Mostrando entradas con la etiqueta Gunter Wallraff en México. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gunter Wallraff en México. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de noviembre de 2008

No me traten como maestro; soy un aprendiz perenne: Wallraff


■ La adrenalina de los jóvenes se desbordó para aclamar al notable reportero alemán
■ “El capitalismo rapaz llegó a su límite y será sustituido por un movimiento democrático”
■ En tiempo de crisis, gula y envidia campean y ustedes esperan respuestas, dijo en Bellas Artes


Mónica Mateos-Vega


Günter Wallraff, frente a una multitud juvenil anoche en Bellas Artes: “no me vean como un maestro sino como alguien que quiere aprender. De manera que todos ustedes, jóvenes, que están allá afuera en los pasillos, vengan y busquen acomodo aquí. Aprenderemos juntos. Estoy sobrecogido por el elevado interés que encuentro en México hacia mi trabajo y percibo que algo nuevo está por suceder”.

El periodista alemán, reportero en activo a sus 66 años de edad que sigue cosechando triunfos en nombre de la justicia social y del bien común, colmó la Sala Manuel M. Ponce del máximo recinto cultural de México. Minutos antes de la hora de la cita, que fue fijada a las 19 horas, ya el espacio era insuficiente.

Empleados de Bellas Artes anunciaron que instalarían una pantalla y sillas, para que quienes no pudieran entrar vieran a a Wallraff. Finalmente fueron abiertas las puertas de par en par para que entrara quien quisiera y pudiera.

Muchos jóvenes quedaron en los pasillos. La convocatoria del maestro, quien los llamó desde el micrófono, los llevó finalmente puertas adentro.

No dejaban de llegar los jóvenes cuando el acto había iniciado. Repartidos los aparatos auriculares para la traducción simultánea, se soltó una breve tormenta eléctrica recinto adentro, donde todo era adrenalina: los fogonazos de los flashes de los fotógrafos, para quienes posó, sencillo, sin aspavientos, consciente del trabajo de los colegas, el maestro, aprendiz perenne.

Desenmascarar a los poderosos

Günter Wallraff se encuentra en México merced al esfuerzo de varias instituciones y personas. Las fundaciones Heinrich Böll y Friederich Ebert, así como el Instituto Goethe, entre ellas. Anoche tuvo su primer encuentro con sus lectores, sus admiradores, sus alumnos que lo son sin necesidad de matricularse, por el simple hecho de leer sus libros y seguir su comportamiento.

En la primera entrevista que concedió a algún medio mexicano, antes de tomar el avión, ya había definido los puntos cardinales (La Jornada, jueves 20 de noviembre). Anoche en Bellas Artes, después de una emocionante semblanza leída por Jürgen Moritz, el maestro Günter Wallraff dijo:
“Me he enterado, a mi llegada, que tan sólo este año han matado a 12 periodistas en México y que ninguno de sus casos ha sido resuelto. Me impresioné, porque eso significa que o el Estado ya se rindió o parte de él está metido en el crimen organizado”.

Al final, durante la sesión de preguntas y respuestas, Wallraff fue interrumpido de manera espontánea por aplausos y gritos de ¡bravo! de los jóvenes. Por ejemplo, cuando dijo: “he llegado a vencer mis miedos acercándome a los poderosos que les gusta sembrar el miedo, porque los he desenmascarado y los he puesto en ridículo, y porque he descubierto que en realidad son personas inseguras que solamente vencen sus propios temores infundiendo el terror”.

Al responder sobre el tema de Bush, afirmó: “él debería ser juzgado por un tribunal internacional de derechos humanos”.

Sobre la situación del mundo actual: “el capitalismo rabioso o rapaz llegó a su límite y será sustituido por un movimiento democrático de paz, pero que no sea de mayorías empobrecidas intelectualmente”.

Antes de la sesión de preguntas y respuestas fue proyectado un documental sobre uno de los trabajos periodísticos recientes de Günter Wallraff: cuando se infiltró en las redes comerciales conocidas como call centers. Y antes de eso fue su voluntad tomar la palabra para formular su regocijo y pedir no ser tratado como maestro sino como aprendiz. Y antes de eso, Jürgen Moritz recordó hitos importantes en la biografía de Wallraff, por ejemplo, que estuvo muy enfermo, por causa precisamente de los riesgos que enfrentó al infiltrarse a un lugar insalubre, e inclusive tuvo que recurrir al uso de una silla de ruedas. Hoy disfruta del ejercicio físico extremo como el tipo maratón.

También recordó Moritz cuando Wallraff cayó preso en Grecia y fue torturado por el gobierno de ese país. Y cuando impidió un golpe de Estado en Portugal porque se disfrazó de un alto líder de ultraderecha. Y cuando dio asilo a Salman Rushdie en su casa, en Colonia, porque era uno de los momentos más cruentos de asedio por parte de quienes lo tienen amenazado de muerte.

Juego de personalidades

Volvió a tomar la palabra Wallraff: “soy un símbolo de la sociedad que ha comprendido que el mundo no puede seguir como está. En estos momentos de crisis nos hemos dado cuenta de cómo campean la gula y la envidia, y de cómo al aprendiz de mago se le acabaron los trucos. De manera que los jóvenes preguntan y no reciben respuesta”.

Narró más detalles de su inicio en el periodismo encubierto: “yo era bibliotecario y escribía poemas, pero en un momento enrolaron a todos los jóvenes en la guerra y yo tuve un fuerte conflicto de conciencia, no quería aprender a matar, mientras que mis superiores buscaban quebrar mi voluntad. Yo llevaba una bitácora y cuando me descubrieron se espantaron y me ofrecieron que si no publicaba nada de eso me dejarían ir. Respondí que no. Finalmente me lanzaron a la calle con un certificado que decía: ‘no sirve ni para la guerra ni para la paz’, de manera que no pude regresar a mi trabajo de bibliotecario y tuve que disfrazarme. Fue así como empezó este juego de personalidades”.

Avispero de jóvenes

Anunció su proyecto de integrar una fundación para otorgar años sabáticos a periodistas, sindicalistas y estudiantes para que se infiltren. Mencionó su interés por temas mexicanos (“en México no me costaría ningún trabajo encontrar temas, sobran”, dijo), en especial el narcotráfico y los altos círculos del poder, “pero con la debida seguridad guardada, claro”. Delimitó su área de trabajo: “el límite es la vida privada de los demás, es algo que no me rebajaría a publicar”.
Al final se desbordó por completo la adrenalina. Quienes formaban la fila para que el maestro les firmara sus libros se convirtieron en un avispero de jóvenes, cámaras y libros en ristre, mientras Wallraff se armaba de sonrisas y estupefacción.

Entonces todo se volvió un auténtico homenaje, sin aspavientos ni maquinaciones. Günter Wallraff no dejaba de sonreír. “No me traten como maestro, sino como alguien que quiere aprender”, repetía.

Todo esto transcurrió en apenas 96 minutos.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Hago periodismo encubierto para eludir la versión del poder: Wallraff


■ El discurso oficial nunca explica la realidad, afirma el periodista alemán a La Jornada
■ “Me siento más cómodo con los vulnerables, porque viven en el intersticio de las culturas”
■ Vendrá a México para impartir un taller, ofrecer conferencias y participar en la FIL de Guadalajara


Pablo Espinosa

Günter Wallraff en entrevista con La Jornada: “me siento más cómodo con los vulnerables porque a diferencia de los poderosos viven la realidad, tienen opiniones realmente interesantes y mueven al mundo. Con ellos he aprendido que mi papel es, como en la física cuántica, el de un muy pequeño elemento de aceleración, que empuja a otros y a su vez es impelido por otros. Hacer periodismo encubierto para mí es una forma de contrainsurgencia, funciona para entender la realidad”.

El periodista indeseable visita México. Cabeza de turco (uno de sus libros representativos), conejillo de indias de la industria farmacéutica, disfrazado de lo más inimaginable para lograr reportajes que cambiaron al mundo, temido por los poderosos, amado por los desprotegidos, admirado por generaciones de periodistas, leído por multitudes, el maestro Günter Wallraff (Burscheid, Alemania, 1942) realizará una serie de actividades en México: impartirá un taller de periodismo encubierto, ofrecerá una conferencia de prensa, dictará una conferencia magistral en Bellas Artes, el martes 25, y otra en la Fundación Friedrich Ebert. Participará en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Antes de abordar el avión, concedió la siguiente entrevista a La Jornada vía teléfonica desde su casa. Enseguida reproducimos la conversación, lograda gracias a la colaboración de Jürgen Moritz.

El método del niño

–Su método de periodismo encubierto ¿lo asume usted como una forma de contrainsurgencia?, ¿enmascararse para desenmascarar al poder?

–Sí, funciona para entender mejor la realidad y para que pueda yo entrar directamente a los temas que elijo. Sucede que fui un muy mal estudiante, sobre todo en las materias teóricas; tenía que sentir una cosa para realmente entenderla. De manera que mi forma de trabajar es una parte de mi biografía. Pero también es un método para eludir la versión oficial, porque el discurso oficial nunca explica el tema, la realidad.

“Es necesario vivir el tema, la realidad, para entender. También es un juego. Es el método de un niño. Tener los ojos de un niño para ver el mundo como lo ve un niño, sentir como siente él, aprender como lo hace un niño. También, es divertido jugar a hacerse el tonto: así vas a escuchar cosas mucho más honestas y más duras porque el interlocutor cree que eres un tonto, y eso también forma parte del método. Por supuesto, para hacerte el estúpido no tienes que ser estúpido.”

–¿Qué significa para usted ser un periodista de pensamiento progresista o de izquierda, cuando el mundo ya es unipolar?

–Significa tener una utopía, todavía. Entender, tener la conciencia de que el mundo como es no puede seguir. No tiene futuro el mundo como es hoy día.

“Sin ser dogmático, sin ser cerrado, tienes que tener claro que eres solamente un elemento muy pero muy pequeño en el planeta. Eso viene de la física cuántica. Eres un muy pequeño elemento de aceleración. Estás empujando a alguien pero a ti también alguien te está impulsando. Ésa es tu función.

“Si juegas tu propio papel muchas veces no te percatas de que abrigas prejuicios. En cambio, si asumes un papel distinto enseguida te das cuenta de los prejuicios que puedes cultivar, y entonces cambias.”

Aprendizaje con los sin voz

–¿Asume entonces el periodismo como un servicio? ¿Dar voz a quien no la tiene? ¿Ponerse del lado de los desprotegidos?

—Sí, es importante dar voz a las personas que no tienen voz, pero también debes darte cuenta de que al ponerte del lado de los desprotegidos te colocas en un proceso continuo de aprendizaje. Aprendes de esas personas, y ésa es la manera en que el servicio social va y viene, es recíproca, fluye.

–Su colega Kapuscinski murió con una preocupación cara: los medios de comunicación, decía el maestro polaco, están cada vez más en manos de comerciantes y cada vez menos en manos de periodistas. ¿Comparte usted esta certeza?

–Ciertamente. Tuve además el privilegio de convivir con él, sobre todo en la década de los 80. Es para mí uno de los grandes maestros, no solamente del periodismo, sino de la actitud ante la vida. No solamente comparto su preocupación póstuma, veo cómo los intereses comerciales invaden el periodismo.

“Aunque en Alemania todavía tenemos una prensa crítica y una pluralidad en las opiniones, estamos en peligro permanente frente al funcionamiento de los medios de comunicación que cada vez más obedecen a un criterio solamente comercial y no periodístico.

“En los años 50 un famoso periodista del Frankfurter Allgemeine Zeitung dijo que la libertad de prensa es la libertad de los alrededor de los 200 dueños de los medios de comunicación. Si observamos esa cifra, hoy se ha reducido a tres, cinco megamultinacionales asentadas en Alemania. Lo que siempre se achacó, y con razón, al comunismo, de la opinión uniforme, ahora, en la concentración de las opiniones en el neoliberalismo parece revivir de otra manera.

“Observamos este fenómeno de una norma única, la moda de las opiniones únicas de los multimedios y la integración de una corriente dominante y, sobre todo, una tendencia de los medios de comunicación como entretenimiento y no como información. Hay algunos medios críticos, plurales, pero a veces funcionan para un público muy reducido, mientras la gran masa consume medios de comunicación que buscan formar personas tontas y no informadas o inteligentes. El modelo de entretenimiento de Estados Unidos contamina gravemente al resto del planeta en cuanto a medios de comunicación.”

–Al igual que lo hizo Kapuscinski hasta su muerte, usted, Günter Wallraff, ha mantenido ese sentido de humildad que hace grandes a los periodistas. ¿Cómo se logra ese control, esa verticalidad? Se lo pregunto porque sobran casos de periodistas que destacan para enseguida caer en las redes del poder

–Una manera de evitar la coquetería que acostumbran los poderosos es tener amigos de distinta índole, es decir, no pertenecer a ningún grupo, ninguna corriente, ningún bloque identificable. También, interesarse realmente por la opinión de los demás, pero sobre todo acercarse a los más vulnerables. Eso te ayuda a entender muchas cosas muy interesantes que la gente en el poder no te puede ofrecer.

“Por supuesto que ser famoso o prominente acerca a muchos a la prostitución, a venderse por una ilusión de poder. Lo importante es mantenerse como una persona normal. Ser buena persona garantiza ser buen periodista. En lo personal me siento más cómodo con los vulnerables, con las minorías, porque esas personas, que viven en el intersticio de las culturas, tienen opiniones realmente interesantes, porque viven en la realidad, mientras los poderosos son muy aburridos, viven en la irrealidad.”