.
Cabe señalar que el arzobispo de Durango hace algunas semanas aseveró que Joaquín Guzmán Loera, "El Chapo", vivía más adelante del municipio de Guanaceví ubicado en este estado.

lunes, 27 de abril de 2009

Razones para aplaudir al arzobispo

DENISE DRESSER

Hace unos días, el arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, hizo una declaración que sacudió al país: “Más adelante de (el municipio de) Guanaceví, por ahí está El Chapo, por ahí vive, todos lo sabemos, menos la autoridad”. Su sorprendente honestidad ha producido reacciones diversas. En el estado de Durango sus palabras fueron censuradas y se prohibió la circulación de los diarios nacionales que habían cubierto el tema, mientras que las televisoras rehusaron tocar el asunto. El secretario de Gobernación pidió que la Iglesia actuara de manera más discreta y usara otros canales. La Procuraduría General del la República fustigó al prelado por hablar del caso públicamente y exigió que, en lugar de ello, hiciera la denuncia correspondiente a través de los canales institucionales. Quizás amedrentado por los regaños recibidos, el arzobispo ha intentado retirarse del escrutinio público, y sin duda ya se le ha advertido que no vuelva a hacer lo que hizo. Pero hay mucho de aplaudible, de refrescante, de esperanzador en su conducta, y vale la pena subrayar por qué.

1) Al colocar los reflectores sobre una realidad ampliamente conocida, el arzobispo empuña algo que Martin Luther King denominó “coraje moral” (moral courage): el valor de llamar a las cosas por su nombre y decirlas sin cortapisas; el valor de denunciar algo cuando pocos –por temor o complicidad– se atreven a hacerlo. Con demasiada frecuencia la Iglesia ha guardado silencio sobre temas controvertidos y ha cerrado los ojos ante abusos que debió criticar. El comportamiento del arzobispo es señal de que aun dentro de una estructura tan jerárquica, tan anquilosada y tan desvinculada de la vida cotidiana como lo es la élite de la Iglesia mexicana, todavía hay quienes entienden la tarea que les toca.

2) Las declaraciones del arzobispo pueden llevar a centrar la atención en donde tiene que estar: la colusión entre las autoridades políticas y las bandas criminales; la complicidad entre funcionarios y narcotraficantes. De no existir esa relación de protección constante e información compartida, ¿cómo entender que el gobierno estatal haya censurado la afirmación respecto al paradero de El Chapo? ¿Cómo entender que si todos los feligreses de la zona sabían dónde vivía, la policía estatal no estuviera al tanto? ¿Cómo entender la evidente libertad con la cual actúa y se mueve uno de los hombres más buscados del mundo? Lo que ha hecho el arzobispo González Martínez es poner el dedo sobre una llaga abierta que el gobierno mexicano no ha sabido cómo cerrar ni cómo curar. El Estado mexicano ha sido infiltrado por las fuerzas que dice combatir.

3) Sus declaraciones quizá sirvan de ejemplo para que otros líderes eclesiásticos y sociales revelen lo que saben sobre la actuación del narcotráfico en su localidad. Raúl Vera, el obispo de Saltillo, también ha subido a la palestra y sacudido la situación al declarar: “Se tiene que empezar a investigar y meter a la cárcel a gobernadores, presidentes municipales, porque muchos están coludidos con el crimen, y las ejecuciones demuestran que el Estado no nos está dando garantía de vida a ningún ciudadano”. Tiene razón: La estrategia gubernamental contra el narcotráfico está destinada al fracaso si no incluye el desmantelamiento de las redes de protección política que le ofrecen cobertura.

4) Las revelaciones del obispo deberían llevar –de inmediato– a una investigación sobre la recolección de los periódicos nacionales en Durango que reportaban esa información. Y la misma indagación debe hacerse en torno a las televisoras locales que rehusaron reportar el incidente. ¿De dónde vinieron las órdenes de censurar la información y por qué? ¿A quién beneficia el ocultamiento? ¿Quién lo llevó a cabo? El gobernador de Durango ha guardado silencio sobre el tema, cuando debería ser el primer personaje en salir a la opinión pública, responder cuestionamientos, prometer investigaciones y pararse del lado del esclarecimiento. Su conducta evasiva hasta el momento tan sólo sugiere que tiene algo que ocultar.

5) Las palabras del obispo González Martínez confirman lo que es sabido pero que el gobierno no sabe cómo confrontar: la base social del narcotráfico a lo largo del país. El Chapo logra vivir en Durango gracias a la protección de una población que por miedo o por mantener su fuente de empleo no lo denuncia, no lo acusa, no envía información sobre sus ires y venires a la autoridad correspondiente. México se ha vuelto un país donde el narcotráfico paga a personas para que alerten sobre los movimientos del Ejército. Donde taxistas y comerciantes y sexoservidoras se vuelven informantes. Donde trabajar al servicio de los sicarios se vuelve opción de vida para tantos. Donde el gobierno encuentra cómplices criminales en vez de aliados en la sociedad.

6) El hecho de que los feligreses del obispo le hayan confiado información sobre el paradero de El Chapo revela algo importante y preocupante. La población no confía en el gobierno; no se siente protegida por la autoridad; no acude a la policía o al Ministerio Público o a la Presidencia Municipal para denunciar un crimen o las actividades de un criminal. Y no se comporta así por la incapacidad gubernamental para hacer del estado de derecho una realidad en vez de una simple aspiración retórica. El gobierno de México se ha ganado la desconfianza a pulso. Como lo revela la Primera encuesta nacional sobre la discordia entre los mexicanos, publicada por la revista Nexos, los mexicanos reprueban a su clase política en rubro tras rubro. Ante políticos fracasados, no sorprende el surgimiento de tantos ciudadanos desencantados.

7) Ojalá que la toma de posición del obispo duranguense sirviera como una severa llamada de atención a las autoridades, por lo mucho que pone en evidencia. En localidad tras localidad, estado tras estado, hay millones de mexicanos que tienen una relación ambigua con la ley, con el gobierno, con la política, con la participación, con el espacio público. Prefieren susurrar en el oído de un obispo que levantar una denuncia ante un Ministerio Público. Prefieren desplegar su frustración ante la Iglesia que ante el Estado. Y el narcotráfico se nutre de esa desconfianza. Llena esos vacíos. Franquea esa brecha entre el ciudadano y quien dice representarlo pero no lo hace en realidad. Permite que capos como El Cede –vinculado con La Familia michoacana y recién capturado– mezclen el narcotráfico con la promoción de una doctrina basada en “valores y principios éticos”. Esa es la realidad que el obispo de Durango expone: gobiernos incompetentes o coludidos, ciudadanos cómplices o atemorizados, y narcotraficantes que se aprovechan de ambos.

Proceso27/04/2009

miércoles, 22 de abril de 2009

Ejecución y advertencia en Tepehuanes

De la corresponsalía en Durango y Gustavo Castillo

Dos tenientes de inteligencia militar del 71 Batallón de Infantería fueron ejecutados en el municipio serrano de Tepehuanes, Durango, en los límites con el de Guanaceví. Junto a sus cuerpos, los agresores dejaron un mensaje: “Con El Chapo nunca van a poder ni sacerdotes ni gobernantes”.

La mañana de este martes, en la carretera entre Tepehuanes y Guanaceví, adelante de Ciénega de Escobar, fueron localizados los cuerpos de dos militares vestidos de civil, con las manos atadas y el rostro cubierto con cinta canela. Los cuerpos estaban junto a un vehículo tipo Fiesta color plata.

Alfonzo Unzueta, síndico de Tepehuanes –a 280 kilómetros al noroeste de la ciudad de Durango–, confirmó que los militares asesinados son Jesús Antonio Cabrera, de 28 años de edad, y Jesús Sánchez Meléndez, de 30.

La identificación de los cadáveres estuvo a cargo del teniente José Alberto Morales, también perteneciente al 71 Batallón de Infantería, con sede en el municipio de Santiago Papasquiaro. La policía federal apuntó que junto a los cuerpos había 80 casquillos percutidos de AK-47.

El síndico Alfonzo Unzueta fue quien dio cuenta del crimen a un noticiario radiofónico local, al que narró que fue alrededor de las 9 de la mañana cuando se recibió el reporte del hallazgo de los cuerpos, mismos que fueron reconocidos hasta el mediodía por personal militar.

El pasado viernes, el arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, declaró que “adelante de Guanaceví vive Joaquín El Chapo Guzmán, todos lo sabemos, menos la autoridad”.

El 27 de marzo pasado, Fausto Gómez Ramírez, capitán del 85 Batallón de Infantería, con sede en la ciudad de Durango, fue asesinado por elementos de la Dirección Estatal de Investigaciones. El procurador estatal José Ángel Leal, dijo que se trató de una “lamentable confusión”. Fue la primera muerte de un militar reconocida por las autoridades duranguenses.

Entre narcoamenazas, SG y clero arropan al arzobispo de Durango

Innecesario, que declare ante el MP; hay métodos más discretos y eficientes: Gómez Mont

*Respalda la CEM a González Martínez y justifica sus afirmaciones sobre la ubicación de El Chapo
*Cada clérigo es un profeta y debe denunciar injusticias y defender a sus ovejas de los lobos, señala

Carolina Gómez y Fabiola Martínez
Enviadas/La Jornada

Lago de Guadalupe, 21 de abril. Mientras el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, dijo que no es necesario que el arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, declare ante el Ministerio Público porque “existen comunicaciones más discretas con la autoridad que pueden ser mucho más eficientes para cumplir con la ley”, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) cobijó al prelado y justificó sus dichos.

“(Cada clérigo) es un profeta y por tanto debe denunciar las injusticias, los atropellos, ésa es su misión: defender a las ovejas de los lobos”, expresó el obispo de Campeche, Ramón Castro.

Durante la 87 asamblea general de la CEM, los jerarcas católicos recibieron en su sede, por primera vez, a Gómez Mont; mientras transcurría el encuentro privado empezaba a difundirse el hallazgo de dos militares ejecutados entre los municipios duranguenses de Tepehuanes y Guanaceví, justamente en la región donde –de acuerdo con las declaraciones del arzobispo González– vive Joaquín El Chapo Guzmán, a quien las autoridades ubican como uno de los principales capos del narcotráfico.

Además, junto a los cadáveres estaba la advertencia: “Con El Chapo nunca van a poder ni sacerdotes ni gobernantes”.

Sin embargo, el secretario de Gobernación dijo desconocer en ese momento la noticia, aunque advirtió que los narcotraficantes son “perfectamente derrotables porque hay toda una sociedad y un gobierno comprometidos en recuperar la paz y la tranquilidad” de los mexicanos.

En tanto, los prelados católicos manifestaron –en conferencia de prensa– que “no han dejado solo” al arzobispo de Durango, sino están viendo “el modo de apoyarlo” y hasta aventuraron, como lo hizo el obispo de Campeche, que él habría hecho “lo mismo”, de encontrarse al frente de una arquidiócesis como la duranguense.

El obispo Castro señaló que “de ninguna manera el Episcopado Mexicano se está desmarcando”, porque lo expresado por González Martínez está sustentado en señalamientos hechos por sus feligreses, afirmó.

De esta forma la CEM ensalzó como un hecho “prudente”, el silencio –“soy sordo y mudo”– que en la víspera el arzobispo se fijó a sí mismo (tras haber declarado a los medios de comunicación que “todos conocen el paradero de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, menos la autoridad”).

Descartó que esa actitud represente que “como pastores estemos tirando una piedra para después esconder la mano, ni es que no estemos sosteniendo nuestros dichos, lo que pasa es que hay que tener prudencia”.

Para la jerarquía católica, la declaración del arzobispo de Durango no podría tacharse de “irresponsable” y, por el contrario, destacaron sus características como pastor y persona.

Por la tarde, el secretario Gómez Mont se reunió con el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Carlos Aguiar Retes. Ahí, el responsable de la política interna expuso los factores de gobernabilidad por los que atraviesa el país y, de acuerdo con el propio funcionario y ministros de culto presentes, “en ningún momento se habló del narcotráfico y tampoco se hizo un llamado particular” para el arzobispo de Durango.

Según el secretario de Gobernación, encontró a los integrantes de la CEM con un “ánimo responsable de colaborar discretamente con la autoridad, sin atentar contra su ministerio”.

En entrevista, el funcionario federal dijo que trató el tema de la seguridad y “lo importante que es para el gobierno contar con la colaboración de toda organización social, a fin de obtener información pertinente para que podamos cumplir de la mejor manera con nuestro deber de someter a la delincuencia”.

Área religiosa acéfala

Asimismo, Gómez Mont manifestó su interés en ampliar el diálogo con sectores como el de las asociaciones religiosas; no obstante, desde hace más de un mes la dirección general respectiva permanece acéfala, luego de la salida de Salvador Beltrán del Río, y desde hace 20 días de la subsecretaria del ramo, Ana Teresa Aranda, movimientos que en opinión del secretario fueron imprescindibles por las aspiraciones personales de quienes dejaron sus cargos.

Antes, Faustino Armendáriz, obispo de Matamoros, subrayó que los clérigos de la Iglesia católica seguirán pronunciándose en contra de la delincuencia organizada porque ésta atenta contra la dignidad humana.

Repitió el discurso de los obispos en el sentido de que la labor de esta Iglesia no es investigar, hacer labores de inteligencia o de buscar a quienes cometen ilícitos, sino difundir la palabra de Dios y del evangelio.

Respecto de la posibilidad de que el secretario de Gobernación hubiese impuesto a la curia algún tipo de censura –ante comentarios como los vertidos por el arzobispo González Martínez– el sacerdote Manuel Corral, secretario ejecutivo de Relaciones Públicas e Institucionales de la CEM, negó tal circunstancia y dijo que el funcionario se mostró agradecido de recibir cualquier apoyo del clero en la lucha contra los grupos delincuenciales.

martes, 21 de abril de 2009

Arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, no se desdice

Enrique Benítez Ojeda, diputado priista por la zona de Guanaceví, exige a prelado que pruebe sus dichos

*Arquidiócesis formula comunicado

Juan Monrreal López
Abril 21 de 2009
http://www.democratanortedemexico.com/


Durango, Durango.- Aprovechando el posicionamiento que ha adquirido en los medios nacionales e internacionales el arzobispo Héctor González Martínez, por las aseveraciones de que el narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, reside en el municipio de Guanaceví; el diputado federal priista, Enrique Benítez Ojeda, citó a rueda de prensa para pedir al prelado que, “nos explique, que es lo que le dijo la gente, en esa confianza, y que es lo que le dijeron y le señalaron, precisamente, por eso queremos saber, porque a los políticos, no nos han dicho nada(sic)”, reconociendo en los hechos, la poca confianza que gozan los funcionarios públicos duranguenses ante la población.

Mintiendo, Benítez Ojeda, ex coordinador de la campaña gubernamental de Ismael Hernández Deras, y cuando menos aspirante a la presidencia municipal de esta capital, aseveró que, “todos los obispos del país, hoy en día, están en diferentes partes del país, solicitando protección de las autoridades, no sería el caso de Durango, ni sería el caso particular de Héctor González”, postura que no comparte la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), reunida desde este lunes en la ciudad de México, misma que a través de la voz de varios obispos, externó que no tienen porqué recibir protección especial, ni siquiera en las zonas dominadas por el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Diputado federal por el distrito 01, que comprende el municipio de Guanaceví, Benítez Ojeda, increpó a González Martínez, por sus declaraciones y le exigió que pruebe sus dichos.
Benítez, dijo que al arzobispo hay que, “solicitarle que presente pruebas, que presente denuncias; que acuda a la PGR, y yo, respetuosamente le exijo, como representante del Distrito 01, que con mucha responsabilidad por las declaraciones que se han hecho (sic) acuda a la PGR, presente los elementos, las pruebas o las versiones que tenga”.

Demagógico, Enrique Benítez, exigió que se haga justicia en el estado, quitando responsabilidad al gobierno estatal que encabeza Ismael Hernández Deras, de la ola de violencia, asesinatos, ejecuciones, tráfico de armas y enervantes que existen en el estado.

El legislador priista abogó por un estado dominado por la presencia militar, al pedir mayor número de efectivos del Ejército mexicano, para que el terror cese en la entidad.

Durango se ha convertido en una de los estados mexicanos con mayor número de homicidios cometidos por la delincuencia organizada del narcotráfico.

Periodistas consultados, inscribieron las declaraciones del arzobispo, Héctor González Martínez, en un contexto electoral, al margen de la existencia real de la violencia que se vive.

Por cierto, un día antes de que el arzobispo partiera a la CEM, la arquidiócesis de Durango, emitió un boletín en donde el sacerdote señala que “Apreciando la ecuanimidad del Sr. Gobernador (sic) auguro la Paz y la Misericordia Divina, a todos en este día”, pero nunca se desdijo de la aseveración de que “El Chapo” Guzmán, vive “más allá de Guanaceví”.

Iglesia y narcotráfico

Miguel Ángel Granados Chapa

Miembro del Episcopado desde 1982 (cuando fue designado obispo de Campeche) el hoy arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, no figuró nunca en el centro de la reunión de sus iguales, como acontece ahora, en la 87 asamblea de la Conferencia episcopal mexicana, iniciada ayer lunes.

No es para menos. Apenas el viernes, en tono desenfadado y como quien no quiere la cosa, el prelado lanzó una pista sobre el paradero de Joaquín Guzmán Loera, apodado El Chapo. Al bocetar una geografía del narcotráfico, refiriéndose a los municipios donde se presenta esa actividad delictuosa, dijo que más allá de Guanaceví radica uno de los narcotraficantes más buscados. Tanto, que se enriquecería quien ofreciera datos precisos, no sólo esbozos como los ofrecidos por el arzobispo, que condujeran a la detención de El Chapo. Está vigente un ofrecimiento de 5 millones de dólares hecho en diciembre de 2004 por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Más lenta y remilgosa con el dinero que administra hace apenas un mes la Procuraduría General de la República tasó en 30 millones de pesos la información que lleve a ese mismo propósito. Ningún cazarrecompensas ha sido tan osado como para lanzarse en pos de Guzmán Loera, ni ha sido tan poderoso ese incentivo para alentar una traición, acaso porque los subalternos de El Chapo saben con claridad a qué se atienen si fueran infidentes y se les descubriera en el lance.

Al día siguiente de lo dicho por el arzobispo en una conferencia de prensa convocada para denunciar riesgos del clero en las comarcas de mayor presencia del narcotráfico, los medios locales se guardaron muy bien de reproducir su referencia a El Chapo. Los periódicos editados en la Ciudad de México que llegan a Durango por aire no salieron del aeropuerto. No se sabe quién impidió su distribución. El único medio disponible en la capital de aquel estado con la información sobre el jefe del Cártel de Sinaloa fue el diario regiomontano El Norte, cuya edición llega por tierra a Durango.

¿Qué poder tiene los alcances para evitar la difusión de una información de esa naturaleza, emitida por un personaje central en la vida duranguense como es un arzobispo? Cabe imaginar que el gobierno -local o federal, o ambos- ejecutó esa acción silenciadora. Es posible imaginar al gobernador mismo telefoneando a los medios para solicitar su cooperación a fin de no afectar la imagen del estado, o al delegado de la PGR actuando en igual sentido pero con el propósito de que no se echara de ver la negligencia señalada no sin ironía y aun sarcasmo por el arzobispo: "todo el mundo lo sabe, menos la autoridad", dijo al situar la presencia del jefe de delincuentes.

También pudo ocurrir que las acciones para impedir la difusión de lo dicho por el más alto jerarca de la iglesia católica en Durango fueran realizadas por el narcotráfico mismo, a efecto de conservar el beneficio de la abulia gubernamental denunciada de modo indirecto por González Martínez. O pudo ser una combinación de ambos poderes lo que generó el efecto de que en Durango no se supiera de lo dicho por el pastor de la numerosa grey católica en la entidad. El hecho es que el resultado intimidó al propio declarante: el domingo buscó atenuar el sentido de su dicho, atribuyéndole carácter de información del dominio público, de la que él está en posesión por su ejercicio pastoral, por lo que le dice la gente común en sus visitas a las parroquias de la arquidiócesis.

Aunque sólo es arzobispo desde hace seis años, González Martínez conoce bien el territorio que administra porque nació en él, en él se formó y durante 20 años realizó labores allí, como párroco en Canatlán y como profesor y rector del seminario arquidiocesano. Estuvo fuera desde que se le nombró obispo de Campeche, luego coadjutor de Oaxaca y finalmente arzobispo de esa circunscripción, en reemplazo de don Bartolomé Carrasco. Aunque no faltaron sacerdotes que resintieron el conservadurismo de González Martínez, que rehusó continuar con la opción preferencia por los pobres que había auspiciado su predecesor, don Héctor mereció del Vaticano la gracia de retornar a Durango a gobernar a los suyos.

Desde ayer habrá estado en el centro de la atención de sus compañeros obispos y de los medios. Su reciente protagonismo y el crecimiento de los riesgos del clero en varias entidades (Chihuahua, el DF, el propio Durango, México, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas y Veracruz) ha de obligar al Episcopado a organizar y expresar una actitud coherente sobre el narcotráfico, no sólo en términos de su propia regulación sino como uno de los poderes fácticos. Si la Iglesia se limita a amenazar a los delincuentes con la excomunión, su contribución al combate contra la violencia asociada a las drogas será exigua o ninguna pues, como resultado de su propia indolencia en la formación de una espiritualidad profunda, la mayor parte de los fieles no concede valor sustantivo alguno a una sanción de ese género, decretada conforme a un derecho canónico que nadie conoce porque no es parte de una realidad vivida cotidianamente.

No ha faltado obispo que reconozca las dádivas recibidas por el clero de los narcotraficantes y hasta el mismísimo presidente de la CEM ahora reunida ha admitido el beneficio social que en las comunidades donde dominan generan los amos de la droga. Es un momento oportuno para acabar con esas candorosas actitudes y formular una vigorosa doctrina contra el narcotráfico y su violencia.

Cajón de Sastre
Pasado mañana, jueves 23, se realizará la asamblea general de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi). Concluyen los dos años de la presidencia de Javier Corral, que en Amedi prolongó su lucha a favor de la reforma de los medios, emprendida en los nueve años en que fue diputado y senador. Se ha registrado la candidatura de Raúl Trejo Delarbre para sucederlo, y la asamblea decidirá lo que corresponda. Trejo Delarbre es licenciado en periodismo, maestro en ciencias de la comunicación y doctor en ciencias sociales por la Universidad Nacional. Se formó en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y es, simultáneamente, un periodista y un investigador, miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Ha escrito libros de gran importancia como La sociedad de la información y sus laberintos.

Reforma 21/04/2009

Los narcos suelen respetar a la Iglesia: obispo Berlié

“Soy sordo y mudo”, asegura el arzobispo de Durango

*El Episcopado niega que jerarcas católicos hayan sido amenazados


Carolina Gómez Mena

Durante la inauguración de la 87 asamblea general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), el arzobispo de Yucatán, Emilio Berlié, dijo que a la Iglesia católica, y en general a los hombres y mujeres consagrados, los narcotraficantes los “suelen respetar mucho” debido a que “somos representantes de Dios”.

En el acto litúrgico realizado en la Basílica de Guadalupe, en el que México fue consagrado al Espíritu Santo, los participantes descartaron que deba haber protección especial para los prelados que laboran en zonas en las prevalece el narcotráfico, y reconocieron que los fieles católicos les han confiado que se han visto afectados por el crimen organizado. Los temas de la inseguridad y la amenaza del narcotráfico predominaron en esta sesión inaugural.

A su vez, Héctor González Martínez, arzobispo de Durango, quien hace unos días dijo que “todos saben dónde vive Joaquín El Chapo Guzmán, excepto las autoridades”, comentó: “Soy sordo y mudo”. Apuntó que hasta ahora no ha sido requerido por las autoridades ni ha recibido ningún tipo de amenaza.

En general, los jerarcas católicos negaron que alguna vez hayan sido hostigados por los capos de la droga. Sostuvieron que hay preocupación entre sus feligreses por la inseguridad e insistieron: “Hace falta mayor seguridad y, sobre todo, paz”.

En su oportunidad, Berlié aclaró que el hecho de que los narcotraficantes respeten a la Iglesia no significa que exista una relación entre ésta y esos grupos, y coincidió con la mayoría de los consultados en que no ha sido amenazado ni él ni los clérigos de su arquidiócesis. En el mismo sentido se expresó Mario Espinosa Contreras, obispo de Mazatlán.

Por su parte, Salvador Rangel, obispo electo de Huejutla, Hidalgo, quien por ahora asiste a municipios de Guanajuato y Michoacán, dijo no tener problemas sobre intimidaciones y acotó que la vida de los sacerdotes debe protegerse como la de cualquier otro ciudadano. “Todos estamos en este peligro y por eso hemos querido encomendarnos al Espíritu Santo.”

A su vez, el cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, expuso que el país no sólo tiene problemas económicos, sino también de seguridad, aunque precisó que en su arquidiócesis no se sabe de amenazas de grupos delictivos a miembros del clero, mientras Javier Navarro Rodríguez, obispo de Zamora, descartó que deba brindarse protección especial a los prelados que viven en zonas dominadas por el narco. “La protección la debe brindar el gobierno a todos los mexicanos.” Suceda lo que suceda, expuso, “la Iglesia seguirá predicando el evangelio y si hay alguna persecución por ello, pues bienvenida: Jesús también fue perseguido por predicar la verdad”, asentó.

En su turno, Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia, dijo que en las actuales circunstancias de inseguridad los prelados “debemos tomar precauciones, no dejarnos engañar y ser prudentes para actuar, porque los sacerdotes recibimos muchas veces confidencias de la gente y, si hay en algún momento certeza de una amenaza, confiar en la intervención de las autoridades, aunque desgraciadamente a veces éstas no tienen la suficiente capacidad”.

Carlos Aguiar Retes, presidente del Episcopado Mexicano, señaló que la presencia del mal en la historia ha sido repetitiva y cíclica. Añadió que “como esfuerzo de sobrevivencia se justifica defendernos de los injustos agresores, de mafias que han caído en la tentación por obtener dinero y poder para su pequeño grupo, dejando de lado a los demás prójimos a los que solamente utilizan según sus intereses”. Y planteó: “¿Cómo puede renacer este país estando ya tan habituado a convivir con la corrupción?”

lunes, 20 de abril de 2009

Arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, se disculpa por declaraciones, pero no se desdice

“Del dominio público”, dicho acerca de El Chapo, Arzobispo

Lunes, 20 de Abril de 2009 03:25

Con motivo de la estancia del P. Jorge Loring, S.J. en Durango, para ofrecer diversas conferencias en distintos ambientes sociales, el viernes 17 cité a una Rueda de Prensa para entregarle un reconocimiento público por su desempeño evangelizador y misionero. Después de la exposición y las respuestas del Padre, los reporteros siguieron haciendo preguntas a mí en torno a una Exhortación Pascual que les compartí.
En una de mis respuestas, expresé que “adelante de Guanaceví por ahí vive el Chapo”.
Deseando puntualizar mi expresión y la expectación suscitada, comento que el sustento de mi expresión, se basa en lo que es del dominio público, de lo que el pueblo habla y de lo que yo escucho de feligreses y ciudadanos en los recorridos por ciudades, pueblos y comunidades del Estado, que hablan desde su experiencia de sufrimiento e impotencia de superar la inseguridad y la violencia; también según su experiencia de oportunidades, la gente afirma que él estuvo aquí, allá o acullá. Este conocimiento puede parecer ingenuo, acrítico o fantasioso; pero es conocimiento de contacto pastoral directo. De todas maneras me disculpo ante quien se haya escandalizado con una frase escueta basada sobre todo en el sentir de la gente que habla con su pastor.
Hoy, fiesta litúrgica del Amor Misericordioso de Dios, imploro que este Amor, cambie los corazones de todos y nos ayude a erradicar causas, como el narcotráfico, que minan las bases de la sociedad.
Apreciando la ecuanimidad del Sr. Gobernador, auguro la Paz y la Misericordia Divina a todos en este día.
Durango, Dgo.,19 de abril del 2009.
Héctor González Martínez
Arz. de Durango

“El Chapo”, en Durango

Itinerario Político

Ricardo Alemán

Para nadie es un secreto que prelados de la jerarquía católica gustan de excesos verbales sobre asuntos relevantes de la vida nacional. Acaso por eso no pocos dudaron de la aseveración del arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, quien el pasado viernes aseguró que el mítico Joaquín El Chapo Guzmán vive en Durango.
¿Qué aparece en el fondo de la declaración? ¿Podemos creer en ella, con todo lo que implica? ¿O debemos ponerla en duda? ¿Sería capaz un jerarca católico de convocar a una conferencia de prensa para inventar una declaración como esa? ¿O es que podemos confiar en el dicho del líder religioso? En realidad sólo los hechos confirmarían la especie. Pero a estas alturas, si vivía en Durango, ya se habría ido. Como sea, abundan los hechos que avalan la versión del arzobispo González Martínez.
Primero, que cualquiera que vive, tiene amigos o negocios en Durango, conoce las historias, testimonios y hasta a los testigos que han visto a El Chapo pasear, comer y festejar en distintos lugares de esa entidad. Y en efecto, son más que mitología las historias de correrías y control absoluto de la región de Guanaceví, municipio donde estaría su cuartel general.
Segundo, que la Sedena, PGR y en la mismísima casa presidencial se cuenta con información sobre la compleja red de grupos y vínculos de empresas y gobiernos con el narco en la región “caliente” de Sinaloa, Sonora, Durango y Chihuahua, y de sus ramificaciones con Michoacán, Zacatecas y Tijuana, entre otras. Por esa razón se insiste desde hace meses en los altos círculos del poder —pero sobre todo en semanas recientes—, que de un momento a otro podrían quedar al descubierto vínculos del narco con alcaldes o gobernadores que pudieran pertenecer a PRI, PAN o PRD.
Y tercero, que la censura informativa que desde el gobierno se impuso en todo el estado —confiscar toda la prensa que llega del DF y prohibir a nivel local la difusión de las declaraciones del prelado—, no tiene más que dos explicaciones: estupidez del gobierno estatal, o complicidad. ¿Por qué le interesa al gobierno censurar una declaración como la del prelado? Si es falso lo que dice, el gobierno puede ofrecer pruebas en contrario, y punto.
El problema parece estar en otro lado. Dicen en la jerarquía católica que su red pastoral —que es el mejor servicio de inteligencia—, documentó la presencia de El Chapo en Durango. Y que el mensaje del arzobispo es una voz de alerta sobre complicidad oficial e impunidad.
Al tiempo.
En el camino
El Suburbano, “joya de la corona” de gobiernos de Calderón, Peña y Ebrard, hizo agua. Y la tragedia podría ser política. ¿Y de quién la culpa?