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domingo, 15 de agosto de 2010

Así fue el final de ‘Nacho’ Coronel

El cuerpo de “Nacho” Coronel sólo recibió un balazo

Domingo, 15 de Agosto de 2010


MÉXICO, DF.- Ignacio Coronel Villarreal no supo que ya iban por él hasta que tuvo al Ejército encima. Literalmente. El grupo de élite llegó por aire y se alineó en chorizo, como se refieren coloquialmente los militares a una formación en columna. Cuando reaccionó, Coronel reventó un ventanal y trató de huir por el jardín de su casa de seguridad, en la que llevaba al menos dos semanas recluido, temeroso de ser aprehendido. Sabía, sí, que el cerco en su contra se estrechaba; no lo esperaba tan pronto.

Irán Francisco Quiñones Gastélum, el único hombre que acompañaba al capo, y la fisioterapeuta que le proporcionaba un masaje minutos antes del operativo, salieron por delante entre los cristales rotos, pero fueron detenidos inmediatamente sobre el césped. "Nacho" Coronel giró sobre sus pasos y regresó a la casa. Corrió hacia unas escaleras que dan a un pasillo que, a la izquierda, conduce a la recámara principal; hacia la derecha está la sala. No llegó a ningún lado. En un recodo volteó e hizo cinco o seis disparos con un rifle de asalto M-16, calibre 5.56, con los que mató a un soldado e hirió a otro. Unos pasos más adelante se topó con una escopeta Mossberg calibre 12 milímetros. Bastó un solo tiro, a no más de cuatro metros de distancia, del militar que la portaba. Los perdigones entraron por su costado izquierdo, casi en la espalda. El disparo, a bocajarro, no se expandió. "Nacho" Coronel estaba muerto.

Las imágenes que obtuvo Proceso de un video rectifican las versiones que en el primer momento aseguraron que Coronel había recibido varios disparos.

El cuerpo tendido sobre las escaleras muestra claramente el único impacto que recibió. La sangre que apenas se aprecia bajo la barbilla sale de su boca; es una hemorragia. A la izquierda del cadáver, junto a una maceta, la escuadra favorita de "Nacho" Coronel; la cacha cubierta de diamantes, su marca personal. Por ningún lado se aprecia el fusil M-16 que habría empuñado; supuestamente fue recogido casi de inmediato por los militares.

El arma que mató a "Nacho" Coronel es utilizada por el Ejército para brechar, es decir, para volar las puertas por las que debe ingresar una columna militar. A cierta distancia, su poder expansivo permite abrir enormes boquetes en las chapas de madera. Por lo común, tras abrirse paso con este método, entramos en chorizo, cuatro o cinco hombres, uno detrás de otro; el primero despeja, mira que no haya nadie y entonces le siguen los demás. En esta ocasión no hubo necesidad porque entramos por aire.

La escopeta –también llamada chaquetera por su particular forma de cortar cartucho– puede soltar hasta nueve tiros. Ocho se quedaron en la recámara. El único disparo que efectuó lo recibió Coronel de lleno.

A diferencia del tratamiento que recibió el cadáver de Héctor Beltrán Leyva, ejecutado por marinos el 16 de diciembre del año pasado en Cuernavaca, Morelos, el Ejército cuidó al extremo la escena y evitó cualquier filtración de imágenes del cuerpo de "Nacho" Coronel.

Los restos de "El Rey del Cristal" recibieron un trato respetuoso. Los militares que participaron en el operativo no se ensañaron con "Nacho" Coronel; tampoco se sorprendieron mucho cuando vieron dónde estaban y a quién habían matado. Reinó el silencio. (APRO)

Aportaciones testimoniales y gráficas de alguien que formó parte del operativo permiten a Proceso reconstruir cómo fueron los últimos momentos de Ignacio ‘Nacho’ Coronel, uno de los líderes del cártel de Sinaloa, muerto en una acción del Ejército el jueves 29 de julio en una de sus casas en Zapopan, Jalisco. Como en otros casos excepcionales, respetamos el anonimato que solicitaron tanto el autor como su fuente de información

domingo, 8 de agosto de 2010

¿SACRIFICIO PACTADO, EL DE ‘NACHO’ CORONEL?

Todos, tras la plaza vacía

Reacomodos, alianzas y mucha más violencia se avizoran en varias entidades por la muerte de ‘Nacho’ Coronel, debido a la lucha que se desatará cuando los cárteles rivales –el de Sinaloa, el de Juárez u otro de las nueve que operan en México– intenten llenar los vacíos que dejó el capo

Domingo, 08 de Agosto de 2010


MÉXICO, DF.- El fin del capo Ignacio "Nacho" Coronel Villarreal, muerto a tiros el jueves 29 de julio en un enfrentamiento con el Ejército, puede alentar nuevas alianzas de los cárteles de Sinaloa y el Golfo, el bloque criminal más poderoso del país y cuyos negocios llegan a más de 50 países.

Según informes de la agencia antidrogas estadunidense (DEA) y de la Procuraduría General de la República (PGR), Coronel dominaba en México una decena de entidades; entre ellas Jalisco, Michoacán, Guerrero, Colima, Nayarit, Zacatecas, Sonora y Durango, donde sentó sus reales con la protección de corporaciones policiacas.

Ahora estos territorios pueden verse sacudidos por una mayor oleada de violencia y narcoterrorismo debido a que el cártel de Juárez –principal rival de los sinaloenses– querrá controlar esas plazas y ya demostró que tiene el poder para hacerlo, sostiene Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos, con sede en Tijuana, y profesor de la Universidad Estatal de Dan Diego.

Y añade: "Con la desaparición de Ignacio Coronel es posible que haya un reacomodo de fuerzas en el narcotráfico mexicano pues quedan muchos vacíos y territorios sueltos que el capo dominaba. Su muerte, sin embargo, no significa que el narco se debilite; por el contrario, se fortalece con alianzas y sólidas rearticulaciones".

BENEFICIO PRESIDENCIAL

Entrevistado vía telefónica, Clark Alfaro sostiene que la eliminación de Coronel beneficia al presidente Felipe Calderón por su necesidad de credibilidad y reposicionamiento ante tantos embates del narco que exhiben su debilidad frente al crimen organizado.

Según Clark Alfaro, Calderón se quita, en parte, la presión nacional e internacional por los señalamientos de la presunta protección que se le brinda al cártel de Sinaloa. Aunque no le creamos, afirma, el mensaje que nos manda el presidente es que el combate al narcotráfico es parejo y no desigual. Falta ver si ahora por fin detienen al Chapo Guzmán, el consentido del sexenio, como le han llamado en la prensa nacional.

–¿Por qué cree que se decidió exterminar a Ignacio Coronel y no a Ismael Zambada o a Juan José Esparragoza Moreno? –se le pregunta.

–El narcotráfico tiene muchos intereses; hay políticos y empresarios implicados. Seguramente ya no convenía mantenerlo y en ese negocio las reglas son claras: si ya no te necesito, te mato.

"Los verdaderos jefes del cártel de Sinaloa le tenían que entregar al presidente Calderón un trofeo para seguir manteniéndose impunes en su negocio, y ese trofeo fue ‘"Nacho"’ Coronel. Que no se nos olvide que Sinaloa es un cártel viejo, muy experimentado, con una visión empresarial muy amplia y con aliados en el poder. Antes de tomar una decisión, el escenario ya ha sido estudiado: por eso el cártel no se tambalea sino que fortalece su relación con el poder. Es un juego de ida y vuelta.

LAS ALIANZAS

De acuerdo con informes de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), de la DEA y de la PGR, Ignacio Coronel Villarreal fue una pieza clave en las alianzas que tejieron los cárteles del Golfo y de Sinaloa hace poco más de un año.

Coronel aparece en los informes estadunidenses como el personaje que más trabajó para consolidar la sociedad histórica –por la añeja rivalidad que los dividía nadie pensó que se lograra la unión– entre los cárteles representados por Joaquín Guzmán Loera, "El Chapo", y Eduardo Costilla, El Coss.

Desde mediados de 2009 la Sedena –que ya le seguía los pasos a Coronel– conocía los movimientos del capo en pos de consolidar la expansión del cártel de Sinaloa dentro y fuera de México. En un informe de inteligencia la Sedena puso en conocimiento de la Presidencia de la República lo que la DEA había confirmado seis meses antes: que la estrategia de combate al narcotráfico debía modificarse debido a la rearticulación y a las alianzas que los cárteles estaban realizando con un objetivo: sobrevivir y crecer en el negocio del tráfico de drogas.

Según la Sedena, Coronel e Ismael "El Mayo Zambada" operaron la incorporación de "La Familia" michoacana y del cártel del Milenio, que encabezan los hermanos Valencia, a la estructura de la corporación criminal llamada cártel de Sinaloa.

Sólo así este bloque de cárteles pudo enfrentarse a otro poderoso competidor: el de Juárez que, bajo el mando de Vicente Carrillo Fuentes, siembra violencia y terror en el norte del país, principalmente en Ciudad Juárez y en la Comarca Lagunera, otro de sus enclaves.

ASOCIACIONES DE CONVENIENCIA

De larga historia en el narcotráfico, los Carrillo Fuentes no se cruzaron de brazos. Urgido de aliados, el cártel de Juárez tuvo que cubrir sus vacíos y fortalecer sus frentes con la incorporación de las piezas útiles de la célula que encabezan los hermanos Beltrán Leyva representados por Héctor Beltrán. También se sumaron "Los Zetas" y Fernando Sánchez Arellano, "El Ingeniero" o "El Alineador", sobrino de Benjamín, Ramón (ya muerto), Eduardo, Francisco Javier y Enedina Arellano Félix, fundadores del cártel de Tijuana.

En el informe que la Sedena entregó a Felipe Calderón se incluye una frase que evidencia que las alianzas entre los cárteles que manejan el tráfico de drogas no son permanentes, pues se les denomina "asociaciones de conveniencia"; es decir, ligas temporales que responden a la emergencia que enfrenta el país debido a la guerra contra el narcotráfico.

Una fuente consultada en la PGR sostiene que tras establecerse la alianza entre los cárteles de Sinaloa y del Golfo los más agraviados fueron "Los Zetas", que tuvieron que desprenderse del grupo criminal que los vio nacer y emprendieron la búsqueda de Ignacio Coronel para asesinarlo.

Según Clark Alfaro –quien en el sexenio de Carlos Salinas facilitó a la PGR información para capturar a los hermanos Arellano Félix "y la PGR no cumplió", dice– al igual que en la política, el narcotráfico atraviesa una etapa de transición.

Aunque en los informes de inteligencia se dice que el cártel de Sinaloa sólo pactó con el Golfo, con los Valencia y con "La Familia Michoacana" Clark Alfaro afirma que Guzmán Loera "mantiene un acuerdo no escrito con el cártel de Tijuana. Aquí en Tijuana no vemos presencia de la gente del Golfo y sí mucha de ‘El Chapo’, sobre todo en Mexicali".

ROSTRO VIOLENTO

Para el profesor universitario y defensor de los derechos humanos, la prueba de que los hombres del cártel de Tijuana trabajan con "El Chapo" es que después de la aprehensión de Teodoro García Simental, "El Teo", el pasado 11 de enero –narcotraficante al que se relacionó con los sinaloenses– en Tijuana se acabaron las ejecuciones espectaculares. Desde entonces, dice Clark, no vemos degollados, personas colgadas o descuartizadas, pero la violencia sigue aumentando.

De acuerdo con cifras del Centro Binacional de Derechos Humanos, 2008 fue el año más violento en Tijuana: fueron asesinadas 844 personas y la guerra entre los cárteles de Sinaloa y de Juárez se agudizó por el control de esa zona fronteriza tras el debilitamiento de los Arellano Félix.

En lo que va de 2010, según Víctor Clark, han muerto 480 personas por las disputas territoriales y el control del narcomenudeo. De seguir esta escalada violenta, pronostica Clark, "podemos cerrar el año con 800 ejecutados sólo en Tijuana".

A pesar de la guerra contra el narcotráfico, la mayoría de los cárteles de la droga siguen sólidos. Algunos han sido debilitados, pero mantienen presencia en sus regiones, como es el caso de los hermanos Amezcua Contreras, que operan el tráfico de drogas sintéticas en Colima –su principal asiento– Jalisco y El Bajío. El cártel de Tijuana, por su parte, perdió un importante feudo, Mexicali, pero mantiene fuerte control en Tijuana y sus tentáculos llegan a Michoacán, Guerrero, el Estado de México y el Distrito Federal, según datos confirmados en la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal.

En un informe de la PGR sobre las organizaciones delictivas, en el que se ilustra con mapas la geografía del narco en México, el gobierno federal reconoce en los cárteles un rival poderoso y sagaz que velozmente se asocia para mantener incólumes sus negocios.

Ilustrado con las fotografías de los capos legendarios –los llamados "hombres de la vieja guardia"– y sus actuales relevos, el informe establece: "Enfrentamos una delincuencia altamente sofisticada, con capacidad de acción y de reacción, que en fechas recientes ha mostrado su rostro más violento poniendo en riesgo la paz y la tranquilidad del país".

NUEVE GRUPOS

"La violencia desatada por la recomposición de los grupos delictivos es un fenómeno que ha sido continuo desde los ochenta, que se asocia al combate del gobierno mexicano en contra del narcotráfico. Dicha recomposición genera no sólo movilidad dentro del grupo delictivo, sino también alianzas y disputas por los mercados, lo cual se traduce en violencia".

En 2001, cuando el PAN llegó a la Presidencia, se aliaron los hermanos Arellano Félix y Osiel Cárdenas Guillén (éste, cabeza del cártel del Golfo, fue extraditado en 2007 a Estados Unidos) para fortalecerse y ampliar su área de influencia. Según el documento, en el bando opuesto se unieron dos familias y un capo: los Carrillo Fuentes, los Valencia Valencia y Joaquín Guzmán Loera, "El Chapo".

Muertes y detenciones modificaron el mapa criminal, establece el informe de inteligencia, pues en 2004, cuando fue asesinado Rodolfo Carrillo se rompió la sociedad Carrillo Fuentes-Guzmán Loera.

De entonces a la fecha los grupos criminales se han multiplicado. Según el documento, actualmente en México operan nueve cárteles: los del Golfo, Sinaloa, Juárez y Tijuana, "La Familia michoacana", "Los Zetas", los Beltrán Leyva, los Amezcua Contreras y la organización Díaz Parada.

El primer grupo criminal –que en su historia ha tenido cuatro jefes: Juan N. Guerra, Juan García Ábrego, Osiel Cárdenas y Eduardo Costilla, su actual líder– tiene su ámbito de operación en el norte y el noreste aunque en los últimos cinco años ha llevado su actuación al centro y sur del país. Su bastión es Tamaulipas, pero sus tentáculos llegan a todos los estados del Golfo de México.

LA REVELACIÓN

El cártel de Sinaloa tiene presencia en 20 estados. Los más fuertes son su base –Sinaloa– y Sonora, Michoacán, Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Colima, Jalisco, Nayarit, entre otros.

El cártel de Juárez, de larga historia, opera desde Chihuahua y controla Durango, Zacatecas, parte de Sonora, Baja California Norte, Coahuila y la región lagunera. Los Arellano mantienen el control en Tijuana y, en la alianza con el cártel de Juárez, "Los Zetas" y los hermanos Beltrán ahora actúan en cinco entidades más: Guerrero, Michoacán, Jalisco, Colima y Guanajuato.

La Familia michoacana ha sido la revelación del último lustro: surgió en 2005 como una escisión del cártel del Golfo. Ahora su presencia se ha extendido hacia Guerrero, el Estado de México, Jalisco, Hidalgo y Puebla. "Los Zetas", que rompieron relaciones con el cártel del Golfo, tienen enclaves en Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

Los hermanos Beltrán Leyva, pese a su resquebrajamiento con la detención de Alfredo y la muerte de Arturo, mantiene su fuerza en Sonora, Guerrero, Jalisco y Morelos. También debilitados, los hermanos Amezcua siguen afincados, a través de sus operadores, en Colima y Jalisco. Y en el caso de la familia Díaz Parada, el informe gubernamental establece que pese a la captura de Pedro Díaz, el jefe mayor, el grupo criminal no ha desaparecido:

"Mantiene su centro de operaciones en Oaxaca. Este grupo criminal se distingue por la fortaleza de su mercado, ya que está orientado a la producción y comercialización de mariguana y drogas sintéticas, por lo cual sus áreas de influencia no son representativas de su capacidad de mercado". (APRO)

Por Ricardo Ravelo

viernes, 30 de julio de 2010

Abaten en Jalisco al capo Nacho Coronel

La narcoguerra

Se resistió a ser capturado y cayó muerto al enfrentarse a militares

Detienen en el operativo a Francisco Quiñones, su hombre de confianza

Es el golpe más fuerte contra el cártel de Sinaloa desde el foxismo


Gustavo Castillo García y Mauricio Ferrer
Reportero y corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 30 de julio de 2010, p. 2

Ignacio Nacho Coronel Villarreal, uno de los cuatro líderes del cártel de Sinaloa (considerada la organización más poderosa del narcotráfico en el país) y uno de los hombres más buscados por autoridades de México y Estados Unidos, fue abatido a tiros por efectivos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) durante un “operativo de precisión” en el municipio de Zapopan, Jalisco, al enfrentarse con los soldados tras resistirse a ser capturado.

El general Édgar Luis Villegas, subjefe operativo del Estado Mayor de la Sedena, informó en conferencia de prensa que durante la operación “Nacho Coronel intentó evadir la acción agrediendo al personal militar con arma de fuego, causando la muerte de un militar e hiriendo a otro, por lo que al repeler la agresión falleció el capo”.

En el operativo militar sólo fue detenido Irán Francisco Quiñones Gastélum, el hombre de más confianza de Coronel Villarreal. Las acciones tuvieron lugar en el fraccionamiento Colinas de San Javier, ubicado en una de las zonas más exclusivas de la zona conurbada de Guadalajara y considerada área de refugio de algunos de los principales operadores del cártel de Sinaloa.

El operativo que concluyó con la muerte de Nacho Coronel constituye el golpe más fuerte que el gobierno federal ha propinado al liderazgo del cártel de Sinaloa desde el mandato de Vicente Fox Quesada.

La organización de tráfico de drogas a la que pertenecía Coronel Villarreal tiene presencia en 25 estados de la República y disputa los territorios en las zonas donde opera contra grupos como el de los Beltrán Leyva (sus antiguos socios) y Los Zetas.

Nacho Coronel era uno de los delincuentes por los que la agencia antidrogas y la Oficina Federal de Investigaciones estadunidenses (DEA y FBI, por sus siglas en inglés, respectivamente) ofrecían 5 millones de dólares a quien proporcionara información que llevara a su captura.

En México, la Procuraduría General de la República (PGR) ofrecía una recompensa de hasta 30 millones de pesos.

Coronel Villarreal también era conocido como El rey del hielo (King of ice), ya que era uno de los principales productores de drogas sintéticas que transportaba de México hacia Estados Unidos, y se apoderó de los espacios que controlaba el cártel de los hermanos Amezcua Contreras en ambas naciones.

Nacido en Canelas, Durango, el 1º de febrero de 1954, Nacho Coronel se inició en el negocio de las drogas con el cártel de Juárez, bajo la protección de Amado Carrillo Fuentes, El señor de los cielos; ahí trabajó al lado de personas con quienes se asoció a finales de 1997 para formar lo que las autoridades llaman hoy el cártel del Pacífico.

En su paso por el cártel de Juárez, Nacho Coronel se vinculó con Ismael El Mayo Zambada García y con Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, con quienes se mantuvo dentro de la organización en la que el sucesor de Amado Carrillo fue su hermano Vicente, El Viceroy.

La ruptura

A partir de 2001 comenzó una separación de capos en el cártel de Juárez: Joaquín El Chapo Guzmán Loera se fugó del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, y cuando se reincorporó al cártel de Sinaloa fue protegido por El Mayo Zambada, Nacho Coronel y El Azul.

Entonces el panorama del narcotráfico en México se modificó; surgió la organización conocida primero como La Federación, aunque seguía siendo el cártel de Sinaloa.

Hasta este jueves, el cártel de Sinaloa o del Pacífico tenía cuatro líderes, aunque oficialmente, desde el gobierno del presidente Vicente Fox, las autoridades han mencionado que el jefe de jefes de esa organización es El Chapo Guzmán.

Ayer, aproximadamente a las 10 de la mañana, centenares de soldados a bordo de unos cinco vehículos, con los rostros cubiertos con pasamontañas y portando armas largas, comenzaron el cateo de seis casas en el perímetro que forman la avenida Paseo de los Parques, en su cruce con la avenida Acueducto, hasta el poniente con la avenida Patria, y hacia el oriente con Pablo Neruda, en el municipio de Zapopan, en el área metropolitana de Guadalajara.
En ese radio de acción, el Ejército cortó el suministro de energía eléctrica y utilizó dos helicópteros que peinaron la zona.

En la primera finca cateada, ubicada en Paseo de los Parques y Acueducto, los residentes relataron que se escucharon disparos y varias detonaciones parecidas a las de las granadas.

Los soldados se desplegaron por grupos en toda el área hasta catear las seis casas. La última, ubicada sobre Paseo del Acantilado y Paseo de los Parques, alrededor de las 17 horas.

El operativo coincidió con la visita que este jueves hizo a Jalisco el presidente Felipe Calderón Hinojosa para la entrega de la medalla al Mérito Industrial 2010 y la inauguración del estadio Omnilife, el nuevo hogar del equipo de futbol Guadalajara.

Aproximadamente a las 20 horas, el general Édgar Luis Villegas detalló que “Nacho Coronel se refugiaba en dos residencias empleadas como casas de seguridad en la colonia Colinas de San Javier, empleando como procedimiento el de acompañarse sólo de Quiñones Gastélum para mantener su bajo perfil y no llamar la atención”.

De acuerdo con la información proporcionada por el militar, Nacho Coronel dirigía “las actividades delictivas para su organización en el occidente de la República, que comprende los estados de Jalisco, Colima, Nayarit y parte de Michoacán, controlando el tráfico de cocaína a través de la denominada ruta del Pacífico”.

El 11 de mayo de este año, cuando en Querétaro un grupo armado plagió al abogado Diego Fernández de Cevallos, en círculos policiacos surgieron versiones acerca de que Nacho Coronel había sido detenido, al igual que la esposa de El Chapo Guzmán, Griselda López Pérez, y que el secuestro del político panista era una medida para obligar a las autoridades a liberar al capo y a la mujer.

La PGR informó que López Pérez sólo había sido llevada a declarar dentro de una investigación por lavado de dinero, y puesta en libertad horas más tarde. La dependencia sostuvo que no tenía información sobre Coronel Villarreal. Fernández de Cevallos aún no ha sido liberado.

En marzo de 2009 comenzó la cacería de los parientes de Nacho Coronel. Los primeros detenidos fueron sus sobrinos Ernesto Coronel Peña, José Jaime Coronel Herrera, Juan Ernesto Coronel Herrera y Raymundo Larios Vizcarra o Raymundo Lares Vizcarra, a quienes la PGR consignó por delincuencia organizada, delitos contra la salud y violación a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos.

En abril pasado, Alejandro Coronel, hijo del capo, fue ejecutado supuestamente por un grupo de sicarios al servicio de Los Zetas, cártel que se unió al grupo de los Beltrán Leyva y que desde finales de 2009 comenzó a disputar el control de la zona de Nayarit, Colima y Jalisco al cártel de Sinaloa.

De ahí derivaron varias matanzas ocurridas en esos estados, que hasta hace unos meses eran considerados entre los de menor nivel de delincuencia en el país y que ahora reportan 413 ejecutados este año.

De acuerdo con fuentes oficiales, la muerte de Nacho Coronel provocará que se incremente la violencia en la zona que él controlaba, y crece la posibilidad de que los Beltrán Leyva –hasta 2008 socios del cártel de Sinaloa– disputen, en coordinación con Los Zetas, el control del Pacífico.

Los Beltrán Leyva se sintieron traicionados por los líderes de Sinaloa, entre ellos Coronel Villarreal, porque supuestamente entregaron a las autoridades a Alfredo El Mochomo Beltrán Leyva; hecho que desató una guerra entre los grupos que habían sido socios desde 2001.

jueves, 29 de julio de 2010

Muere abatido 'Nacho' Coronel

El líder del cártel de Sinaloa murió en medio de un enfrentamiento con elementos del Ejército tras un operativo en un fraccionamiento residencial de Zapopan

Jueves 29 de julio de 2010

El narcotraficante Ignacio "Nacho" Coronel, uno de los líderes del cártel de Sinaloa, fue abatido esta tarde luego de un operativo que realizó el Ejército en un fraccionamiento de Zapopan.

Unos 150 elementos castrenses, apoyados por dos helicópteros, realizaron cateos en por lo menos seis fincas del fraccionamiento Colinas de San Javier, al poniente de este municipio.

Las primeras versiones indicaban que el operativo iba desde un inicio dirigido a capturar al capo del cártel de Sinaloa, quien es uno de los principales socios de Joaquín "El Chapo" Guzmán.

Fuentes de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) han confirmado que el "Cachas de Diamante" y al menos unos diez de sus hombres que conformaban su escolta personal, fueron sitiados por militares de élite que pudieron penetrar hasta la zona donde se encontraban.

Coronel era considerado un capo en ascenso que estaba en condiciones de formar su propio cártel dado que era responsable de gran parte del tráfico de metanfetaminas hacia Estados Unidos.

Las autoridades mexicanas ofrecían hasta 2.3 millones de dólares de recompensa a quien diera información que condujera a su captura.

Efectivos apostados en por lo menos cinco calles de está zona residencial restringieron el paso de vehículos y personas mientras los militares se desplegaban por el fraccionamiento.

Habitantes de la zona advirtieron que durante la refriega se escucharon disparos y detonaciones de artefactos explosivos, parecidos a granadas.

Esta incursión militar se llevó a cabo casi al tiempo en que el presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, realizaba una gira de trabajo en este municipio conurbado de Guadalajara.

Se tiene previsto que a las 19:30 horas la Secretaría de la Defensa Nacional ofrezca detalles de este operativo en una conferencia de prensa.

Con información de Ulises Zamarroni, corresponsal en Jalisco

viernes, 21 de mayo de 2010

Un general y un Coronel

Miguel Ángel Granados Chapa

¿Podría resultar que en menos de una semana haya otro desaparecido conspicuo? Se trataría de Ignacio Coronel Villarreal, tratado confianzudamente en algunos medios con su hipocorístico: Nacho. El viernes pasado se difundió la noticia de su probable captura, en una operación militar y policiaca que habría ocurrido en Juanacatlán, Jalisco. La información habría sido originada en una filtración de oficiales de la Marina. Pero adquirió corporeidad cuando el secretario de Gobierno de esa entidad, Fernando Guzmán Pérez Peláez, fue interrogado al respecto. Ese mismo viernes y el sábado por la mañana confirmó el hecho, con menos contundencia en su segunda referencia, en que quiso aclarar lo dicho en la víspera sin desmentirlo: "Lo que se dijo es que había unos operativos y había la posibilidad de esa detención, y estamos a la espera de la información oficial al respecto", que debía provenir de autoridades federales. Pero insistió: "Hubo operaciones importantes, hubo acciones y hay detenidos".

Pero ocurre que el número dos del gobierno jalisciense estaba mal informado o fue infidente respecto de hechos a los que no debió referirse. No hubo operaciones, no hubo acciones y no hubo detenidos, si hemos de creer a las Secretarías de la Defensa Nacional y de Marina que, cinco días después de esparcida inicialmente la versión, salieron a decir que no es verdad. Negaron haber participado en ninguna operación y aseguraron no tener conocimiento sobre dicha captura.

O sea que según las autoridades militares Coronel no fue detenido. Pero si otorgamos crédito a Guzmán Pérez Peláez y a los medios que dieron por cierta esa captura, algo pasó con el lugarteniente de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, que quizá cayó en el limbo en que viven los detenidos-desaparecidos. O quizá fue liberado poco después de su aprehensión y para evitar explicaciones sobre ese acto ahora se niega su captura.

Si Coronel fue detenido y no está en manos de autoridades federales, esos hechos alimentan la especie que a partir del lunes giraba en los círculos que tienen la atención puesta en la suerte de Fernández de Cevallos: el número dos, el gran operador del Cártel de Sinaloa o del Pacífico, gente de confianza y aun pariente del número uno, El Chapo, sí habría sido detenido, por ello se habría practicado el secuestro del panista prominente y se habría producido un canje. En esa perspectiva, la aparición de Fernández de Cevallos sería inminente.

Pero no siendo cierto, como dicen los voceros de los ministerios militares, el asunto se reduciría a una "volada" de cierta prensa local tapatía, que trascendió a algunos programas informativos del Distrito Federal el lunes y a un desliz del secretario de Gobierno de Emilio González Márquez. Y ya. Que ese pecado periodístico hubiera coincidido con la desaparición de Fernández de Cevallos no habría sido más que una casualidad.

El martes pasado, en un orden de hechos aparentemente desvinculado, un general del Ejército, retirado, fue víctima de un asalto en la colonia Roma y herido de gravedad por el atracador. De suyo parecía un suceso extraño. El agredido, el general Mario Arturo Acosta Chaparro, es un hombre de elevada estatura y a sus 68 años de edad -los cumplió el 19 de enero pasado- se mantiene en forma. Aun sin uniforme tiene el porte militar que, junto con su complexión, hubiera disuadido a un asaltante cualquiera de escogerlo como víctima. Por añadidura, el militar, que salía de un edificio en la calle Sinaloa, era esperado en su automóvil Mercedes Benz blanco por su chofer, Rodolfo Chumacera Galindo. El general fue llevado para su atención al Hospital Central Militar, donde se encontraba el jueves en terapia intensiva.

Unas líneas en la primera plana de Reforma sitúan, sin embargo, a Acosta Chaparro en un escenario probablemente distinto al de un asalto callejero vulgar y corriente. "Allegados al militar confirmaron que el polémico general fue contactado el lunes por la familia de Fernández de Cevallos para involucrarse en el caso". Al balearlo, ¿se habrá tratado de amenazarlo para que no lo hiciera, y aun para de plano impedirlo? Puede que el mero azar haya reunido la oferta profesional y el atraco. Pero puede que no.

Aunque sólo ocupó cargos de director en la Sedena y la comandancia de batallones en sus 45 años de servicios, Acosta Chaparro ha sido uno de los más visibles mandos militares, como especialista que fue en contrainsurgencia, materia sobre la que escribió un manual. Fue enviado en 1974 a la Vigesimoséptima Zona Militar, en Guerrero, para servir en la Guerra Sucia -por supuesto sus órdenes formales jamás lo expresaron así- con la que el gobierno combatió a la insurgencia guerrillera. Su actuación fue conocida desde entonces como especialmente cruel, lo que le valió ser procesado muchos años después. En junio de 2006 un juez militar lo absolvió de la desaparición de 22 campesinos a los que habría arrojado al mar desde un avión. Permaneció en prisión, sin embargo, porque al mismo tiempo los tribunales castrenses lo enjuiciaban por su vinculación con el narcotráfico, lance del que también resultó exonerado.

En el entretanto, con licencia del Ejército había sido jefe de policía en Guerrero con gobernadores de mano dura: el primer Rubén Figueroa, y en Veracruz, con Agustín Acosta Lagunas. Volvió un tiempo al servicio activo en 1994 ante la insurrección zapatista. Asesoró después al segundo Rubén Figueroa, como ahora con funcionarios del gobierno federal en temas de seguridad.



Cajón de Sastre

Pocos panistas hubo como lo fue Jorge Eugenio Ortiz Gallegos, muerto anteayer a los 85 años de edad, y que durante más de medio siglo militó en el PAN, que ayer lo recordó sin reparar en las diferencias que lo llevaron a renunciar en 1992 a una pertenencia que era intensa pero de menor relevancia que los principios. Ante el salinismo panista, fue parte del Foro Democrático y Doctrinario, una corriente interna que censuró esa actitud y terminó por dejar el PAN. Nacido en Morelia en 1925, esparció la fe panista por varios estados, donde también ganó su vida como ejecutivo y propietario de negocios. Era, al mismo tiempo, un espíritu sensible, un hombre de letras. Fue candidato al gobierno de Michoacán en 1962, tiempo en que ser postulado demandaba condiciones apostólicas. Asimismo fue miembro de la Cámara de Diputados, en 1985.

Reforma
21/05/2010

lunes, 20 de abril de 2009

El capo mayor

Raymundo Rivapalacio


Ignacio Coronel se encuentra fuera del imaginario colectivo
Tan inesperado como contundente, el arzobispo de Durango, Héctor González Martínez, declaró a periodistas que Joaquín “El Chapo” Guzmán, vive en el municipio de Guanaseví, en el noroeste de ese estado. “Todos lo sabemos, menos la autoridad”, subrayó. Fue una frase tan espectacular como extraña. Primero, no acompañó su dicho con una denuncia o con datos más específicos, que permitieran a la PGR abrir una investigación. Segundo, que de acuerdo con informes de inteligencia de Estados Unidos, no es “El Chapo” Guzmán quien vive en Durango, sino Ignacio Coronel, quien se encuentra totalmente fuera del imaginario colectivo en la guerra contra el narcotráfico.
Elusivo y discreto, Coronel es considerado por muchos en las áreas de seguridad, como el principal jefe del narcotráfico en México. Inició sus actividades criminales a mediados de los 80’s transportando cocaína colombiana en Jalisco y Zacatecas, subiendo en el escalafón jerárquico del narcotráfico. A fines de 2002 se convirtió en el operador financiero del Cártel de Sinaloa y el hombre que consolidó las importaciones de los precursores químicos desde el extranjero que se convirtieron en lucrativas drogas sintéticas para el mercado estadounidense.
No fueron Guzmán ni Zambada los encargados de importar los precursores de las metanfetaminas, sino Coronel, quien de acuerdo con un informe de inteligencia estadounidense, encontró proveedores en China –Ye Gon era uno de los intermediarios-, y abrió la ruta de importación desde la India, a través de vías alternas de contrabando que pasan por Suráfrica, Costa de Marfil, Alemania, Hungría, Polonia, Chile y Argentina, para enviarlos por mar, desde Hong Kong hasta Manzanillo, y por avión, desde Alemania y Argentina, a través del aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Es cierto, el negocio le pertenecía al Cártel de Sinaloa, pero el cerebro detrás de todo era Coronel.
Según el informe de inteligencia, los embarques y contenedores en los que llegan los precursores siempre vienen con pedimentos falsos, que ingresan a México con el apoyo de funcionarios que se encuentran en su nómina, principalmente en las áreas de Aduanas y las policías federales.
La disrupción de rutas y territorios para el transporte de la droga ha detonado la violencia galopante en la guerra contra la misma, y por el peso de Coronel en el Cártel de Sinaloa, las autoridades lo consideran una de las figuras más peligrosas del narcotráfico en México. Su centro de operaciones, según la inteligencia de Estados Unidos, se extiende por la costa del Pacífico desde Michoacán, hasta Nayarit, Sinaloa, Sonora y Chihuahua, que es la ruta de las metanfetaminas. Desde 2003, señala el mismo informe, movió su eje de operación de Guadalajara a Morelia, Michoacán, en coincidencia con la fractura que se fue dando con “La Familia”, el grupo que armó el Cártel del Golfo en Michoacán para enfrentar la embestida del Cártel de Sinaloa. Pero en 2008, añade, se empezó a ver a su equipo de seguridad personal en la parte sur de Durango.
Coincidencia o no, desde que se movió a esa zona se incrementó la violencia. En el corredor de Gómez Palacio (Durango)/Torreón (Coahuila)-Ciudad Juárez, se han dado más del 70% de las ejecuciones del narcotráfico en el último año, en la lucha por un territorio en disputa entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Juárez, que se dividieron desde enero del año pasado cuando se fracturó la llamada Federación, y la familia Carrillo Fuentes y los hermanos Beltrán Leyva terminaron peleando contra sus aliados. Un dato en el informe fortalece la hipótesis de su autoría en la violencia en esa zona: el responsable de operaciones militares del Cártel de Sinaloa en Juárez, Manuel Alejandro Aponte Gómez, “El Bravo”, quien era el jefe de seguridad de “El Chapo” Guzmán, trabaja para Coronel desde enero de 2008.
Los estadounidenses buscan afanosamente detener a Coronel, quien les ha penetrado fuertemente en Estados Unidos. Controla la distribución de metanfetaminas en ciudades tan disímbolas como Houston, Texas, y Mobile, Alabama, Nashville, Tennessee y Oklahoma, o en Orlando y Tampa como en Pueblo, Colorado, y Richmond y Shenandoah en Virginia.
Tenía súper laboratorios para metanfetaminas en Texas, Oklahoma y Kansas, pero los movió a México para mantener el control de venta y precios, remplazando a pequeños jefes de droga en todo el Medio Oeste y el sur de Estados Unidos.
La eventual detención de Coronel golpearía una vasta red de complicidades dentro del Gobierno, a familiares de cuando menos un gobernador panista, a ex funcionarios de la PGR, y un general de tres estrellas. Pero también, su arresto afectaría la columna vertebral del Cártel de Sinaloa.
Al declarar el arzobispo que Guzmán vive en Durango, paradójicamente, pone en alerta a Coronel, quien empacará y se irá antes de que los federales lleguen por él. Es al único, irónicamente, al que le ha hecho un favor este buen hombre de la Iglesia.