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sábado, 18 de abril de 2009

La suerte está echada

Paco Ignacio Taibo II

El golpe militar contra el presidente Francisco I. Madero es el eje del nuevo libro de Paco Ignacio Taibo II, Temporada de zopilotes: una historia narrativa de la Decena Trágica, publicado por el sello Planeta, del cual ofrecemos a los lectores de La Jornada este adelanto, con autorización de la editorial

“Una oscura equivocación”

Sin que los protagonistas lo sepan, en esos momentos dos columnas de signo opuesto avanzan hacia el Zócalo. La del presidente que quiere ponerse al frente de la resistencia: Madero viene por Reforma, causando la sorpresa y la adhesión de los mirones; y la de los generales golpistas: Reyes, Díaz y Mondragón, que está entrando por la calle de Moneda.

Cuando le dijeron que Ruiz estaba detenido y que Lauro Villar estaba en Palacio, Reyes respondió: “Lauro es de los nuestros” y dio órdenes de avanzar. Rodolfo, su hijo, trató de retenerlo, Reyes se zafó. “La suerte está echada”, dicen que dijo, y puso su caballo al trote; “por imprudente y engreído”, diría Mondragón más tarde. Sólo una parte de la columna lo sigue, la artillería no se despliega. Rodolfo Reyes dirá en sus memorias que su padre “estaba como encantado”. Manuel Mondragón y Félix Díaz se quedan en el acceso al Zócalo con la inmensa mayoría de los alzados. ¿Cautela? ¿Subordinación al nuevo líder del alzamiento? ¿Dejar que otro saque las castañas del fuego que han encendido?

Aunque futuras crónicas dirán que Bernardo Reyes “lanzó una carga de caballería contra las palaciegas puertas”, las cosas no fueron así.

Reyes, espada en mano y a la cabeza de sus hombres, se acercó a la fila de tiradores que, de rodillas y pecho a tierra, formaban la primera línea de defensa. Nuevamente Villar salió al paso rebasando a sus hombres y dejando atrás la puerta de Palacio. “Avancé solo hasta mitad de la calle”. Los dos generales se encuentran como a treinta pasos. Tres veces Villar le da la orden de deponer las armas. Mientras argumenta acerca de la sabiduría y honradez del golpe, Reyes le intenta echar el caballo encima. Villar dirá que “cuando Reyes trata de envolverlo con el caballo” da la orden de fuego. Es un fusilamiento por ambos lados, los hombres se disparan a diez y veinte metros. Una de las ametralladoras, la manejada por Bassó, acierta de lleno en el general rebelde, que se desploma de la cabalgadura. La otra ametralladora se encasquilla. A Rodolfo Reyes los disparos le matan el caballo; retrocede arrastrándose hacia el quiosco que hay en el centro de la plaza y en medio de los árboles. Los alzados se desbandan. El tiroteo ha durado no más de diez minutos. Entre los leales muertos se encuentra un coronel y Villar ha quedado herido por un disparo que le entró por el cuello fracturándole la clavícula derecha. Los leales han sufrido 43 muertos y heridos. Ha quedado tendido en la plaza uno de los cuadros civiles de la insurrección, el doctor Samuel Espinosa de los Monteros, herido de ocho disparos, y cinco oficiales rebeldes, entre ellos un coronel. Las bajas de los alzados son difíciles de precisar; analizando el informe del Hospital Militar y viendo a qué batallón pertenecen los caídos, al menos tuvieron ochenta heridos y cerca de 35 muertos. Los caballos sin jinete corren sin rumbo por la plaza.

No serán los militares de ambos bandos las únicas víctimas. Casi todos los muertos sobre las calles y la plaza arbolada del Zócalo, en las cercanías del quiosco, son civiles que salían de misa en Catedral, o mirones que se habían acercado demasiado y que serían atrapados por el fuego cruzado. Stanley Ross da la cifra de quinientos muertos y cien heridos en el enfrentamiento. La mayoría de las fuentes ofrece cifras similares. La virulencia del enfrentamiento invita a la exageración, más tarde a algunos les interesará aumentar los números. Sin embargo la proporción es absurda, porque es imposible que en un enfrentamiento de este tipo hubiera más muertos que heridos. Aun así, la carnicería ha sido tremenda.

El escritor Alfonso Reyes, hijo de Bernardo, habría de poner en papel en Buenos Aires, en 1930, diecisiete años después de los acontecimientos, un escrito titulado “Oración del 9 de febrero”, que no sería publicado en vida y se daría a conocer póstumo en 1963.

Aunque el texto tiene frases muy afortunadas como “una oscura equivocación es la relojería moral de nuestro mundo”, está dominado por la retórica reaccionaria: “Con la desaparición de mi padre, muchos, entre amigos y adversarios, sintieron que desaparecía una de las pocas voluntades capaces, en aquel instante, de conjurar los destinos. Por las heridas de su cuerpo, parece que empezó a desangrarse para muchos años, toda la patria (…) Cuando la ametralladora acabó de vaciar su entraña, entre el montón de hombres y caballos a media plaza y frente a la puerta de Palacio, en una mañana de domingo, el mayor romántico mexicano había muerto”. Hace falta mucho amor filial para convertir a un general golpista en el mayor romántico mexicano.

Los generales Manuel Mondragón y Félix Díaz se achican. Tienen fuerzas sobradas, ametralladoras y artillería para fácilmente tomar Palacio, donde Villar y Gustavo Madero tras el encontronazo no tienen más de centenar y medio de hombres hábiles, pero se repliegan. En un primer momento no está claro hacia dónde, se habla de que alguien propuso la estación de tren para abandonar la ciudad, alguien más sugiere La Ciudadela –situada a un kilómetro de donde se encuentran–, hacia allá se dirigirán.

Villar aprovecha el respiro, no tiene fuerzas para ordenar la persecución. Cubriéndose la herida con un pañuelo entrega la defensa de Palacio al general José María de la Vega y sube a la azotea del edificio; ya han sido demasiadas emociones brutales en unas horas para el viejo general.

Aparentemente, el golpe ha fracasado

El resultado de la escabechina del Zócalo deja una secuela insólita; el diario de José Juan Tablada (antimaderista de pro, periodista, autor de obras satíricas contra el presidente) la registra: “Por las calles corren caballos sin jinete”. La columna que Madero encabeza los verá bajando la calle 16 de septiembre, desbocados y “en vertiginosa carrera”.

Cuando el grupo del presidente avanza por la avenida Juárez, a la altura del Teatro Nacional, desde el edificio de la Mutua, le disparan. Los francotiradores, probablemente un grupo de la escuela de aspirantes que retorna del Zócalo, casi tienen éxito en matar al presidente. Un gendarme que estaba al lado de Madero cae herido, entre otros; los cadetes responden el fuego. La tensión cruza a las guardias militares y civiles del presidente. Madero desciende del caballo y acepta la invitación de los solícitos propietarios de la casa Daguerre, sobre la avenida Juárez. Cuando cesa el tiroteo, el ministro Bonilla sale al balcón del estudio fotográfico y arenga a la multitud, que pide que el presidente salga también.

Se han seguido sumando al grupo civiles armados con pistolas, entre ellos Gustavo Madero, que viene de Palacio con noticias frescas. También desciende de un automóvil el general Victoriano Huerta vestido de civil, con un abrigo negro muy elegante y los lentes tintados; ha llegado en automóvil desde su casa en la colonia San Rafael, en los últimos minutos de la marcha. Juntos aparecerán en la ventana. El presidente Madero, sonriente, saluda a la multitud. Abajo, Mariano Duque, un agitador maderista, llama a ”acabar con la reacción”.

La columna vuelve a ponerse en marcha. Al pasar frente al Caballito un hombre le entrega al presidente una bandera nacional. Se van sumando más contingentes: grupos de la gendarmería montada, un grupo de bomberos armados, algunos ministros, los maderistas más duros. Toman por la avenida San Francisco hacia Palacio Nacional.

Al retirarse los alzados del Zócalo, un grupo de aspirantes, que se han subido a la torre de catedral y han actuado como francotiradores, quedan aislados. Se producen esporádicos tiroteos entre ellos y los soldados leales que se encuentran en las azoteas de la Secretaría de Hacienda.

Una avanzada de la columna de Madero, formada por una escuadra de cadetes del Colegio Militar, llega a Palacio y da noticia de que se aproxima el presidente. A Villar se le salen las lágrimas. Han sido sin duda muchas las emociones y las suertes.
(...)

Madero llega a Palacio, ha pasado una hora y media desde el tiroteo con Reyes. La línea de tiradores está en posición, los cadáveres llenan la plaza. El presidente verá tendido sobre la mesa de una oficina el cadáver de Bernardo Reyes. “Esto no debió suceder”, dirán que dijo, quizá recordando cuando Reyes estaba en la oposición blanda al porfiriato y Madero lo visitaba en Monterrey para hablar de literatura y de ocultismo.

Lauro Villar ensangrentado, cubriéndose el hombro con un pañuelo, recibe en la azotea al presidente. Tras escuchar las obligadas felicitaciones de Madero, “es usted muy hombre, general”, Villar acepta ir a curarse. Antes, un breve conciliábulo entre el ministro García Peña, Villar y el presidente, donde se decide transferirle el mando a Victoriano Huerta como jefe militar de la plaza. Ahí mismo le informan. “Mucho cuidado, Victoriano”, dirá el general Villar al entregarle el mando. Victoriano da su primera orden: que se baldeen los patios de Palacio Nacional para limpiarlos de sangre. La designación no causa júbilo entre los maderistas más duros: Huerta provoca muchas dudas.

En este mundo chiquito que es el México post-1910, todos se conocen. En uno de esos encuentros que desfiguran la supuesta precisión y moraleja de todas las historias, Victoriano Huerta, que vivía en Monterrey en aquellos años a la sombra del general Bernardo Reyes, se reunía en una cantina con Gustavo Madero, que dirigía una papelera, para tomar unas copas.

Y será Gustavo, entre otros, el que le diga al presidente que Huerta no le da confianza. Pero en esos momentos, la cosa no parece tan trascendente. Aparentemente, el golpe ha fracasado.

martes, 17 de marzo de 2009

Siempre hace falta un Pancho Villa: Paco Ignacio Taibo II

El escritor aseveró que un país necesita pasado detrás de sí. "Necesitas tener referentes, necesitas levantarte en las mañanas y sonreír viendo una foto que tienes ahí puesta en tu cuarto de Pancho Villa y de Zapata".

Notimex Publicado: 17/03/2009 14:44

París. Con la convicción de que siempre hace falta un Pancho Villa, el escritor hispano-mexicano Paco Ignacio Taibo II habló de su nuevo libro sobre la biografía del revolucionario cubano Tony Guiteras, en el marco del Salón del Libro, dedicado a México.

Taibo II, uno de los escritores mexicanos cuya obra ha sido más traducida al francés, no sabe la reacción que va a despertar en Francia Tony Guiteras y otros personajes guapos de la revolución cubana de 1933.

"Funcionó muy bien en México y en Cuba que fueron los únicos países en los que ha salido. Ahora saldrá en el resto de América Latina y ya hay ejemplares en manos de mis editores en Italia y en Francia", señaló en el Pabellón de México.

"Luego pasan cosas muy raras", reveló el escritor nacido en Asturias, pero naturalizado mexicano, "si te cuento la trayectoria de (la biografía de) Pancho Villa te sorprendería".

Aseveró que esta última fue inicialmente adquirida en toda América Latina para ediciones en Argentina, Colombia y Venezuela. Los siguientes en comprarlo "para mi sorpresa, después de Italia que era esperado", fueron Grecia y Turquía.

En tanto, en Estados Unidos apenas hace unos meses se cerró el contrato editorial.

Aunque Paco Ignacio Taibo II aseguró que ahora se encuentra de vacaciones para escribir biografías, recreó el momento de concebir la idea de hablar sobre Tony Guiteras.

“De repente dije, este personaje es maravilloso, ¨¿Cómo nunca nadie nunca lo ha contado? Entonces pensé me van a matar cuando llegue donde mi editor y le diga que voy a escribir sobre un desconocido. Pero que me mate, es el que quiero contar", expresó.

"Y sí me mataron, estuvieron a punto de lincharme. Me decían: ¨¿Estás loco? Y le dije: no, léanlo y díganme, si después de leerlo dicen que no, entonces creo que ustedes tienen razón. Lo leyeron y dijeron: sí, y dije: ah, bueno, entonces gané yo", añadió en su estilo bonachón.

Taibo II, también autor de una biografía del Che Guevara, recalcó sonriendo que "siempre hace falta un nuevo Pancho Villa.

"Está muy bien un periodo más blando de transformación", acotó. "Hoy por hoy el debate no se está dando en términos de transformación radical revolucionaria, se está dando en términos de supervivencia contra el proyecto neoliberal con proyectos alternativos democráticos más o menos de izquierda. Es la vuelta del péndulo", agregó.

Aseveró que un país necesita pasado detrás de sí. "Necesitas tener referentes, necesitas levantarte en las mañanas y sonreír viendo una foto que tienes ahí puesta en tu cuarto de Pancho Villa y de Zapata, o de Rubén Jaramillo o del Negro Yanga".

"Creo que necesitas un mundo de referencias, en términos de modelos, historia, pasado, heroicidad, pensar en como quién te quieres comportar", resaltó.

Sostuvo que es necesario este mundo de referencias histórico que en Europa es "débil, débil, débil", y que en México siempre ha sido muy fuerte: "los referentes históricos están ahí, el ciudadano normal y corriente los tiene".

"Hacer historia de México significa darle cuerpo, carne, materia viva a algo que ya está ahí, que es la relación de los ciudadanos con el pasado", concluyó.

jueves, 15 de enero de 2009

Basan nueva cinta del Che en libro de Paco Ignacio Taibo II

Ernesto Guevara, también conocido como el Che sirvió de apoyo para la realización de la película protagonizada por Benicio del Toro y Demián Bichir

Notimex El Universal Ciudad de México Jueves 15 de enero de 2009 12:43
El libro biográfico Ernesto Guevara, también conocido como el Che, del escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, sirvió de base para la realización de la película de Steven Soderbergh sobre el guerrillero que tendrá preestreno este viernes aquí.

En el filme Che, el argentino, protagonizado por el actor de origen puertorriqueño Benicio del Toro y el mexicano Demián Bichir, el director estadounidense narra la vida del médico, político y guerrillero que ha despertado grandes pasiones en favor y en contra.

La biografía hecha por el escritor mexicano fue central apoyo a esta producción de 2008 a tal grado que durante todo el rodaje la tuvieron siempre a la mano, alternando con varios documentos y hablando con familiares y amigos cercanos al guerrillero, según informó la casa editorial del volumen.

Pero a casi 42 años de su muerte, en Bolivia, este personaje de la historia mundial ha despertado también el interés por plasmar su vida e intereses en textos, de los cuales es un ejemplo el texto de Taibo II, del que ha aparecido una segunda edición, corregida y aumentada, publicada por Editorial Planeta, bajo el sello Booket.

La nueva versión contiene nuevas fotos y datos desconocidos hasta la fecha, que revelan las múltiples facetas de este personaje, en lo que es la biografía más completa del guerrillero argentino.

También sobre el personaje, Taibo II publicó otro libro, titulado El cuaderno verde del Che, el cual contiene una antología hecha por el propio argentino de los poemas que más le gustaban, como del chileno Pablo Neruda, el cubano Nicolás Guillén, el peruano César Vallejo y el español León Felipe.

Se trataba de textos que el propio Guevara copio en un cuaderno de ese color que guardaba en la mochila que portaba al momento de ser capturado en el país andino.

Otro volumen sobre el mítico personaje es Che para principiantes, en el que Mariano Rodríguez Herrera echa una mirada histórica y emotiva de las pobrezas de los pueblos de América Latina y de las ilusiones de los jóvenes por cambiar la vida social de sus países.