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martes, 24 de marzo de 2009

Intelectuales y narcotráfico

Javier Flores
Cada día me sorprenden más nuestros intelectuales. Cuando se trata de examinar con seriedad la violencia que priva en México, la guerra declarada por el gobierno contra el narcotráfico, las múltiples ejecuciones producto del enfrentamiento entre bandas criminales y las muertes de soldados, policías y de la población civil, se realizan análisis minuciosos de algunos de los factores involucrados en este fenómeno, pero se eluden deliberadamente algunas de las preguntas principales. Por ejemplo: ¿por qué se inició esta guerra?

Insisto, no es que crea que no se les ocurre esta pregunta, pues sería algo increíble, sino que se evade intencionalmente para no exponer al licenciado Felipe Calderón, a quien con omisiones como ésta, sirven cínicamente. Hace algunas semanas vi a algunos de ellos en la televisión. Al parecer se trata de un mal contagioso en ese medio. Algunos intelectuales se han vuelto indistinguibles de los conductores de los noticieros que manipulan la información. Hay temas de los que hay que hablar y otros de los que mejor no.

Algunos de nuestros intelectuales aceptan que la violencia que hoy padecemos como resultado de la guerra contra el narcotráfico es algo que hace algunos años no existía. Es algo novedoso. Nos sorprendíamos de lo que ocurría en naciones como Colombia o en otras latitudes. Ahora se inclinan hacia atrás en sus sillones y ponen cara de asco ante la multitud de cabezas rodando por las calles, como en la guerra civil en Liberia. Pero ante la multitud de muertos, hay una pregunta que sigue viva: ¿cómo llegamos hasta aquí?

Es una pregunta relevante. No es que el narcotráfico se hubiera instalado de la noche a la mañana en México. Quiere decir que ya estaba operando desde años atrás, sin granadas de fragmentación o cabezas rodantes, y de pronto alguien decidió mover el avispero y declararles la guerra. ¿Por qué? Y hay otra interrogante: ¿cuál es la razón por la que algunos intelectuales se empeñan en eludir este tema?

Yo voy a formular una hipótesis, o mejor dicho, otras preguntas útiles para construir una hipótesis. Felipe Calderón ganó las elecciones por un margen muy estrecho, de acuerdo con la postura de los intelectuales a los que me refiero. Desde otras visiones, por el contrario, se sostiene que Calderón llegó a la presidencia por medio de un fraude. Entonces el contexto del que resulta la guerra contra el narcotráfico es el de una crisis de legitimidad.

¿Por qué un gobierno que llega al poder en estas condiciones decide declarar una guerra contra el narcotráfico? ¿Por qué entre sus primeras decisiones se encuentra la de sacar al Ejército a las calles? ¿Por qué otros gobiernos con una legitimidad incuestionable no hicieron lo mismo? Son preguntas que nuestros intelectuales no se atreven a formular… Mejor no hay que hablar de eso.
Quiero hacer aquí un paréntesis. Hay datos que muestran la escasa utilidad de esta política. Por ejemplo, el número de muertes en los dos años pasados, producto de este combate al narcotráfico, es superior al número de decesos atribuibles directamente al consumo de drogas ilícitas en el mismo periodo. Las cifras ya las he dado en este mismo lugar. Resulta más caro el remedio que la enfermedad. También, algunas voces autorizadas, tanto en el medio científico como en otros espacios intelectuales y políticos, han señalado que, pese a su complejidad, la vía más efectiva para resolver este problema es la legalización del consumo de drogas. Un intelectual de primera línea, como Carlos Fuentes, y un ex presidente, como Ernesto Zedillo, lo han dicho recientemente con toda claridad. Pero de esto mejor ni hablar.

Hay algo más. Señoras y señores, niñas y niños: estamos a punto de presenciar un espectáculo de primer orden. Ni el luz y sonido de las pirámides de Teotihuacan lo podrá opacar. Un grupo de intelectuales realizará el salto de la muerte: abandonarán el barco panista para sumarse a las filas del Revolucionario Institucional, el cual, como todo el mundo sabe, amenaza con regresar… No se lo pierdan.

lunes, 12 de enero de 2009

A Calderón no le preocupan los derechos humanos: Soberanes

Víctor Ballinas

El ombudsman nacional, José Luis Soberanes Fernández, afirma a La Jornada que al gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa “no le preocupa el tema de los derechos humanos. No son su prioridad”.

Abunda: los problemas políticos y los cuestionamientos “impidieron que el Ejecutivo pudiera entrar con el empuje que normalmente llegan los gobernantes de este país. Ello motivó que no hubiera un planteamiento presidencial para avanzar en el rubro”.

Aunado a ello, continúa, “desde el comienzo del gobierno Calderón se ha visto enfrascado en los temas de seguridad pública y lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Está metido en otros problemas y no le preocupa el de los derechos humanos”.

Soberanes Fernández, con casi una década como titular de la CNDH –es el primero que concluye el periodo de cinco años y logra una relección, que terminará en noviembre próximo–, apunta en entrevista: “mi aprendizaje en estos años ha sido ser tolerante. Muchas veces eso nos falla como seres humanos, al no saber reconocer en el otro valores innatos, al menospreciar o al injuriar al que es diferente. Me llevo ese aprendizaje”.

El deseo de portarse bien...

–Le tocó estar al frente de la comisión con tres presidentes. ¿Cómo evalúa esas gestiones?

–Con Ernesto Zedillo me tocó sólo un año y era el electoral, en el cual siempre hay el deseo de portarse bien, de dar buena cara. La CNDH no tenía el impacto que consiguió después, porque era una dependencia de la Secretaría de Gobernación muy acotada y eso hacía que no tuviera mucha credibilidad.

“En el gobierno de Vicente Fox parecía al comienzo que las garantías básicas iban a ser prioridad, pero la realidad se encargó de desmentirlo. Todos sabemos que los colaboradores del Presidente eran muy pequeñitos, no estaban a la altura de los retos que el país enfrentaba en ese momento. Por tanto, el cambio que requería la nación, que implicaba un avance de los derechos humanos, no se dio.

“Al principio –del gobierno foxista– muy bien, la luna de miel, pero después le importó poco el tema. Luego vino el desorden en el gabinete, la desilusión generalizada de la población sobre Fox, lo que llevó a un deterioro de la vida política del país, y acabó mal el sexenio.

“El inicio de la administración de Calderón estuvo marcado por problemas políticos y cuestionamientos, y no hizo un planteamiento en la materia.”

–¿Dónde ubica el quiebre en materia de derechos humanos en el gobierno de Vicente Fox?

–Fox había generado muchas expectativas. En burla me gusta decir que fue como el gran Makakikus. ¿Se acuerda de aquella película de Pardavé? Que no era más que una farsa. Bueno, su compromiso no quedó mas que en palabras o discursos bonitos que nunca se concretaron. Cuando se le planteaba avanzar en el tema nunca hubo respuesta. Muchas veces sentí que nos veía como mal necesario.

–En la recomendación 26/2001 sobre los desaparecidos en la guerra sucia se señala la responsabilidad del Estado en esas acciones, pero no pasó nada.

–En el trabajo que hizo la CNDH están perfectamente señalados los responsables, pero todo quedó en agua de borrajas. Fue muy decepcionante.

–¿Y en la recomendación sobre las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez?

–También está incumplida. Fue culpa del gobierno al haber puesto como responsable del asunto a una persona que no tenía facultades ni capacidad para sacar el buey de la barranca. Fue una oficina carísima, con magros resultados, total y absolutamente desilusionantes. La fiscalía que creó la PGR no ha metido a nadie a la cárcel. Es desilusionante, pero se convirtió en botín político.

–¿Hay deuda del Estado con los familiares de los desaparecidos, las mujeres asesinadas y la sociedad?

–Por supuesto hay una deuda política que cada vez va a ser más difícil pagar. Creo que quedan también como baldón en la historia de México esos dos temas por la negligencia de los que tuvieron a su cargo esas cuestiones.

–Pero los mayores cuestionamientos al ombudsman nacional por la sociedad indudablemente se han dado en este gobierno, con el caso de la indígena Ernestina Ascencio.

–Sí, evidentemente Calderón se precipitó al hacer declaraciones sin fundamento. Para mí, los informes se los dieron los médicos que estuvieron presentes en la segunda necropsia de la mujer. Fue una declaración precipitada, pero también es muy lamentable que mucha gente de izquierda, en lugar de asumir una actitud razonable y querer ver los hechos tal como fueron, se cerrara y tomara una actitud de mofa. Ahora dicen que yo aseguré que la señora había muerto de gastritis, y eso nunca lo expresé. Claramente señalé que había fallecido de un cuadro de trombosis mesentérica.

–Ese hecho marcó a la CNDH y fue el comienzo del descrédito.

–Es una actitud de obstinación, cerrazón, de gente vinculada a la izquierda. Cuando estuve en la Cámara de Diputados para explicar el caso solicité a los peritos que hablaran. Hubo una legisladora que dijo: “No queremos oírlos”. Ésa es la verdad: nunca quisieron escuchar, ver ni razonar. Entonces, esto quedó convertido en un pleito de dimes y diretes, nunca en el ejercicio razonable de una investigación.

–Ese capítulo no se cerraba aun cuando la CNDH volvió a ser motivo de severos cuestionamientos en un informe.

–Sí, lo recuerdo muy bien. Fue muy lamentable la actitud de Human Rights Watch, porque en lugar de volverse defensora de los derechos humanos se convirtió en agente de las luchas por el botín, porque para muchos eso representa la CNDH. O sea, el informe de la organización es una vergüenza. No entiendo cómo una institución que se supone tiene prestigio en la defensa de las garantías se prestó a hacer afirmaciones sin sustento, simple y sencillamente para seguir un juego politiquero. Para mí es muy lamentable.

–¿Qué episodios recuerda como decepcionantes en la defensa de esos derechos?

–Hubo muchos casos. Uno fue el de Lázaro Cárdenas en Michoacán, donde se investigó, se hizo un buen trabajo y no se aceptó la recomendación. Ahí quedaron homicidios impunes. Otro fue Atenco. Más recientemente el caso del periodista Bradley Will, en el cual un inocente está en la cárcel por una actitud de soberbia (de la PGR) de no querer aceptar la recomendación.

Los casos Oaxaca y Atenco no están cerrados

–¿Oaxaca ya es caso cerrado?

–No, porque ahí están las causas, las cosas pendientes. Todavía hay heridas abiertas.

–¿Los casos de los desaparecidos, Atenco y Oaxaca siguen siendo asignatura pendiente?

–Atenco y Oaxaca continúan pendientes, están en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

–¿Se siente satisfecho de su trabajo al frente de la comisión?

–Sí, hicimos muchas cosas, pero faltaron muchas.

–¿Cuáles son los pendientes?

–Se tiene que hacer una buena reforma constitucional, la cual tendría que ir en dos líneas: avanzar en la reglamentación de las garantías individuales, y que las comisiones nacional y estatales puedan promover controversias constitucionales y perfeccionar el sistema de designaciones de ombudsman.

–Este año habrá elección de presidente de la comisión. ¿Espera que se incrementen las tensiones y las descalificaciones a su trabajo?

–Creo que tendrían que hacer propuestas y no descalificaciones, porque ya no voy a competir. ¿Qué ganan con cuestionar lo que pude haber hecho o dejé de efectuar? Ahí están las constancias de mi trabajo.

La Jornada11/01/2009