SIERRA TARAHUMARA
Si bien no es un problema reciente, la tragedia que se abate sobre los habitantes de la Sierra Tarahumara ha sido la gran prueba de reflejos para los gobiernos federal y estatal. Lento uno y otro, indolentes hasta la ignominia, han sido en cambio rápidos para aparentar sensibilidad social y humanitaria con repartos de despensas y desaforadas promesas de ayuda de todo tipo…
domingo, 05 de febrero de 2012
MÉXICO, DF (APRO).- Las muertes por desnutrición que se registran en la Sierra Tarahumara son el epílogo de una larga cadena de errores cometidos por el Gobierno Federal que, a pesar de estar informado desde 2011 de la escasez que se avecinaba, hasta el último minuto y a base de presión social decretó un plan de emergencia humanitaria para los estados del noroeste del país afectados por la sequía sin precedentes.
En la pasada gira de Felipe Calderón a Zacatecas, se enfrentó a rancheros furiosos, secos como el paisaje, que le reclamaron por el olvido. Calmó los ánimos diciendo que "nadie va a morir por hambre o sed". Hasta ese momento --un año después de la advertencia de las organizaciones campesinas de la situación que se avecinaba-- tomó en serio la necesidad de ayuda y decretó un plan de emergencia.
El jueves 2 Calderón viajó a la Sierra Tarahumara portando la gorra de jefe de las Fuerzas Armadas, descargó un helicóptero con víveres y garrafones de agua, y ordenó al Ejército y la Marina surtir a las comunidades necesitadas.
Sin embargo, una de las primeras acciones de su gobierno, al estrenar su sexenio, fue excluir a los rarámuris del programa de atención prioritaria a los 125 municipios más pobres, a pesar de que las mediciones de la ONU ubican a seis municipios habitados por rarámuris entre los 10 donde más se concentra la miseria, y que las emergencias por hambre son cíclicas.
Además, en el transcurso del sexenio, 20 mil rarámuris fueron dados de baja del padrón de Oportunidades, el programa asistencial más importante del país, según informó Milenio, como castigo por haber incumplido reglas de operación, pues no acudían a escuelas o centros de salud que les quedan a jornadas enteras de caminatas.
El gobierno de Chihuahua, a su vez, redujo este año en 24% el presupuesto de la ya de por sí disminuida Coordinación Estatal de la Tarahumara, la oficina que se encargaba de canalizar los apoyos gubernamentales a los indígenas rarámuris, pimas y guarojíos serranos.
CONSECUENCIAS DIFÍCILES
La negligencia e insensibilidad de los gobiernos tendrán consecuencias difíciles de contener. Por lo pronto, los niños siguen llegando a los hospitales de la sierra con distintos grados de desnutrición, la escasez de agua originó la primera epidemia de hepatitis en un albergue infantil, se han detectado brotes de sarna por carencia de lo más elemental para la higiene y los precios de los alimentos se duplican en esta y otras zonas golpeadas por la catástrofe.
"La gente va por agua cada vez más lejos, toma agua estancada que no es buena para el consumo. En las comunidades me he encontrado gente con alergias e infecciones, excoriación en la cara por falta de agua para la higiene, tuberculosis y, obviamente, desnutrición. En un albergue de Sisoguichi con 63 niños, cuatro niños y la directora estaban incapacitados por hepatitis y un jardín de niños en Basaseáchic entró en cuarentena preventiva para evitar contagio. Preocupa que los niños no acuden a las escuelas o que los adultos se estén enfermando y nadie se dé cuenta", señala la diputada local Guadalupe Rodríguez.
Y el jesuita José Guadalupe Gasca, director de la Clínica Santa Teresita de Creel, que sirve como termómetro de la situación serrana, informa: "nos siguen llegando niños y niñas; estos días llegaron 24 con diferentes grados de desnutrición y hospitalizamos a tres". En noviembre falleció la primera. Antes, seis adultos habían muerto por esa causa en Carichí. (Proceso 1837).
NEGLIGENCIA CRIMINAL
Desde febrero de 2011 --cuando una fuerte helada quebró la cubierta vegetal y se pronosticaba la falta de lluvias-- las organizaciones campesinas del bloque El Campo no Aguanta Más acudieron a la Secretaría de Agricultura, la Cámara de Diputados y el Senado para pedir que se implementaran medidas preventivas y se lanzara una declaratoria de emergencia que atendiera a cientos de municipios.
"La iniciativa de los agricultores se llamaba ‘El hambre no espera’, presentamos documentos, hicimos conferencias de prensa, tuvimos reuniones con legisladores y funcionarios. Y en una reunión en el Senado, el presidente de la Comisión de Agricultura, Alberto Cárdenas, dijo: ‘en México nadie se muere de hambre, a mí me dijeron que quien no trabaja no come’, minimizando el problema como hasta el día de hoy lo hacen los secretarios de Economía y Agricultura", se queja Víctor Suárez, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productos del Campo (Anec).
Las organizaciones campesinas pedían, desde entonces, que se constituyera una reserva de alimentos que amortiguara la crisis; el impulso de siembras en el altiplano, el bajo occidente y el sur-sureste del país para compensar la pérdida de cosechas del norte; programas de empleo temporal para compensar el ingreso de los campesinos en desgracia; la extensión de los programas de abasto social de leche de Liconsa y de tiendas comunitarias Diconsa (que evitan el aumento de precios), así como el establecimiento de comedores populares.
La sequía golpeó a mil 213 municipios de 19 estados, aunque los más afectados fueron Chihuahua, Durango, San Luis Potosí y Zacatecas.
A la falta de planeación se sumó la lentitud para tomar decisiones y las luchas partidistas.
En enero el Presidente vetó 10 mil millones de pesos aprobados por el Congreso de la Unión para atender la emergencia, bajo el argumento de que se arriesgaba la estabilidad financiera. Apenas la semana pasada anunció el cambio de las reglas del Fondo Nacional de Desastres (Fonden), que permitirá a los estados disponer de recursos catastróficos también por causa de las sequías.
Aunque la Secretaría de Hacienda liberó en noviembre las indemnizaciones de los seguros de riesgo por pérdida de cosechas, sólo Durango e Hidalgo han entregado a los productores los recursos y 17 administraciones estatales los han retenido.
CON LA MISMA LENTITUD
Ni las críticas de los partidos políticos al veto. Ni las marchas de campesinos. Ni los reportes de las primeras muertes por desnutrición hicieron mella en el Ejecutivo. Fue hasta que las redes sociales difundieron el video en el que el productor chihuahuense Ramón Gardea señalaba que 50 rarámuris se habían suicidado por hambre (información que luego fue desmentida por las autoridades), lo que provocó una masiva solidaridad ciudadana y la apertura de centros de acopio de alimentos, cuando Calderón reaccionó.
El 25 de enero lanzó un "acuerdo de acciones para mitigar los efectos de la sequía", por el cual se destinan 33 mil millones de pesos como ayuda a las zonas siniestradas, y ordenó las visitas de brigadas de salud, el surtido permanente de tambos con agua, la perforación de pozos y la aceleración de entrega de recursos de programas sociales. Posteriormente, Sedesol anunció hasta la construcción de viviendas para indígenas en La Tarahumara.
"No basta el trabajo local ni basta el suministro de provisiones o agua potable. Se necesitan medidas de largo plazo que enfrenten estructuralmente y a nivel global la problemática del cambio climático", dijo, cuando faltan 10 meses para concluir su sexenio.
La misma lentitud mostró el gobierno de Chihuahua.
El jesuita Javier "El Pato" Ávila, con casi cuatro décadas en la sierra, señaló que hace cuatro meses los miembros del Programa Interinstitucional de Atención al Indígena de Chihuahua --donde él participa-- pidieron al gobernador César Duarte que solicitara la declaratoria de emergencia para la Sierra Tarahumara, pero no los escuchó.
El sacerdote solicitó dos veces entrevista con el mandatario estatal para plantearle la difícil situación que se vivía, pero nunca lo recibió. Posteriormente, el gobierno acordó con las organizaciones sociales repartir alimentos conjuntamente pero no quiso quitar los logotipos de su gobierno, como se le pidió.
"De repente el gobierno estatal y el federal comenzaron sus repartideros de despensas, porque hasta que brinca el indígena en el escenario se dan cuenta de que existe y que tiene hambre. Además, estamos en época electoral, estoy seguro de que Felipe Calderón vino porque el estado (gobernado por un priísta) le estaba ganando y pintando la sierra y Duarte comenzó a repartir en regiones donde no hay emergencia alimentaria y, como se publicó, para tomarse la foto. Es lamentable que en estos momentos la Federación y el estado se peleen y entre las patas del caballo queda el pueblo, que se ponga en riesgo el hambre del pueblo, a cambio de votos", critica.
"Al indígena no lo han pelado cuando le instalan su proyecto minero y le sacan millones de sus tierras, ni cuando lo desplazan con sus proyectos turísticos o forestales ni durante los conflictos territoriales o cuando pide autonomía. Ahora sí se dan cuenta que tiene hambre por una noticia falsa, entonces sí reaccionan", dice.
Carlos Zarco, director de Oxfam-México, organización internacional enfocada al derecho a la alimentación, señala que en la Tarahumara se conjuntó la falta de lluvias, la carencia de infraestructura para la captación de aguas (95% se filtra o escurre), la sobreexplotación de suelos y la deforestación, y dice que aunque el gobierno conocía perfectamente la situación que se avecinaba, no echó a andar políticas preventivas para atajar la crisis.
Menciona que es necesario, además de entregar despensas, realizar antes de julio proyectos de conservación de suelos y retención de agua mediante pequeñas infraestructuras comunitarias, así como sembrar huertos de autoconsumo para que la gente tenga una reserva de alimentos para el próximo ciclo. Cada proyecto costaría 300 mil pesos.
En un recorrido que hizo recientemente por la sierra para constatar la situación, Zarco detectó las fallas en la repartición de alimentos: "No están informando previamente a las comunidades que va a llegar la ayuda y los camiones llegan de pronto, normalmente al pie de carretera, y cuando la gente se entera y llega --tras caminar horas-- ya no encuentra nada. Nos reportaron casos de funcionarios que venden las despensas a 30 pesos, pero no tenemos pruebas. También se reparten distintos tipos de despensas, las del Gobierno Federal, las estatales, las voluntarias, las que llegan a la diócesis, así que la distribución es poco eficaz".
La diputada Rodríguez menciona que la ayuda está llegando a comunidades semiurbanas, de fácil acceso, y no a las retiradas que necesitan más apoyo.
La pregunta que queda en el aire es si el Gobierno Federal y los estatales se coordinarán para enfrentar la emergencia y sostendrán el apoyo (de víveres y agua) hasta octubre próximo, aun pasadas las elecciones. De ello depende la supervivencia de miles de familias.
Por Marcela Turati
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domingo, 5 de febrero de 2012
viernes, 20 de enero de 2012
La violencia del narco se suma a tragedia en sierra Tarahumara
Desplaza a gente de sus tierras y le quita sus casas. Ante el desempleo, jóvenes son enrolados en crimen.
Arturo García Hernández, enviado
Publicado: 20/01/2012 09:54
Creel, Chih., 19 de enero. Con todo lo grave que es, actualmente el mayor problema en esta parte de la sierra Tarahumara no es la emergencia alimentaria, sino la presencia del narcotráfico con su cuota de violencia: “las comunidades rarámuris están crucificadas por el crimen organizado”.
Lo repite con vehemencia –en entrevista– el párroco de Creel y vicario general de la diócesis, Héctor Fernando Martínez, quien tiene 17 años trabajando en la región, donde atiende a 39 comunidades. Y se lo recordó el miércoles pasado al gobernador César Duarte, en el acto público organizado en la comunidad de San Ignacio para entregar las despensas con que el gobierno estatal responde a la emergencia alimentaria en la Tarahumara.
La presencia del narcotráfico –explica Martínez– resulta devastadora para la estructura social de las comunidades, “porque llega y desplaza a la gente de sus tierras, la despoja de sus casas, y por miedo deja de sembrar o abandona sus pueblos”, y al mismo tiempo, ante el desempleo y la falta de opciones, “atrae a los jóvenes y adolescentes rarámuris porque les ofrece trabajo, los lleva a plantar, les reparte dólares”.
Seducidos por esa vida, adolescentes y jóvenes, que van de 16 a 20, años terminan rechazando su identidad.
Este sacerdote cuarentón, de carácter jovial, traductor de La Biblia del hebreo al rarámuri, no habla de oídas; le consta, lo ha visto, lo ha vivido: varios de quienes hoy se pasean por Creel y sus alrededores en las trocas con vidrios polarizados, música a todo volumen y “armados hasta los dientes”, asistían con él al catecismo cuando eran pequeños.
Reconoce que la situación le duele y lo frustra: “me duele por la vida, porque sé que tarde o temprano van a matarlos, y me frustra porque la situación en la sierra Tarahumara, las expectativas que les ofrece, son muy poco o nada. Para ellos es más importante traer el arma, la troca, el dinero, para sentirse poderosos”.
“Bendiga nuestras armas, padre”
Cuenta que el pasado 12 de diciembre, un grupo de ellos lo detuvo cuando transitaba de una comunidad a otra. Le pidieron que bendijera sus armas: “me negué rotundamente; les dije: los bendigo a ustedes, si quieren, para que Dios los cuide y para que no las usen, pero las armas no”.
Insistieron:
–Ande padre, ya bájele, si en la película El infierno las bendicen. Además, nosotros no somos los que andamos extorsionando, nosotros nada más en el jale.
Lo dejaron continuar, pero más adelante volvieron a detenerlo: “me dijeron: ‘bájese, porque queremos que usted estrene nuestras armas’”.
No eran cuernos de chivo, eran lanzagranadas: “les dije, voy saliendo de la comunidad, la gente está reunida en la iglesia, si disparo se van a asustar, no se vale muchachos. Hasta que se me ocurrió decirles que era día de la Virgen de Guadalupe y que todavía iba a andar bautizando. Entonces me dejaron ir”.
Experiencias como la anterior no hacen que Héctor Fernando Martínez se sienta amenazado o temeroso: “la verdad nunca he recibido una amenaza; les he dicho que no vamos a cerrarles la iglesia cuando tengan un difunto, pero no vamos a celebrarles misa, porque no queremos ser parte del corrido”. Cuenta que “una vez mataron a un narco importante de aquí y lo llevaron a la iglesia; le hicieron un corrido de que el pueblo llora y las campanas repican; y uno pasa a ser parte del paisaje. No queremos prestarnos a eso”.
El problema de inseguridad en Creel no se reduce a la presencia de los grupos armados, lo más complicado es que se encuentra entre dos fuegos: de un lado está el cártel de La Línea, y del otro el de Sinaloa. Creel es, como ya ha sido, el campo de batalla.
Entre las pocas maneras que el sacerdote ha encontrado de responder a esta situación está el deporte, particularmente el futbol (le va al Guadalajara). Sin embargo, en todo Creel nada más existe una cancha, de futbol rápido: “hemos tocado puertas, le hemos dicho al gobierno que urgen espacios porque los chavos no tienen nada qué hacer y, claro, entran los sicarios a Creel con sus armas y los ven con admiración, y a pesar de todo lo que se dice, no hay un programa oficial, una estrategia para contrarrestar esto”.
Los fuereños sólo pueden constatar lo evidente: las miradas furtivas en el camión de pasajeros que hace el viaje en cuatro horas y media de Chihuahua capital a Creel; los relatos del vendedor de burritos en un pueblo intermedio que cuenta –sin que medie pregunta– que antes se dedicaba a vender piratería pero que los integrantes del crimen organizado le empezaron a cobrar rentas muy altas; los conductores de las trocas con vidrios polarizados que disminuyen la velocidad y emparejan el paso de quienes les resultan extraños o desconocidos.
Ante este panorama, el párroco de Creel tiene una convicción que expresa con serenidad: no nos vamos a dejar amedrentar.
Arturo García Hernández, enviado
Publicado: 20/01/2012 09:54
Creel, Chih., 19 de enero. Con todo lo grave que es, actualmente el mayor problema en esta parte de la sierra Tarahumara no es la emergencia alimentaria, sino la presencia del narcotráfico con su cuota de violencia: “las comunidades rarámuris están crucificadas por el crimen organizado”.
Lo repite con vehemencia –en entrevista– el párroco de Creel y vicario general de la diócesis, Héctor Fernando Martínez, quien tiene 17 años trabajando en la región, donde atiende a 39 comunidades. Y se lo recordó el miércoles pasado al gobernador César Duarte, en el acto público organizado en la comunidad de San Ignacio para entregar las despensas con que el gobierno estatal responde a la emergencia alimentaria en la Tarahumara.
La presencia del narcotráfico –explica Martínez– resulta devastadora para la estructura social de las comunidades, “porque llega y desplaza a la gente de sus tierras, la despoja de sus casas, y por miedo deja de sembrar o abandona sus pueblos”, y al mismo tiempo, ante el desempleo y la falta de opciones, “atrae a los jóvenes y adolescentes rarámuris porque les ofrece trabajo, los lleva a plantar, les reparte dólares”.
Seducidos por esa vida, adolescentes y jóvenes, que van de 16 a 20, años terminan rechazando su identidad.
Este sacerdote cuarentón, de carácter jovial, traductor de La Biblia del hebreo al rarámuri, no habla de oídas; le consta, lo ha visto, lo ha vivido: varios de quienes hoy se pasean por Creel y sus alrededores en las trocas con vidrios polarizados, música a todo volumen y “armados hasta los dientes”, asistían con él al catecismo cuando eran pequeños.
Reconoce que la situación le duele y lo frustra: “me duele por la vida, porque sé que tarde o temprano van a matarlos, y me frustra porque la situación en la sierra Tarahumara, las expectativas que les ofrece, son muy poco o nada. Para ellos es más importante traer el arma, la troca, el dinero, para sentirse poderosos”.
“Bendiga nuestras armas, padre”
Cuenta que el pasado 12 de diciembre, un grupo de ellos lo detuvo cuando transitaba de una comunidad a otra. Le pidieron que bendijera sus armas: “me negué rotundamente; les dije: los bendigo a ustedes, si quieren, para que Dios los cuide y para que no las usen, pero las armas no”.
Insistieron:
–Ande padre, ya bájele, si en la película El infierno las bendicen. Además, nosotros no somos los que andamos extorsionando, nosotros nada más en el jale.
Lo dejaron continuar, pero más adelante volvieron a detenerlo: “me dijeron: ‘bájese, porque queremos que usted estrene nuestras armas’”.
No eran cuernos de chivo, eran lanzagranadas: “les dije, voy saliendo de la comunidad, la gente está reunida en la iglesia, si disparo se van a asustar, no se vale muchachos. Hasta que se me ocurrió decirles que era día de la Virgen de Guadalupe y que todavía iba a andar bautizando. Entonces me dejaron ir”.
Experiencias como la anterior no hacen que Héctor Fernando Martínez se sienta amenazado o temeroso: “la verdad nunca he recibido una amenaza; les he dicho que no vamos a cerrarles la iglesia cuando tengan un difunto, pero no vamos a celebrarles misa, porque no queremos ser parte del corrido”. Cuenta que “una vez mataron a un narco importante de aquí y lo llevaron a la iglesia; le hicieron un corrido de que el pueblo llora y las campanas repican; y uno pasa a ser parte del paisaje. No queremos prestarnos a eso”.
El problema de inseguridad en Creel no se reduce a la presencia de los grupos armados, lo más complicado es que se encuentra entre dos fuegos: de un lado está el cártel de La Línea, y del otro el de Sinaloa. Creel es, como ya ha sido, el campo de batalla.
Entre las pocas maneras que el sacerdote ha encontrado de responder a esta situación está el deporte, particularmente el futbol (le va al Guadalajara). Sin embargo, en todo Creel nada más existe una cancha, de futbol rápido: “hemos tocado puertas, le hemos dicho al gobierno que urgen espacios porque los chavos no tienen nada qué hacer y, claro, entran los sicarios a Creel con sus armas y los ven con admiración, y a pesar de todo lo que se dice, no hay un programa oficial, una estrategia para contrarrestar esto”.
Los fuereños sólo pueden constatar lo evidente: las miradas furtivas en el camión de pasajeros que hace el viaje en cuatro horas y media de Chihuahua capital a Creel; los relatos del vendedor de burritos en un pueblo intermedio que cuenta –sin que medie pregunta– que antes se dedicaba a vender piratería pero que los integrantes del crimen organizado le empezaron a cobrar rentas muy altas; los conductores de las trocas con vidrios polarizados que disminuyen la velocidad y emparejan el paso de quienes les resultan extraños o desconocidos.
Ante este panorama, el párroco de Creel tiene una convicción que expresa con serenidad: no nos vamos a dejar amedrentar.
domingo, 8 de enero de 2012
Hambruna al estilo Somalia
EN LA SIERRA TARAHUMARA
La sequía que azota el norte del país causa graves daños por desnutrición y enfermedad a los rarámuris que habitan la Sierra Tarahumara, donde se padece una crisis alimentaria sin precedente. Los gobiernos federal y estatal no han sido capaces de responder adecuadamente ante esta emergencia humanitaria que podría agravarse aún más este año
domingo, 08 de enero de 2012
BOCOYNA, CHIH. (Apro).- Cuando la sacaron de las barrancas de Urique y la ingresaron de urgencia en la clínica para rarámuris, Margarita estaba despellejada debido a la desnutrición extrema. Los médicos batallaron para encontrar dónde colocarle la aguja que pasaría el suero. No sobrevivió. Tenía tres años.
"Hace mucho que no se nos moría un niño por desnutrición. Este año el número de los que ingresan es similar a otros. La diferencia es que llegan más graves y se quedan hospitalizados más días. Comenzaron a llegar desde octubre, cosa que no ocurría porque esa es la época de las cosechas. Pero este año no hubo. Tampoco teníamos adultos con desnutrición grave y ahora hemos tenido 19, sin sumar a los que vienen con tuberculosis asociada a la desnutrición", explica el jesuita Guadalupe Gasca, director de la Clínica Santa Teresita de Creel, donde murió Margarita.
En el recorrido por ese hospital, dedicado a salvar vidas de los indígenas, se observan fotos pegadas en las paredes que datan de su fundación, en los setenta. Muestran niños rarámuris con panzas infladas y las costillas marcadas en la piel. Detrás del vidrio es posible ver esas mismas imágenes en vivo: niños y niñas en sus cuneros que fueron internados este invierno con los mismos síntomas que sus ancestros: estómagos inflados, huesos marcados en la piel, despellejamiento, palidez, diarreas asesinas, hinchazón general, inapetencia, llanto de desesperación.
En la sala A, o de terapia, está Adelina, de seis años, que ingresó un día después de Navidad con la piel quebrada. Tres días antes llegó una niña prematura con malformaciones, desnutrida desde que estaba en el útero. Una semana antes entró Luis Carlos, casi sin peso, con diarrea y neumonía, a punto del paro cardiaco.
En la sala B, para niños que salieron de la emergencia, está María Lucía, ahora de un año. Ingresó en septiembre cuando pesaba tres kilos, dos menos de lo normal. Fernando llegó hinchado, con 10 engañosos kilos. Cuando se desinflaron los edemas que lo cubrían mostró su peso real: estaba casi en huesos y ahora ya le comienza a salir piel nueva.
Rogelio, de año y medio, ingresó con piernas y brazos encogidos como si tuviera que protegerse de algo. Lloraba sin cesar y un médico creyó que tenía daño cerebral y poco tiempo de vida; sin embargo, ya se levanta de su cuna y sonríe.
AHORA CAMINA
"Esta es Malena. Antes no se podía ni sentar por debilidad. Ahora camina, se ríe. Parece sencillo pero es un logro que quieran comer o que sonrían, pues eso indica que poco a poco han ido agarrando fuerzas. Porque cuando llegan no piden nada, están acostumbrados a no comer; les tienes que dar poco a poco para no descompensarlos porque su organismo ya se adaptó, y conforme se van recuperando comienzan a pedir y pedir", dice la doctora Alejandra González al recorrer el pabellón, mientras acaricia a la niña que se ve sana aunque en noviembre presentaba desnutrición mixta: delgada de la cintura hacia arriba, gorda de la cadera a los pies, diarrea y neumonía.
Cuando estos infantes vuelven a pasar alimentos y recuerdan el sabor de la comida se alborotan desde los cuneros del puro escuchar el ruido que hacen las ruedas del carrito en el que les llevan la leche. Unos se ponen de pie, los más pequeños arquean la espalda, todos hacen fiesta a su manera.
Los que ya caminan son transferidos al área de nutrición donde se les ve comer con ansia. Los primeros días roban comida a los otros compañeros hasta que se dan cuenta que alcanza para todos. Sólo a Jacinto –un travieso de siete años– parece que no se le quita el hambre y durante la comida esconde tortillas.
"Cuando vamos a dar de alta a un niño le comenzamos a bajar la cantidad de pollo y de leche, le quitamos la carne, le damos frijol, pastita, tortilla y papa para que se vaya readecuando a lo que comía antes. Los das de alta cuando juegan, sonríen, tienen la piel y el pelo bonitos y sabemos que pueden resistir el ambiente que los espera, porque aquí aprendieron a pedir su comida y ya podrán defenderse. Aunque hay niños que nos dicen que no quieren irse a casa, sienten que no van a tener qué comer", explica la religiosa que dirige la clínica, Juana Aguilar.
Ella está consciente de que 2012 será difícil: la desnutrición se asoma incluso en las comunidades con programas alimentarios de la Fundación Llaguno, donde lleva el control de talla y peso infantil. Y, como dice, este fenómeno se está agudizando porque la comida comienza a acabarse.
SIN COSECHAS
La sequía es la explicación al hambre que se pasea por la Sierra Tarahumara y que comienza a meter en apuros a 60 mil familias que desde octubre de 2011 y hasta la cosecha de octubre de 2012 no tendrán comida.
El gobierno estatal estima que aproximadamente 250 mil serranos resultaron damnificados por la helada atípica (de -20 grados) de febrero de 2011, que pulverizó la cubierta vegetal, y la sequía más severa del último medio siglo, que impidió que se lograran las cosechas de maíz y frijol e incluso mató el pasto para el ganado. Si en 2010 las cosechas dieron 180 mil toneladas de maíz, para 2011 rindieron sólo 500, y de 123 mil toneladas de frijol que se sacaban, el año pasado sólo se recopilaron 20 mil.
La escasez duplicó y en unos casos hasta triplicó el precio de los granos en la sierra. La sequía mató de sed a 200 mil animales de uso ganadero, casi la décima parte de los que existían. Disparó en 300% los precios de los forrajes con los que se alimentan.
"Los pastizales no se recuperaron, hubo que comprar pastura y como casi no hubo cosechas hay pocos rastrojos para alimentar al ganado, lo que elevó muchísimo el costo de los forrajes; además, los pocos que había los empezaron a llevar a Durango, Coahuila y Texas", explica el ex diputado y asesor del Frente Democrático Campesino, Víctor Quintana.
"Por la sequía no hubo temporada de cosecha de mariguana y amapola y eso deteriora la economía de la sierra de todo el corredor de la droga. Desde octubre comenzamos a detectar en las comunidades que grupos de gente se metieron a robar comida, ya no los implementos de trabajo o las cobijas, sino la comida.
"También nos están contando que ha habido suicidios de padres de familia que salen de su casa a buscar alimentos y por la desesperación de no encontrarlos se tiran al vacío", informa Martín Solís, de El Barzón, una de las organizaciones que el pasado 23 de octubre se movilizó para exigir un programa de atención a la crisis alimentaria.
"Se usarán los 115 millones de pesos del seguro catastrófico con el que indemnizarán las aseguradoras, pero la pérdida es de 3 mil 600 millones de pesos, estamos pidiendo que ese dinero se destine al problema del hambre que empezó en noviembre y acabará hasta octubre, si es que llueve; si no, otra vez no habrá cosecha", dice el barzonista.
CRISIS SEVERA
Felipe Calderón recorrió los estados afectados por la sequía y anunció para los municipios afectados recursos del Fondo Nacional de Desastres, subsidio al gasóleo (combustible que –critica Quintana– dejó de utilizarse) y la bancarización del programa Oportunidades.
Desde que el gobierno estatal reconoció el problema y exigió recursos a la federación, en los medios de Chihuahua se informa que en la Sierra Tarahumara se padece "hambre al estilo de Somalia", que hay "hambruna generalizada", "crisis alimentaria", "emergencia humanitaria", y se acompaña al gobernador César Duarte a las entregas de despensas.
"Estamos en una situación agrícola muy extrema y las ayudas son muy relativas, son despensas de uso electorero, muy puntual, y no para generar capacidades. Otra vez se acude al reparto de cobijas, despensas y ahora Calderón ofreció tarjetas de débito; la misma respuesta paternalista, de dádiva, en vez de revisar de fondo la situación de hambre estructural. ¿Dónde están las acciones de Estado para terminar con el hambre crónica en la Tarahumara?"
El jesuita Javier Ávila, director de la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos (Cosyddhac) reconoce la gravedad de la situación. Considera hipócritas las campañas de gobierno y les percibe un tufo electorero.
"Estas situaciones de emergencia no son extraordinarias en la Tarahumara, lo lamentable es que el gobierno nada más se acuerda de la gente que pasa hambre cuando sale en los medios. ¿Por qué no se preocupan del hambre todo el año? ¿Por qué no se preocupan de consultarlos antes de meterles proyectos turísticos que les acaban el agua? Ahora salen con su capa de redentor a decir ‘Yo los voy a salvar del hambre’ y entregan sus despensas con el logotipo de gobierno ‘Chihuahua Vive’. Que no pretendan lavarse su conciencia trayéndole comida a los indígenas", truena el sacerdote con 40 años en la sierra.
Proceso constató que los encargados municipales de la Coordinadora Estatal de la Tarahumara, la dependencia de gobierno que atiende alimentariamente a los indígenas, tiene que cubrir cuotas de acarreo de indígenas para el mitin del precandidato priista Enrique Peña Nieto, a realizarse este domingo 8 en Chihuahua.
LA TIERRA YERMA
"Está muy duro. No hubo nada-nada, ni un lado hubo porque estaba seco, no hay nada ni pa’ nosotros ni pa’ los animales, hasta con las gallinas estamos batallando, no tenemos maíz, les conseguimos gusanitos y dejé libre mi caballo pa’ que busque qué comer. Y orita está pior como está todo caro, no se vende nada de artesanía", dice la rarámuri María Martha Villalobos, artesana del visitado Valle de los Monjes, una pradera con piedras monumentales que, por sus curiosas formas, parecen talladas.
Su única posesión en este momento son 10 gallinas y un caballo flaco.
"A veces comemos pura tortilla con sal o si no, tenemos poquito frijol. A veces para hacerla rendir usamos Maseca como si fuera maíz, lo batimos con agua y eso tomamos. Y en invierno está pior porque se hiela y no salen los quelites, los coles, las yerbas que comemos".
María Martha intenta competir contra los otros rarámuris que llegan a los lugares turísticos a vender sus artesanías.
Adrián Aguirre, director de la Fundación del Empresariado Chihuahuense (Fechac), y que apoya un programa de trueque de artesanías por comida y capacitación, señala: "Subió a 100% la demanda del trueque de seis meses a la fecha, son indicativos de que la gente no tuvo cosechas, perdieron todo, ellos quieren hacer más artesanías pero no tenemos capacidad para venderlas. Tenemos las bodegas llenas, no sabemos a dónde donarlas".
TRISTE PAISAJE
En recorridos por la sierra se ve un único paisaje: milpas de tierra removida con algo de paja seca. Los pastizales a la redonda están amarillos, secos, quebrados. Las vacas, los caballos y las chivas están sueltos procurándose sus propios alimentos. No se ve maíz guardado en las trojes. En algunas casas tampoco se observan varones: se fueron a la pizca o se arrimaron con parientes en las ciudades.
"Muchos salieron a Cuauhtémoc pero no los contrataron fácilmente por la helada de las manzanas. Pasó lo mismo con los que se fueron a Sinaloa y ahora tuvieron que irse más lejos y hubo menos trabajo", explica Luis Octavio Híjar, director de Operación de la Fundación Llaguno, que apoya a las comunidades con proyectos productivos y programas nutricionales.
"Este año no hubo ni pa’ los elotes, muy seco estuvo, ahí como se puede nos vamos ayudando unos a otros, los que tienen maíz añejo. Otros se fueron a las uvas a Hermosillo. No hay ni cañijote del maíz, nada, ni rastrojo pa’ los animales este año. Ahí andan pepenando zacate seco", lamenta el anciano en muletas, Macario Figueroa Batista en Sitáravo, donde cuida casas de una familia jornalera que emigró.
MARCELA TURATI
La sequía que azota el norte del país causa graves daños por desnutrición y enfermedad a los rarámuris que habitan la Sierra Tarahumara, donde se padece una crisis alimentaria sin precedente. Los gobiernos federal y estatal no han sido capaces de responder adecuadamente ante esta emergencia humanitaria que podría agravarse aún más este año
domingo, 08 de enero de 2012
BOCOYNA, CHIH. (Apro).- Cuando la sacaron de las barrancas de Urique y la ingresaron de urgencia en la clínica para rarámuris, Margarita estaba despellejada debido a la desnutrición extrema. Los médicos batallaron para encontrar dónde colocarle la aguja que pasaría el suero. No sobrevivió. Tenía tres años.
"Hace mucho que no se nos moría un niño por desnutrición. Este año el número de los que ingresan es similar a otros. La diferencia es que llegan más graves y se quedan hospitalizados más días. Comenzaron a llegar desde octubre, cosa que no ocurría porque esa es la época de las cosechas. Pero este año no hubo. Tampoco teníamos adultos con desnutrición grave y ahora hemos tenido 19, sin sumar a los que vienen con tuberculosis asociada a la desnutrición", explica el jesuita Guadalupe Gasca, director de la Clínica Santa Teresita de Creel, donde murió Margarita.
En el recorrido por ese hospital, dedicado a salvar vidas de los indígenas, se observan fotos pegadas en las paredes que datan de su fundación, en los setenta. Muestran niños rarámuris con panzas infladas y las costillas marcadas en la piel. Detrás del vidrio es posible ver esas mismas imágenes en vivo: niños y niñas en sus cuneros que fueron internados este invierno con los mismos síntomas que sus ancestros: estómagos inflados, huesos marcados en la piel, despellejamiento, palidez, diarreas asesinas, hinchazón general, inapetencia, llanto de desesperación.
En la sala A, o de terapia, está Adelina, de seis años, que ingresó un día después de Navidad con la piel quebrada. Tres días antes llegó una niña prematura con malformaciones, desnutrida desde que estaba en el útero. Una semana antes entró Luis Carlos, casi sin peso, con diarrea y neumonía, a punto del paro cardiaco.
En la sala B, para niños que salieron de la emergencia, está María Lucía, ahora de un año. Ingresó en septiembre cuando pesaba tres kilos, dos menos de lo normal. Fernando llegó hinchado, con 10 engañosos kilos. Cuando se desinflaron los edemas que lo cubrían mostró su peso real: estaba casi en huesos y ahora ya le comienza a salir piel nueva.
Rogelio, de año y medio, ingresó con piernas y brazos encogidos como si tuviera que protegerse de algo. Lloraba sin cesar y un médico creyó que tenía daño cerebral y poco tiempo de vida; sin embargo, ya se levanta de su cuna y sonríe.
AHORA CAMINA
"Esta es Malena. Antes no se podía ni sentar por debilidad. Ahora camina, se ríe. Parece sencillo pero es un logro que quieran comer o que sonrían, pues eso indica que poco a poco han ido agarrando fuerzas. Porque cuando llegan no piden nada, están acostumbrados a no comer; les tienes que dar poco a poco para no descompensarlos porque su organismo ya se adaptó, y conforme se van recuperando comienzan a pedir y pedir", dice la doctora Alejandra González al recorrer el pabellón, mientras acaricia a la niña que se ve sana aunque en noviembre presentaba desnutrición mixta: delgada de la cintura hacia arriba, gorda de la cadera a los pies, diarrea y neumonía.
Cuando estos infantes vuelven a pasar alimentos y recuerdan el sabor de la comida se alborotan desde los cuneros del puro escuchar el ruido que hacen las ruedas del carrito en el que les llevan la leche. Unos se ponen de pie, los más pequeños arquean la espalda, todos hacen fiesta a su manera.
Los que ya caminan son transferidos al área de nutrición donde se les ve comer con ansia. Los primeros días roban comida a los otros compañeros hasta que se dan cuenta que alcanza para todos. Sólo a Jacinto –un travieso de siete años– parece que no se le quita el hambre y durante la comida esconde tortillas.
"Cuando vamos a dar de alta a un niño le comenzamos a bajar la cantidad de pollo y de leche, le quitamos la carne, le damos frijol, pastita, tortilla y papa para que se vaya readecuando a lo que comía antes. Los das de alta cuando juegan, sonríen, tienen la piel y el pelo bonitos y sabemos que pueden resistir el ambiente que los espera, porque aquí aprendieron a pedir su comida y ya podrán defenderse. Aunque hay niños que nos dicen que no quieren irse a casa, sienten que no van a tener qué comer", explica la religiosa que dirige la clínica, Juana Aguilar.
Ella está consciente de que 2012 será difícil: la desnutrición se asoma incluso en las comunidades con programas alimentarios de la Fundación Llaguno, donde lleva el control de talla y peso infantil. Y, como dice, este fenómeno se está agudizando porque la comida comienza a acabarse.
SIN COSECHAS
La sequía es la explicación al hambre que se pasea por la Sierra Tarahumara y que comienza a meter en apuros a 60 mil familias que desde octubre de 2011 y hasta la cosecha de octubre de 2012 no tendrán comida.
El gobierno estatal estima que aproximadamente 250 mil serranos resultaron damnificados por la helada atípica (de -20 grados) de febrero de 2011, que pulverizó la cubierta vegetal, y la sequía más severa del último medio siglo, que impidió que se lograran las cosechas de maíz y frijol e incluso mató el pasto para el ganado. Si en 2010 las cosechas dieron 180 mil toneladas de maíz, para 2011 rindieron sólo 500, y de 123 mil toneladas de frijol que se sacaban, el año pasado sólo se recopilaron 20 mil.
La escasez duplicó y en unos casos hasta triplicó el precio de los granos en la sierra. La sequía mató de sed a 200 mil animales de uso ganadero, casi la décima parte de los que existían. Disparó en 300% los precios de los forrajes con los que se alimentan.
"Los pastizales no se recuperaron, hubo que comprar pastura y como casi no hubo cosechas hay pocos rastrojos para alimentar al ganado, lo que elevó muchísimo el costo de los forrajes; además, los pocos que había los empezaron a llevar a Durango, Coahuila y Texas", explica el ex diputado y asesor del Frente Democrático Campesino, Víctor Quintana.
"Por la sequía no hubo temporada de cosecha de mariguana y amapola y eso deteriora la economía de la sierra de todo el corredor de la droga. Desde octubre comenzamos a detectar en las comunidades que grupos de gente se metieron a robar comida, ya no los implementos de trabajo o las cobijas, sino la comida.
"También nos están contando que ha habido suicidios de padres de familia que salen de su casa a buscar alimentos y por la desesperación de no encontrarlos se tiran al vacío", informa Martín Solís, de El Barzón, una de las organizaciones que el pasado 23 de octubre se movilizó para exigir un programa de atención a la crisis alimentaria.
"Se usarán los 115 millones de pesos del seguro catastrófico con el que indemnizarán las aseguradoras, pero la pérdida es de 3 mil 600 millones de pesos, estamos pidiendo que ese dinero se destine al problema del hambre que empezó en noviembre y acabará hasta octubre, si es que llueve; si no, otra vez no habrá cosecha", dice el barzonista.
CRISIS SEVERA
Felipe Calderón recorrió los estados afectados por la sequía y anunció para los municipios afectados recursos del Fondo Nacional de Desastres, subsidio al gasóleo (combustible que –critica Quintana– dejó de utilizarse) y la bancarización del programa Oportunidades.
Desde que el gobierno estatal reconoció el problema y exigió recursos a la federación, en los medios de Chihuahua se informa que en la Sierra Tarahumara se padece "hambre al estilo de Somalia", que hay "hambruna generalizada", "crisis alimentaria", "emergencia humanitaria", y se acompaña al gobernador César Duarte a las entregas de despensas.
"Estamos en una situación agrícola muy extrema y las ayudas son muy relativas, son despensas de uso electorero, muy puntual, y no para generar capacidades. Otra vez se acude al reparto de cobijas, despensas y ahora Calderón ofreció tarjetas de débito; la misma respuesta paternalista, de dádiva, en vez de revisar de fondo la situación de hambre estructural. ¿Dónde están las acciones de Estado para terminar con el hambre crónica en la Tarahumara?"
El jesuita Javier Ávila, director de la Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos (Cosyddhac) reconoce la gravedad de la situación. Considera hipócritas las campañas de gobierno y les percibe un tufo electorero.
"Estas situaciones de emergencia no son extraordinarias en la Tarahumara, lo lamentable es que el gobierno nada más se acuerda de la gente que pasa hambre cuando sale en los medios. ¿Por qué no se preocupan del hambre todo el año? ¿Por qué no se preocupan de consultarlos antes de meterles proyectos turísticos que les acaban el agua? Ahora salen con su capa de redentor a decir ‘Yo los voy a salvar del hambre’ y entregan sus despensas con el logotipo de gobierno ‘Chihuahua Vive’. Que no pretendan lavarse su conciencia trayéndole comida a los indígenas", truena el sacerdote con 40 años en la sierra.
Proceso constató que los encargados municipales de la Coordinadora Estatal de la Tarahumara, la dependencia de gobierno que atiende alimentariamente a los indígenas, tiene que cubrir cuotas de acarreo de indígenas para el mitin del precandidato priista Enrique Peña Nieto, a realizarse este domingo 8 en Chihuahua.
LA TIERRA YERMA
"Está muy duro. No hubo nada-nada, ni un lado hubo porque estaba seco, no hay nada ni pa’ nosotros ni pa’ los animales, hasta con las gallinas estamos batallando, no tenemos maíz, les conseguimos gusanitos y dejé libre mi caballo pa’ que busque qué comer. Y orita está pior como está todo caro, no se vende nada de artesanía", dice la rarámuri María Martha Villalobos, artesana del visitado Valle de los Monjes, una pradera con piedras monumentales que, por sus curiosas formas, parecen talladas.
Su única posesión en este momento son 10 gallinas y un caballo flaco.
"A veces comemos pura tortilla con sal o si no, tenemos poquito frijol. A veces para hacerla rendir usamos Maseca como si fuera maíz, lo batimos con agua y eso tomamos. Y en invierno está pior porque se hiela y no salen los quelites, los coles, las yerbas que comemos".
María Martha intenta competir contra los otros rarámuris que llegan a los lugares turísticos a vender sus artesanías.
Adrián Aguirre, director de la Fundación del Empresariado Chihuahuense (Fechac), y que apoya un programa de trueque de artesanías por comida y capacitación, señala: "Subió a 100% la demanda del trueque de seis meses a la fecha, son indicativos de que la gente no tuvo cosechas, perdieron todo, ellos quieren hacer más artesanías pero no tenemos capacidad para venderlas. Tenemos las bodegas llenas, no sabemos a dónde donarlas".
TRISTE PAISAJE
En recorridos por la sierra se ve un único paisaje: milpas de tierra removida con algo de paja seca. Los pastizales a la redonda están amarillos, secos, quebrados. Las vacas, los caballos y las chivas están sueltos procurándose sus propios alimentos. No se ve maíz guardado en las trojes. En algunas casas tampoco se observan varones: se fueron a la pizca o se arrimaron con parientes en las ciudades.
"Muchos salieron a Cuauhtémoc pero no los contrataron fácilmente por la helada de las manzanas. Pasó lo mismo con los que se fueron a Sinaloa y ahora tuvieron que irse más lejos y hubo menos trabajo", explica Luis Octavio Híjar, director de Operación de la Fundación Llaguno, que apoya a las comunidades con proyectos productivos y programas nutricionales.
"Este año no hubo ni pa’ los elotes, muy seco estuvo, ahí como se puede nos vamos ayudando unos a otros, los que tienen maíz añejo. Otros se fueron a las uvas a Hermosillo. No hay ni cañijote del maíz, nada, ni rastrojo pa’ los animales este año. Ahí andan pepenando zacate seco", lamenta el anciano en muletas, Macario Figueroa Batista en Sitáravo, donde cuida casas de una familia jornalera que emigró.
MARCELA TURATI
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lunes, 24 de octubre de 2011
Sicarios toman durante un día un pueblo tarahumara, por segunda vez en el año
Excélsior
24 Octubre 2011
Diez pistoleros se apoderaron de patrullas y sometieron a la policía de San Juanito, en Chihuahua, hasta que llegaron militares, quienes enfrentaron y mataron a cuatro agresores. Algunos huyeron con rehenes
CHIHUAHUA.- Un comando de al menos 10 hombres ingresó al poblado de San Juanito, en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, y se apoderó de las patrullas y enfrentó a la policía local, sembrando terror entre los habitantes.
Esta es la segunda ocasión que grupos armados se apoderan de este poblado en el municipio indígena de Bocoyna, en la sierra occidental de Chihuahua, región controlada por bandas de narcotraficantes.
El reporte preliminar emitido por el vocero de la Fiscalía del Estado, Carlos González, confirmó el enfrentamiento entre delincuentes y policías, con un saldo de cuatro hombres muertos, al parecer civiles, y uno o dos elementos policiacos que fueron secuestrados como rehenes por el resto de los pistoleros, que así aseguraron su fuga.
Según testimonios de los habitantes del lugar, la mayoría indígenas de las cuatro etnias en Chihuahua, los pistoleros ingresaron al poblado el sábado por la tarde, y despojaron a los policías de tres de las patrullas oficiales, amenazando a los agentes y a los pobladores con sus potentes armas de fuego, entre ellas una ametralladora tipo Barret, calibre 50 milímetros, conocidas como antiaéreas y perforadoras de blindaje.
Los pistoleros se paseaban por las calles del centro de la ciudad amedrentando a todos, bebiendo bebidas embriagantes y haciendo mofa de los policías, quienes tuvieron que esconderse hasta que llegaron refuerzos de la policía estatal y del Ejército.
Fue hasta el domingo a mediodía que con la llegada de militares y policías estatales que pudieron localizar a los delincuentes “patrullando” el centro de San Juanito, por lo que se dio el enfrentamiento en las calles principales del poblado.
El enfrentamiento a tiros duró cerca de 20 minutos, y en él murieron cuatro de los pistoleros y uno más fue detenido al quedar herido.
Otros de los delincuentes tomaron como rehén a uno o dos policías para poder huir, según narraron habitantes del lugar a los medios de información.
A principios de este año, de manera similar, un grupo fuertemente armado compuesto por más de 20 hombres ingresó a este mismo poblado y se apoderó de las calles, para asesinar a cinco hombres, aparentemente de un cártel de la droga.
Este hecho fue filmado por las cámaras de seguridad de la Policía Estatal, cuyos agentes no intervinieron para detener a los pistoleros ni para resguardar a la población.
Este domingo, finalmente y luego del enfrentamiento, los policías y militares aseguraron cuatro armas, entre ellas una metralleta tipo Barret calibre 50, tres largas AK-47 conocidas como “cuernos de chivo”, y dos cortas, así como una camioneta.
24 Octubre 2011
Diez pistoleros se apoderaron de patrullas y sometieron a la policía de San Juanito, en Chihuahua, hasta que llegaron militares, quienes enfrentaron y mataron a cuatro agresores. Algunos huyeron con rehenes
CHIHUAHUA.- Un comando de al menos 10 hombres ingresó al poblado de San Juanito, en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, y se apoderó de las patrullas y enfrentó a la policía local, sembrando terror entre los habitantes.
Esta es la segunda ocasión que grupos armados se apoderan de este poblado en el municipio indígena de Bocoyna, en la sierra occidental de Chihuahua, región controlada por bandas de narcotraficantes.
El reporte preliminar emitido por el vocero de la Fiscalía del Estado, Carlos González, confirmó el enfrentamiento entre delincuentes y policías, con un saldo de cuatro hombres muertos, al parecer civiles, y uno o dos elementos policiacos que fueron secuestrados como rehenes por el resto de los pistoleros, que así aseguraron su fuga.
Según testimonios de los habitantes del lugar, la mayoría indígenas de las cuatro etnias en Chihuahua, los pistoleros ingresaron al poblado el sábado por la tarde, y despojaron a los policías de tres de las patrullas oficiales, amenazando a los agentes y a los pobladores con sus potentes armas de fuego, entre ellas una ametralladora tipo Barret, calibre 50 milímetros, conocidas como antiaéreas y perforadoras de blindaje.
Los pistoleros se paseaban por las calles del centro de la ciudad amedrentando a todos, bebiendo bebidas embriagantes y haciendo mofa de los policías, quienes tuvieron que esconderse hasta que llegaron refuerzos de la policía estatal y del Ejército.
Fue hasta el domingo a mediodía que con la llegada de militares y policías estatales que pudieron localizar a los delincuentes “patrullando” el centro de San Juanito, por lo que se dio el enfrentamiento en las calles principales del poblado.
El enfrentamiento a tiros duró cerca de 20 minutos, y en él murieron cuatro de los pistoleros y uno más fue detenido al quedar herido.
Otros de los delincuentes tomaron como rehén a uno o dos policías para poder huir, según narraron habitantes del lugar a los medios de información.
A principios de este año, de manera similar, un grupo fuertemente armado compuesto por más de 20 hombres ingresó a este mismo poblado y se apoderó de las calles, para asesinar a cinco hombres, aparentemente de un cártel de la droga.
Este hecho fue filmado por las cámaras de seguridad de la Policía Estatal, cuyos agentes no intervinieron para detener a los pistoleros ni para resguardar a la población.
Este domingo, finalmente y luego del enfrentamiento, los policías y militares aseguraron cuatro armas, entre ellas una metralleta tipo Barret calibre 50, tres largas AK-47 conocidas como “cuernos de chivo”, y dos cortas, así como una camioneta.
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