lunes, 20 de mayo de 2013

¿Tiene futuro el periodismo?

Marco Lara Klahr
20/May/201300:00 HRS

     


He documentado tal proceso en libros como Diarismo. Cultura e industrial del periodismo impreso en México y el mundo [Editorial e, 2005], aparte de que he intentado debatir acerca de él en charlas y talleres, encontrando suspicacia, incredulidad, burla, enojo o miedo: en la era posindustrial, los periodistas, igual que las empresas de noticia, nos hemos revelado como seres de mentalidad dinosáurica.

Dicha mesa tuvo lugar el miércoles [mayo 15, 2013], en el Museo de Arte de esta intensa ciudad ondulante, y nos congregó unas seis horas a 40 periodistas de diez países, de diversas generaciones y especialidades —reporteros, fotorreporteros, editores, directores, emprendedores de nuevos medios, activistas y académicos.

Se dijo tanto con palabras, miradas y actitudes. Se mostraron tantas experiencias esperanzadoras aunque no siempre sostenibles. Se expresaron tantas dudas, temores y súbitas frases de derrota u optimismo, que en algún momento le susurré a un colega que bien podría ser aquella una sesión de Alcohólicos Anónimos o Pare de Sufrir.

Al final me quedaron diez páginas de notas en Word, donde recogí parte de lo esencial o quizás apenas el compendio de mis incertidumbres, que enseguida comparto, asumiendo que estas ideas fueron de construcción colectiva —bajo la conducción de Rosental Calmon Alves—, entremezcladas con mis reflexiones.

1. La era posindustrial ha significado más que un cambio tecnológico; la informatización de la vida cotidiana y las relaciones sociales, a través de dispositivos móviles, ha producido una diversificación masiva de las fuentes de información, de tal alcance que hoy podemos estar interconectados aun al practicar los hábitos más animales, como comer, ejercitarnos, ir al baño, reposar o dormir.

2. Esa diversificación de las fuentes de información ha producido que el orden mediático industrial monopólico se resquebraje, pues además la producción y oferta de contenidos periodísticos se ha descentralizado —lo cual explica la emergencia y permanencia de elfaro.net, diario digital de prestigio global, que con todas las dificultades financieras y políticas subsiste desde este «paisito», algo impensable hace todavía dos décadas.

3. Siendo buena noticia, esa diversificación y descentralización de las fuentes de información tiene sus bemoles. Cierto, la mayoría de los medios «establecidos» boquean, incluido The New York Times, que fue el más influyente a nivel global. Pero han surgido en cambio plataformas como Google, muy ágiles y mucho menos aparatosas y costosas, pero también monopólicas y colonizadoras, que además están absorbiendo cantidades crecientes de publicidad, produciendo un desequilibrio en el ecosistema mediático, dejando a la mayoría de los medios a través del mundo en una sequía financiera.

4. Conforme se deteriora la decrépita industria noticiosa clásica, proveniente del siglo XIX, van naciendo al mismo ritmo experiencias comunicacionales ciudadanas de corte social o privado, enfocadas en producir periodismo investigativo y aprovechar para su labor informativa la Web, sus redes sociales y sus recursos multimedia e interactivos 2.0, en gran medida financiadas por «la cooperación internacional» —destacadamente, Open Society Foundations, pero asimismo agencias de cooperación y fundaciones de España, Canadá, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania u Holanda.

5. Esa buena noticia, empero, es eclipsada porque, más allá de los fondos finitos de la «cooperación internacional», dinero en los países y comunidades específicas hay muy poco, de manera que esas experiencias ciudadanas de periodismo viven en constante zozobra y las hay que comprometen valores éticos tradicionales para sobrevivir.

6. Algunas de estas experiencias ciudadanas han logrado subsistir —y no mucho más— combinando el periodismo con la investigación académica, servicios de capacitación y profesionalización, publicaciones y consultorías.

7. Volviendo, entonces, al «futuro del periodismo», lo dicho permite concluir que el periodismo, en particular el investigativo, es más indispensable que nunca —por su fuerza reveladora y porque los corporativos multimediáticos lo producen cada vez menos— y las comunidades debemos patrocinarlo, financiando las experiencias ciudadanas de periodismo citadas. Necesitamos información para ejercer mejor nuestros derechos, y dichas experiencias pueden dárnosla, si las mantenemos vivas y sanas. Ahí hay un potencial de futuro promisorio para el periodismo y quienes lo ejercemos.

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