El Universal
02/12/2011 - 08:57 AM
Londres, Ing.- "¿Usted tiene un smartphone? ¿Usa el correo electrónico? Entonces, tiene un problema”. El fundador de la plataforma de Internet WikiLeaks, Julian Assange, lo dijo claramente: quien posee un teléfono móvil moderno o arregla sus asuntos usando el correo electrónico, ya no está seguro ante el espionaje y la vigilancia.
Según nuevas revelaciones de WikiLeaks, la venta de este tipo de tecnología de espionaje alcanzó una magnitud tal, que el mundo se acerca a un “Estado de vigilancia totalitario” y global. Lo que hace una década era un “industria encubierta, secreta y pequeña”, se ha convertido actualmente en una industria internacional, indicó ayer Assange en Londres. Uno de los muchos problemas al respecto es que empresas de Occidente venden esta tecnología también a dictaduras. Éstas, a su vez, la usan para perseguir a las personas o hasta asesinarlas.
“Suena como si fuera algo de Hollywood, pero a partir a ahora, los sistemas de intercepción masiva, creados por empresas de inteligencia occidentales, son una realidad”, añadió As sange. En los últimos meses, el nombre WikiLeaks se escuchaba ante todo en relación con Assange y su proceso de extradición de Reino Unido a Suecia, donde debe ser interrogado por sospecha de abuso sexual. Ahora, por primera vez desde hace mucho tiempo, WikiLeaks publicó nuevos documentos que prueban que empresas en Occidente ganan dinero con la tecnología de vigilancia, que entre otros es usada por dictadores en países árabes.
Los programas pueden servir para hacer escuchas, conseguir acceso a datos y correos electrónicos y hasta sacar fotografías con teléfonos móviles. Las víctimas ni se darían cuenta de que fue instalado software en su móvil. En la lista se mencionan empresas grandes y conocidas de Alemania, Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Australia y otros países, que crean estos sistemas y los venden a “dictadores y democracias por igual”.
Son 160 compañías en 25 países y en los próximos meses se difundirán nuevos detalles. En la presentación en Londres, los activistas mostraron uno de los muchos programas: una empresa grande, francesa, vendió hace algunos años tecnología al ahora extinto líder libio Muammar Gaddafi.
Otros productos emplean actualizaciones falsas para iTunes y otros programas populares para hacerse con el control de las computadoras personales, precisó en una nota el diario The Washington Post, citado por EFE.
“El 11 de septiembre de 2001 le otorgó a Estados Unidos o a países en Europa una licencia para desarrollar sistemas de espionaje, que nos afectan a todos”, dijo Assange, de 40 años. Con frecuencia, este tipo de tecnología o software está prohibido en los países de origen, pero su venta al exterior no está claramente reglamentada. “La ganancia es con frecuencia más importante que la vida de los seres humanos”, dijo el activista Jacob Appelbaum.
Pero con sólo medidas legales ya no se puede enfrentar al espionaje masivo, sostuvo Assange. “Creo que esta guerra no la ganamos con legislación. El Estado vigilante totalitario y global sólo puede ser frenado con un software que bloquee los programas” .
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viernes, 2 de diciembre de 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
Wikileaks destapa a los informantes de Estados Unidos
El portal publica miles de cables sin proteger la identidad de las fuentes
D. ALANDETE - Washington - 31/08/2011
La organización de revelación de secretos Wikileaks ha publicado, en las pasadas semanas, más de 130.000 cables diplomáticos norteamericanos, en los que no ha borrado el nombre de informantes cuya seguridad ahora corre peligro, según el Gobierno norteamericano. Esa ha sido, en el pasado, una de las principales denuncias de la Casa Blanca y el Pentágono contra la organización que lidera Julian Assange, a quienes diversos altos funcionarios de Estados Unidos han acusado de "tener las manos manchadas de sangre" por haber dejado al descubierto a fuentes críticas para la inteligencia y diplomacia norteamericanas.
Julian Assange quiere "maximizar el impacto" de los telegramas
En muchos de los cables publicados ahora se lee, junto al nombre del informante, la expresión "proteger rigurosamente". Sucede así, por ejemplo, en un cable datado en abril de 2008 en la Embajada de Brasilia, donde se nombra a un senador brasileño que revela información crítica sobre la formación de guerrillas terroristas en su país. Ese mismo patrón de dejar el nombre al descubierto se sigue en numerosos cables de embajadas en Ankara, Ammán o Camberra, por ejemplo.
El pasado mes de noviembre, EL PAÍS publicó, junto a otros medios, la información más relevante de una filtración de 250.000 cables diplomáticos norteamericanos, de la que proceden estos nuevos documentos. En aquella cobertura, EL PAÍS borró los nombres de esas fuentes, con la intención de protegerlas y evitar represalias contra ellas. Wikileaks, sin embargo, ha ido publicando esos cables por su cuenta y de forma paulatina, sin otorgar esa protección a los informantes. Entre julio y agosto ha incrementado notablemente el volumen de esas filtraciones.
Un juzgado federal de Virginia está investigando la procedencia de esos documentos secretos y aún no ha presentado cargos. El soldado Bradley Manning, detenido el año pasado en Irak, espera un juicio militar por alta traición, acusado de ser la fuente de esa filtración y de otros documentos relativos a las guerras de Irak y Afganistán.
"La decisión de publicar los 133.877 cables se ha tomado de acuerdo con el compromiso de Wikileaks de maximizar el impacto y la información al alcance de todos", asegura la organización en un comunicado.
La labor de buscar nombres de fuentes y borrarlos es costosa, y Wikileaks no la asumió en su primera gran filtración, la de los 92.000 documentos de la guerra de Afganistán, en julio de 2010. Entonces, un portavoz de los talibanes anunció que su organización había buscado en los documentos nombres de informantes y espías, y que estaba elaborando una lista con ellos.
"El señor Assange puede decir lo que quiera sobre el gran bien que él y sus fuentes están haciendo, pero la verdad es que ya es posible que tengan en sus manos la sangre de algún joven soldado o alguna familia afgana", dijo entonces en conferencia de prensa el jefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante Mike Mullen.
En la segunda filtración, la de los 400.000 cables de Irak, en octubre, Wikileaks empleó un programa informático de identificación y borrado de nombres propios en los cables, que operaba de forma automática, lo que dificultó notablemente la lectura de muchos de ellos. Mientras, las relaciones entre Assange y uno de los medios que colaboraron con él inicialmente, The New York Times, se estropearon notablemente por ese motivo.
Ese diario se negó a publicar enlaces en su sitio web a las páginas de Wikileaks, por la identificación en ellas de nombres propios en los documentos sobre la guerra afgana. Wikileaks no incluyó a The New York Times en el grupo de medios al que entregó los cables del Departamento de Estado en su última tanda de filtraciones.
D. ALANDETE - Washington - 31/08/2011
La organización de revelación de secretos Wikileaks ha publicado, en las pasadas semanas, más de 130.000 cables diplomáticos norteamericanos, en los que no ha borrado el nombre de informantes cuya seguridad ahora corre peligro, según el Gobierno norteamericano. Esa ha sido, en el pasado, una de las principales denuncias de la Casa Blanca y el Pentágono contra la organización que lidera Julian Assange, a quienes diversos altos funcionarios de Estados Unidos han acusado de "tener las manos manchadas de sangre" por haber dejado al descubierto a fuentes críticas para la inteligencia y diplomacia norteamericanas.
Julian Assange quiere "maximizar el impacto" de los telegramas
En muchos de los cables publicados ahora se lee, junto al nombre del informante, la expresión "proteger rigurosamente". Sucede así, por ejemplo, en un cable datado en abril de 2008 en la Embajada de Brasilia, donde se nombra a un senador brasileño que revela información crítica sobre la formación de guerrillas terroristas en su país. Ese mismo patrón de dejar el nombre al descubierto se sigue en numerosos cables de embajadas en Ankara, Ammán o Camberra, por ejemplo.
El pasado mes de noviembre, EL PAÍS publicó, junto a otros medios, la información más relevante de una filtración de 250.000 cables diplomáticos norteamericanos, de la que proceden estos nuevos documentos. En aquella cobertura, EL PAÍS borró los nombres de esas fuentes, con la intención de protegerlas y evitar represalias contra ellas. Wikileaks, sin embargo, ha ido publicando esos cables por su cuenta y de forma paulatina, sin otorgar esa protección a los informantes. Entre julio y agosto ha incrementado notablemente el volumen de esas filtraciones.
Un juzgado federal de Virginia está investigando la procedencia de esos documentos secretos y aún no ha presentado cargos. El soldado Bradley Manning, detenido el año pasado en Irak, espera un juicio militar por alta traición, acusado de ser la fuente de esa filtración y de otros documentos relativos a las guerras de Irak y Afganistán.
"La decisión de publicar los 133.877 cables se ha tomado de acuerdo con el compromiso de Wikileaks de maximizar el impacto y la información al alcance de todos", asegura la organización en un comunicado.
La labor de buscar nombres de fuentes y borrarlos es costosa, y Wikileaks no la asumió en su primera gran filtración, la de los 92.000 documentos de la guerra de Afganistán, en julio de 2010. Entonces, un portavoz de los talibanes anunció que su organización había buscado en los documentos nombres de informantes y espías, y que estaba elaborando una lista con ellos.
"El señor Assange puede decir lo que quiera sobre el gran bien que él y sus fuentes están haciendo, pero la verdad es que ya es posible que tengan en sus manos la sangre de algún joven soldado o alguna familia afgana", dijo entonces en conferencia de prensa el jefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante Mike Mullen.
En la segunda filtración, la de los 400.000 cables de Irak, en octubre, Wikileaks empleó un programa informático de identificación y borrado de nombres propios en los cables, que operaba de forma automática, lo que dificultó notablemente la lectura de muchos de ellos. Mientras, las relaciones entre Assange y uno de los medios que colaboraron con él inicialmente, The New York Times, se estropearon notablemente por ese motivo.
Ese diario se negó a publicar enlaces en su sitio web a las páginas de Wikileaks, por la identificación en ellas de nombres propios en los documentos sobre la guerra afgana. Wikileaks no incluyó a The New York Times en el grupo de medios al que entregó los cables del Departamento de Estado en su última tanda de filtraciones.
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martes, 14 de diciembre de 2010
A la caza de Julian Assange»
La libertad bajo fianza de Assange, pendiente del recurso presentado por Suecia
La Fiscalía apela, en representación de las autoridades suecas, contra la decisión judicial que permite al fundador de Wikileaks salir de la cárcel bajo estrictas condiciones.- El ex 'hacker' australiano puede quedarse en prisión hasta 48 horas más, el plazo en el que el juez debe ver la apelación
EL PAIS / AGENCIAS - Madrid / Londres - 14/12/2010
Un juez del tribunal de Westminster ha concedido hoy la libertad bajo fianza al fundador de Wikileaks, Julian Assange. Sus abogados han ofrecido facilitar una dirección permanente en Reino Unido de su defendido para que esté localizable y el magistrado ha aceptado a cambio de unas estrictas condiciones que incluyen, entre otras medidas, una fianza de 285.000 euros (incluidos dos avales) y un toque de queda. Pese a la decisión judicial, el ex hacker australiano ha regresado a prisión, donde podría permanecer hasta 48 horas después de que la Fiscalía haya recurrido la decisión a petición de Suecia, país que reclama a Assange por presuntos delitos sexuales.
A cambio de su libertad, el fundador de Wikileaks deberá depositar 200.000 libras (unos 235.000 euros) en metálico -cantidad que según uno de sus abogados, Mark Stephens, podría llevarle varios días reunir- y presentar dos avales de 20.000 libras cada uno (23.000 euros). También tendrá que entregar su pasaporte, se le aplicará un toque de queda y deberá llevar un dispositivo electrónico de localización. Además, deberá dar un parte de su situación a la comisaría cada día a las seis de la tarde. El próximo 11 de enero deberá volver a presentarse ante el tribunal para declarar en relación con su posible extradición a Suecia.
Assange ha llegado al juzgado londinense de Westminster poco después de las dos de la tarde (una hora más en la España peninsular) en un furgón policial que le ha trasladado desde la cárcel de Wandsworth, donde ingresó hace una semana después de que Suecia pidiera su detención y extradición para interrogarle acerca de las acusaciones de violación y acoso sexual presentadas por dos mujeres. Tras pasar unas horas en el juzgado, la policía le ha trasladado de nuevo a prisión a la espera del posible recurso. La expectación que ha levantado todo el proceso mantiene al Ejecutivo británico en alerta ante la posibilidad de que los ciberactivistas defensores de Assange ataquen las webs gubernamentales.
Gran expectación
A las puertas del juzgado se han congregado cerca de un centenar de activistas con pancartas que piden la libertad del australiano, la retirada de Afganistán o simplemente "verdad", informa Joseba Elola. "Esto no es 1984", decía una de las pancartas más inquietantes a propósito de la obra de George Orwell. No se ha registrado ningún altercado aunque dos personas sí han obligado a los policías presentes a ponerse en actividad cuando han lanzado cientos de papeles con copias de los cables del Departamento de Estado publicados por Wikileaks. Los agentes se ha apresurado a recogerlos para dejar limpia la entrada a los tribunales.
Los numerosos medios que esperaban en la entrada del juzgado -una presencia todavía superior a la de los activistas con unas 120 personas entre periodistas, cámaras y fotógrafos- han podido ver la llegada de la madre del detenido, Christine, y de varios rostros conocidos. Entre otros, el cineasta Ken Loach, la modelo Bianca Jagger, el escritor y periodista John Pilger o la conocida militante progresista Jemima Khan. Algunos de ellos se han ofrecido para ayudar personalmente a Assange a pagar la fianza.
Denegada la primera petición
Assange se entregó en una comisaría de Londres el pasado día 7. El tribunal de Westminster le denegó la fianza al apreciar riesgo de fuga, por lo que se encuentra desde entonces en la cárcel de Wandsworth, donde está aislado del resto de presos por el revuelo que ha levantado su presencia. El fundador de la web que filtró 250.000 documentos de la diplomacia estadounidense teme que su detención sea un paso previo para ser extraditado a EE UU.
El fundador de Wikileaks ha asegurado que es inocente de los cargos, que calfica como "trucos sucios" en respuesta a las filtraciones de su organización. Sin embargo, la Fiscalía sueca niega que ambos asuntos estén relacionados. Assange ha admitido que mantuvo relaciones sexuales, aunque consentidas, con las dos mujeres denunciantes, ambas voluntarias de Wikileaks, durante un viaje a Suecia en agosto. Las jóvenes dicen que las relaciones dejaron de ser voluntarias al darse cuenta de que Assange no tenía preservativos.
"Convicciones inalterables"
Desde prisión, Assange ha transmitido a través de una conversación telefónica con su madre, un comunicado que se ha hecho público en el Canal Siete australiano. "Mis convicciones permanecen inalterables. Yo continúo fiel a mis ideales. Estas circunstancias no me harán cambiar. Si algo ha conseguido este proceso es reforzar mi determinación en la verdad", ha manifestado el fundador de Wikileaks.
"Ahora sabemos que Visa, MasterCard, PayPal y otras son instrumentos de la política exterior de Estados Unidos. Es algo nuevo", ha señalado. La acusación de Assange se produce después de que estas empresas y otras como Amazon rompiesen sus vínculos con Wikileaks o congelaran las transacciones en Internet con las que se financia la organización, bajo argumentos como que desarrollaba actividades ilegales.
Ciberataques
Durante la última semana, Internet ha sido el escenario de una ofensiva de partidarios de Assange, promovido por un grupo llamado Anonymous, que han lanzado ataques para bloquear las páginas de las empresas que consideran enemigas de Wikileaks.
El último mensaje del australiano parece un acicate para los ciberactivistas. "Hago un llamamiento a todo el mundo para que se proteja mi trabajo y a mi gente de estos ataques ilegales e inmorales", ha indicado Assange.
Peter Ricketts, el consejero de seguridad nacional del primer ministro, David Cameron, ha puesto al Gobierno en alerta ante la posibilidad de que las páginas gubernamentales sufran ataques por partidarios del fundador de Wikileaks, según The Guardian.
Un portavoz de Downing Street dijo ayer que la prioridad sería mantener la seguridad en "las páginas que gestionan información que pertenece al público", ante el temor de que los ataques se dirijan contra los servicios de Hacienda o del Departamento de Empleo y Pensiones.
En contraposición, las manifestaciones convocadas hasta ahora en las calles de distintas ciudades han tenido un seguimiento mucho menor que las acciones en la web. El sábado, unas 50 personas se concentraron ante la Embajada estadounidense en Londres, y unos pocos cientos en Madrid, Barcelona o Valencia. Para hoy se ha convocado una protesta ante el tribunal londinense donde comparecerá Assange.
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lunes, 13 de diciembre de 2010
La "ciberguerra" apenas comienza...
Leonardo Boix
El australiano Julian Assange enfrenta un juicio de extradición en Londres a petición del gobierno sueco, que lo acusa de abuso sexual contra dos colaboradoras. Sin embargo, alrededor de este juicio se desarrolla un jaloneo político de dimensiones mayores, ya que el gobierno de Estados Unidos sigue apretando el cerco financiero y legal contra WikiLeaks y su fundador, que osó divulgar sus secretos militares y diplomáticos. Este martes 14, la decisión de un juez puede determinar el cese o el recrudecimiento de la guerra cibernética internacional que desataron los simpatizantes de Assange.
LONDRES.- Julian Assange, el fundador del sitio WikiLeaks, quien fue arrestado el martes 7 en Londres a petición de la policía sueca, se convirtió de la noche a la mañana en un referente internacional de la libertad de prensa.
Su polémica detención en la capital británica a partir de una solicitud de extradición de Suecia provocó que cientos de grupos de hackers lanzaran una guerra informática –una guerra que, advierten, apenas comienza– contra empresas multinacionales, como Mastercard, Visa, Paypal, Amazon y Twitter, que boicotearon a WikiLeaks tras supuestas presiones de Estados Unidos, cuyo gobierno fue golpeado por las filtraciones de miles de documentos secretos del Departamento de Estado.
El mismo día, el periodista de investigación británico John Pilger sostuvo en la corte de primera instancia de Westminster que Assange es un "héroe de la libertad de prensa", y junto con otras celebridades británicas, entre ellas el director Ken Loach y la millonaria Jemima Khan, ofreció pagar hasta 20 mil libras esterlinas por la liberación del detenido.
Pilger agregó que Assange "hizo un servicio enorme a la humanidad y al periodismo" al difundir los cables secretos de la diplomacia estadunidense: "Lo de WikiLeaks es el mejor periodismo: es decir la verdad, hacer investigaciones, descubrir cómo están las cosas".
Pilger, quien fue enviado especial del periódico Daily Mirror y es autor del documental Year zero: the silent death of Cambodia (Año cero: la silenciosa muerte de Camboya, de 1970), agregó que "todas las acciones –difusión de la información clasificada del Departamento de Estado– deberían ser celebradas, no terminar en un aula de tribunal en Londres (…) Seguiré apoyándolo. La injusticia no fue cometida por esta corte, que está haciendo su trabajo. La injusticia está en Suecia, de donde viene el ataque disfrazado con acusaciones absurdas".
Lo cierto es que los simpatizantes de Assange han lanzado una guerra en internet para "vengar" a quien consideran su "héroe" por difundir los entresijos de la diplomacia estadunidense y sus vínculos oscuros con los gobiernos de otros países.
La detención del australiano en la prisión de Wandsworth, en el suroeste de Londres, intensificó la llamada ciberguerra. El portal de la empresa de tarjetas de crédito Visa, que el martes 7 suspendió la cuenta de WikiLeaks y anunció que investigaría la legalidad de los pagos al sitio, dos días después fue objeto de un ataque de grupos no identificados, supuestamente simpatizantes de Assange.
Ese miércoles Mastercard, Paypal, Amazon y Facebook sufrieron ataques realizados por hackers que los justificaron como "venganza" por el boicot de dichas firmas al sitio de Assange. Así lo confirmó un miembro del grupo Anonymous, uno de los responsables de los ataques informáticos, quien el jueves 9 declaró a la Radio 4 de la BBC que la campaña de represalias "no ha terminado". Al contrario, aseguró, "está tomando fuerza".
El activista de 22 años, que se hizo llamar Coldblood (Sangrefría) y quien estudia ingeniería informática, como se supo después, dijo que "más y más personas están descargando de forma voluntaria la herramienta botnet (que facilita los ciberataques)… Ya somos miles los que nos hemos sumado a la guerra de información. Nosotros tratamos de mantener la internet abierta y libre, pero en los últimos años los gobiernos han tratado de limitar la libertad que tenemos en internet".
Los blancos de la llamada Operación Payback son las firmas que decidieron retirarle servicios y financiamiento a WikiLeaks, algunas de las cuales admitieron que lo hicieron bajo presión del gobierno de Estados Unidos. Es el caso de Paypal, cuyo vicepresidente, Osama Bedier, ofreció una conferencia de prensa en París el miércoles 8 y reveló que la empresa de pagos por internet decidió cerrar la cuenta de WikiLeaks "como resultado" de una carta oficial:
"El Departamento de Estado nos dijo que esas eran actividades ilegales. Fue un mensaje directo… En principio cumplimos con las regulaciones en todo el mundo para garantizar la protección de nuestra empresa".
Cuando se le preguntó si Paypal sufriría ataques cibernéticos por admitir presiones de Estados Unidos, Bedier respondió que "una de las señales de que uno es una compañía exitosa de pagos es que los hackers tratarán de atacarlo; este caso no es diferente de otros".
Los cargos
En una carta que publicó en línea el jueves 9, el grupo Anonymous negó que sean "vigilantes o terroristas". Destacó que "el objetivo es simple: ganar el derecho a mantener internet libre de cualquier control de entidad, corporación o gobierno alguno".
El mismo día, el periódico sueco Aftonbladet dio a conocer que el sitio web del gobierno de su país fue objeto de un breve ataque, aparentemente cometido por seguidores de Assange en represalia por la acusación de abuso sexual enderezada contra el fundador de WikiLeaks, muchos de cuyos simpatizantes consideran esos cargos como una trampa del servicio secreto estadunidense.
Está previsto que el australiano vuelva a comparecer el 14 de diciembre ante la corte de primera instancia de Westminster, en el centro de Londres, que hasta el momento ha denegado su liberación bajo fianza.
Por su parte, el abogado de Assange, el británico Mark Stephens, negó en un comunicado fechado el miércoles 8 que el fundador de WikiLeaks haya ordenado los ataques cibernéticos de los últimos días y los atribuyó a la "fuerza de lucha" que generó su trabajo.
Desde el 28 de octubre, Assange vivía alternamente en casas de amigos o seguidores en distintos lugares del suroeste de Inglaterra. Pasó las dos noches anteriores a su detención en el Frontline Club de Paddington, en el oeste de Londres, que suelen utilizar los periodistas para reuniones y entrevistas, o bien como albergue.
Sin embargo, acabó por entregarse a las autoridades británicas para escuchar, el martes 7 en la corte de Westminster, los cargos que Suecia le imputa y que se detallan en la causa de extradición A-S 7253.
El primero fue por coerción, otros dos por abusos sexuales y uno más por agresiones sexuales, supuestamente cometidos contra dos mujeres, de 35 y 25 años, identificadas solamente con las letras "A" y "W" (aunque después se supo que "A" es Anna Ardin, una sueca que vivió en Argentina en 2005 y admiraba al entonces presidente Néstor Kirchner). Las dos presuntas víctimas eran voluntarias de WikiLeaks.
"A" denunció que fue víctima de "coerción ilegal" la noche del 14 de agosto en Enköping, 78 kilómetros al oeste de Estocolmo, luego que Assange supuestamente la inmovilizó con el peso de su cuerpo para violarla. Assange conoció a Anna Ardin ese fin de semana en un seminario de WikiLeaks.
El segundo cargo consiste en "abusos sexuales" contra "A" por no utilizar condón al mantener relaciones sexuales con ella, pese a que –se dice en la causa de extradición– la denunciante "expresó el deseo contrario".
El tercer cargo indica que Assange "deliberadamente abusó" de "A" el 18 de agosto, "de una forma diseñada para violar su integridad sexual", en tanto que el cuarto se basa en que el acusado supuestamente mantuvo relaciones sexuales con una segunda mujer, "W", el 17 de agosto, igualente sin utilizar condón, mientras ella dormía en su vivienda de la zona residencial de Karlaplan, en el centro de Estocolmo.
"W" pertenece a la Asociación Sueca de Demócratas Sociales Cristianos, un grupo afiliado al Partido Socialdemócrata Sueco, que organizó un seminario y una conferencia de prensa de Assange el 14 y el 15 de agosto; era la portavoz del australiano en Suecia y lo había invitado a alojarse en su casa mientras tuviera actividades en Estocolmo.
Estos cargos presentados por Suecia se basan en una figura legal denominada sex by surprise (sexo por sorpresa), incluida en la norma sueca sobre violación simple, que alcanza a "cualquier acto de constricción vinculado al sexo". Los delitos así configurados habitualmente son extinguibles con una multa de 715 dólares, y sólo están tipificados en Suecia, no así en Gran Bretaña o Estados Unidos.
Los abogados de Assange indicaron en la corte que éste consumó relaciones sexuales consentidas, aunque no protegidas, con las dos mujeres, y que en los días sucesivos hubo nuevos "contactos amistosos y buscados" por ambas, que "decidieron denunciarlo al descubrir la existencia una de la otra".
Los periódicos británicos Daily Mail y The Guardian –este último uno de los medios asociados con WikiLeaks para la filtración de documentos secretos estadunidenses– indicaron el día del arresto de Assange que con "A" el activista australiano no utilizó preservativo y que con "W" se le rompió. Según esta versión, la posterior negativa de Assange a someterse a un control llevó a ambas mujeres a denunciarlo.
Pese a los intentos oficiales para mantener en secreto los datos de las denunciantes, se dio a conocer que Ardin fue seguidora del fallecido político argentino Néstor Kirchner y que visitó Cuba, donde participó en diálogos con grupos disidentes, como las Damas de Blanco.
La conexión Suecia-EU
El 20 de agosto, cuando Assange aún estaba en Suecia, se cursó una orden de detención contra él por los cargos mencionados pero se retiró en menos de 24 horas porque la fiscal Eva Finné, que llevaba el caso, consideró que las acusaciones no se sostenían. "No creo que exista razón para sospechar que él cometió violación", asentó en su dictamen.
Por eso el activista abandonó el país sin problemas. Casi dos meses después, el 18 de noviembre, la fiscal especializada en delitos sexuales Marianne Ny, de Gotemburgo, emitió una segunda orden de detención y giró una orden de búsqueda y captura internacional, que provocó el arresto del australiano y desembocó en el proceso de su eventual extradición.
El 20 de noviembre la policía de Suecia emitió un pedido de arresto internacional contra Assange a través de la Interpol, y en Europa a través del Schengen Information System. Sin embargo, Scotland Yard, que conocía el paradero del activista e incluso estaba en comunicación diaria con sus abogados, no pudo detenerlo porque el documento tenía un error burocrático y solicitó a la autoridad sueca una segunda petición, que llegó a Londres el lunes 6.
Poco antes, el vocero de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, afirmó en un comunicado a través del sitio Twitter que la detención de Assange es un "ataque a la libertad de prensa", y confirmó que el sitio web seguirá operando normalmente.
El arresto generó especulaciones sobre un eventual pedido de extradición a Estados Unidos por supuesto delito de espionaje. Así lo informó el miércoles 8 el periódico inglés The Independent que, con base en fuentes diplomáticas "bien ubicadas", afirmó: "Han comenzado discusiones informales entre funcionarios de Estados Unidos y Suecia sobre la posibilidad de que Julian Assange sea entregado a la custodia estadunidense".
"El Departamento de Justicia estadunidense está considerando acusar al señor Assange por delitos de espionaje debido a la filtración sin precedente por parte de su sitio web de cables diplomáticos estadunidenses clasificados", especificó el diario británico.
Lo mismo difundió la cadena de noticias Sky News en su noticiario del miércoles 8: "Cuanto más tiempo (Assange) permanezca en Gran Bretaña, mayor será la posibilidad de que Estados Unidos encuentre una ley que permita acusarlo de forma razonable y lograr una condena" contra él.
Sin embargo, no se ha definido el periodo durante el que Assange permanecerá en Inglaterra. Existe la posibilidad de que el martes 14 el juez distrital Riddle se convenza de que el australiano es buscado en efecto por los delitos sexuales mencionados y que, por lo tanto, su extradición a Suecia no viola sus derechos humanos. En ese caso la corte ordenaría su extradición, y si la defensa no presenta apelación, Assange sería extraditado en un plazo de 10 días.
Pero el australiano ya confirmó que apelará una decisión como esa, para lo cual la ley británica le concede un límite de siete días. El proceso correspondiente en el Alto Tribunal de Londres comenzaría dentro de los 40 días a partir de la presentación del recurso, aunque la corte puede extender ese plazo "en el interés de la justicia".
Si esa corte apoya la extradición, el equipo legal de Assange puede apelar nuevamente, esta vez en la recientemente formada Corte Suprema de Gran Bretaña, pero los magistrados sólo aceptarán el pedido si se justifica que es de interés público.
El dictamen de la Corte Suprema será el final del proceso legal de Assange en Gran Bretaña, aunque podría ser el principio de otro mucho más polémico y controvertido en caso de que el nuevo héroe de los hackers y de muchos periodistas independientes sea solicitado por el gobierno de Estados Unidos bajo cargos de espionaje.
Proceso
13/12/2010
El australiano Julian Assange enfrenta un juicio de extradición en Londres a petición del gobierno sueco, que lo acusa de abuso sexual contra dos colaboradoras. Sin embargo, alrededor de este juicio se desarrolla un jaloneo político de dimensiones mayores, ya que el gobierno de Estados Unidos sigue apretando el cerco financiero y legal contra WikiLeaks y su fundador, que osó divulgar sus secretos militares y diplomáticos. Este martes 14, la decisión de un juez puede determinar el cese o el recrudecimiento de la guerra cibernética internacional que desataron los simpatizantes de Assange.
LONDRES.- Julian Assange, el fundador del sitio WikiLeaks, quien fue arrestado el martes 7 en Londres a petición de la policía sueca, se convirtió de la noche a la mañana en un referente internacional de la libertad de prensa.
Su polémica detención en la capital británica a partir de una solicitud de extradición de Suecia provocó que cientos de grupos de hackers lanzaran una guerra informática –una guerra que, advierten, apenas comienza– contra empresas multinacionales, como Mastercard, Visa, Paypal, Amazon y Twitter, que boicotearon a WikiLeaks tras supuestas presiones de Estados Unidos, cuyo gobierno fue golpeado por las filtraciones de miles de documentos secretos del Departamento de Estado.
El mismo día, el periodista de investigación británico John Pilger sostuvo en la corte de primera instancia de Westminster que Assange es un "héroe de la libertad de prensa", y junto con otras celebridades británicas, entre ellas el director Ken Loach y la millonaria Jemima Khan, ofreció pagar hasta 20 mil libras esterlinas por la liberación del detenido.
Pilger agregó que Assange "hizo un servicio enorme a la humanidad y al periodismo" al difundir los cables secretos de la diplomacia estadunidense: "Lo de WikiLeaks es el mejor periodismo: es decir la verdad, hacer investigaciones, descubrir cómo están las cosas".
Pilger, quien fue enviado especial del periódico Daily Mirror y es autor del documental Year zero: the silent death of Cambodia (Año cero: la silenciosa muerte de Camboya, de 1970), agregó que "todas las acciones –difusión de la información clasificada del Departamento de Estado– deberían ser celebradas, no terminar en un aula de tribunal en Londres (…) Seguiré apoyándolo. La injusticia no fue cometida por esta corte, que está haciendo su trabajo. La injusticia está en Suecia, de donde viene el ataque disfrazado con acusaciones absurdas".
Lo cierto es que los simpatizantes de Assange han lanzado una guerra en internet para "vengar" a quien consideran su "héroe" por difundir los entresijos de la diplomacia estadunidense y sus vínculos oscuros con los gobiernos de otros países.
La detención del australiano en la prisión de Wandsworth, en el suroeste de Londres, intensificó la llamada ciberguerra. El portal de la empresa de tarjetas de crédito Visa, que el martes 7 suspendió la cuenta de WikiLeaks y anunció que investigaría la legalidad de los pagos al sitio, dos días después fue objeto de un ataque de grupos no identificados, supuestamente simpatizantes de Assange.
Ese miércoles Mastercard, Paypal, Amazon y Facebook sufrieron ataques realizados por hackers que los justificaron como "venganza" por el boicot de dichas firmas al sitio de Assange. Así lo confirmó un miembro del grupo Anonymous, uno de los responsables de los ataques informáticos, quien el jueves 9 declaró a la Radio 4 de la BBC que la campaña de represalias "no ha terminado". Al contrario, aseguró, "está tomando fuerza".
El activista de 22 años, que se hizo llamar Coldblood (Sangrefría) y quien estudia ingeniería informática, como se supo después, dijo que "más y más personas están descargando de forma voluntaria la herramienta botnet (que facilita los ciberataques)… Ya somos miles los que nos hemos sumado a la guerra de información. Nosotros tratamos de mantener la internet abierta y libre, pero en los últimos años los gobiernos han tratado de limitar la libertad que tenemos en internet".
Los blancos de la llamada Operación Payback son las firmas que decidieron retirarle servicios y financiamiento a WikiLeaks, algunas de las cuales admitieron que lo hicieron bajo presión del gobierno de Estados Unidos. Es el caso de Paypal, cuyo vicepresidente, Osama Bedier, ofreció una conferencia de prensa en París el miércoles 8 y reveló que la empresa de pagos por internet decidió cerrar la cuenta de WikiLeaks "como resultado" de una carta oficial:
"El Departamento de Estado nos dijo que esas eran actividades ilegales. Fue un mensaje directo… En principio cumplimos con las regulaciones en todo el mundo para garantizar la protección de nuestra empresa".
Cuando se le preguntó si Paypal sufriría ataques cibernéticos por admitir presiones de Estados Unidos, Bedier respondió que "una de las señales de que uno es una compañía exitosa de pagos es que los hackers tratarán de atacarlo; este caso no es diferente de otros".
Los cargos
En una carta que publicó en línea el jueves 9, el grupo Anonymous negó que sean "vigilantes o terroristas". Destacó que "el objetivo es simple: ganar el derecho a mantener internet libre de cualquier control de entidad, corporación o gobierno alguno".
El mismo día, el periódico sueco Aftonbladet dio a conocer que el sitio web del gobierno de su país fue objeto de un breve ataque, aparentemente cometido por seguidores de Assange en represalia por la acusación de abuso sexual enderezada contra el fundador de WikiLeaks, muchos de cuyos simpatizantes consideran esos cargos como una trampa del servicio secreto estadunidense.
Está previsto que el australiano vuelva a comparecer el 14 de diciembre ante la corte de primera instancia de Westminster, en el centro de Londres, que hasta el momento ha denegado su liberación bajo fianza.
Por su parte, el abogado de Assange, el británico Mark Stephens, negó en un comunicado fechado el miércoles 8 que el fundador de WikiLeaks haya ordenado los ataques cibernéticos de los últimos días y los atribuyó a la "fuerza de lucha" que generó su trabajo.
Desde el 28 de octubre, Assange vivía alternamente en casas de amigos o seguidores en distintos lugares del suroeste de Inglaterra. Pasó las dos noches anteriores a su detención en el Frontline Club de Paddington, en el oeste de Londres, que suelen utilizar los periodistas para reuniones y entrevistas, o bien como albergue.
Sin embargo, acabó por entregarse a las autoridades británicas para escuchar, el martes 7 en la corte de Westminster, los cargos que Suecia le imputa y que se detallan en la causa de extradición A-S 7253.
El primero fue por coerción, otros dos por abusos sexuales y uno más por agresiones sexuales, supuestamente cometidos contra dos mujeres, de 35 y 25 años, identificadas solamente con las letras "A" y "W" (aunque después se supo que "A" es Anna Ardin, una sueca que vivió en Argentina en 2005 y admiraba al entonces presidente Néstor Kirchner). Las dos presuntas víctimas eran voluntarias de WikiLeaks.
"A" denunció que fue víctima de "coerción ilegal" la noche del 14 de agosto en Enköping, 78 kilómetros al oeste de Estocolmo, luego que Assange supuestamente la inmovilizó con el peso de su cuerpo para violarla. Assange conoció a Anna Ardin ese fin de semana en un seminario de WikiLeaks.
El segundo cargo consiste en "abusos sexuales" contra "A" por no utilizar condón al mantener relaciones sexuales con ella, pese a que –se dice en la causa de extradición– la denunciante "expresó el deseo contrario".
El tercer cargo indica que Assange "deliberadamente abusó" de "A" el 18 de agosto, "de una forma diseñada para violar su integridad sexual", en tanto que el cuarto se basa en que el acusado supuestamente mantuvo relaciones sexuales con una segunda mujer, "W", el 17 de agosto, igualente sin utilizar condón, mientras ella dormía en su vivienda de la zona residencial de Karlaplan, en el centro de Estocolmo.
"W" pertenece a la Asociación Sueca de Demócratas Sociales Cristianos, un grupo afiliado al Partido Socialdemócrata Sueco, que organizó un seminario y una conferencia de prensa de Assange el 14 y el 15 de agosto; era la portavoz del australiano en Suecia y lo había invitado a alojarse en su casa mientras tuviera actividades en Estocolmo.
Estos cargos presentados por Suecia se basan en una figura legal denominada sex by surprise (sexo por sorpresa), incluida en la norma sueca sobre violación simple, que alcanza a "cualquier acto de constricción vinculado al sexo". Los delitos así configurados habitualmente son extinguibles con una multa de 715 dólares, y sólo están tipificados en Suecia, no así en Gran Bretaña o Estados Unidos.
Los abogados de Assange indicaron en la corte que éste consumó relaciones sexuales consentidas, aunque no protegidas, con las dos mujeres, y que en los días sucesivos hubo nuevos "contactos amistosos y buscados" por ambas, que "decidieron denunciarlo al descubrir la existencia una de la otra".
Los periódicos británicos Daily Mail y The Guardian –este último uno de los medios asociados con WikiLeaks para la filtración de documentos secretos estadunidenses– indicaron el día del arresto de Assange que con "A" el activista australiano no utilizó preservativo y que con "W" se le rompió. Según esta versión, la posterior negativa de Assange a someterse a un control llevó a ambas mujeres a denunciarlo.
Pese a los intentos oficiales para mantener en secreto los datos de las denunciantes, se dio a conocer que Ardin fue seguidora del fallecido político argentino Néstor Kirchner y que visitó Cuba, donde participó en diálogos con grupos disidentes, como las Damas de Blanco.
La conexión Suecia-EU
El 20 de agosto, cuando Assange aún estaba en Suecia, se cursó una orden de detención contra él por los cargos mencionados pero se retiró en menos de 24 horas porque la fiscal Eva Finné, que llevaba el caso, consideró que las acusaciones no se sostenían. "No creo que exista razón para sospechar que él cometió violación", asentó en su dictamen.
Por eso el activista abandonó el país sin problemas. Casi dos meses después, el 18 de noviembre, la fiscal especializada en delitos sexuales Marianne Ny, de Gotemburgo, emitió una segunda orden de detención y giró una orden de búsqueda y captura internacional, que provocó el arresto del australiano y desembocó en el proceso de su eventual extradición.
El 20 de noviembre la policía de Suecia emitió un pedido de arresto internacional contra Assange a través de la Interpol, y en Europa a través del Schengen Information System. Sin embargo, Scotland Yard, que conocía el paradero del activista e incluso estaba en comunicación diaria con sus abogados, no pudo detenerlo porque el documento tenía un error burocrático y solicitó a la autoridad sueca una segunda petición, que llegó a Londres el lunes 6.
Poco antes, el vocero de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, afirmó en un comunicado a través del sitio Twitter que la detención de Assange es un "ataque a la libertad de prensa", y confirmó que el sitio web seguirá operando normalmente.
El arresto generó especulaciones sobre un eventual pedido de extradición a Estados Unidos por supuesto delito de espionaje. Así lo informó el miércoles 8 el periódico inglés The Independent que, con base en fuentes diplomáticas "bien ubicadas", afirmó: "Han comenzado discusiones informales entre funcionarios de Estados Unidos y Suecia sobre la posibilidad de que Julian Assange sea entregado a la custodia estadunidense".
"El Departamento de Justicia estadunidense está considerando acusar al señor Assange por delitos de espionaje debido a la filtración sin precedente por parte de su sitio web de cables diplomáticos estadunidenses clasificados", especificó el diario británico.
Lo mismo difundió la cadena de noticias Sky News en su noticiario del miércoles 8: "Cuanto más tiempo (Assange) permanezca en Gran Bretaña, mayor será la posibilidad de que Estados Unidos encuentre una ley que permita acusarlo de forma razonable y lograr una condena" contra él.
Sin embargo, no se ha definido el periodo durante el que Assange permanecerá en Inglaterra. Existe la posibilidad de que el martes 14 el juez distrital Riddle se convenza de que el australiano es buscado en efecto por los delitos sexuales mencionados y que, por lo tanto, su extradición a Suecia no viola sus derechos humanos. En ese caso la corte ordenaría su extradición, y si la defensa no presenta apelación, Assange sería extraditado en un plazo de 10 días.
Pero el australiano ya confirmó que apelará una decisión como esa, para lo cual la ley británica le concede un límite de siete días. El proceso correspondiente en el Alto Tribunal de Londres comenzaría dentro de los 40 días a partir de la presentación del recurso, aunque la corte puede extender ese plazo "en el interés de la justicia".
Si esa corte apoya la extradición, el equipo legal de Assange puede apelar nuevamente, esta vez en la recientemente formada Corte Suprema de Gran Bretaña, pero los magistrados sólo aceptarán el pedido si se justifica que es de interés público.
El dictamen de la Corte Suprema será el final del proceso legal de Assange en Gran Bretaña, aunque podría ser el principio de otro mucho más polémico y controvertido en caso de que el nuevo héroe de los hackers y de muchos periodistas independientes sea solicitado por el gobierno de Estados Unidos bajo cargos de espionaje.
Proceso
13/12/2010
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Ciber Guerra,
Julian Assange
jueves, 9 de diciembre de 2010
Matar al mensajero
Miguel Ángel Granados Chapa
Julian Assange, el joven director de WikiLeaks (o jefe de redacción, como él se presenta, en un intento de disminuir su presencia personal en un proyecto colectivo) amaneció esta mañana en una prisión londinense. El gobierno sueco solicita su extradición y le fue negada la libertad provisional hasta que se resuelva el pedido de Estocolmo. Los delitos de que se le acusa conciernen a su vida personalísima: violación, acoso sexual y coerción, y el periodista australiano debe encarar su responsabilidad. Pero el que las conductas que se le achacan hubieran ocurrido en agosto y se le requiera en diciembre, cuando se halla en el centro de una tormenta de alcance mundial, obligan a pensar que una motivación política induce su captura. En otra circunstancia sería exigible que una figura pública como él volviera a Suecia y resolviera de frente sus diferencias con las personas que lo acusan, con las que Assange asegura haber tenido una relación adulta, convenida, es decir con el consentimiento de ellas, que también admiten el consenso salvo en lo que hace a sus reticencias cuando Assange quiso continuar el trato sexual sin contar con la protección debida.
El protagonista del más vasto escándalo político mundial teme que de Estocolmo, si la justicia británica acepta extraditarlo, se le conduzca a Estados Unidos, donde se ha creado un ambiente extremadamente hostil en contra suya. La más rabiosa derecha norteamericana lo detesta en mayor medida aun que el gobierno de Washington, y con la irracionalidad que es propia de esa posición ideológica propone que se le asesine: no que se le aplique la pena de muerte, después de un proceso, sino simple y llanamente que se le arrebate la vida, que un sicario o un desquiciado movido por la idea patriótica que anima a Sarah Palin, la fundadora de ese Yunque norteamericano que es el Tea Party, lo balee en las calles como hizo Mark David Chapman a John Lennon hoy hace exactamente 30 años.
Arrestado como está en Londres y eventualmente sujeto a proceso, Assange resulta un triunfador, porque al atraer sobre su persona las inquinas de los orígenes más diversos permite que la divulgación de documentos reservados continúe su curso. El papel de WikiLeaks se cumple así cabalmente. Su fundador atrae los rayos de la justicia y de las buenas conciencias, sin que se repare en que él no es la fuente de los documentos que ahora incomodan o inquietan a tantos, y tampoco es el eslabón final de la cadena para hacer conocer esos papeles. En buena hora, nadie ha movido un dedo para pretender que los periódicos donde desembocan las filtraciones dejen de hacerlo. Sería de ver que la justicia británica intente censurar a The Guardian, o la española a El País, o la de Alemania a Der Spiegel, o la francesa a Le Monde, o la de Estados Unidos a The New York Times.
En 1971, Daniel Ellsberg, un funcionario del Departamento de Defensa norteamericano, percatado de las mentiras monumentales del gobierno de Nixon para justificar su creciente participación en la guerra de Vietnam, se jugó el todo por el todo y de manera anónima (sólo al cabo del tiempo sería descubierto) envió copia de un archivo completo sobre el tema a The New York Times. Cuando este diario inició la publicación de "los papeles del Pentágono", el gobierno buscó impedir judicialmente que lo hiciera. Para evitar el silenciamiento otros diarios retomaron la publicación de esos documentos, que fue legitimada a la postre por una sentencia de la Suprema Corte de Justicia donde se lee esta frase que podría inscribirse en las salas de redacción (o lo que reste de ellas) de todo el mundo: "sólo una prensa libre y sin restricciones puede exponer efectivamente los engaños del gobierno".
Un moderno Ellsberg, o varios émulos de ese personaje reunieron y copiaron la documentación gubernamental que tanto ha dado que decir, y la remitieron a WikiLeaks. Y los cuatro diarios y la revista mencionados la pusieron a disposición de los lectores, en una nueva demostración, digámoslo de refilón, de la potencia que conservan y mantendrán por mucho tiempo los medios impresos. Se cumplió así, en esos extremos, el propósito del australiano al fundar su sitio en la red: "proteger a denunciantes, periodistas y activistas que cuenten con información relevante y quieran comunicarla al público".
WikiLeaks está lejos de ser un mero intermediario, indolente e ingenuo, que simplemente corre traslado de sus mensajes. Verifica su origen, pasa por un apretado cedazo la información contenida en los documentos y luego los da a conocer íntegramente. No lo dice de modo explícito pero es indudable que se abstiene de divulgar información confidencial, secreta, que pudiera poner en riesgo a una nación o a individuos en particular. Cuando más, lo que hace es desenmascararlos, cuando se revela el trasfondo de las relaciones diplomáticas, que suelen estar envueltas en el papel de seda del doble lenguaje.
La prisión (en Londres, Estocolmo o Washington) no acallará a Assange. Se le ha cercado obturando sus fuentes de financiamiento y aun sus depósitos bancarios, y negándole acceso al servidor que ha utilizado. Pero ya se aprestan otros muchos centros de difusión, que cuentan con copia de los documentos de marras, a propagar el contenido de esos papeles. Su diseminación no afecta tanto al gobierno de Washington (al que sí exhibió la difusión en julio de la cifra de bajas civiles en Afganistán) como a los gobiernos ante los cuales actúan los diplomáticos desenmascarados.
Cajón de Sastre
Alejandro Muñoz, el ex tesorero del SME que con el visto bueno gubernamental disputó la secretaría general del sindicato a Martín Esparza el año pasado, declara su decepción porque el gobierno le tomó el pelo, y convenció a 28 mil electricistas a recibir su liquidación. Al ver que la protesta genera efectos, según dice, se dispone a practicarla hoy mismo, al grado de que acaso se acerque al local sindical donde Esparza tomará posesión de nuevo, repuesto en orden el procedimiento electoral. Será interesante ver a cuántos compañeros suyos pudiera reunir, aunque pocos o muchos resultarán provocadores si interfieren en actos de una organización gremial a que voluntariamente renunciaron y a la que por eso ahora son ajenos, por haber creído en las ofertas que acompañaron a su liquidación, y que el gobierno incumplió.
Reforma
08/12/2010
Julian Assange, el joven director de WikiLeaks (o jefe de redacción, como él se presenta, en un intento de disminuir su presencia personal en un proyecto colectivo) amaneció esta mañana en una prisión londinense. El gobierno sueco solicita su extradición y le fue negada la libertad provisional hasta que se resuelva el pedido de Estocolmo. Los delitos de que se le acusa conciernen a su vida personalísima: violación, acoso sexual y coerción, y el periodista australiano debe encarar su responsabilidad. Pero el que las conductas que se le achacan hubieran ocurrido en agosto y se le requiera en diciembre, cuando se halla en el centro de una tormenta de alcance mundial, obligan a pensar que una motivación política induce su captura. En otra circunstancia sería exigible que una figura pública como él volviera a Suecia y resolviera de frente sus diferencias con las personas que lo acusan, con las que Assange asegura haber tenido una relación adulta, convenida, es decir con el consentimiento de ellas, que también admiten el consenso salvo en lo que hace a sus reticencias cuando Assange quiso continuar el trato sexual sin contar con la protección debida.
El protagonista del más vasto escándalo político mundial teme que de Estocolmo, si la justicia británica acepta extraditarlo, se le conduzca a Estados Unidos, donde se ha creado un ambiente extremadamente hostil en contra suya. La más rabiosa derecha norteamericana lo detesta en mayor medida aun que el gobierno de Washington, y con la irracionalidad que es propia de esa posición ideológica propone que se le asesine: no que se le aplique la pena de muerte, después de un proceso, sino simple y llanamente que se le arrebate la vida, que un sicario o un desquiciado movido por la idea patriótica que anima a Sarah Palin, la fundadora de ese Yunque norteamericano que es el Tea Party, lo balee en las calles como hizo Mark David Chapman a John Lennon hoy hace exactamente 30 años.
Arrestado como está en Londres y eventualmente sujeto a proceso, Assange resulta un triunfador, porque al atraer sobre su persona las inquinas de los orígenes más diversos permite que la divulgación de documentos reservados continúe su curso. El papel de WikiLeaks se cumple así cabalmente. Su fundador atrae los rayos de la justicia y de las buenas conciencias, sin que se repare en que él no es la fuente de los documentos que ahora incomodan o inquietan a tantos, y tampoco es el eslabón final de la cadena para hacer conocer esos papeles. En buena hora, nadie ha movido un dedo para pretender que los periódicos donde desembocan las filtraciones dejen de hacerlo. Sería de ver que la justicia británica intente censurar a The Guardian, o la española a El País, o la de Alemania a Der Spiegel, o la francesa a Le Monde, o la de Estados Unidos a The New York Times.
En 1971, Daniel Ellsberg, un funcionario del Departamento de Defensa norteamericano, percatado de las mentiras monumentales del gobierno de Nixon para justificar su creciente participación en la guerra de Vietnam, se jugó el todo por el todo y de manera anónima (sólo al cabo del tiempo sería descubierto) envió copia de un archivo completo sobre el tema a The New York Times. Cuando este diario inició la publicación de "los papeles del Pentágono", el gobierno buscó impedir judicialmente que lo hiciera. Para evitar el silenciamiento otros diarios retomaron la publicación de esos documentos, que fue legitimada a la postre por una sentencia de la Suprema Corte de Justicia donde se lee esta frase que podría inscribirse en las salas de redacción (o lo que reste de ellas) de todo el mundo: "sólo una prensa libre y sin restricciones puede exponer efectivamente los engaños del gobierno".
Un moderno Ellsberg, o varios émulos de ese personaje reunieron y copiaron la documentación gubernamental que tanto ha dado que decir, y la remitieron a WikiLeaks. Y los cuatro diarios y la revista mencionados la pusieron a disposición de los lectores, en una nueva demostración, digámoslo de refilón, de la potencia que conservan y mantendrán por mucho tiempo los medios impresos. Se cumplió así, en esos extremos, el propósito del australiano al fundar su sitio en la red: "proteger a denunciantes, periodistas y activistas que cuenten con información relevante y quieran comunicarla al público".
WikiLeaks está lejos de ser un mero intermediario, indolente e ingenuo, que simplemente corre traslado de sus mensajes. Verifica su origen, pasa por un apretado cedazo la información contenida en los documentos y luego los da a conocer íntegramente. No lo dice de modo explícito pero es indudable que se abstiene de divulgar información confidencial, secreta, que pudiera poner en riesgo a una nación o a individuos en particular. Cuando más, lo que hace es desenmascararlos, cuando se revela el trasfondo de las relaciones diplomáticas, que suelen estar envueltas en el papel de seda del doble lenguaje.
La prisión (en Londres, Estocolmo o Washington) no acallará a Assange. Se le ha cercado obturando sus fuentes de financiamiento y aun sus depósitos bancarios, y negándole acceso al servidor que ha utilizado. Pero ya se aprestan otros muchos centros de difusión, que cuentan con copia de los documentos de marras, a propagar el contenido de esos papeles. Su diseminación no afecta tanto al gobierno de Washington (al que sí exhibió la difusión en julio de la cifra de bajas civiles en Afganistán) como a los gobiernos ante los cuales actúan los diplomáticos desenmascarados.
Cajón de Sastre
Alejandro Muñoz, el ex tesorero del SME que con el visto bueno gubernamental disputó la secretaría general del sindicato a Martín Esparza el año pasado, declara su decepción porque el gobierno le tomó el pelo, y convenció a 28 mil electricistas a recibir su liquidación. Al ver que la protesta genera efectos, según dice, se dispone a practicarla hoy mismo, al grado de que acaso se acerque al local sindical donde Esparza tomará posesión de nuevo, repuesto en orden el procedimiento electoral. Será interesante ver a cuántos compañeros suyos pudiera reunir, aunque pocos o muchos resultarán provocadores si interfieren en actos de una organización gremial a que voluntariamente renunciaron y a la que por eso ahora son ajenos, por haber creído en las ofertas que acompañaron a su liquidación, y que el gobierno incumplió.
Reforma
08/12/2010
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Julian Assange,
Wikileaks
¡Todos somos Assange!
Detrás de la Noticia Ricardo Rocha
Pero por supuesto que la realidad rebasa a la ficción. Ahora vivimos una prueba irrefutable. Si algún escritor hubiera propuesto una novela que relatara exactamente el affaire WikiLeaks, estoy seguro de que el editor se la hubiera rechazado por fantasiosa, inverosímil y, de plano, jalada: a ver, a quién se le ocurre que una docena de geniecillos digitales puedan cimbrar al gobierno más poderoso del planeta; cómo que sustraen 250 mil documentos secretos así como así; quién podría imaginar que el mundo entero estaría pendiente de las nuevas revelaciones de cada día.
Pero ahí tiene usted que ocurre todo eso y más. Que este hombre llamado Julian Assange es ahora sujeto de la más perruna cacería, producto de una conjura internacional para destruirlo a él y a WikiLeaks, y que ahora lo tiene en la cárcel. En paralelo, en los 15 días recientes, se ha venido dando un sistemático y despiadado proceso de estrangulamiento financiero —cancelación de patrocinios, donativos y cuentas bancarias— para aplastar este singularísimo esfuerzo periodístico.
Pero los que aseguran que WikiLeaks está muerto cometen un grave error de cálculo: la batalla apenas comienza; no previeron nunca los activísimos apoyos a nivel global; los ataques cibernéticos de hackers a Mastercard son sólo un primer aviso del hiperdesastre en que puede convertirse la red.
Por lo que hace a las señoritas Anna Ardin (guapa de 40) y Sofía Wilen (bonitilla de 30), aun los más rabiosos feministos como yo, nos resistimos a tragarnos toda una serie de embustes mal contados: en el caso de Anita, invita a Julian a quedarse en su casa durante un seminario en Estocolmo; tras una cena, ambos acaban en la cama, se rompe el preservativo, ella le pide detenerse pero él no lo hace (por lo que luego lo acusaría de acoso sexual); pero eso sí, la noche siguiente le hace una fiesta para presumirlo con sus amigos como “alguien asombroso”. El problema es que en el ínter, Assange descubrió en la primera fila de su conferencia mañanera a Sofita: coquetearon, fueron al cine y toquetearon. Y hasta ahí. Pero sucede que Sofía es persistente y lo invita a su casa en un pueblito sueco, y hasta paga los dos boletos del tren. Y ¿qué creen?, pues que tienen sexo primero con condón, y en el insomnio amoroso sin condón, lo que le originó a Juliancito una acusación de violación por el hecho de que ella estaba —o estuvo— dormida.
Lo increíble es que tres días después, las dos mujeres se encuentran y descubren que habían tenido sexo con el mismo hombre. Así que corren a una estación de policía a acusar a nuestro ídolo. Y en esas estamos. Salvo el pequeño detalle de que ahora se revela que Anna Ardin es cubana, anticastrista y agente de la CIA. Por lo que ya se sospecha que todo fue una trampa-montaje para el fundador de WikiLeaks.
Por lo pronto, en su batalla informática estoy con Julian Assange. Por lo que hace a su faceta de garañón rompecondones, mis respetos. Pero, en lo que se refiere a mujeres, creo que sabe mucho de computadoras.
Pero por supuesto que la realidad rebasa a la ficción. Ahora vivimos una prueba irrefutable. Si algún escritor hubiera propuesto una novela que relatara exactamente el affaire WikiLeaks, estoy seguro de que el editor se la hubiera rechazado por fantasiosa, inverosímil y, de plano, jalada: a ver, a quién se le ocurre que una docena de geniecillos digitales puedan cimbrar al gobierno más poderoso del planeta; cómo que sustraen 250 mil documentos secretos así como así; quién podría imaginar que el mundo entero estaría pendiente de las nuevas revelaciones de cada día.
Pero ahí tiene usted que ocurre todo eso y más. Que este hombre llamado Julian Assange es ahora sujeto de la más perruna cacería, producto de una conjura internacional para destruirlo a él y a WikiLeaks, y que ahora lo tiene en la cárcel. En paralelo, en los 15 días recientes, se ha venido dando un sistemático y despiadado proceso de estrangulamiento financiero —cancelación de patrocinios, donativos y cuentas bancarias— para aplastar este singularísimo esfuerzo periodístico.
Pero los que aseguran que WikiLeaks está muerto cometen un grave error de cálculo: la batalla apenas comienza; no previeron nunca los activísimos apoyos a nivel global; los ataques cibernéticos de hackers a Mastercard son sólo un primer aviso del hiperdesastre en que puede convertirse la red.
Por lo que hace a las señoritas Anna Ardin (guapa de 40) y Sofía Wilen (bonitilla de 30), aun los más rabiosos feministos como yo, nos resistimos a tragarnos toda una serie de embustes mal contados: en el caso de Anita, invita a Julian a quedarse en su casa durante un seminario en Estocolmo; tras una cena, ambos acaban en la cama, se rompe el preservativo, ella le pide detenerse pero él no lo hace (por lo que luego lo acusaría de acoso sexual); pero eso sí, la noche siguiente le hace una fiesta para presumirlo con sus amigos como “alguien asombroso”. El problema es que en el ínter, Assange descubrió en la primera fila de su conferencia mañanera a Sofita: coquetearon, fueron al cine y toquetearon. Y hasta ahí. Pero sucede que Sofía es persistente y lo invita a su casa en un pueblito sueco, y hasta paga los dos boletos del tren. Y ¿qué creen?, pues que tienen sexo primero con condón, y en el insomnio amoroso sin condón, lo que le originó a Juliancito una acusación de violación por el hecho de que ella estaba —o estuvo— dormida.
Lo increíble es que tres días después, las dos mujeres se encuentran y descubren que habían tenido sexo con el mismo hombre. Así que corren a una estación de policía a acusar a nuestro ídolo. Y en esas estamos. Salvo el pequeño detalle de que ahora se revela que Anna Ardin es cubana, anticastrista y agente de la CIA. Por lo que ya se sospecha que todo fue una trampa-montaje para el fundador de WikiLeaks.
Por lo pronto, en su batalla informática estoy con Julian Assange. Por lo que hace a su faceta de garañón rompecondones, mis respetos. Pero, en lo que se refiere a mujeres, creo que sabe mucho de computadoras.
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Julian Assange,
Wikileaks
miércoles, 8 de diciembre de 2010
La verdad siempre vencerá
Julian Assange*
En 1958, un joven Rupert Murdoch, entonces propietario y director de The News de Adelaide, Australia, escribió: “En la carrera entre el secreto y la verdad, parece inevitable que la verdad siempre vencerá”.
Su observación reflejaba quizá la revelación hecha por su padre, Keith Murdoch, de que soldados australianos eran sacrificados sin necesidad por incompetentes comandantes británicos en las costas de Galípoli. Los británicos trataron de callarlo, pero Keith Murdoch no cedió, y sus esfuerzos condujeron a la terminación de la desastrosa campaña de Galípoli.
Casi un siglo después, Wikileaks también publica sin temor hechos que es necesario dar a conocer.
Crecí en una población rural de Queensland, donde las personas decían sin cortapisas lo que sentían. Desconfiaban del gobierno como un ente que podía corromperse si no se le observaba con atención. Los negros días de corrupción en el gobierno de Queensland, antes de la investigación de Tony Fitzgerald, a finales de la década de 1980, dan testimonio de lo que ocurre cuando los políticos impiden a los medios divulgar la verdad.
Esos recuerdos se han quedado en mi mente. Wikileaks fue creado en torno a esos valores esenciales. La idea, concebida en Australia, era usar las tecnologías de Internet en nuevas formas para informar la verdad.
Wikileaks acuñó un nuevo tipo de periodismo: el periodismo científico. Trabajamos con otros medios para llevar noticias a las personas, pero también para probar que son ciertas. El periodismo científico permite leer una nota y luego dar un clic en línea para ver el documento original en el que se basa. De esta manera uno puede juzgar por sí mismo: ¿la nota es cierta? ¿El periodista la reportó con precisión?
Las sociedades democráticas necesitan medios fuertes, y Wikileaks es parte de los medios.
Los medios ayudan a mantener la honradez de los gobiernos. Wikileaks ha revelado algunas duras verdades acerca de las guerras de Irak y Afganistán, y ha dado a conocer noticias acerca de la corrupción de las grandes corporaciones.
Hay quienes dicen que soy opositor a las guerras: no lo soy. A veces las naciones necesitan ir a la guerra, y existen guerras justas. Pero nada hay más injusto que un gobierno que miente a la población acerca de esas guerras, y luego pide a esos mismos ciudadanos que den su vida y sus impuestos para sostener esas mentiras. Si una guerra es justificada, entonces hay que decir la verdad, y la población decidirá si la apoya.
Si han leído alguna de las publicaciones sobre las guerras en Afganistán o Irak, cualquiera de los cables de las embajadas de Estados Unidos o cualquier nota de prensa sobre lo que Wikileaks ha revelado, consideren cuán importante es que todos los medios puedan informar con libertad acerca de ello.
Wikileaks no es el único que publica cables de las embajadas estadunidenses. Otros medios, como el británico The Guardian, The New York Times, El País en España y Der Spiegel en Alemania, han publicado esos mismos cables.
Sin embargo, es Wikileaks, como coordinador de esos otros grupos, el que ha concentrado los ataques y acusaciones más violentos de Washington y sus acólitos. Se me ha acusado de traición, aunque soy ciudadano de Australia, no de Estados Unidos.
En Estados Unidos se han hecho docenas de llamados en serio para que las fuerzas especiales me “liquiden”. Sarah Palin dice que debo ser “cazado como Osama Bin Laden”; en el Senado hay una iniciativa republicana con el fin de que se me declare “amenaza internacional” y se disponga de mí en consecuencia. Un asesor de la oficina del primer ministro canadiense ha convocado por televisión nacional a que me asesinen. Un bloguero estadunidense ha demandado que secuestren y lastimen a mi hijo de 20 años, aquí en Australia, por ninguna otra razón que para hacerme daño.
Y los australianos deben observar sin ningún orgullo el vergonzoso alcahueteo de estos sentimientos que hacen la primera ministra de su país, Julia Gillard, y la secretaria de Estado estadunidense, Hillary Clinton, sin emitir una palabra de crítica hacia las otras organizaciones mediáticas. Eso es porque The Guardian, The New York Times y Der Spiegel son antiguos y grandes, en tanto Wikileaks es joven y pequeño.
Somos los de abajo. El gobierno de Gillard trata de matar al mensajero porque no quiere que se revele la verdad, la cual incluye información acerca de sus propios tratos diplomáticos y políticos.
¿Ha habido alguna respuesta del gobierno australiano a las numerosas amenazas públicas de violencia en contra mía y de otros miembros de Wikileaks? Uno hubiera creído que una primera ministra australiana defendería a sus ciudadanos de esas cosas, pero sólo ha habido acusaciones de ilegalidad desprovistas de todo fundamento. La primera ministra, y en especial el procurador general, están obligados a desempeñar sus funciones con dignidad y por encima de la escaramuza. Créanme, lo que esos dos quieren es salvar el pellejo. No lo lograrán.
Cada vez que Wikileaks publica la verdad sobre abusos cometidos por agencias estadunidenses, políticos australianos entonan junto con el Departamento de Estado un coro de demostrable falsedad: “¡Ponen vidas en riesgo! ¡Seguridad nacional! ¡Ponen en peligro las tropas!” Luego dicen que no hay nada importante en lo que Wikileaks publica. Ambas cosas no pueden ser ciertas a la vez. ¿Cuál es la verdadera?
Ninguna de las dos. Wikileaks lleva cuatro años publicando documentos. En ese tiempo hemos cambiado gobiernos enteros; pero ni una sola persona, hasta donde se puede saber, ha resultado dañada. En cambio, Estados Unidos, con la connivencia del gobierno australiano, ha matado a miles tan sólo en los meses pasados.
En una carta al Congreso de su país, el secretario estadunidense de Defensa, Robert Gates, reconoció que ninguna fuente ni ningún método de inteligencia han sido puestos en riesgo por la revelación de los documentos sobre Afganistán. El Pentágono sostuvo que no había evidencia de que los reportes de Wikileaks condujeran a que alguien resultara dañado en Afganistán. La OTAN en Kabul declaró a CNN que no podía encontrar una sola persona que necesitara protección. El Departamento de la Defensa australiano dijo lo mismo. Ningún soldado, ninguna fuente de Australia han sido perjudicados por nada de lo que hemos publicado.
Sin embargo, de ahí a que nuestras publicaciones no sean importantes hay mucha distancia. Los cables diplomáticos estadunidenses revelan algunos hechos alarmantes:
Estados Unidos pidió a sus diplomáticos que robaran material personal e información de funcionarios de la ONU y de grupos de derechos humanos: ADN, huellas digitales, escaneos del iris, números de tarjetas de crédito, contraseñas de Internet y fotos de identificación, en violación de tratados internacionales. Es de suponerse que también diplomáticos australianos han estado en la mira.
El rey Abdulá de Arabia Saudita pidió a funcionarios estadunidenses en Jordania y Bahrein que detuvieran el programa nuclear iraní por cualquier medio posible.
La investigación británica sobre Irak fue manipulada para proteger “intereses estadunidenses”.
Suecia es miembro encubierto de la OTAN, y comparte inteligencia con Estados Unidos sin dar cuenta al parlamento.
Estados Unidos presiona con rudeza a otros países para que acojan a los detenidos liberados del campo de prisioneros de Guantánamo. Barack Obama sólo accedió a reunirse con el presidente esloveno si su gobierno daba cobijo a un prisionero. Nuestro vecino del Pacífico, Kiribati, recibió una oferta de millones de dólares si aceptaba detenidos.
En su histórico veredicto sobre los papeles del Pentágono, la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos advirtió: “sólo una prensa libre e irrestricta puede exponer con efectividad los engaños del gobierno”. La tormenta en torno a Wikileaks refuerza la necesidad de defender el derecho de todos los medios a revelar la verdad.
* Publicado como colaboración externa del fundador y editor en jefe de Wikileaks por la edición en línea de The Australian del martes 7 de diciembre.
Traducción: Jorge Anaya
En 1958, un joven Rupert Murdoch, entonces propietario y director de The News de Adelaide, Australia, escribió: “En la carrera entre el secreto y la verdad, parece inevitable que la verdad siempre vencerá”.
Su observación reflejaba quizá la revelación hecha por su padre, Keith Murdoch, de que soldados australianos eran sacrificados sin necesidad por incompetentes comandantes británicos en las costas de Galípoli. Los británicos trataron de callarlo, pero Keith Murdoch no cedió, y sus esfuerzos condujeron a la terminación de la desastrosa campaña de Galípoli.
Casi un siglo después, Wikileaks también publica sin temor hechos que es necesario dar a conocer.
Crecí en una población rural de Queensland, donde las personas decían sin cortapisas lo que sentían. Desconfiaban del gobierno como un ente que podía corromperse si no se le observaba con atención. Los negros días de corrupción en el gobierno de Queensland, antes de la investigación de Tony Fitzgerald, a finales de la década de 1980, dan testimonio de lo que ocurre cuando los políticos impiden a los medios divulgar la verdad.
Esos recuerdos se han quedado en mi mente. Wikileaks fue creado en torno a esos valores esenciales. La idea, concebida en Australia, era usar las tecnologías de Internet en nuevas formas para informar la verdad.
Wikileaks acuñó un nuevo tipo de periodismo: el periodismo científico. Trabajamos con otros medios para llevar noticias a las personas, pero también para probar que son ciertas. El periodismo científico permite leer una nota y luego dar un clic en línea para ver el documento original en el que se basa. De esta manera uno puede juzgar por sí mismo: ¿la nota es cierta? ¿El periodista la reportó con precisión?
Las sociedades democráticas necesitan medios fuertes, y Wikileaks es parte de los medios.
Los medios ayudan a mantener la honradez de los gobiernos. Wikileaks ha revelado algunas duras verdades acerca de las guerras de Irak y Afganistán, y ha dado a conocer noticias acerca de la corrupción de las grandes corporaciones.
Hay quienes dicen que soy opositor a las guerras: no lo soy. A veces las naciones necesitan ir a la guerra, y existen guerras justas. Pero nada hay más injusto que un gobierno que miente a la población acerca de esas guerras, y luego pide a esos mismos ciudadanos que den su vida y sus impuestos para sostener esas mentiras. Si una guerra es justificada, entonces hay que decir la verdad, y la población decidirá si la apoya.
Si han leído alguna de las publicaciones sobre las guerras en Afganistán o Irak, cualquiera de los cables de las embajadas de Estados Unidos o cualquier nota de prensa sobre lo que Wikileaks ha revelado, consideren cuán importante es que todos los medios puedan informar con libertad acerca de ello.
Wikileaks no es el único que publica cables de las embajadas estadunidenses. Otros medios, como el británico The Guardian, The New York Times, El País en España y Der Spiegel en Alemania, han publicado esos mismos cables.
Sin embargo, es Wikileaks, como coordinador de esos otros grupos, el que ha concentrado los ataques y acusaciones más violentos de Washington y sus acólitos. Se me ha acusado de traición, aunque soy ciudadano de Australia, no de Estados Unidos.
En Estados Unidos se han hecho docenas de llamados en serio para que las fuerzas especiales me “liquiden”. Sarah Palin dice que debo ser “cazado como Osama Bin Laden”; en el Senado hay una iniciativa republicana con el fin de que se me declare “amenaza internacional” y se disponga de mí en consecuencia. Un asesor de la oficina del primer ministro canadiense ha convocado por televisión nacional a que me asesinen. Un bloguero estadunidense ha demandado que secuestren y lastimen a mi hijo de 20 años, aquí en Australia, por ninguna otra razón que para hacerme daño.
Y los australianos deben observar sin ningún orgullo el vergonzoso alcahueteo de estos sentimientos que hacen la primera ministra de su país, Julia Gillard, y la secretaria de Estado estadunidense, Hillary Clinton, sin emitir una palabra de crítica hacia las otras organizaciones mediáticas. Eso es porque The Guardian, The New York Times y Der Spiegel son antiguos y grandes, en tanto Wikileaks es joven y pequeño.
Somos los de abajo. El gobierno de Gillard trata de matar al mensajero porque no quiere que se revele la verdad, la cual incluye información acerca de sus propios tratos diplomáticos y políticos.
¿Ha habido alguna respuesta del gobierno australiano a las numerosas amenazas públicas de violencia en contra mía y de otros miembros de Wikileaks? Uno hubiera creído que una primera ministra australiana defendería a sus ciudadanos de esas cosas, pero sólo ha habido acusaciones de ilegalidad desprovistas de todo fundamento. La primera ministra, y en especial el procurador general, están obligados a desempeñar sus funciones con dignidad y por encima de la escaramuza. Créanme, lo que esos dos quieren es salvar el pellejo. No lo lograrán.
Cada vez que Wikileaks publica la verdad sobre abusos cometidos por agencias estadunidenses, políticos australianos entonan junto con el Departamento de Estado un coro de demostrable falsedad: “¡Ponen vidas en riesgo! ¡Seguridad nacional! ¡Ponen en peligro las tropas!” Luego dicen que no hay nada importante en lo que Wikileaks publica. Ambas cosas no pueden ser ciertas a la vez. ¿Cuál es la verdadera?
Ninguna de las dos. Wikileaks lleva cuatro años publicando documentos. En ese tiempo hemos cambiado gobiernos enteros; pero ni una sola persona, hasta donde se puede saber, ha resultado dañada. En cambio, Estados Unidos, con la connivencia del gobierno australiano, ha matado a miles tan sólo en los meses pasados.
En una carta al Congreso de su país, el secretario estadunidense de Defensa, Robert Gates, reconoció que ninguna fuente ni ningún método de inteligencia han sido puestos en riesgo por la revelación de los documentos sobre Afganistán. El Pentágono sostuvo que no había evidencia de que los reportes de Wikileaks condujeran a que alguien resultara dañado en Afganistán. La OTAN en Kabul declaró a CNN que no podía encontrar una sola persona que necesitara protección. El Departamento de la Defensa australiano dijo lo mismo. Ningún soldado, ninguna fuente de Australia han sido perjudicados por nada de lo que hemos publicado.
Sin embargo, de ahí a que nuestras publicaciones no sean importantes hay mucha distancia. Los cables diplomáticos estadunidenses revelan algunos hechos alarmantes:
Estados Unidos pidió a sus diplomáticos que robaran material personal e información de funcionarios de la ONU y de grupos de derechos humanos: ADN, huellas digitales, escaneos del iris, números de tarjetas de crédito, contraseñas de Internet y fotos de identificación, en violación de tratados internacionales. Es de suponerse que también diplomáticos australianos han estado en la mira.
El rey Abdulá de Arabia Saudita pidió a funcionarios estadunidenses en Jordania y Bahrein que detuvieran el programa nuclear iraní por cualquier medio posible.
La investigación británica sobre Irak fue manipulada para proteger “intereses estadunidenses”.
Suecia es miembro encubierto de la OTAN, y comparte inteligencia con Estados Unidos sin dar cuenta al parlamento.
Estados Unidos presiona con rudeza a otros países para que acojan a los detenidos liberados del campo de prisioneros de Guantánamo. Barack Obama sólo accedió a reunirse con el presidente esloveno si su gobierno daba cobijo a un prisionero. Nuestro vecino del Pacífico, Kiribati, recibió una oferta de millones de dólares si aceptaba detenidos.
En su histórico veredicto sobre los papeles del Pentágono, la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos advirtió: “sólo una prensa libre e irrestricta puede exponer con efectividad los engaños del gobierno”. La tormenta en torno a Wikileaks refuerza la necesidad de defender el derecho de todos los medios a revelar la verdad.
* Publicado como colaboración externa del fundador y editor en jefe de Wikileaks por la edición en línea de The Australian del martes 7 de diciembre.
Traducción: Jorge Anaya
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Julian Assange,
Wikileaks
El juez deniega la libertad bajo fianza a Julian Assange
El fundador de Wikileaks deberá permanecer en prisión preventiva hasta el 14 de diciembre.- Un portavoz de la web asegura que se mantienen los planes sobre la publicación de documentos.-
WALTER OPPENHEIMER Londres 07/12/2010
Julian Assange, fundador de Wikileaks, permanecerá en prisión preventiva hasta el 14 de diciembre después de que el juez haya denegado autorizar su libertad bajo fianza. El representante de la web sobre filtraciones ha sido detenido esta mañana en una comisaría londinense a la que se había presentado por propia voluntad. Poco después, ha acudido al Tribunal de Westminster, en Londres, hacia las dos de la tarde (hora peninsular española).
"Se presentará una nueva solicitud de libertad bajo fianza", ha indicado Mark Stephens, uno de los abogados de Assange, al término de la vista de hoy. "En estos momentos nos encontramos en una postura un tanto exótica ya que no hemos visto ninguna de las pruebas por las que se acusa a Assange", ha dicho. "En estas circunstancias es muy difícil preparar una solicitud de libertad bajo fianza", ha concluido el letrado, según el cual el propio juez decía no haber visto tampoco las pruebas en informaciones recogidas por Efe.
Scotland Yard ha confirmado el arresto, siguiendo una orden de detención europea lanzada por Suecia, que quiere interrogarle para decidir si presenta formalmente contra él cargos de violación tras ser acusado por dos mujeres en el país nórdico. La máxima autoridad de la Fiscalía sueca, Marianne Ny, ha asegurado hoy que la euroorden emanada de la institución que dirige se refiere exclusivamente a ese caso y que no hay ningún tipo de "conspiración", en alusión a las dudas expresadas por Assange y su entorno de que la entrega a Suecia enmascarara un proceso para extraditarle a EE UU.
"Me gustaría aclarar que no ha habido ninguna presión política tras mi toma de decisión. Actúo como fiscal por los indicios de crimenes sexuales [cometidos] en Suecia en agosto. Los fiscales suecos son totalmente independientes en su toma de decisiones", señala la Marianne Ny en un comunicado difundido en la web de la Fiscalía sueca. Además, recuerda que la orden europea que ella tramitó como fiscal jefe responde a una petición de arresto emitida por el Tribunal de Apelaciones de Svea, en la capital sueca, que es uno de los seis tribunales de segunda instancia que existen en el país nórdico.
La filtración continúa
Un portavoz de Wikileaks ha declarado tras la detención que esta no va a cambiar los planes ya existentes sobre publicación de documentos. Assange ha escrito un artículo sobre su situación, titulado La verdad siempre triunfará, que el periódico australiano The Australian ha publicado este mediodía.
"Oficiales de la Unidad de Extradiciones de la Policía Metropolitana han arrestado esta mañana a Julian Assange en nombre de las autoridades suecas como sospechoso de violación", reza un comunicado hecho público por Scotland Yard. "Julian Assange, de 39 años, fue arrestado a través de una Orden de Detención Europea por cita previa en una comisaría de Londres a las 9.30 de la mañana", continúa la nota. "Está acusado por las autoridades suecas de un cargo de coacción ilegal, dos cargos de acoso sexual y un cargo de violación, todos ellos supuestamente cometidos en agosto de 2010. Assange ha de comparecer hoy en el Tribunal de Westminster", concluye.
Assange admite que tuvo relaciones sexuales con esas dos mujeres pero que hubo consentimiento mutuo. Ellas alegan que comenzaron de forma voluntaria pero que dejaron de serlo al darse cuenta de que Assange no tenía preservativos.
Los abogados del antiguo hacker australiano, que ha conmocionado al mundo filtrando cientos de miles de documentos relacionados con la guerra de Irak, el conflicto de Afganistán y los despachos secretos y confidenciales de las embajadas estadounidenses en casi todo el mundo, temen que si Reino Unido entrega a Assange a Suecia este acabará siendo extraditado a Estados Unidos.
Por eso, y porque el australiano niega las acusaciones de naturaleza sexual presentadas contra él, los abogados van a oponerse legalmente a la extradición. Mark Stephens, uno de sus abogados, declaró a la agencia británica Press Association antes de que se confirmara la detención de su cliente: "Aún no hemos visto la orden de arresto. Tenemos 10 días para ello y un montón de asuntos complejos que organizar. Aún no he hablado con la policía".
La Fiscalía sueca niega cualquier "conspiración" y recuerda que su orden se refiere solo a presuntos delitos sexuales
WALTER OPPENHEIMER Londres 07/12/2010
Julian Assange, fundador de Wikileaks, permanecerá en prisión preventiva hasta el 14 de diciembre después de que el juez haya denegado autorizar su libertad bajo fianza. El representante de la web sobre filtraciones ha sido detenido esta mañana en una comisaría londinense a la que se había presentado por propia voluntad. Poco después, ha acudido al Tribunal de Westminster, en Londres, hacia las dos de la tarde (hora peninsular española).
"Se presentará una nueva solicitud de libertad bajo fianza", ha indicado Mark Stephens, uno de los abogados de Assange, al término de la vista de hoy. "En estos momentos nos encontramos en una postura un tanto exótica ya que no hemos visto ninguna de las pruebas por las que se acusa a Assange", ha dicho. "En estas circunstancias es muy difícil preparar una solicitud de libertad bajo fianza", ha concluido el letrado, según el cual el propio juez decía no haber visto tampoco las pruebas en informaciones recogidas por Efe.
Scotland Yard ha confirmado el arresto, siguiendo una orden de detención europea lanzada por Suecia, que quiere interrogarle para decidir si presenta formalmente contra él cargos de violación tras ser acusado por dos mujeres en el país nórdico. La máxima autoridad de la Fiscalía sueca, Marianne Ny, ha asegurado hoy que la euroorden emanada de la institución que dirige se refiere exclusivamente a ese caso y que no hay ningún tipo de "conspiración", en alusión a las dudas expresadas por Assange y su entorno de que la entrega a Suecia enmascarara un proceso para extraditarle a EE UU.
"Me gustaría aclarar que no ha habido ninguna presión política tras mi toma de decisión. Actúo como fiscal por los indicios de crimenes sexuales [cometidos] en Suecia en agosto. Los fiscales suecos son totalmente independientes en su toma de decisiones", señala la Marianne Ny en un comunicado difundido en la web de la Fiscalía sueca. Además, recuerda que la orden europea que ella tramitó como fiscal jefe responde a una petición de arresto emitida por el Tribunal de Apelaciones de Svea, en la capital sueca, que es uno de los seis tribunales de segunda instancia que existen en el país nórdico.
La filtración continúa
Un portavoz de Wikileaks ha declarado tras la detención que esta no va a cambiar los planes ya existentes sobre publicación de documentos. Assange ha escrito un artículo sobre su situación, titulado La verdad siempre triunfará, que el periódico australiano The Australian ha publicado este mediodía.
"Oficiales de la Unidad de Extradiciones de la Policía Metropolitana han arrestado esta mañana a Julian Assange en nombre de las autoridades suecas como sospechoso de violación", reza un comunicado hecho público por Scotland Yard. "Julian Assange, de 39 años, fue arrestado a través de una Orden de Detención Europea por cita previa en una comisaría de Londres a las 9.30 de la mañana", continúa la nota. "Está acusado por las autoridades suecas de un cargo de coacción ilegal, dos cargos de acoso sexual y un cargo de violación, todos ellos supuestamente cometidos en agosto de 2010. Assange ha de comparecer hoy en el Tribunal de Westminster", concluye.
Assange admite que tuvo relaciones sexuales con esas dos mujeres pero que hubo consentimiento mutuo. Ellas alegan que comenzaron de forma voluntaria pero que dejaron de serlo al darse cuenta de que Assange no tenía preservativos.
Los abogados del antiguo hacker australiano, que ha conmocionado al mundo filtrando cientos de miles de documentos relacionados con la guerra de Irak, el conflicto de Afganistán y los despachos secretos y confidenciales de las embajadas estadounidenses en casi todo el mundo, temen que si Reino Unido entrega a Assange a Suecia este acabará siendo extraditado a Estados Unidos.
Por eso, y porque el australiano niega las acusaciones de naturaleza sexual presentadas contra él, los abogados van a oponerse legalmente a la extradición. Mark Stephens, uno de sus abogados, declaró a la agencia británica Press Association antes de que se confirmara la detención de su cliente: "Aún no hemos visto la orden de arresto. Tenemos 10 días para ello y un montón de asuntos complejos que organizar. Aún no he hablado con la policía".
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EU es responsable de las filtraciones, no Assange: Australia
Personas que obtuvieron los cables diplomáticos son las legalmente culpables: canciller Kevin Rudd.
Reuters
Publicado: 08/12/2010 09:17
Brisbane, Australia. Australia culpó este miércoles a Estados Unidos por la divulgación por parte de WikiLeaks de cables diplomáticos estadunidenses, luego de que una corte británica ordenó la detención del fundador del sitio por cargos de delitos sexuales en Suecia.
El ministro de Relaciones Exteriores de Australia, Kevin Rudd, dijo que la gente que originalmente filtró los documentos, no Assange, eran legalmente responsable y las filtraciones generaron interrogantes sobre la "suficiencia" de la seguridad estadunidense.
"El Sr. Assange no es en si mismo responsable por la divulgación no autorizada de 250 mil documentos de la red de comunicaciones diplomáticas estadunidense", dijo Rudd.
"Los estadunidenses son responsables por ello", señaló Rudd.
La fuente original de la filtración no se conoce, aunque un soldado estadunidense que trabajaba como analista de inteligencia en Irak, Bradley Manning, ha sido acusado por autoridades militares de descargar sin autorización más de 150 mil cables del Departamento de Estado.
Funcionarios estadunidenses no han querido decir si esos cables son los mismos que ahora está revelando WikiLeaks.
El fundador de WikiLeaks, el australiano de 39 años de edad, Julian Assange, se entregó el martes a la policía británica luego de que Suecia había emitido una Orden Europea de Arresto en su contra. Assange, que niega las acusaciones, seguirá tras las rejas hasta una audiencia del 14 de diciembre.
Assange ha pasado algún tiempo en Suecia y fue acusado este año de delitos sexuales por delitos sexuales por dos mujeres suecas que eran voluntarias de WikiLeaks. Un fiscal sueco quiere interrogarlo sobre la acusación.
WikiLeaks, que ha provocado la furia Washington con sus publicaciones, prometió que seguirá haciendo públicos detalles de los 250 mil documentos secretos estadunidenses que ha obtenido.El secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, recibió con agrado las noticias sobre el arresto de Assange.
"No lo había escuchado pero me suena a buenas noticias , dijo Gates a periodistas el martes durante un viaje hacia Afganistán.
Assange defendió el miércoles su sitio en Internet en un artículo de opinión publicado en un diario australiano, diciendo que fue crucial para propagar la democracia y se comparó a si mismo con el barón de los medios Rupert Murdoch en su búsqueda de publicar la verdad.
En una audiencia de la corte en Londres, el juez de distrito Howard Riddle dijo que "hay bases sustanciales para creer que él podría huir si se le otorga la libertad bajo fianza".
También dijo que las acusaciones eran graves, y que Assange tenía lazos comparativamente más débiles con la comunidad en Gran Bretaña.
Su abogado británico, Mark Stephens, dijo a periodistas que se presentaría un nuevo pedido de fianza y que su cliente estaba "bien".
El abogado dijo que muchas personas creen que el caso estaba motivado políticamente y que Assange sería "liberado y reivindicado".
Pero un fiscal sueco fue citado por el periódico Aftonbladet diciendo que el caso era personal y no estaba relacionado con su trabajo en WikiLeaks.
Assange, vestido con un traje azul marino y con una camiseta blanca de cuello abierto, inicialmente entregó su dirección como un apartado postal en Australia. Presionado para entregar una dirección más precisa nombró una calle en Victoria, Australia.
Reuters
Publicado: 08/12/2010 09:17
Brisbane, Australia. Australia culpó este miércoles a Estados Unidos por la divulgación por parte de WikiLeaks de cables diplomáticos estadunidenses, luego de que una corte británica ordenó la detención del fundador del sitio por cargos de delitos sexuales en Suecia.
El ministro de Relaciones Exteriores de Australia, Kevin Rudd, dijo que la gente que originalmente filtró los documentos, no Assange, eran legalmente responsable y las filtraciones generaron interrogantes sobre la "suficiencia" de la seguridad estadunidense.
"El Sr. Assange no es en si mismo responsable por la divulgación no autorizada de 250 mil documentos de la red de comunicaciones diplomáticas estadunidense", dijo Rudd.
"Los estadunidenses son responsables por ello", señaló Rudd.
La fuente original de la filtración no se conoce, aunque un soldado estadunidense que trabajaba como analista de inteligencia en Irak, Bradley Manning, ha sido acusado por autoridades militares de descargar sin autorización más de 150 mil cables del Departamento de Estado.
Funcionarios estadunidenses no han querido decir si esos cables son los mismos que ahora está revelando WikiLeaks.
El fundador de WikiLeaks, el australiano de 39 años de edad, Julian Assange, se entregó el martes a la policía británica luego de que Suecia había emitido una Orden Europea de Arresto en su contra. Assange, que niega las acusaciones, seguirá tras las rejas hasta una audiencia del 14 de diciembre.
Assange ha pasado algún tiempo en Suecia y fue acusado este año de delitos sexuales por delitos sexuales por dos mujeres suecas que eran voluntarias de WikiLeaks. Un fiscal sueco quiere interrogarlo sobre la acusación.
WikiLeaks, que ha provocado la furia Washington con sus publicaciones, prometió que seguirá haciendo públicos detalles de los 250 mil documentos secretos estadunidenses que ha obtenido.El secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, recibió con agrado las noticias sobre el arresto de Assange.
"No lo había escuchado pero me suena a buenas noticias , dijo Gates a periodistas el martes durante un viaje hacia Afganistán.
Assange defendió el miércoles su sitio en Internet en un artículo de opinión publicado en un diario australiano, diciendo que fue crucial para propagar la democracia y se comparó a si mismo con el barón de los medios Rupert Murdoch en su búsqueda de publicar la verdad.
En una audiencia de la corte en Londres, el juez de distrito Howard Riddle dijo que "hay bases sustanciales para creer que él podría huir si se le otorga la libertad bajo fianza".
También dijo que las acusaciones eran graves, y que Assange tenía lazos comparativamente más débiles con la comunidad en Gran Bretaña.
Su abogado británico, Mark Stephens, dijo a periodistas que se presentaría un nuevo pedido de fianza y que su cliente estaba "bien".
El abogado dijo que muchas personas creen que el caso estaba motivado políticamente y que Assange sería "liberado y reivindicado".
Pero un fiscal sueco fue citado por el periódico Aftonbladet diciendo que el caso era personal y no estaba relacionado con su trabajo en WikiLeaks.
Assange, vestido con un traje azul marino y con una camiseta blanca de cuello abierto, inicialmente entregó su dirección como un apartado postal en Australia. Presionado para entregar una dirección más precisa nombró una calle en Victoria, Australia.
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miércoles, 27 de octubre de 2010
Julian Assange, el incordio del Pentágono

JOSEBA ELOLA - 22-10-2010
Tiene en jaque al Pentágono. No para de sacar a la luz papeles comprometedores para el Ejército norteamericano. Julian Assange es el guardián de los grandes secretos, el nuevo adalid del periodismo combativo. Wikileaks, el portal que dirige, se ha convertido en el espacio de las grandes filtraciones, en el lugar donde se derriban las verdades oficiales. Los papeles de Afganistán, que mostraban la cara sucia de la guerra en aquel país, y el video de la matanza de doce civiles en Bagdad son sus dos mayores bombazos informativos hasta la fecha. El Pentágono tiene un equipo de 120 personas trabajando para frenar los efectos de sus filtraciones. En Suecia, país que le acaba de denegar el permiso de residencia, le están investigando por dos denuncias de acoso sexual. - JOSEBA ELOLA
"La sociedad civil está muerta. Hay una amplia clase de gente que lo sabe y está aprovechando para acumular riqueza y poder"
"He leído más documentos filtrados que nadie. Creí que sabía cómo funciona el mundo. Nada me preparó para lo que he encontrado"
"Yo fui un activista. Hay muchos intentos de llamarme ahora 'hacker' para devaluar mi trabajo de periodista"
"Periódicos y televisiones se han convertido en seleccionadores de contenidos tutelados"
"Dado el estado de impotencia actual del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista"
"El Estado de seguridad oculto se está extendiendo por el Imperio occidental. Su centro de gravedad está en EE UU"
Secreta por tanto tenía que ser la cita con el hombre que se ha convertido en serio enemigo del todopoderoso Pentágono. El hombre que fundó en diciembre de 2006 un sitio web también es la pesadilla de grandes bancos, multinacionales y gobiernos. Ciento veinte personas, pertenecientes al llamado gabinete de crisis Wikileaks, trabajan en los alrededores del Pentágono para contrarrestar los efectos de las filtraciones del combativo portal.
Pregunta. Leí un titular que ponía en su boca la frase: "Soy un periodista activista". ¿Lo es?
Respuesta. Yo soy un editor. Y como editor, también dirijo, y soy portavoz de mi, nuestra, publicación. He estado involucrado en periodismo desde que tenía 25 años, cuando cofirmé el libro Underground, y actualmente, dado el estado de impotencia del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista.
P. ¿Por qué?
R. Por los abusos del periodismo.
P. ¿A qué abusos se refiere?
R. El mayor abuso es la guerra contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde peloteo a las fuentes gubernamentales.
Assange y los suyos publicaron ayer la que es considerada la mayor filtración de documentos secretos en la historia del Ejército de EEUU, los papeles de Irak. En abril liberaron los papeles de Afganistán, 77.000 documentos desclasificados que destapaban la muerte de cerca de 20.000 afganos. Denunciaron ejecuciones extrajudiciales en Kenia y se llevaron por ello un premio de Amnistía Internacional. También pusieron en jaque al mayor banco islandés, The New Kaupthing, destapando un documento oficial que evidenciaba la irresponsable gestión de sus administradores, que meses después sufrieron penas de cárcel. Y sacaron a la luz manuales secretos de la Iglesia de la cienciología.
Secretos. También está llena de secretos la investigación de la que está siendo objeto Assange. Dos chicas le denunciaron en una misma semana de finales de agosto por acoso sexual en Suecia. El lunes se conocía que el país escandinavo, al que había acudido a protegerse dado su régimen garantista para la prensa, le ha denegado el permiso de residencia. Assange nos dice que está pensando instalarse en algún sitio de Sudamérica.
Cita amarrada, hora concreta, lugar secreto. El lunes, en Londres, a las 12.00. Así de escueta es la información del mensaje que nos entra en el móvil y que anuncia que por fin podremos hablar con el hombre que ha estado y está en el ojo del huracán informativo.
El verano de Assange ha sido fino. Esta entrevista fue solicitada por primera vez el 19 de julio pasado. El propio Assange respondía tres días más tarde, el 22, emoticono incluido: "Sorry. no time for a few weeks" (lo siento, sin tiempo por unas cuantas semanas); emoticono de pena.
La noche previa al encuentro recibimos un mensaje con la dirección de un restaurante al norte de Londres. Allí nos recibe a las 12.00 en punto la persona que le lleva las relaciones con la prensa. Nos conduce a un callejón y nos sube a unas oficinas. Un retrato de Nelson Mandela preside esta sala con largas mesas rectangulares de trabajo y paredes en tonos verde claro.
Julian Assange no está. No ha llegado. Se le espera. Preguntamos si hay algún otro miembro de la organización con el que podamos hablar. Al poco, por la puerta entra un hombre alto y fornido, chaqueta y pantalón negros, jersey gris de cuello alto, ojos azules, pelo canoso. Es Kristinn Hrafnson, periodista islandés que trabajó durante 20 años en la televisión estatal y que se ha enrolado en el pelotón de Assange: "Tenía ganas de trabajar en historias que crean grandes olas en el mundo", explica. Hrafnson participó durante cinco meses en la elaboración de Collateral Murder -Asesinato colateral-, el vídeo que dio la vuelta al mundo y que generó 3.000 titulares de prensa en 48 horas. Fue visto por más de cuatro millones de internautas en las 72 horas posteriores a su publicación en YouTube.
Seguramente recuerden ustedes las escalofriantes imágenes. Dieron la vuelta al mundo a principios de abril. Un helicóptero Apache del Ejército de Estados Unidos sobrevuela un suburbio de Bagdad. Se ve a varias personas andando por la calle, una de ellas, fotógrafo de Reuters, lleva una cámara al hombro. Los militares piensan que es un arma de fuego. Desde el Apache se dispara a todos los que por allí pasan en ese momento. La secuencia es espeluznante. "Keep shooting -sigue disparando-". Ráfaga. "Keep shooting". Ráfaga. "Keep shooting".
Personas que caen fulminadas al suelo. Otras que huyen de los disparos. Dos hombres que intentan auxiliar al fotógrafo herido. El Apache dispara contra ellos. Y contra la furgoneta, en cuyo interior hay dos niños.
Balance: doce personas fulminadas. La frialdad de la guerra expuesta. Las risas del soldado que acaba de disparar. La grosera conversación entre los soldados. El insulto a los que yacen muertos. "Bastards". Y en el suelo, las víctimas del tiro al bulto, eso que en estos tiempos modernos se ha dado en llamar "daños colaterales".
Llega Assange. El pelo aplastado y pegado a la cabeza; el casco de la moto bajo el brazo. Entra en la sala y Hrafnson le comenta algo. Se disculpan y se retiran a una sala contigua, asuntos urgentes, asuntos secretos. "Disculpe, esto siempre es así", dice cariacontecido el solícito hombre de prensa.
Assange se sienta por fin frente a la grabadora. Es un hombre muy alto, fuerte, magnético. Su antaño pelo largo totalmente blanco, que este verano dio paso al pelo corto castaño claro, es ahora una mezcla de esas dos fases. A sus 39 años, desprende un carisma indiscutible. Dos personas que han trabajado con él y que no quieren identificarse le describen como un hombre extremadamente inteligente. ¿Más calificativos?: Valiente; trabajador; divertido. El último héroe del periodismo combativo elige sentarse en la mesa que le permite tener el retrato de Mandela detrás de él: "Es importante tener bien guardadas las espaldas", bromea.
P. Su actividad en Wikileaks le está granjeando una creciente colección de enemigos. ¿Cuál es en estos momentos su peor enemigo?
R. En términos de recursos dedicados a seguir nuestros pasos, el Ejército de Estados Unidos. Dicho lo cual, tenemos buenos amigos allí, hay gente buena. Y también mala. Hay un equipo, supuestamente, de 120 personas en el llamado Wikileaks warroom -equipo de crisis/de combate- dedicado 24 horas al día a ocuparse de nosotros. Están dirigidos por un señor nombrado por Gates -secretario de Defensa norteamericano-. Son, predominantemente, miembros de la agencia de inteligencia militar y del FBI.
P. ¿Qué otros enemigos tiene?
R. Bancos. La mayor parte de los ataques legales que hemos recibido son de bancos. También los ha habido procedentes de China poco después de liberar material crítico sobre determinadas actividades del Gobierno. También hemos recibido ataques de cultos, de sectas abusivas, como la Iglesia de la cienciología, los mormones...
P. Esos enemigos que tiene ¿hacen que tema usted por su vida?
R. Alguna gente, como Daniel Ellsberg -el hombre que desveló en 1971 los papeles del Pentágono sobre la guerra de Vietnam-, ha sostenido que mi vida está en peligro.
P. ¿Y usted qué cree?
R. Creo que hay un pequeño, pero no insignificante riesgo, sí. Lo que hay es un peligro significativo de procesamiento y de detención. Están intentando crear un caso de espionaje contra mí y otros miembros de la organización, y contra gente que ha tenido relación con nosotros en Estados Unidos.
El analista de inteligencia del Ejército de Estados Unidos Bradley Manning fue detenido por la filtración del vídeo de la matanza de Bagdad. "El FBI ha visitado a gente en Boston y otras ciudades americanas conectadas con Bradley Manning o nosotros", explica Assange. "Según mis fuentes, el fiscal general del Estado australiano aprobó permisos para interceptar las comunicaciones de nuestra gente en Australia. El Gobierno de Suecia ha sido presionado a nivel de inteligencia por Estados Unidos, según dicen mis fuentes en inteligencia. El Gobierno de Islandia también ha sido presionado por Estados Unidos, según mis fuentes en Islandia y en el Senado norteamericano; y al embajador de Islandia llegaron a preguntarle si ya se habían dado pasos para asegurarse de que Islandia no se convierta en un refugio para Julian Assange".
Assange habla de él en tercera persona. Es un hombre que mide las palabras como nadie. No dice nada sin habérselo pensado cuatro veces. Habla despacio, con continuas pausas que invitan al entrevistador a colar una pregunta que él nunca responde porque sigue con su largamente articulada respuesta. Assange, no habla: dicta. Le gusta tener el control.
El adalid del periodismo combativo continúa relatando la persecución de la que ha sido objeto la organización que, con pulso firme, dirige. Un miembro de Wikileaks sufrió una emboscada en un parking de Luxemburgo en 2008. Dos abogados defensores de los derechos humanos que trabajaron con Wikileaks en Kenia fueron asesinados en marzo de 2009.
Y desde el Pentágono no se andan con chiquitas. El pasado 3 de agosto, el portavoz de Defensa estadounidense, Geoff Morrell, comparecía brevemente ante los medios. Solicitaba a Wikileaks que devolviera los documentos filtrados. "Si hacer lo correcto no es suficiente para ellos, entonces miraremos qué alternativas tenemos para obligarles a hacer lo correcto", anunció Morell.
"Fue extremadamente desagradable", dice Assange, "una manera extremadamente extraña de pronunciarse. Hemos llegado a la conclusión de que esa rueda de prensa fue diseñada para preparar posteriores ataques legales".
Assange sabe cultivar los silencios. Habla mirando al horizonte, sus ojos se mueven de izquierda a derecha y de derecha a izquierda mientras busca la palabra precisa. Su voz grave, levemente quebrada, y su querencia por el susurro, más propio de la confidencia que de la entrevista, confiere aún mayor intensidad a sus palabras. Habla tan bajo que conduce al interlocutor a un compromiso de escucha insoslayable. O aguzas el oído, o no te enteras.
Cuenta que la organización ha recibido cien "ataques legales". Dos de cada cinco demandas/querellas acabaron en juicio. Asegura que salieron victoriosos en todos los casos. También destaca los ataques que le han dirigido los medios de comunicación. Se queja de que los medios replican las mentiras que otros deslizan y se retroalimentan ad infinítum manchando su biografía. "Ha habido 15 ataques contra nosotros completamente fabricados de arriba abajo", asevera, "vendidos como filtraciones de gente de dentro de la organización. Se ha llegado a decir que llevo una vida de lujo en Sudáfrica. Nunca he estado en Sudáfrica".
P. ¿Piensa usted que las acusaciones que contra usted pesan en Suecia por acoso sexual están conectadas con todo esto?
R. No lo sabemos. Prefiero hablar de esto en otro momento, no puedo hablar en mi nombre y en nombre de la organización al mismo tiempo.
Assange es un hombre acosado. Tiene que protegerse. El pasado 27 de septiembre su equipaje fue requisado cuando abandonaba Estocolmo. La hipótesis de que alguien esté intentando vigilar sus pasos o interferir en sus comunicaciones no resulta descabellada. Todas las comunicaciones que realiza por teléfono o mail están encriptadas, es un excelente criptógrafo, tiene un pasado de hacker. Los protocolos de seguridad que debe seguir son estrictos. En algunos lugares, confiesa, debe moverse con guardaespaldas.
Nunca se sabe dónde está, dónde dormirá esta noche, o en qué anda. Su vida nada en los secretos. Se mueve rápido y procura no dejar rastro.
La existencia un tanto nómada no es algo que le resulte ajeno. "Nuestra familia producía teatro profesional y televisión y como resultado, íbamos de gira por el país muy a menudo", recuerda. Assange nació en 1971 en Townsville, ciudad de la costa noroeste australiana. Cuando tenía ocho años, sus padres se separaron. La madre inició una relación con un músico con el que tuvo otro hijo. "Durante una parte de mi adolescencia tuve que lidiar con este hombre del que se sospechaba estaba conectado con el culto de Anne Hamilton-Byrne", cuenta. Una secta en la que algunos miembros convencían a las madres para que ofrecieran a sus hijos recién nacidos a la líder del movimiento. Niños que se convertían en hijos adoptivos de la suma sacerdotisa, que ordenaba teñirles a todos el pelo de rubio y a los que se suministraban todo tipo de drogas, incluidas ceremonias de iniciación al LSD cuando apenas eran adolescentes.
Llegó un momento en que no quedó otra salida que huir. Huir de las garras de aquel hombre. Assange, su hermanastro y su madre estuvieron tres meses cambiando constantemente de domicilio. Vivir a la fuga.
Secretos y fugas. Dos conceptos que gobiernan la vida de Julian Assange. Leaks significa fuga. Y también fuga de información, filtración.
Por aquellos años difíciles nació su fascinación por los ordenadores. Su pericia, sus dotes como programador, le convirtieron en un notable hacker. Su nombre de guerra: Mendax. Allí comenzó su lucha: la información está para ser compartida.
Como hacker, llegó a penetrar en los sistemas de la compañía telefónica canadiense Nortel, motivo por el cual llegó a ser encausado. El juez acabó sentenciando que detrás de su intentona se escondía el simple placer de ser capaz de penetrar en sistemas ajenos. Tuvo que pagar una pequeña multa. "Yo fui un activista", asume. "La investigación de la que fui objeto se acabó cuando yo tenía 20 años; aunque el proceso durara seis años más, hasta 1997. Ahora hay muchos intentos de llamarme hacker, basados en mis actividades como hacker de hace veinte años, para devaluar mi trabajo como periodista. Con ello se pretende además despojarme de las protecciones legales de cualquier periodista; van contra mí personalmente, y contra esta organización. No obstante, es cierto que he sido un activista de la información libre durante mucho tiempo. Esos intereses de adolescente, aunque relativamente poco sofisticados, reflejan la consistencia de mi carácter".
La información libre. Los secretos destapados. La transparencia. Toda la información secreta debe estar a disposición del ciudadano. Varios medios, entre ellos, The New Yorker, le han acusado de venerar la transparencia en todas partes menos en el seno de su organización.
El presupuesto actual de Wikileaks es de un millón de dólares anuales (en torno a 712.000 euros). Desde enero, cuentan con un sistema de donaciones anónimas de modo que no están influidos por los intereses de quienes donan, explica Assange. Durante los cuatro primeros años, el portal se nutrió de las aportaciones de Assange y algunos más. El número total de donantes actual es de 10.000 personas. Ninguna donación sobrepasa los 20.000 euros.
Assange asegura durante la entrevista que ya son 12 personas fijas y que pronto serán 20. El número de colaboradores asciende a 800. Seguidores en Twitter: 150.000.
El portal de Wikileaks se reabrió el viernes tras una larga temporada cerrado. En la página alegaban motivos de mantenimiento para justificar el cierre. Assange explica que se debió a la gran reorganización en la que están inmersos. Un periodista que ha trabajado estrechamente con él sostiene que el portal ha estado cerrado por la rebelión interna que ha sufrido la organización en los últimos meses. Manifiesta que los métodos autoritarios de Assange han disuadido a varios integrantes del equipo. Que algunos de los técnicos han llegado a boicotear internamente la Red para evitar que Assange lo controle todo. Hrafnson, el portavoz islandés, niega cualquier atisbo de rebelión interna.
Otro periodista de una cabecera internacional, que también prefiere ocultar su identidad, dice que, efectivamente, Assange es un tanto autoritario. Pero sostiene que en una organización como Wikileaks, sometida a tanta presión, es normal que haya debate y tensión. Y es lógico, por tanto, que haya un momento en que alguien tenga que tomar una decisión que no guste a todo el mundo. "Hay unos que son más partidarios de la acción que otros", describe.
P. Daniel Domscheit-Berg, su ex portavoz en Alemania, que ha abandonado la organización, dijo a Der Spiegel que usted actuó con él como fiscal, juez y verdugo. Sostiene que usted no tolera las críticas.
R. Daniel Domscheit-Berg fue suspendido de esta organización por un número de razones serias. Como muchas personas que son suspendidas, elige criticar las decisiones del que les emplea. Creemos que la confianza, la confidencia y actuar con integridad son componentes esenciales de nuestro trabajo. Por ese motivo decidí no criticar a Domscheit-Berg, a pesar de que sus declaraciones no nos han ayudado nada en estos momentos de dificultades.
Daniel Domscheit-Berg coge el teléfono en Berlín. Al oír lo que Assange ha dicho sobre su salida a este periódico, se revuelve, indignado. "En primer lugar, yo no soy su empleado. En esta organización no se paga a nadie. En mi caso, además, yo puse dinero en el proyecto", exclama, notablemente irritado.
El ex portavoz se declara estupefacto por su despido, que se produjo en septiembre. Asegura que al menos cinco personas han abandonado Wikileaks por estar en desacuerdo con los modos de Assange. "La gente no quiere que un dictador esté al frente de una organización tan poderosa, que maneje una información tan sensible. Julian se está comportando como un dictador y yo no trabajo para dictadores, yo lucho contra los dictadores".
El activista alemán, de 32 años, afirma que sus palabras no son fruto de una "vendetta personal". Y señala que Wikileaks ha ido perdiendo algunas de sus señas de identidad. "Yo no sé si el Pentágono estará o no en estos momentos detrás de Julian. Pero el hecho de que pueda estarlo demuestra que se ha cometido el mayor de los errores: Wikileaks nació como una organización en la que estaba involucrada mucha gente de modo que nunca pudieran ir a por una sola persona. La gente debería ser intercambiable, lo importante es el proyecto, es un movimiento. ¿Qué es Wikileaks ahora, una organización o el show de Julian Assange?".
El controvertido fundador de Wikileaks no deja indiferente a nadie. Fascina a unos, irrita a otros. Para unos es el último héroe del periodismo, un hombre que desafía la lógica de un mundo cínico en busca de la máxima transparencia. Para otros, un idealista naif que cree que todo se puede contar, cuando hay cosas que el sentido común indica es mejor no publicar. Por ejemplo, aquellas que pongan en peligro la vida de las personas. De eso le acusan desde varios frentes. De haber revelado la identidad de informantes afganos que ahora son blanco fácil para los talibanes.
P. Su decisión de publicar los nombres de informantes afganos al hacer públicos los papeles de Afganistán levantó polvareda. Bill Keller, director de The New York Times, dijo: "Su decisión de hacer públicos los datos tuvieron consecuencias potenciales que, creo, cualquiera, sea cual sea su visión de la guerra, encontraría lamentables". ¿Considera que cometió algún error, que puso en peligro alguna vida?
R. Al publicar 76.000 de 90.000 documentos clasificados, hay muchas cosas de las que hablar. Esos documentos revelaron la hora, fecha, lugar y circunstancias de la muerte de cerca de 20.000 personas. Y punto. En los dos meses desde que el material fue publicado, hasta donde se puede determinar hoy, ningún civil afgano ha sido dañado por la publicación de los papeles. Eso no quita para que estos sean temas muy serios e interesantes, y por ese motivo retiramos uno de cada cinco documentos. El hecho de que Bill Keller tenga necesidad de dedicar su tiempo a hablar de este tema, que no está asociado a la muerte de nadie, comparado con los temas que han llevado a la muerte de cerca de 20.000 personas, y la muerte de cientos en los últimos dos meses, es un reflejo de la dificultad que tiene The New York Times para criticar al Ejército en Estados Unidos.
P. Alan Rusbridger, director de The Guardian, nos decía hace unos días con ironía que los medios tradicionales han abandonado el periodismo de investigación porque es caro y no muy sexy. ¿Está de acuerdo?
R. Sí, lo han abandonado casi por completo, es cierto. El peaje que pagas es caro: te crea enemigos, genera gastos en prevenir ataques judiciales, y se producen ofensivas contra los intereses de los editores. Yo creo que los lectores sí demandan periodismo de investigación, pero el coste por palabra en relación con otras formas de periodismo es alto, especialmente, el periodismo subvencionado por intereses especiales.
P. ¿Pero cree que la mayor parte de los grandes medios de comunicación occidentales están subvencionados por intereses especiales?
R. Eso no es exactamente lo que yo quería decir. Ese también es un factor. Yo me refería a los miles de millones de dólares que el Ejército de EE UU gasta al año en su comunicación de asuntos oficiales para producir contenido tutelado como vídeos, fotos y notas de prensa que al final son historias gratis para que los periodistas les pongan la firma. Y similares contenidos tutelados producidos por empresas y Gobiernos. En ese sentido, los periódicos y las televisiones se convierten en seleccionadores de contenidos tutelados.
P. ¿Cree usted que esto va a cambiar? ¿Cree que la revolución digital e iniciativas como Wikileaks traerán periodismo independiente?
R. Podemos ir en las dos direcciones. Puede que lleguemos a un sistema en que haya una mayor fiscalización y acuerdos internacionales para suprimir la libertad de prensa o puede que vayamos a un nuevo estándar en que la gente espere y demande material que exponga más a los poderes; y un entorno comercial en que este tipo de exposición sea rentable; y un entorno legal en que esto esté protegido.
P. ¿Es usted optimista al respecto?
R. Estamos en el cruce de caminos entre esos dos futuros. Por eso es tan importante y tan interesante estar involucrado en esto. Con nuestras acciones de ahora determinamos el destino del entorno mediático internacional de los próximos años.
Assange se muestra como un entrevistado rebelde. Resulta muy difícil conseguir colar una pregunta en medio de sus pausados discursos. Eso sí, muchas de las cosas que dice son sustanciosas. Si no, véase su reflexión sobre lo que le ha supuesto su experiencia en Wikileaks:
"Cada persona tiene una trayectoria única en la vida, pero, en los últimos tres años y medio, yo he tenido una experiencia realmente única. He leído más documentos filtrados, posiblemente, que ninguna otra persona en la tierra. De muy distintos temas. Igual hay gente que ha leído muchos, pero tal vez no de tantas y tan distintas organizaciones a lo largo de mundo. He obtenido más filtraciones internas que ninguna otra persona y he dirigido una organización que ha recibido muchos ataques de organizaciones poderosas, de secretos y neuróticos cultos. Antes de estar metido en esto, creí que sabía bastante de cómo funciona el mundo, he hecho cosas significativas e importantes antes que esto. Pero nada me preparó para la realidad con la que me he encontrado. Mi perspectiva ha cambiado mucho".
P. ¿Y qué ha visto?
R. No sé si es posible comunicar lo que he aprendido. Hay dos cosas que me vienen a la mente. La primera, la muerte a escala mundial de la sociedad civil. Rápidos flujos financieros, por transferencias electrónicas de fondos que se mueven más rápido que la sanción política o moral, destrozando la sociedad civil a lo ancho del mundo. El poder económico permite a oportunistas en cualquier sociedad conectada al sistema financiero global extraer riqueza robada con un comportamiento inmoral para llevarla a destinos lejanos o a oscuros y opacos vehículos financieros difíciles de atrapar. En este sentido, la sociedad civil está muerta, ya no existe, y hay una amplia clase de gente que lo sabe y está aprovechando que saben que está muerta para acumular riqueza y poder.
P. ¿Cómo...?
R. Y la segunda cosa que he visto, que opera en combinación y en oposición a esta, es que hay un enorme y creciente Estado de seguridad oculto que se está extendiendo por el mundo, principalmente basado en Estados Unidos. Cualquier Estado, si quiere sobrevivir, tiene que inscribirse con uno de los tres proveedores de inteligencia y sistemas armados. Los proveedores son el Imperio occidental, Rusia, antiguo Imperio soviético, y China, que aún no es un imperio, pero empieza a moverse en esa dirección. El Estado de seguridad oculto que se está extendiendo por el Imperio occidental tiene su centro de gravedad en Estados Unidos, pero es una red de tutelaje que existe en todos los países occidentales y conecta a todos los países occidentales. En EE UU, a pesar del colapso financiero, su poder económico ha crecido: su porción de recursos económicos ha crecido entre 250% y 300% desde los noventa. Para dar un ejemplo concreto, y en este caso cito a Dana Priest -dos veces ganadora del Pulitzer-, de The Washington Post, hay 817.000 personas trabajando en labores de seguridad top secret.
P. ¿Y esas estructuras velan fundamentalmente por salvar al capitalismo?
R. Las grandes corporaciones han penetrado tanto ese Estado de seguridad opaco y el sistema político que se están llevando todo el valor añadido por los contribuyentes.
Assange afirma que en Estados Unidos hay ahora una tensión entre el sistema nacional de seguridad paralelo y lo que denomina anarcocapitalismo, es decir, las grandes empresas. Compara el Estado de seguridad paralelo norteamericano con el que construyó Putin para dominar a los oligarcas.
Para terminar, Assange, que no deja títere sin cabeza, reserva su traca final para los complacientes medios de comunicación. "Los medios de comunicación internacionales son un desastre. Estamos en una buena posición para verlo porque nos llega material política e históricamente significativo, lo liberamos, y vemos cuántos medios se hacen eco y con qué rigor. Podemos ver también los esfuerzos para suprimir la información que damos. Mi conclusión es que el entorno de los medios internacionales es tan malo y tan distorsionador que nos iría mejor si no hubiera ningún medio, ninguno".
Se acaba la entrevista. Assange se levanta y muta. Se convierte en otra persona. Se desprende de un plumazo de toda su intensidad y gravedad. Se vuelve ligero, encantador, sonríe. Rejuvenece. Lo último que dice, una vez apagada la grabadora. "No creas a nadie. No creas a nadie. No creas a nadie. Te estarán mintiendo.
Las tripas de Wikileaks
» WikiLeaks es un sitio web para la publicación anónima de documentos secretos o delicados. Una conexión cifrada permite a cualquier usuario subir vídeos, documentos o audios confidenciales sin dejar rastro.
» Se ha convertido en la gran plataforma de las filtraciones -leaks, en inglés-, en el lugar en el que se cuestionan las grandes verdades oficiales.
» Julian Assange, australiano de 39 años, teme que los Estados Unidos le abran una causa por espionaje por la filtración de los 'papeles de Afganistán'. En Suecia, que le acaba de negar el permiso de residencia, tiene abierta una investigación por presunto acoso sexual.
Cinco episodios clave
El de ayer fue el golpe más impactante en la carrera de Wikileaks como plataforma de filtración de contenidos secretos. Desde su fundación en diciembre de 2006, el portal dirigido por Julian Assange ha levantado papeles en distintos puntos cardinales del planeta, aunque los que más ruido han hecho han sido sin duda los relacionados con el Ejército norteamericano.
Las ejecuciones extrajudiciales en Kenia, el escándalo del banco islandés The New Khaupting y los 'papeles de Afganistán' son tres de sus más duros golpes.
Pero también han recibido críticas por no editar suficientemente el material que les llega y publicar datos de carácter privado. Ocurrió con el episodio de las últimas conversaciones de las víctimas del 11-S y con la publicación de nombres y direcciones de miembros del Partido Nacional Británico.
EJECUCIONES EN KENIA. Noviembre de 2008. Wikileaks filtra un documento silenciado hasta la fecha en el que la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia denuncia la ejecución extrajudicial de 500 jóvenes opositores al régimen.
VERTIDOS TÓXICOS. Murieron seis personas. 85 necesitaron cuidados. Wikileaks publicó que la empresa Trafigura había pagado a una empresa local de Costa de Marfil para que se deshiciera de 40.000 toneladas de gasolina de baja calidad.
LA INTRAHISTORIA DEL 11-S. Noviembre de 2009. Wikileaks publica llamadas, mensajes SMS y correos electrónicos enviados hacia y desde las Torres Gemelas el 11-S. La publicación desata la polémica sobre el respeto a la intimidad.
NOMBRES Y RAZA. Octubre de 2009. Wikileaks da a conocer un listado con los nombres, apellidos, direcciones y teléfonos de miles de personas pertenecientes al Partido Nacional Británico, de corte racista. Más críticas sobre los límites de la publicación de datos.
MATANZA EN BAGDAD. /b> Abril de 2010. Wikileaks libera un vídeo que refleja la matanza de 12 civiles en Bagdad. Entre ellos, dos niños. Un helicóptero Apache dispara a un fotógrafo de Reuters (pensando que lleva un arma) y a todos los que por allí andan en ese momento.
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lunes, 2 de agosto de 2010
Filtraciones en línea
Anne Marie Mergier
Julian Assange creó el portal WikiLeaks a su imagen y semejanza: misterioso, subversivo, inclinado al activismo anarquista. Sin oficina fija y con apenas cinco empleados, este sitio de internet obtiene primicias periodísticas que exhiben a gobiernos y compañías multinacionales. En su más reciente golpe –la publicación de 91 mil documentos secretos del Pentágono sobre la guerra en Afganistán– logró la participación de tres importantes publicaciones: The New York Times, The Guardian y Der Spiegel. Con ello hizo más borrosa la frontera entre el mundo de los medios electrónicos “marginales” y el de “la gran prensa establecida”.
PARÍS.- Con el rostro casi plácido, todavía juvenil y el cabello totalmente blanco, Julian Assange parece surgir de una película de ciencia ficción.
Es misterioso y discreto. A veces radica en Suecia, otras en Kenia y, a últimas fechas, en Islandia. Se dice permanentemente perseguido y hostigado. Los pocos periodistas que se le han acercado lo describen como un tanto paranoico y muy mesiánico.
En realidad, este extraño personaje es la encarnación perfecta de la contracultura libertaria que encontró en internet el medio ideal para librar su guerra contra todos los poderes establecidos del planeta.
Assange afirma tener una sola meta en la vida: desenmascarar las villanías cometidas por políticos, gobiernos, multinacionales y fuerzas armadas en el mundo globalizado. Es la razón de ser de WikiLeaks (WikiFiltraciones), el sitio en internet que Assange fundó en diciembre de 2006 y al que presenta como el “servicio de inteligencia del pueblo”. Este portal brega a favor de la abolición de todos los secretos de Estado y de las cláusulas de confidencialidad.
En sus casi cuatro años de existencia WikiLeaks ha difundido más exclusivas que The Washington Post en 30 años, según afirma el sociólogo estadunidense Clay Shirky, a quien los internautas consideran como el especialista más agudo de las nuevas tecnologías de la comunicación.
La filtración, el pasado 26 de julio, de 91 mil documentos secretos de las fuerzas armadas estadunidenses sobre la guerra de Afganistán es, de lejos, el golpe más espectacular de Assange. El impacto es más fuerte debido a que logró involucrar a The New York Times, The Guardian y Der Spiegel en esa aventura. Es la primera vez que un medio de comunicación electrónico marginal, iconoclasta y con claro corte anarquista realiza semejante proeza.
Esa colaboración es una nueva etapa en la historia del periodismo contemporáneo. Hasta hace poco los medios de comunicación “establecidos” tomaban en cuenta los escándalos revelados por WikiLeaks; los comentaban y publicaban algunos de sus documentos, pero siempre enfatizaban que pertenecían a mundos distintos.
La flamante alianza con The New York Times, The Guardian y Der Spiegel volvió más borrosa la frontera entre estos mundos, otorgó título de nobleza al muy subversivo WikiLeaks y confirmó la importancia creciente de los medios de comunicación en línea.
Ciberactivismo
Poco se sabe sobre Julian Assange. Tiene 39 años y se define como “periodista y ciberactivista”. Nació en Australia en el seno de una familia bohemia. Descubrió la informática a los 14 años y a los 16 ya era un hacker de altísimo nivel, cuya actividad favorita era inmiscuirse en el sistema electrónico ultraprotegido del Ministerio de Defensa de Estados Unidos.
Solía dejar constancia de sus visitas mediante mensajes provocadores en los archivos violados. Fue detenido por la policía de Melbourne después de haber penetrado los sistemas de una importante empresa australiana. Tuvo muchos problemas con la justicia de su país. Pagó multas muy altas, pero escapó a la cárcel y muy pronto fue reclutado por una empresa de seguridad. Acabó sus estudios universitarios y creo WikiLeaks, exclusivamente dedicado a filtraciones de documentos secretos de toda índole.
Ese portal “participativo” funciona sobre el modelo de la enciclopedia en línea Wikipedia: todos los internautas están invitados a entregarle materiales confidenciales o inéditos. Éstos sólo se publican después de ser controlados por especialistas de WikiLeaks, que cuenta con cinco empleados y cerca de mil colaboradores esparcidos en el mundo.
Assange dotó a su página web de sistemas de seguridad muy sofisticados y se vanagloria de proteger contra viento y marea el anonimato de sus informantes. El ciberactivista optó por registrar su portal en Suecia, país en el que la legislación defiende a quienes denuncian abusos. Esa precaución le permite evitar que sus materiales sean censurados. Al parecer lo registró también, pero de manera reciente, en Islandia.
Según explicaron los directivos de The New York Times, The Guardian y Der Spiegel, el fundador de WikiLeaks los contactó en junio pasado para proponerles la publicación de “los diarios secretos de la guerra de Afganistán”. Les entregó los documentos sin cobro alguno y exigió su publicación simultánea el 26 de julio. Rehusó identificar a sus fuentes, pero en varias oportunidades Assange y sus colaboradores revelaron que militares estadunidenses les hacían llegar a menudo datos valiosos.
Los tres medios de comunicación crearon de inmediato equipos de trabajo integrados por expertos, investigadores, periodistas y abogados que examinaron con lupa gran parte del material. Cada equipo trabajó por su cuenta, a su manera y eligió los documentos que más le interesaron.
En una nota de presentación de los materiales seleccionados, The New York Times precisó que informó a la Casa Blanca de su proyecto. Los altos funcionarios de Washington, a quienes el diario mostró los documentos, no negaron su autenticidad.
En cambio subrayaron que informaciones mencionadas en 15 mil de los 90 mil folios ponían en peligro la vida de soldados, oficiales, informantes y colaboradores de las fuerzas armadas estadunidenses y de la OTAN. Los tres periódicos y WikiLeaks decidieron no publicarlos. Assange precisó que su equipo estaba “limpiando” los documentos para quitar cualquier dato comprometedor y que luego los publicaría.
WikiLeaks difundió el material en bruto con una breve introducción y sin comentario alguno. Es su método de trabajo. Deja que los internautas se las arreglen solos con la información.
En cambio The New York Times, Der Spiegel y The Guardian realizaron una amplia labor de contextualización, clasificación del material y análisis de su contenido. El diario británico elaboró, inclusive, un glosario de 400 abreviaturas que permite descifrar todos esos mensajes e informes codificados.
Los tres medios coinciden: El material, que cubre un periodo de cinco años y medio –de 2004 a finales de 2009–, confirma que Afganistán se ha convertido en un auténtico pantano para las fuerzas internacionales encabezadas por Estados Unidos. Peor aún, evidencia una situación muchísimo más grave de lo que se sospechaba.
Golpes mediáticos
¿Cambiará el curso de esa guerra cruenta la publicación de esos documentos?
Es el sueño de Assange, quien confía en la presión que una opinión pública mejor informada puede ejercer sobre sus gobernantes. El fundador de WikiLeaks cree en la virtud de los electrochoques mediáticos y los multiplica.
A finales de 2007 publicó en línea el texto completo de un manual militar redactado por el general estadunidense Geoffrey Miller, jefe del centro de detención de Guantánamo. Estaba destinado a los soldados que servían en esa prisión. Las instrucciones detalladas y sórdidas de Miller sobre cómo ablandar física y psicológicamente a los nuevos presos, dieron la vuelta al mundo.
Lo mismo ocurrió en abril de 2008 con los manuales internos de la Iglesia de Cientología. WikiLeaks sacó a la luz pública esos auténticos tratados de manipulación mental. En vano se empeñaron los cientólogos en demandar y enjuiciar al portal.
Algunos meses más tarde, en septiembre de 2008, Assange puso la lupa en la campaña presidencial de Estados Unidos. Publicó los e-mails personales de Sarah Palin, entonces candidata a la vicepresidencia. Fue un buen golpe político: evidenció que Palin usaba sus cuentas electrónicas privadas para sus comunicaciones oficiales. La ley exige el uso exclusivo de canales oficiales, ya que ese tipo de mensajes deben ser archivados y no pueden ser destruidos.
Ese mismo mes, WikiLeaks difundió un informe confidencial sobre el eminente colapso de un banco islandés. Nadie tomó en serio esa información. Un mes después, Islandia se declaró en bancarrota.
En noviembre de 2008 le tocó el turno a Gran Bretaña. Assange y sus compañeros dieron a conocer la lista casi completa de los 11 mil militantes del British National Party, un partido político neofascista y ultrarracista. Además de sus nombres y apellidos, publicaron también sus direcciones y números de teléfono. Quedaron al descubierto personajes conocidos, periodistas, militares…
Algunas semanas más tarde otro escándalo sacudió a Gran Bretaña cuando WikiLeaks reveló las operaciones turbias de una empresa contratista de Costa de Marfil, a la que la compañía británica de transporte de petróleo Trafigura pidió “desaparecer” 400 toneladas de gasolina contaminadas por desechos tóxicos que se encontraban en un buque cisterna.
La empresa africana vertió el contenido del buque en barrios populares de la ciudad de Abidján y en zonas rurales de Costa de Marfil. Contaminó a 85 mil personas y mató a 15. Trafigura fingió no estar al tanto de la actuación de la empresa contratista, pero el diario The Guardian investigó los hechos. Presiones de alto nivel impidieron que el diario publicara el resultado de sus indagaciones. WikiLeaks se encargó de difundirlo.
En noviembre de 2009, Assange provocó otra polémica con la filtración muy controvertida de 500 mil mensajes que intercambiaron ciudadanos de Estados Unidos durante los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. Entre esos mensajes se encontraban también muchos que distintos funcionarios de la policía de Nueva York y del FBI se enviaron entre sí.
Ese material heteróclito en el que se mezclan confidencias personales, información de los servicios secretos y mensajes técnicos dio su plena dimensión a esa tragedia, pero suscitó debates violentos acerca de la violación de la privacidad de las víctimas de los atentados y sobre la gratuidad de semejante exhibición.
El pasado mes de abril, Assange asestó otro golpe al Pentágono al difundir en línea un video titulado Collateral Murder. Ese material fue filmado el 12 de julio de 2007 desde un helicóptero de guerra Apache. Muestra cómo soldados estadunidenses ametrallan a civiles iraquíes en un barrio de Bagdad. En ese operativo perdieron la vida 12 personas, entre ellos Namir Noor Eldeen, camarógrafo de la agencia de prensa británica Reuters, y su chofer Saeed Chmag. Millones de personas vieron el video que WikiLeaks puso en YouTube.
Tres años después de los hechos, el Pentágono se vio obligado a investigar esa matanza que había enterrado por considerarla como un mero “daño colateral”. No se sabe aún si encontró a los autores de los disparos, pero en mayo pasado ordenó la detención de Bradley Manning, un joven militar estadunidense de 22 años que trabajaba en Irak como analista de información de inteligencia, y lo acusó de haber filtrado el video. Hasta donde se sabe, Manning está preso en Kuwait mientras prosiguen las investigaciones.
Assange aprovecho el éxito planetario del Collateral Murder para anunciar la publicación de materiales aún más explosivos. El 26 de julio cumplió su promesa y advirtió que le estaban llegando más documentos importantes. l
Proceso
02/08/2010
Julian Assange creó el portal WikiLeaks a su imagen y semejanza: misterioso, subversivo, inclinado al activismo anarquista. Sin oficina fija y con apenas cinco empleados, este sitio de internet obtiene primicias periodísticas que exhiben a gobiernos y compañías multinacionales. En su más reciente golpe –la publicación de 91 mil documentos secretos del Pentágono sobre la guerra en Afganistán– logró la participación de tres importantes publicaciones: The New York Times, The Guardian y Der Spiegel. Con ello hizo más borrosa la frontera entre el mundo de los medios electrónicos “marginales” y el de “la gran prensa establecida”.
PARÍS.- Con el rostro casi plácido, todavía juvenil y el cabello totalmente blanco, Julian Assange parece surgir de una película de ciencia ficción.
Es misterioso y discreto. A veces radica en Suecia, otras en Kenia y, a últimas fechas, en Islandia. Se dice permanentemente perseguido y hostigado. Los pocos periodistas que se le han acercado lo describen como un tanto paranoico y muy mesiánico.
En realidad, este extraño personaje es la encarnación perfecta de la contracultura libertaria que encontró en internet el medio ideal para librar su guerra contra todos los poderes establecidos del planeta.
Assange afirma tener una sola meta en la vida: desenmascarar las villanías cometidas por políticos, gobiernos, multinacionales y fuerzas armadas en el mundo globalizado. Es la razón de ser de WikiLeaks (WikiFiltraciones), el sitio en internet que Assange fundó en diciembre de 2006 y al que presenta como el “servicio de inteligencia del pueblo”. Este portal brega a favor de la abolición de todos los secretos de Estado y de las cláusulas de confidencialidad.
En sus casi cuatro años de existencia WikiLeaks ha difundido más exclusivas que The Washington Post en 30 años, según afirma el sociólogo estadunidense Clay Shirky, a quien los internautas consideran como el especialista más agudo de las nuevas tecnologías de la comunicación.
La filtración, el pasado 26 de julio, de 91 mil documentos secretos de las fuerzas armadas estadunidenses sobre la guerra de Afganistán es, de lejos, el golpe más espectacular de Assange. El impacto es más fuerte debido a que logró involucrar a The New York Times, The Guardian y Der Spiegel en esa aventura. Es la primera vez que un medio de comunicación electrónico marginal, iconoclasta y con claro corte anarquista realiza semejante proeza.
Esa colaboración es una nueva etapa en la historia del periodismo contemporáneo. Hasta hace poco los medios de comunicación “establecidos” tomaban en cuenta los escándalos revelados por WikiLeaks; los comentaban y publicaban algunos de sus documentos, pero siempre enfatizaban que pertenecían a mundos distintos.
La flamante alianza con The New York Times, The Guardian y Der Spiegel volvió más borrosa la frontera entre estos mundos, otorgó título de nobleza al muy subversivo WikiLeaks y confirmó la importancia creciente de los medios de comunicación en línea.
Ciberactivismo
Poco se sabe sobre Julian Assange. Tiene 39 años y se define como “periodista y ciberactivista”. Nació en Australia en el seno de una familia bohemia. Descubrió la informática a los 14 años y a los 16 ya era un hacker de altísimo nivel, cuya actividad favorita era inmiscuirse en el sistema electrónico ultraprotegido del Ministerio de Defensa de Estados Unidos.
Solía dejar constancia de sus visitas mediante mensajes provocadores en los archivos violados. Fue detenido por la policía de Melbourne después de haber penetrado los sistemas de una importante empresa australiana. Tuvo muchos problemas con la justicia de su país. Pagó multas muy altas, pero escapó a la cárcel y muy pronto fue reclutado por una empresa de seguridad. Acabó sus estudios universitarios y creo WikiLeaks, exclusivamente dedicado a filtraciones de documentos secretos de toda índole.
Ese portal “participativo” funciona sobre el modelo de la enciclopedia en línea Wikipedia: todos los internautas están invitados a entregarle materiales confidenciales o inéditos. Éstos sólo se publican después de ser controlados por especialistas de WikiLeaks, que cuenta con cinco empleados y cerca de mil colaboradores esparcidos en el mundo.
Assange dotó a su página web de sistemas de seguridad muy sofisticados y se vanagloria de proteger contra viento y marea el anonimato de sus informantes. El ciberactivista optó por registrar su portal en Suecia, país en el que la legislación defiende a quienes denuncian abusos. Esa precaución le permite evitar que sus materiales sean censurados. Al parecer lo registró también, pero de manera reciente, en Islandia.
Según explicaron los directivos de The New York Times, The Guardian y Der Spiegel, el fundador de WikiLeaks los contactó en junio pasado para proponerles la publicación de “los diarios secretos de la guerra de Afganistán”. Les entregó los documentos sin cobro alguno y exigió su publicación simultánea el 26 de julio. Rehusó identificar a sus fuentes, pero en varias oportunidades Assange y sus colaboradores revelaron que militares estadunidenses les hacían llegar a menudo datos valiosos.
Los tres medios de comunicación crearon de inmediato equipos de trabajo integrados por expertos, investigadores, periodistas y abogados que examinaron con lupa gran parte del material. Cada equipo trabajó por su cuenta, a su manera y eligió los documentos que más le interesaron.
En una nota de presentación de los materiales seleccionados, The New York Times precisó que informó a la Casa Blanca de su proyecto. Los altos funcionarios de Washington, a quienes el diario mostró los documentos, no negaron su autenticidad.
En cambio subrayaron que informaciones mencionadas en 15 mil de los 90 mil folios ponían en peligro la vida de soldados, oficiales, informantes y colaboradores de las fuerzas armadas estadunidenses y de la OTAN. Los tres periódicos y WikiLeaks decidieron no publicarlos. Assange precisó que su equipo estaba “limpiando” los documentos para quitar cualquier dato comprometedor y que luego los publicaría.
WikiLeaks difundió el material en bruto con una breve introducción y sin comentario alguno. Es su método de trabajo. Deja que los internautas se las arreglen solos con la información.
En cambio The New York Times, Der Spiegel y The Guardian realizaron una amplia labor de contextualización, clasificación del material y análisis de su contenido. El diario británico elaboró, inclusive, un glosario de 400 abreviaturas que permite descifrar todos esos mensajes e informes codificados.
Los tres medios coinciden: El material, que cubre un periodo de cinco años y medio –de 2004 a finales de 2009–, confirma que Afganistán se ha convertido en un auténtico pantano para las fuerzas internacionales encabezadas por Estados Unidos. Peor aún, evidencia una situación muchísimo más grave de lo que se sospechaba.
Golpes mediáticos
¿Cambiará el curso de esa guerra cruenta la publicación de esos documentos?
Es el sueño de Assange, quien confía en la presión que una opinión pública mejor informada puede ejercer sobre sus gobernantes. El fundador de WikiLeaks cree en la virtud de los electrochoques mediáticos y los multiplica.
A finales de 2007 publicó en línea el texto completo de un manual militar redactado por el general estadunidense Geoffrey Miller, jefe del centro de detención de Guantánamo. Estaba destinado a los soldados que servían en esa prisión. Las instrucciones detalladas y sórdidas de Miller sobre cómo ablandar física y psicológicamente a los nuevos presos, dieron la vuelta al mundo.
Lo mismo ocurrió en abril de 2008 con los manuales internos de la Iglesia de Cientología. WikiLeaks sacó a la luz pública esos auténticos tratados de manipulación mental. En vano se empeñaron los cientólogos en demandar y enjuiciar al portal.
Algunos meses más tarde, en septiembre de 2008, Assange puso la lupa en la campaña presidencial de Estados Unidos. Publicó los e-mails personales de Sarah Palin, entonces candidata a la vicepresidencia. Fue un buen golpe político: evidenció que Palin usaba sus cuentas electrónicas privadas para sus comunicaciones oficiales. La ley exige el uso exclusivo de canales oficiales, ya que ese tipo de mensajes deben ser archivados y no pueden ser destruidos.
Ese mismo mes, WikiLeaks difundió un informe confidencial sobre el eminente colapso de un banco islandés. Nadie tomó en serio esa información. Un mes después, Islandia se declaró en bancarrota.
En noviembre de 2008 le tocó el turno a Gran Bretaña. Assange y sus compañeros dieron a conocer la lista casi completa de los 11 mil militantes del British National Party, un partido político neofascista y ultrarracista. Además de sus nombres y apellidos, publicaron también sus direcciones y números de teléfono. Quedaron al descubierto personajes conocidos, periodistas, militares…
Algunas semanas más tarde otro escándalo sacudió a Gran Bretaña cuando WikiLeaks reveló las operaciones turbias de una empresa contratista de Costa de Marfil, a la que la compañía británica de transporte de petróleo Trafigura pidió “desaparecer” 400 toneladas de gasolina contaminadas por desechos tóxicos que se encontraban en un buque cisterna.
La empresa africana vertió el contenido del buque en barrios populares de la ciudad de Abidján y en zonas rurales de Costa de Marfil. Contaminó a 85 mil personas y mató a 15. Trafigura fingió no estar al tanto de la actuación de la empresa contratista, pero el diario The Guardian investigó los hechos. Presiones de alto nivel impidieron que el diario publicara el resultado de sus indagaciones. WikiLeaks se encargó de difundirlo.
En noviembre de 2009, Assange provocó otra polémica con la filtración muy controvertida de 500 mil mensajes que intercambiaron ciudadanos de Estados Unidos durante los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. Entre esos mensajes se encontraban también muchos que distintos funcionarios de la policía de Nueva York y del FBI se enviaron entre sí.
Ese material heteróclito en el que se mezclan confidencias personales, información de los servicios secretos y mensajes técnicos dio su plena dimensión a esa tragedia, pero suscitó debates violentos acerca de la violación de la privacidad de las víctimas de los atentados y sobre la gratuidad de semejante exhibición.
El pasado mes de abril, Assange asestó otro golpe al Pentágono al difundir en línea un video titulado Collateral Murder. Ese material fue filmado el 12 de julio de 2007 desde un helicóptero de guerra Apache. Muestra cómo soldados estadunidenses ametrallan a civiles iraquíes en un barrio de Bagdad. En ese operativo perdieron la vida 12 personas, entre ellos Namir Noor Eldeen, camarógrafo de la agencia de prensa británica Reuters, y su chofer Saeed Chmag. Millones de personas vieron el video que WikiLeaks puso en YouTube.
Tres años después de los hechos, el Pentágono se vio obligado a investigar esa matanza que había enterrado por considerarla como un mero “daño colateral”. No se sabe aún si encontró a los autores de los disparos, pero en mayo pasado ordenó la detención de Bradley Manning, un joven militar estadunidense de 22 años que trabajaba en Irak como analista de información de inteligencia, y lo acusó de haber filtrado el video. Hasta donde se sabe, Manning está preso en Kuwait mientras prosiguen las investigaciones.
Assange aprovecho el éxito planetario del Collateral Murder para anunciar la publicación de materiales aún más explosivos. El 26 de julio cumplió su promesa y advirtió que le estaban llegando más documentos importantes. l
Proceso
02/08/2010
Etiquetas:
Julian Assange,
Wikileaks
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