lunes, 4 de agosto de 2008

Kaibiles y Zetas, “el otro Ejército”

Ricardo Ravelo
MÉXICO, DF, 31 de julio (apro).- Si había alguna duda sobre si Los Zetas, brazo armado del cártel del Golfo que comandó Osiel Cárdenas Guillen, reforzaron su estructura con desertores del Ejército de Guatemala, las declaraciones del testigo protegido, William Mendoza González, despejan todos los nubarrones sobre el origen del “otro Ejército”.
Mendoza González, El Dandy, fue uno de los primeros exKaibiles que desertaron del Ejército guatemalteco para incorporarse al cártel del Golfo:
Así lo declaró ante el Ministerio Público Federal:
“Luego de salirme del Ejército guatemalteco, permanecí como un mes en mi casa, al cabo de ese tiempo un amigo de Guatemala, también exKaibil, al que había conocido en el Primer Grupo de Fuerzas Especiales del Ejército, Eduardo Morales Valdez, quien ahora dice llamarse Juan Carlos Fuentes Castellanos, me abrió las puertas cuando le dije que quería ir a trabajar a México”.
Sin embargo El Dandy no era un exmilitar común, pues tenía conocimientos en el manejo de armas y de explosivos, así que Eduardo Morales no dudó en contratarlo y, con él, incorporó a un nutrido grupo de exKaibiles al cártel del Golfo, con lo que pudieron reforzarse y ampliar sus dominios hacia más entidades de la República Mexicana.
Por eso ahora Los Zetas --banda también conocida como “el otro Ejército”-- operan como un cártel independiente, aunque con líneas de entendimiento con sus viejos conocidos del Golfo, según consignan autoridades federales.
La declaración ministerial del Dandy –integrada al expediente 10/2006 y que derivó de una investigación en contra de Los Zetas afincados en Cancún, Quintana Roo-- se encuentra salpicada de detalles sobre su incorporación al cártel del Golfo.
Mendoza González reveló que su amigo Morales Valdez --con quien luego se entrevistó en Poptún, Guatemala-- le dijo que tenía “chamba”, y que ésta consistía en dar seguridad a un empresario, cuyo nombre no reveló en ese momento, y que por ese trabajo recibiría 3 mil pesos quincenales.
Le ofreció algo más: “Luego de algunos meses de trabajo aumentará el sueldo”. Como le pareció sugerente la propuesta, William Mendoza no dudó y aceptó el empleo.
El Dandy respondió a su amigo que luego le buscaría. En tanto, le encargó una tarea especial:
“Iba a buscar a más exmilitares guatemaltecos porque así se lo había pedido el empresario al que le iban a dar seguridad. Que aproximadamente dos días después Eduardo Morales Valdez (o Juan Carlos Fuentes Castellanos), El Stanley, acudió a mi domicilio de Santa Amelia, para decirme que en ese momento quería que fuera a la casa de un sujeto conocido como El Ponchado, de apellido Wtwinlisky, para ver lo del trabajo en México, haciéndolo así.
Luego, se dirigieron al domicilio del Ponchado, ubicado en el barrio de Santa Fe, municipio de Poptún, departamento guatemalteco del Petén.
Refiere en su testimonio:
“Una vez en este domicilio, donde ya estaba El Ponchado, fueron llegando más sujetos hasta completar un grupo de trece, compuesto por doce exKaibiles guatemaltecos”.
William Mendoza los identifica en su declaración:
Se trataba de “Edgar Morales Valdez y Edgar Geovani Reyes López, quien también se hace llamar José María Calderón García o Carlos Enrique Martínez Méndez, El Panudo; Mario Enrique Gómez, Sebastián y otros más, entre ellos dos exmilitares guatemaltecos de apellido Hernández y Paredes… Así pues, en esta reunión El Ponchado les dijo a todos que trabajarían en México para darle seguridad a un empresario mexicano y a su empresa”.
Nueva generación
Aunque en la reunión no se identificó al presunto hombre de negocios, en otras declaraciones ministeriales consultadas por el reportero queda claro que a Osiel Cárdenas no le gustaba ser identificado como el jefe del cártel del Golfo, prefería que sus hombres, los más cercanos, lo trataran como un exitoso empresario.
Según se desprende de la averiguación previa, el propio Cárdenas prefería llamar a su organización como “mi empresa”, debido a que él mismo se consideraba parte de una nueva generación de hombres de negocios que nada tenía que ver con el capo Juan García Abrego.
En aquella reunión, reveló William Mendoza, El Ponchado les dijo “que cada seis meses les aumentarían el salario, de manera que acordaron que el 12 de mayo del 2004 viajarían hacia México. Que al llegar esta fecha, los doce exKaibiles y un exintegrante de la Policía Nacional de Guatemala volvieron a reunirse en la casa del Ponchado, en donde, como a los once de la noche, partieron hasta llegar a la frontera” con Tenosique, Tabasco.
“Al llegar a la garita donde estaba la aduana de México, obtuvieron permiso por 72 horas para pasar a México, como normalmente ocurre con la gente que desea entrar a conocer o a comprar ropa. Luego, un sujeto pasó por ellos para llevarlos al puerto de Veracruz, donde se alojaron en la casa del sujeto que los llevaba, permaneciendo dos días en ese lugar mientras esperaban que el señor y su hijo, que habían regresado a Tenosique por la otra mitad (de la gente), volvieran con ellos”.
¡Bienvenidos a Los Zetas!
El Dandy reconoce que “dos días después llegó el resto de la gente y, conforme iban arribando al puerto de Veracruz, recibían la instrucción de enviarlos a la ciudad de Tampico, Tamaulipas, donde se hospedaron en un hotel. Ahí fueron recogidos por dos sujetos, quienes los recibieron con euforia, risas y festejos, al tiempo que les dijeron ‘¡bienvenidos al grupo Los Zetas!’”.
Después de la acogida, Los Zetas los instruyeron sobre sus labores y la estructura de la organización: tendrían disciplina militar y estarían en grupos, al mando de comandantes de “estacas” (que operan por zonas) para hacer lo que él les dijera y que su actividad consistiría en trabajar con droga.
Posteriormente, los exKaibiles fueron llevados a una casa de seguridad de la organización.
De Tampico partieron para Río Bravo, en donde quedaron bajo las órdenes de un comandante identificado sólo con la clave Lobo.
La “estaca” del Lobo estaba integrada, entre otros, por Mario Enrique Gómez, El Chichimoco, y otros exKaibiles, entre ellos El Pinki y La Tristeza, y su zona de influencia abarcaba Río Bravo, Valle Hermoso y Progreso.
El Dando destacó que Los Zetas tenían armas largas, como R-15, y también cortas, calibre .9 milímetros.
Su labor consistía en acompañar siempre al Lobo en los recorridos que hacía de Río Bravo a Valle Hermoso para verificar que “no entrara nadie de la ‘contra’ a nuestro territorio, y revisar el funcionamiento de las tiendas”, es decir, los puntos de venta de cocaína y otras drogas.
Este grupo de Zetas y exKaibiles –según relató William Mendoza–fue el que tomó la plaza de Cancún y le declaró la guerra a la célula del cártel de Juárez, viejos conocidos en Quintana Roo y toda la península de Yucatán.
Proceso04/08/2008