viernes, 18 de noviembre de 2016

Forjadora de Titanes…



adriana-esthela
RAÚL A. RUBIO CANO
Octubre 27 de 2016

Hay personas que desde el silencio y la abnegación forman Titanes. Son ejemplos de una entrega guiada por un gran sentimiento de amor, es el caso de Socorro Rosales Cázares, la Tía Coco, tía de Adriana Esthela Flores, reportera y presentadora de noticias, ahora en Telesur. Hace días murió y así la recuerda su sobrina desde Caracas, Portuguesa, Venezuela: “Tiíta Coco: Me recuerdo, Coquito, de tus falsos regaños que no causaban el mínimo temor porque los decías sonriendo. Me recuerdo de cómo te confundías al llamarnos a hijos y sobrinos -¡Mira Keny, Nano, Lucero, César, Cecy…..Ady! Me recuerdo de esas frases extrañas como cuando nos decías ‘huercas encesadas’ o ‘alza tu cama’ y yo -la peor de las contestonas- replicaba ‘ni que fuera Superman’ Me recuerdo de la vez que me arreglaste la orejita de cartón en mi diadema porque la original era tan pesada que se me caía. O qué tal las mil veces que me justificabas ante cualquier persona diciendo ‘es que así es ella’ o ‘a ella no le gusta eso’ O las tardes en el porche, sentada simplemente platicando desde la mecedora .Y cuando fue tu despedida de soltera en la que yo me colé entre tus amigas y las vi a todas divirtiéndose…Y tu boda, con todos los sobrinos insoportables jugando a perseguirse unos a otros mientras bailaban las parejas grandes y terminamos tus sobrinas con los bellos vestidos rotos. Y qué tal cuando pasábamos las tardes juntas, tú planchando y viendo tele mientras yo dormía a mi primo Cesarín primero en brazos después en carreola. Y tu alegría en las fiestas de quince años…Y en las de Navidad y fin de año…Y cómo te daba risa la forma irreverente en que cantábamos los villancicos al rezar el rosario. Y cuando presenté mi poemario que estabas tan orgullosa y me preguntaste qué quería decir tal o cual línea y te preocupabas ‘ah, eso es muy triste’. Y tu solemnidad cuando me pusiste el lazo en la boda y el mensaje tan tierno que me dijiste al oído. Y cuando -de esas rarísimas veces- llegaste a quejarte de tal o cual cosa y yo escuchaba sin tener nunca la respuesta adecuada pero tú asentías. Sabrá dios -como decías- de dónde sacaste fuerza para aguantar sin lágrimas el vernos a nosotros fingiendo hacernos fuertes cuando te vimos por primera vez en el hospital. Y sabrá dios cómo le hacías para mirar a los demás pacientes, sobre todo los chiquitos, caminar a tu lado ya sin cabello o con la gorrita ocultando los estragos de las quimioterapias. Y jamás -dios no lo quiera- jamás te iba nadie a contemplar mal arreglada, despeinada, débil. Mantuviste tu cabellito largo, tu cuerpo grueso y tu sonrisa intacta. Porque eres digna, Coquito, muy digna. ‘Te voy a esperar’, me prometiste. Gracias por tanto, tiíta”. ¡Órale! raurubio@gmail.com