La redacción
MÉXICO, D.F, 5 de mayo (apro).- Dos entrenadores de futbol aficionado y la esposa de uno de ellos fueron asesinados por un comando que disparó en forma indiscriminada durante un partido de futbol que se disputaba en un campo de juego de los suburbios de Ciudad Juárez, informó este la fiscalía local. La mujer que falleció en el ataque tenía ocho meses de embarazo. Se trata del tercer ataque durante juegos de fútbol aficionado esta semana en México. El domingo murieron tres espectadores en otra balacera en Ciudad Juárez, mientras que la noche del lunes un comando mató a cinco personas en una cancha de Acapulco. Hasta el momento, ninguno de los grupos agresores ha sido detenido.
Proceso
06/05/2010
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jueves, 6 de mayo de 2010
viernes, 9 de abril de 2010
El Chapo controla Ciudad Juárez, afirman
Esa conclusión de funcionarios de inteligencia estadounidense se suma a las evidencias de que el cartel de Joaquín ''El Chapo'' Guzmán está ganando la guerra de las drogas en México
AP
El Universal
CIUDAD JUÁREZ, Chihuahua Viernes 09 de abril de 2010
04:55
Después de una lucha de casi dos años que ha dejado más de cinco mil muertos, el cabecilla más poderoso del narcotráfico controla ahora las codiciadas rutas para trasladar estupefacientes a través de Ciudad Juárez, fronteriza con Estados Unidos.
Esa conclusión de funcionarios de inteligencia estadounidense se suma a las evidencias de que el cartel de Joaquín ''El Chapo'' Guzmán está ganando la guerra de las drogas en México.
Mucha droga de Sinaloa
El análisis se basa en datos proporcionados por informantes confidenciales vinculados directamente con las bandas narcotraficantes mexicanas, así como en otra información de inteligencia, dijo un agente federal estadounidense, que a veces trabaja encubierto y que insistió en el anonimato porque participa en investigaciones en curso sobre el tráfico de enervantes.
El agente dijo que esas fuentes han llevado a las autoridades estadounidenses a creer que el cartel de Sinaloa (estado del noroeste de México) ha superado al rival cartel de Juárez en el control de las rutas de narcotráfico que pasan por esa urbe, el punto neurálgico en la guerra de las drogas.
Otros funcionarios ratificaron partes del análisis. Andrea Simmons, vocera del FBI en El Paso, confirmó que la mayoría de los cargamentos de drogas procedentes de Ciudad Juárez pertenece en la actualidad a Guzmán. Y el comisionado de la Policía Federal mexicana, Facundo Rosas, dijo que, si bien las autoridades tratan de confirmar la evaluación hecha por Estados Unidos, esas teorías son ''válidas''.
''Si alguien controla la ciudad (Ciudad Juárez) , controla las drogas'', dijo el agente federal estadounidense. ''Y ese alguien parece ser 'El Chapo'''.
De lo más violento del mundo
Las ciudades fronterizas de Ciudad Juárez y El Paso, Texas, constituyen uno de los cruces principales de las drogas hacia Estados Unidos. El control de las rutas en Chihuahua, estado donde se ubica Ciudad Juárez, es vital para los esfuerzos de Guzmán por expandir sus operaciones ilícitas.
Chihuahua tiene frontera con Nuevo México y con el poniente de Texas.
Actualmente, el cartel de Sinaloa es considerado el más grande del mundo. El año pasado, la revista Forbes incluyó a Guzmán en su lista de los hombres más ricos del mundo.
La organización de Guzmán llegó a Ciudad Juárez en el 2008 en un intento por quitarle el control del narcotráfico al cartel encabezado por Vicente Carrillo Fuentes. La guerra que se desató orilló al presidente de México, Felipe Calderón, a enviar miles de efectivos del ejército a la zona, pero la lucha ha dejado más de cinco mil muertos, con lo que Ciudad Juárez es una de las localidades más violentas del mundo.
Pelea por las migajas
Una victoria de Guzmán no pondría fin de inmediato a los enfrentamientos entre bandas en las calles de Ciudad Juárez. Esas organizaciones pelean por las ''migajas'', dijo el presidente municipal de Ciudad Juárez, José Reyes Ferriz, en referencia a que se disputan las ventas al menudeo.
Y el agente estadounidense advirtió que Carrillo Fuentes difícilmente dejará de pelear mientras esté vivo y libre.
El cartel de Sinaloa ha ganado poder constantemente desde hace una década, cuando Guzmán escapó de una prisión federal mexicana, oculto en un camión de lavandería. Desde esa fuga, los gobiernos mexicanos desde entonces -incluido el de Calderón- han sido acusados de que no persiguen al cartel de Sinaloa con tanta determinación como a otras organizaciones criminales.
''Efectivamente vemos que ellos se fortalecen'', dijo un funcionario judicial de Estados Unidos en México, quien solicitó permanecer anónimo por motivos de seguridad. El cartel de Sinaloa es ''la organización narcotraficante más poderosa del mundo'', aseveró.
Varios capos rivales de Guzmán han sido detenidos o muertos por la ofensiva militar lanzada por Calderón contra el narcotráfico. Entre ellos figura Arturo Beltrán Leyva, fallecido en un tiroteo con efectivos de la Marina mexicana en diciembre, un año después de que su banda se habría escindido del cartel de Sinaloa.
Historial narco
Ese cartel se ha ido apoderando constantemente de las lucrativas rutas del narcotráfico hacia Estados Unidos, el principal consumidor de drogas en el mundo.
Funcionarios y expertos consideran que en fechas más recientes, el cartel trata de tomar el control de pequeños poblados agrícolas al oriente de Ciudad Juárez. Esos pueblos, ubicados en las márgenes del Río Bravo que los divide de las poblaciones agrícolas texanas de Fabens y Fort Hancock, habían estado mucho tiempo bajo el control del cartel de Juárez, y eran usados históricamente como centros de operaciones de los narcotraficantes.
Pero la detención o muerte de los traficantes locales han dejado esos poblados vulnerables ante los ataques de los cabecillas de Sinaloa.
En la propia Ciudad Juárez, la mayoría de los presuntos narcotraficantes en prisión pertenece a bandas aliadas del cartel de Juárez. Desde agosto, más de 50 aliados de esa red delictiva han sido detenidos en la ciudad, en comparación con sólo 18 sospechosos vinculados con la organización de Guzmán.
Cártel de Juárez, sombra de lo que fue
Las bandas Azteca y La Línea, vinculados con el cartel de Juárez, luchan por mantener su dominio tradicional sobre la ciudad, mientras resisten los ataques constantes de pandillas aliadas con el cartel de Sinaloa, como los Killer Artists y los Mexicles, y de las autoridades mexicanas.
''La ofensiva contra el cartel de Juárez ha sido brutal, no sólo por parte del cartel del 'Chapo', sino también por los militares'', dijo Tony Payán, experto en la situación de Ciudad Juárez en la Universidad de El Paso. ''No creo de ninguna manera que el cartel de Juárez esté acabado, pero es ahora sólo una sombra de lo que fue''.
Payán dijo que buena parte de la violencia reciente en Ciudad Juárez puede atribuirse a los ataques perpetrados por los hombres de Guzmán contra quienes siguen leales a Carrillo, incluidos maleantes callejeros que venden drogas al menudeo en las calles de la ciudad.
''Los asesinatos corresponden principalmente a pequeños minoristas'', dijo Payán. ''Creo que son los Aztecas quienes caen como moscas en toda la ciudad''.
AP
El Universal
CIUDAD JUÁREZ, Chihuahua Viernes 09 de abril de 2010
04:55
Después de una lucha de casi dos años que ha dejado más de cinco mil muertos, el cabecilla más poderoso del narcotráfico controla ahora las codiciadas rutas para trasladar estupefacientes a través de Ciudad Juárez, fronteriza con Estados Unidos.
Esa conclusión de funcionarios de inteligencia estadounidense se suma a las evidencias de que el cartel de Joaquín ''El Chapo'' Guzmán está ganando la guerra de las drogas en México.
Mucha droga de Sinaloa
El análisis se basa en datos proporcionados por informantes confidenciales vinculados directamente con las bandas narcotraficantes mexicanas, así como en otra información de inteligencia, dijo un agente federal estadounidense, que a veces trabaja encubierto y que insistió en el anonimato porque participa en investigaciones en curso sobre el tráfico de enervantes.
El agente dijo que esas fuentes han llevado a las autoridades estadounidenses a creer que el cartel de Sinaloa (estado del noroeste de México) ha superado al rival cartel de Juárez en el control de las rutas de narcotráfico que pasan por esa urbe, el punto neurálgico en la guerra de las drogas.
Otros funcionarios ratificaron partes del análisis. Andrea Simmons, vocera del FBI en El Paso, confirmó que la mayoría de los cargamentos de drogas procedentes de Ciudad Juárez pertenece en la actualidad a Guzmán. Y el comisionado de la Policía Federal mexicana, Facundo Rosas, dijo que, si bien las autoridades tratan de confirmar la evaluación hecha por Estados Unidos, esas teorías son ''válidas''.
''Si alguien controla la ciudad (Ciudad Juárez) , controla las drogas'', dijo el agente federal estadounidense. ''Y ese alguien parece ser 'El Chapo'''.
De lo más violento del mundo
Las ciudades fronterizas de Ciudad Juárez y El Paso, Texas, constituyen uno de los cruces principales de las drogas hacia Estados Unidos. El control de las rutas en Chihuahua, estado donde se ubica Ciudad Juárez, es vital para los esfuerzos de Guzmán por expandir sus operaciones ilícitas.
Chihuahua tiene frontera con Nuevo México y con el poniente de Texas.
Actualmente, el cartel de Sinaloa es considerado el más grande del mundo. El año pasado, la revista Forbes incluyó a Guzmán en su lista de los hombres más ricos del mundo.
La organización de Guzmán llegó a Ciudad Juárez en el 2008 en un intento por quitarle el control del narcotráfico al cartel encabezado por Vicente Carrillo Fuentes. La guerra que se desató orilló al presidente de México, Felipe Calderón, a enviar miles de efectivos del ejército a la zona, pero la lucha ha dejado más de cinco mil muertos, con lo que Ciudad Juárez es una de las localidades más violentas del mundo.
Pelea por las migajas
Una victoria de Guzmán no pondría fin de inmediato a los enfrentamientos entre bandas en las calles de Ciudad Juárez. Esas organizaciones pelean por las ''migajas'', dijo el presidente municipal de Ciudad Juárez, José Reyes Ferriz, en referencia a que se disputan las ventas al menudeo.
Y el agente estadounidense advirtió que Carrillo Fuentes difícilmente dejará de pelear mientras esté vivo y libre.
El cartel de Sinaloa ha ganado poder constantemente desde hace una década, cuando Guzmán escapó de una prisión federal mexicana, oculto en un camión de lavandería. Desde esa fuga, los gobiernos mexicanos desde entonces -incluido el de Calderón- han sido acusados de que no persiguen al cartel de Sinaloa con tanta determinación como a otras organizaciones criminales.
''Efectivamente vemos que ellos se fortalecen'', dijo un funcionario judicial de Estados Unidos en México, quien solicitó permanecer anónimo por motivos de seguridad. El cartel de Sinaloa es ''la organización narcotraficante más poderosa del mundo'', aseveró.
Varios capos rivales de Guzmán han sido detenidos o muertos por la ofensiva militar lanzada por Calderón contra el narcotráfico. Entre ellos figura Arturo Beltrán Leyva, fallecido en un tiroteo con efectivos de la Marina mexicana en diciembre, un año después de que su banda se habría escindido del cartel de Sinaloa.
Historial narco
Ese cartel se ha ido apoderando constantemente de las lucrativas rutas del narcotráfico hacia Estados Unidos, el principal consumidor de drogas en el mundo.
Funcionarios y expertos consideran que en fechas más recientes, el cartel trata de tomar el control de pequeños poblados agrícolas al oriente de Ciudad Juárez. Esos pueblos, ubicados en las márgenes del Río Bravo que los divide de las poblaciones agrícolas texanas de Fabens y Fort Hancock, habían estado mucho tiempo bajo el control del cartel de Juárez, y eran usados históricamente como centros de operaciones de los narcotraficantes.
Pero la detención o muerte de los traficantes locales han dejado esos poblados vulnerables ante los ataques de los cabecillas de Sinaloa.
En la propia Ciudad Juárez, la mayoría de los presuntos narcotraficantes en prisión pertenece a bandas aliadas del cartel de Juárez. Desde agosto, más de 50 aliados de esa red delictiva han sido detenidos en la ciudad, en comparación con sólo 18 sospechosos vinculados con la organización de Guzmán.
Cártel de Juárez, sombra de lo que fue
Las bandas Azteca y La Línea, vinculados con el cartel de Juárez, luchan por mantener su dominio tradicional sobre la ciudad, mientras resisten los ataques constantes de pandillas aliadas con el cartel de Sinaloa, como los Killer Artists y los Mexicles, y de las autoridades mexicanas.
''La ofensiva contra el cartel de Juárez ha sido brutal, no sólo por parte del cartel del 'Chapo', sino también por los militares'', dijo Tony Payán, experto en la situación de Ciudad Juárez en la Universidad de El Paso. ''No creo de ninguna manera que el cartel de Juárez esté acabado, pero es ahora sólo una sombra de lo que fue''.
Payán dijo que buena parte de la violencia reciente en Ciudad Juárez puede atribuirse a los ataques perpetrados por los hombres de Guzmán contra quienes siguen leales a Carrillo, incluidos maleantes callejeros que venden drogas al menudeo en las calles de la ciudad.
''Los asesinatos corresponden principalmente a pequeños minoristas'', dijo Payán. ''Creo que son los Aztecas quienes caen como moscas en toda la ciudad''.
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Ciudad Juárez muerte en las calles
viernes, 26 de febrero de 2010
¡Juárez no resiste más!
Marcela Turati
Ciudad JUÁREZ, CHIH.- Después de su intervención en el encuentro Todos Somos Juárez, Hugo Almada, el académico local encargado de expresar ante Felipe Calderón y su gabinete el rechazo social a su estrategia policiaco-militar de combate al narco y las propuestas ciudadanas en esa materia, se sintió entre esperanzado y temeroso.
Esperanzado, porque percibió que, en ese evento del miércoles 17, por primera vez el presidente tomó nota de la opinión de los juarenses sobre su operativo que ha tenido un “alto costo ciudadano”; temeroso, porque entendió que el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, persiste en mantener el “despliegue territorial” de uniformados armados que ha sido rechazado por la ciudadanía.
El temor de Almada era compartido por los comerciantes, médicos, empresarios, ciudadanos y sus colegas de la Mesa de Seguridad convocados por Calderón después de la matanza, el 30 de enero pasado, de 15 jóvenes en la colonia Salvárcar, para adicionar propuestas al plan de reconstrucción de la ciudad.
El lunes 15, dos días antes del acto donde Almada y sus compañeros expusieron sus conclusiones al presidente, se reunieron con García Luna, quien les presentó como propuesta de acción la misma fórmula del Operativo Conjunto Chihuahua, que se viene aplicando desde 2008 en Juárez y que en vez de contener la violencia la ha disparado.
Ese día, García Luna anunció que a la ciudad, ya de por sí militarizada, llegarían 2 mil 600 nuevos policías, de los cuales 400 se dedicarán a investigar el secuestro y la extorsión. También dijo que la estrategia será revisar los giros negros y detener autos sin placas, que en esta frontera suman entre 50 y 70 mil, para verificar si a bordo viajan sicarios.
Sin embargo, los asistentes al encuentro le informaron que un decreto de la federación impide legalizar ese tipo de autos, lo que contribuye a la aumentar la inseguridad.
Almada, exasperado, le dijo a García Luna: “Después de todos los interrogatorios que ha realizado el Ejército de muy diversas maneras, ¿ustedes no tienen información suficiente para operar, señor secretario? Tenemos que plantearle con claridad y con toda la fuerza necesaria que el operativo fracasó y no tiene posibilidades de éxito. ¡Ciudad Juárez no resiste más!”.
Asimismo, un líder de licoreros también advirtió al visitante sobre la corrupción de sus policías y le entregó los números de las placas de las patrullas de la Policía Federal que extorsionan a los comerciantes.
Y dos días después de la reunión con García Luna, ante Calderón, la doctora Leticia Chavarría, del Comité Médico Ciudadano, de plano prefirió denunciar ante el presidente el secuestro de varios colegas suyos. La doctora interrumpió la presentación del plan Todos Somos Juárez:
“Todos los planes son excelentes, pero si no resolvemos lo urgente, las extorsiones, los secuestros, no vamos a lograr nada porque seguimos en el terror”. Le dijo también que estaba asustada porque en la ciudad es secuestrado un médico por semana…
García Luna la citó en el lobby después del encuentro y le dijo:
–Páseme los nombres de los afectados para poder investigar.
–No puedo… Hay mucho miedo, tengo que preguntarles a las familias...
–¿Cómo podemos investigar si no hacen las denuncia?
–Primero presente una banda de secuestradores, dé una señal –contestó la doctora, quien desconfía de la efectividad del grupo antisecuestros y, como los demás juarenses, ya dejó de utilizar las líneas 066 y 089 para pedir ayuda.
Regaños al por mayor
García Luna no fue el primer funcionario federal regañado en Juárez. Una semana antes, la actriz y activista Perla de la Rosa encaró al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, cuando llegó a la ciudad en representación del presidente, dos días después de la matanza de los 15 estudiantes. De la Rosa expuso: “Usted no viene aquí a regañarnos, viene en calidad de regañado”.
Luego vendría el regaño de la señora Luz María Dávila, mamá de dos de los jóvenes ejecutados, al presidente de la República, a quien el jueves 11 le dijo que no era bienvenido en Juárez. Su reclamo fue transmitido en vivo por televisión. En esa misma conferencia los juarenses increparon al procurador general de la República, Arturo Chávez Chávez, por haber dejado cinco meses vacante la delegación estatal de su dependencia.
Una vez que escuchó el malestar de una sociedad que lo percibe como el presidente que empeoró la crisis de seguridad –desde el arribo de 10 mil policías y soldados para combatir a los cárteles de la droga, la ciudad pasó de 300 asesinatos al año a 2 mil 700–, Calderón instruyó a sus secretarios para que se reunieran con los ciudadanos, organizados por mesas de trabajo, y escucharan sus propuestas.
Pero, en la Mesa de Seguridad, García Luna dejó mala impresión: “No han agarrado a ningún lavador de dinero”, le dijo el doctor Arturo Valenzuela, en representación de su gremio; “los policías de inteligencia ni se ven ni se sienten; aunque los familiares de los muertos señalen a los culpables, las autoridades no hacen caso; nos entregó una propuesta de más de lo mismo”, soltó Miguel Galindo, presidente de la Central de Abastos.
Días después, ya en la reunión del miércoles 17 con Calderón, Almada planteó que la causa central del problema es la corrupción de las policías, que urgen 200 policías de investigación porque la procuraduría estatal está colapsada, que se requiere un mando civil único al frente del operativo que tenga respeto por los derechos humanos, el restablecimiento del estado de derecho y acciones contra los lavadores de dinero y dirigentes de los cárteles.
“Veo un riesgo en la posición de la SSP, porque el secretario claramente trató de evadir la reflexión y ver propuestas puntuales. La sensación es que viene más de lo mismo, aunque en el evento de hoy observamos una comprensión diferente del presidente, un acuse de recibo, lo que es esperanzador”, expresó Almada al salir del encuentro.
En la reunión se hicieron notorias las peleas al interior del gabinete. Además, llamó la atención que la comisionada de la Secretaría de Gobernación, Laura Carrera, se sentara al fondo del salón, y que sus interlocutores, los de la Mesa de Derechos Humanos, quienes manifestaban las posturas más críticas por los excesos cometidos por el Ejército y la policía, fueran excluidos del encuentro. Durante 2009, Carrera fue el enlace entre la federación y los juarenses, y armó con el alcalde José Reyes Ferriz el llamado Plan de Intervención por Juárez.
Uno de los funcionarios asistentes dijo a Proceso que el Gabinete Social de Presidencia pasó a la Sedesol la coordinación del plan diseñado por Gobernación para Juárez, y que en la rebatinga entre las dos dependencias fue cancelado.
Lo que ofreció el presidente fueron pedazos del Programa de Intervención prometido que, entre otros aspectos, contenía el modelo aplicado en la ciudad colombiana de Medellín para construir centros comunitarios de justicia y seguridad en las zonas más pobres. El tema de la impartición de justicia –empezando por el de los 15 jóvenes, la exigencia primera de varios colectivos ciudadanos para sentarse a dialogar en las mesas– quedó fuera.
El procurador Arturo Chávez Chávez fue emplazado por el presidente para que designara al delegado de la PGR en Chihuahua. El funcionario tuvo que admitir ante los periodistas que desconocía la oferta que al inicio del operativo se había hecho para equipar la ciudad con 200 ministerios públicos. Las otras mesas también tuvieron sus complicaciones.
Varios de sus participantes, entre ellos el activista José Luis Flores, se quejaron de que el esquema de trabajo fue dividido por programas sociales o dependencias y que con esa mecánica corre el riesgo de que la oferta gubernamental sea de pura pedacería y no aborde integralmente los problemas.
La promesa gubernamental de dotar de cobertura universal en salud a todos los juarenses y afiliar a 300 mil personas al Seguro Popular generó dudas entre la comunidad médica que consideró logísticamente imposible atender a tantos nuevos derechohabientes si no se construyen nuevos hospitales. Además de que, por la ola delictiva, en esta urbe escasean los médicos.
“Lo que se trajo sí ayuda a la ciudad, pero se hizo sin conocimiento de la realidad. ¿Dónde vamos a atender a 270 mil personas más en el Seguro Popular, si el Hospital General tiene 160 camas y ya está saturado, si el Hospital de la Mujer tiene 30, si desde hace 18 años se construye un hospital Infantil que no se ha terminado?”, manifestó el doctor Felipe Fornelli Lafon, coordinador de directores del municipio.
Por lo pronto, Calderón se comprometió a mostrar los primeros resultados en 10 y 100 días.
Esperanzado, porque percibió que, en ese evento del miércoles 17, por primera vez el presidente tomó nota de la opinión de los juarenses sobre su operativo que ha tenido un “alto costo ciudadano”; temeroso, porque entendió que el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, persiste en mantener el “despliegue territorial” de uniformados armados que ha sido rechazado por la ciudadanía.
El temor de Almada era compartido por los comerciantes, médicos, empresarios, ciudadanos y sus colegas de la Mesa de Seguridad convocados por Calderón después de la matanza, el 30 de enero pasado, de 15 jóvenes en la colonia Salvárcar, para adicionar propuestas al plan de reconstrucción de la ciudad.
El lunes 15, dos días antes del acto donde Almada y sus compañeros expusieron sus conclusiones al presidente, se reunieron con García Luna, quien les presentó como propuesta de acción la misma fórmula del Operativo Conjunto Chihuahua, que se viene aplicando desde 2008 en Juárez y que en vez de contener la violencia la ha disparado.
Ese día, García Luna anunció que a la ciudad, ya de por sí militarizada, llegarían 2 mil 600 nuevos policías, de los cuales 400 se dedicarán a investigar el secuestro y la extorsión. También dijo que la estrategia será revisar los giros negros y detener autos sin placas, que en esta frontera suman entre 50 y 70 mil, para verificar si a bordo viajan sicarios.
Sin embargo, los asistentes al encuentro le informaron que un decreto de la federación impide legalizar ese tipo de autos, lo que contribuye a la aumentar la inseguridad.
Almada, exasperado, le dijo a García Luna: “Después de todos los interrogatorios que ha realizado el Ejército de muy diversas maneras, ¿ustedes no tienen información suficiente para operar, señor secretario? Tenemos que plantearle con claridad y con toda la fuerza necesaria que el operativo fracasó y no tiene posibilidades de éxito. ¡Ciudad Juárez no resiste más!”.
Asimismo, un líder de licoreros también advirtió al visitante sobre la corrupción de sus policías y le entregó los números de las placas de las patrullas de la Policía Federal que extorsionan a los comerciantes.
Y dos días después de la reunión con García Luna, ante Calderón, la doctora Leticia Chavarría, del Comité Médico Ciudadano, de plano prefirió denunciar ante el presidente el secuestro de varios colegas suyos. La doctora interrumpió la presentación del plan Todos Somos Juárez:
“Todos los planes son excelentes, pero si no resolvemos lo urgente, las extorsiones, los secuestros, no vamos a lograr nada porque seguimos en el terror”. Le dijo también que estaba asustada porque en la ciudad es secuestrado un médico por semana…
García Luna la citó en el lobby después del encuentro y le dijo:
–Páseme los nombres de los afectados para poder investigar.
–No puedo… Hay mucho miedo, tengo que preguntarles a las familias...
–¿Cómo podemos investigar si no hacen las denuncia?
–Primero presente una banda de secuestradores, dé una señal –contestó la doctora, quien desconfía de la efectividad del grupo antisecuestros y, como los demás juarenses, ya dejó de utilizar las líneas 066 y 089 para pedir ayuda.
Regaños al por mayor
García Luna no fue el primer funcionario federal regañado en Juárez. Una semana antes, la actriz y activista Perla de la Rosa encaró al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, cuando llegó a la ciudad en representación del presidente, dos días después de la matanza de los 15 estudiantes. De la Rosa expuso: “Usted no viene aquí a regañarnos, viene en calidad de regañado”.
Luego vendría el regaño de la señora Luz María Dávila, mamá de dos de los jóvenes ejecutados, al presidente de la República, a quien el jueves 11 le dijo que no era bienvenido en Juárez. Su reclamo fue transmitido en vivo por televisión. En esa misma conferencia los juarenses increparon al procurador general de la República, Arturo Chávez Chávez, por haber dejado cinco meses vacante la delegación estatal de su dependencia.
Una vez que escuchó el malestar de una sociedad que lo percibe como el presidente que empeoró la crisis de seguridad –desde el arribo de 10 mil policías y soldados para combatir a los cárteles de la droga, la ciudad pasó de 300 asesinatos al año a 2 mil 700–, Calderón instruyó a sus secretarios para que se reunieran con los ciudadanos, organizados por mesas de trabajo, y escucharan sus propuestas.
Pero, en la Mesa de Seguridad, García Luna dejó mala impresión: “No han agarrado a ningún lavador de dinero”, le dijo el doctor Arturo Valenzuela, en representación de su gremio; “los policías de inteligencia ni se ven ni se sienten; aunque los familiares de los muertos señalen a los culpables, las autoridades no hacen caso; nos entregó una propuesta de más de lo mismo”, soltó Miguel Galindo, presidente de la Central de Abastos.
Días después, ya en la reunión del miércoles 17 con Calderón, Almada planteó que la causa central del problema es la corrupción de las policías, que urgen 200 policías de investigación porque la procuraduría estatal está colapsada, que se requiere un mando civil único al frente del operativo que tenga respeto por los derechos humanos, el restablecimiento del estado de derecho y acciones contra los lavadores de dinero y dirigentes de los cárteles.
“Veo un riesgo en la posición de la SSP, porque el secretario claramente trató de evadir la reflexión y ver propuestas puntuales. La sensación es que viene más de lo mismo, aunque en el evento de hoy observamos una comprensión diferente del presidente, un acuse de recibo, lo que es esperanzador”, expresó Almada al salir del encuentro.
En la reunión se hicieron notorias las peleas al interior del gabinete. Además, llamó la atención que la comisionada de la Secretaría de Gobernación, Laura Carrera, se sentara al fondo del salón, y que sus interlocutores, los de la Mesa de Derechos Humanos, quienes manifestaban las posturas más críticas por los excesos cometidos por el Ejército y la policía, fueran excluidos del encuentro. Durante 2009, Carrera fue el enlace entre la federación y los juarenses, y armó con el alcalde José Reyes Ferriz el llamado Plan de Intervención por Juárez.
Uno de los funcionarios asistentes dijo a Proceso que el Gabinete Social de Presidencia pasó a la Sedesol la coordinación del plan diseñado por Gobernación para Juárez, y que en la rebatinga entre las dos dependencias fue cancelado.
Lo que ofreció el presidente fueron pedazos del Programa de Intervención prometido que, entre otros aspectos, contenía el modelo aplicado en la ciudad colombiana de Medellín para construir centros comunitarios de justicia y seguridad en las zonas más pobres. El tema de la impartición de justicia –empezando por el de los 15 jóvenes, la exigencia primera de varios colectivos ciudadanos para sentarse a dialogar en las mesas– quedó fuera.
El procurador Arturo Chávez Chávez fue emplazado por el presidente para que designara al delegado de la PGR en Chihuahua. El funcionario tuvo que admitir ante los periodistas que desconocía la oferta que al inicio del operativo se había hecho para equipar la ciudad con 200 ministerios públicos. Las otras mesas también tuvieron sus complicaciones.
Varios de sus participantes, entre ellos el activista José Luis Flores, se quejaron de que el esquema de trabajo fue dividido por programas sociales o dependencias y que con esa mecánica corre el riesgo de que la oferta gubernamental sea de pura pedacería y no aborde integralmente los problemas.
La promesa gubernamental de dotar de cobertura universal en salud a todos los juarenses y afiliar a 300 mil personas al Seguro Popular generó dudas entre la comunidad médica que consideró logísticamente imposible atender a tantos nuevos derechohabientes si no se construyen nuevos hospitales. Además de que, por la ola delictiva, en esta urbe escasean los médicos.
“Lo que se trajo sí ayuda a la ciudad, pero se hizo sin conocimiento de la realidad. ¿Dónde vamos a atender a 270 mil personas más en el Seguro Popular, si el Hospital General tiene 160 camas y ya está saturado, si el Hospital de la Mujer tiene 30, si desde hace 18 años se construye un hospital Infantil que no se ha terminado?”, manifestó el doctor Felipe Fornelli Lafon, coordinador de directores del municipio.
Por lo pronto, Calderón se comprometió a mostrar los primeros resultados en 10 y 100 días.
Proceso 21/02/2010
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Ciudad Juárez muerte en las calles
lunes, 22 de febrero de 2010
Sicarios reanudan ejecuciones en Juárez
Ayer, 22El jefe del Ejecutivo federal estuvo el miércoles pasado en Ciudad Juárez acompañado por siete secretarios de Estado y por el titular de la PGR para presentar el plan “Todos somos Juárez, reconstruyamos la ciudad”
Mario Héctor Silva Corresponsal El Universal Domingo 21 de febrero de 2010
CIUDAD JUÁREZ, Chih.— Un agente ministerial y otras 21 personas fueron ejecutadas en Ciudad Juárez, al resurgir la violencia a escasas horas de la visita del presidente Felipe Calderón a esta región fronteriza para anunciar un plan destinado a poner fin a la inseguridad y para recomponer el tejido social.
El jefe del Ejecutivo federal estuvo el miércoles pasado en Ciudad Juárez acompañado por siete secretarios de Estado y por el titular de la PGR para presentar el plan “Todos somos Juárez, reconstruyamos la ciudad”.
Cuatro ejecuciones fueron en Villas de Salvárcar, donde el 30 de enero masacraron a 15 invitados a una fiesta.
El oficial de la Policía Ministerial, Enrique Castañeda, del Departamento de Investigaciones de Delitos contra la Vida, fue asesinado al salir de la cochera de su casa en la colonia Oasis Revolución.
Otras víctimas son un estudiante del Instituto Tecnológico de Ciudad Juárez, una pareja en el bulevar Juan Pablo II, un desconocido en Villas Residencial, dos jóvenes en la colonia Bellavista, y 11 hombres en diferentes puntos de la ciudad. Otros tres jóvenes fueron liquidados en el municipio de Jiménez, al sureste del estado de Chihuahua.
Detienen al hermano de “El Tigre”
El Ejército detuvo en el municipio de Villa Ahumada, Chihuahua, a Roberto Sánchez Arras, hermano de Pedro Sánchez Arras El Tigre, tercero en el mando del cártel de Juárez o de La Línea, a quien le decomisaron armas, equipo y uniformes militares, informó el vocero de la Operación Coordinada Chihuahua, Enrique Torres Valadez.
La detención fue el jueves 18 de febrero luego de un trabajo de inteligencia.
En Ciudad Altamirano, Guerrero, se encontró parte de un cadáver sin cabeza ni extremidades, en la colonia Heberto Castillo, junto con un mensaje. Otros dos desconocidos, atados de pies y manos, con balazos en la cabeza, fueron hallados en la Acapulco-México.
Una pareja fue baleada en el centro de Culiacán, Sinaloa. En el lugar resultó muerto Armando Juárez Samaniego. Su esposa resultó ilesa.
En Baja California un hombre fue acribillado en Valle Redondo y otro fue hallado muerto en un vehículo Toyota con placas de California en La Presa.
En Torreón, Coahuila, asesinaron a un desconocido en el bulevar Río Nazas, colonia Margaritas, y en la carretera Ramón Corona-Cuauhtémoc, municipio de Cuencamé, Durango, seis pistoleros atacaron a cuatro jóvenes, y mataron a dos. El cuerpo de un adolescente de 17 años apareció en un camino vecinal de El Oro, Durango. (Con información de Adriana Covarrubias, Juan Cervantes, Julieta Martínez y Enrique Proa).
Mario Héctor Silva Corresponsal El Universal Domingo 21 de febrero de 2010
CIUDAD JUÁREZ, Chih.— Un agente ministerial y otras 21 personas fueron ejecutadas en Ciudad Juárez, al resurgir la violencia a escasas horas de la visita del presidente Felipe Calderón a esta región fronteriza para anunciar un plan destinado a poner fin a la inseguridad y para recomponer el tejido social.
El jefe del Ejecutivo federal estuvo el miércoles pasado en Ciudad Juárez acompañado por siete secretarios de Estado y por el titular de la PGR para presentar el plan “Todos somos Juárez, reconstruyamos la ciudad”.
Cuatro ejecuciones fueron en Villas de Salvárcar, donde el 30 de enero masacraron a 15 invitados a una fiesta.
El oficial de la Policía Ministerial, Enrique Castañeda, del Departamento de Investigaciones de Delitos contra la Vida, fue asesinado al salir de la cochera de su casa en la colonia Oasis Revolución.
Otras víctimas son un estudiante del Instituto Tecnológico de Ciudad Juárez, una pareja en el bulevar Juan Pablo II, un desconocido en Villas Residencial, dos jóvenes en la colonia Bellavista, y 11 hombres en diferentes puntos de la ciudad. Otros tres jóvenes fueron liquidados en el municipio de Jiménez, al sureste del estado de Chihuahua.
Detienen al hermano de “El Tigre”
El Ejército detuvo en el municipio de Villa Ahumada, Chihuahua, a Roberto Sánchez Arras, hermano de Pedro Sánchez Arras El Tigre, tercero en el mando del cártel de Juárez o de La Línea, a quien le decomisaron armas, equipo y uniformes militares, informó el vocero de la Operación Coordinada Chihuahua, Enrique Torres Valadez.
La detención fue el jueves 18 de febrero luego de un trabajo de inteligencia.
En Ciudad Altamirano, Guerrero, se encontró parte de un cadáver sin cabeza ni extremidades, en la colonia Heberto Castillo, junto con un mensaje. Otros dos desconocidos, atados de pies y manos, con balazos en la cabeza, fueron hallados en la Acapulco-México.
Una pareja fue baleada en el centro de Culiacán, Sinaloa. En el lugar resultó muerto Armando Juárez Samaniego. Su esposa resultó ilesa.
En Baja California un hombre fue acribillado en Valle Redondo y otro fue hallado muerto en un vehículo Toyota con placas de California en La Presa.
En Torreón, Coahuila, asesinaron a un desconocido en el bulevar Río Nazas, colonia Margaritas, y en la carretera Ramón Corona-Cuauhtémoc, municipio de Cuencamé, Durango, seis pistoleros atacaron a cuatro jóvenes, y mataron a dos. El cuerpo de un adolescente de 17 años apareció en un camino vecinal de El Oro, Durango. (Con información de Adriana Covarrubias, Juan Cervantes, Julieta Martínez y Enrique Proa).
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viernes, 12 de febrero de 2010
Horas antes de que llegara Calderón a Juárez, ejecutan a tres
La redacción
MÉXICO, D.F., 11 de febrero (apro).- En vísperas de la llega del presidente Felipe Calderón a Ciudad Juárez tres hombres fueron asesinados.
Según informes policiales, entre las víctimas figuraban dos comerciantes que murieron calcinados en su negocio tras un ataque de presuntos sicarios, horas antes de que arribara este jueves el jefe del Ejecutivo Federal.
El reporte policial precisó que un grupo armado prendió fuego "con bombas molotov a una pequeña tienda de abarrotes, donde fallecieron un hombre de 60 años de edad y su hijo”. Las víctimas dormían en la parte alta del negocio.
Según versiones de vecinos del lugar, las víctimas se habrían negado a pagar las extorsiones del crimen organizado en Ciudad Juárez.
Otra de las víctimas murió acribillada afuera de su domicilio.
Mientras tanto, en Michoacán cinco personas murieron y una más resultó lesionada en un enfrentamiento entre policías federales y miembros del crimen organizado en la comunidad de Las Trojes, municipio de Tepalcatepec.
Según informes policiales, poco después de las 10: 30 en la brecha que conduce a Las Trojes, se “toparon” elementos de la PF y un comando de presuntos sicarios que viajaban en varias unidades.
Tras el enfrentamiento, cayeron tres miembros del crimen organizado, empero también perdieron la vida dos federales. Otro agente de la PFP fue hospitalizado en la clínica Santa Cruz de Tepalcatepec.
Se informó que tras el enfrentamiento fueron detenidas ocho personas, quienes de inmediato fueron trasladadas a la Ciudad de México.
Proceso12/02/2010
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sábado, 6 de febrero de 2010
Asesinan a jefe antiplagio en Juárez
Luego del ataque, el auto en que viajaba el coordinador antiplagio chocó con una pared y se incendió
REFORMA / Redacción
Ciudad Juárez, México (5 febrero 2010).- Carlos Soltero Cano, de 33 años, coordinador de la Unidad de Atención al Secuestro de la Subprocuraduría General de Justicia de Chihuahua en la Zona Norte fue asesinado en la colonia Fuentes del Valle de Ciudad Juárez.
El asesinato se registró anoche aproximadamente a las 22:00 horas, tiempo local.
Tras el ataque, Soltero Cano chocó contra una pared y posteriormente la unidad en que viajaba se incendió, informó la Subprocuraduría.
"Al arribar, los agentes de la Policía Ministerial tuvieron a la vista un vehículo Dodge Durango de color blanco, el cual se encontraba calcinado e impactado en la barda de una negociación", informó la dependencia y agregó que en el lugar se localizaron 40 casquillos.
A ese homicidio le siguió otro a las 2:50 horas de hoy, tiempo local, en el interior de una funeraria del poblado de San Isidro, donde fue encontrado sin vida Manuel Muñoz Trillo, de 59 años.
"La Policía Ministerial Investigadora se constituyó en el cruce de las calles 16 de septiembre y Emiliano Zapata, en el Poblado de San Isidro, luego de recibir el reporte de la localización de un cadáver en el interior de una funeraria denominada 'Santa María'", estableció la Subprocuraduría a través de un comunicado de prensa.
"El cuerpo sin vida yacía en una posición de decúbito ventral (boca abajo), y mostró como huellas de violencia cuatro heridas producidas por proyectiles de arma de fuego en la línea media del tórax", agregó el comunicado.
Un tercer hombre acribillado no ha sido identificado, pero las autoridades estiman que tenía una edad de entre 30 y 35 años.
La ejecución ocurrió en el Fraccionamiento Las Haciendas, una hora después del segundo homicidio.
Reforma
06/02/2010
REFORMA / Redacción
Ciudad Juárez, México (5 febrero 2010).- Carlos Soltero Cano, de 33 años, coordinador de la Unidad de Atención al Secuestro de la Subprocuraduría General de Justicia de Chihuahua en la Zona Norte fue asesinado en la colonia Fuentes del Valle de Ciudad Juárez.
El asesinato se registró anoche aproximadamente a las 22:00 horas, tiempo local.
Tras el ataque, Soltero Cano chocó contra una pared y posteriormente la unidad en que viajaba se incendió, informó la Subprocuraduría.
"Al arribar, los agentes de la Policía Ministerial tuvieron a la vista un vehículo Dodge Durango de color blanco, el cual se encontraba calcinado e impactado en la barda de una negociación", informó la dependencia y agregó que en el lugar se localizaron 40 casquillos.
A ese homicidio le siguió otro a las 2:50 horas de hoy, tiempo local, en el interior de una funeraria del poblado de San Isidro, donde fue encontrado sin vida Manuel Muñoz Trillo, de 59 años.
"La Policía Ministerial Investigadora se constituyó en el cruce de las calles 16 de septiembre y Emiliano Zapata, en el Poblado de San Isidro, luego de recibir el reporte de la localización de un cadáver en el interior de una funeraria denominada 'Santa María'", estableció la Subprocuraduría a través de un comunicado de prensa.
"El cuerpo sin vida yacía en una posición de decúbito ventral (boca abajo), y mostró como huellas de violencia cuatro heridas producidas por proyectiles de arma de fuego en la línea media del tórax", agregó el comunicado.
Un tercer hombre acribillado no ha sido identificado, pero las autoridades estiman que tenía una edad de entre 30 y 35 años.
La ejecución ocurrió en el Fraccionamiento Las Haciendas, una hora después del segundo homicidio.
Reforma
06/02/2010
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viernes, 20 de marzo de 2009
Lomas del Poleo: lucha entre pobreza y avaricia
La colonia, en las márgenes de Ciudad Juárez, fue cercada por empresarios, pese a que está en litigio
Arturo Cano/ I
Enviado/la Jornada
Arturo Cano/ I
Enviado/la Jornada
Ciudad Juárez-El Paso. Lucy Carrillo tiene una casa llena de cosas compradas en las segundas, objetos desechados del otro lado de la frontera. La cerca de su terreno, por ejemplo, está hecha con los esqueletos de colchones. Ahí se juntan los vecinos que quedan en Lomas del Poleo, para hacer el recuento de sus males, en un coro de voces que no cesa.
A todos los dejaron sin luz. A muchos les han robado sus pertenencias. A otros les han quemado o tumbado sus casas. A Luis Guerrero lo mataron a patadas. Todos, desde 2004, viven dentro de un cerco de alambre de púas.
Desde este último rincón de Ciudad Juárez se ven los árboles de Sunland Park, Nuevo México. Verdea del otro lado, porque acá el agua llega en pipas, cuando llega.
Esto fue tierra de pollos y polleros, de narquillos que aprovechaban algunas casas abandonadas para esconderse. Más de una vez nos llegaron muchachas a llore y llore, decía un vecino en octubre de 1996. Seis meses antes, los colonos habían participado en el peinado de toda la zona en busca de cadáveres de muchachas. Hallaron nueve. El chivero que dijo dónde estaban tres se llevó las palmas. Ahora tiran los cadáveres en cualquier parte de la ciudad.
Y Lomas del Poleo no es más la tierra olvidada, de calor que mata en el verano y menos 15 grados en invierno, de polvo seco.
Durante 30 años, 250 familias aguantaron las penurias con tal de tener un terreno de dos hectáreas, criar animales, sembrar árboles y hortalizas, a 25 minutos del centro de la ciudad. En 1996, los colonos contaban de pleitos permanentes con los malandros, que se robaban hasta las sillitas de las aulas y la tubería de los baños de la escuela.
Nadie se acordaba, sino sus habitantes de la colonia Granjas Lomas del Poleo.
Ahora, desde la casa de Lucy Carrillo se ve una carretera a medio hacer, que hoy conduce a ninguna parte, pero mañana conectará Ciudad Juárez con una nueva ciudad maquilada, San Jerónimo-Santa Teresa, el gran proyecto binacional de empresarios de ambos lados de la frontera. Ya pusieron la primera piedra de una maquila que, en su primera fase, tendrá 20 mil obreros.
La ampliación de Maquilatitlán trajo cola. La familia Zaragoza Fuentes –leche, terrenos, hoteles, desarrollos inmobiliarios– descubrió que Lomas del Poleo había sido comprada por su padre en 1963. Y también, de paso, que por ahí pasará la carretera y que esos terrenos sólo apreciados por los pobres que los habitan desde hace 30 años valdrán una millonada en pocos años. Eso dicen Pedro Zaragoza y su hermano Jorge, que han defendido su propiedad en desplegados públicos. Para los habitantes, las 245 hectáreas que poseían están ubicadas dentro de un polígono de 25 mil declaradas propiedad de la nación en 1975. Aunque el asunto está en litigio, los Zaragoza decidieron emular el chiquihuitazo, y se han apoderado de los terrenos con guardias armados, alambres de púas, buldózeres… y todo el apoyo de los gobiernos locales.
Todo estaría olvidado de no ser por 25 familias obstinadas, que se niegan a salir en tanto no haya una resolución legal. Veinticinco familias y el terco de don Cruz.
Las chivas de don Cruz
Cruz Reza vendió sus 30 chivas y se quedó sin nada. Cruz Reza tenía una novia que lo visitaba de cuando en cuando, pero ahora no la dejan entrar a la colonia. El comprador de las chivas sí pudo pasar porque iba a sacar animales, no a meter alimento para el ganado, cosa que también está prohibida. Los hombres que controlan la puerta desde hace cinco años, empleados de los Zaragoza Fuentes, dijeron: “Así que Cruz ya vendió sus chivas…”
Un par de días después, los celosos vigilantes que nunca dejan pasar a la novia de Cruz ni a ningún familiar o visitante de los colonos, no se percataron de la entrada de unos pandilleros. ¿Dónde está el dinero de las chivas?, le soltaron a Cruz, entre golpe y golpe, atado él de pies y manos.
Las penas de Cruz Reza, de 72 años, vinieron de a montón. Otro día le cayeron los soldados, que a estas alturas ya han visitado más de 4 mil hogares en Ciudad Juárez. Los vigilantes de la familia Zaragoza Fuentes habían informado que don Cruz tenía un rifle. Catearon sus dos casas y hallaron un calibre 22. ¿Para qué lo quiere?, preguntó un militar. “Pus pa’ las liebres, los coyotes… y los malandros”.
Los soldados se llevaron el arma, pero no a don Cruz.
Don Cruz tuvo alguna vez 80 chivas, 70 cerdos y 180 gallinas. Pero ahora sólo me queda una marrana, se lamenta.
Desde 2003 don Cruz se enteró de que el terreno donde levantó dos casas y engordó a sus animales no era suyo, sino de los Zaragoza. Lo supo de golpe, pues le quitaron la luz con todo y postes. Luego cercaron con alambre de púas toda la colonia, mataron a un hombre que vivía cerca de él y tiraron, una tras otra, las casas de más de 200 de sus vecinos. Ya perdió la cuenta de las amenazas, de las ofertas de 50 mil pesos por dos hectáreas y dos casas, de sus días de ermitaño.
Tan solo quedó don Cruz que los vigilantes no entienden por qué diablos sigue ahí: Cuando vuelva a salir le tumbamos las casas, le fueron a decir en los primeros días del año. Desde entonces, don Cruz no sale de su casa. Los vecinos le llevan comida y noticias. Su contacto con el mundo es un celular que recarga con la batería de su camioneta.
Maten a esos pinches perros
Carlos Morales, funcionario del ayuntamiento de Ciudad Juárez, le decía una y otra vez a William Morton: Mire, padre, éste no es un problema legal, es un problema social, ¿por qué no me echa la mano para mover a la gente?
Morton, misionero columbano, ha tenido más de dos años para pensar en cómo comenzó la historia del solitario don Cruz y sus vecinos de Lomas del Poleo, la suya propia, porque la defensa de los colonos le costó que, súbitamente, las autoridades migratorias se enteraran de su estancia irregular en México durante 11 años y lo hicieran firmar un oficio de salida definitiva.
El “padre Memo”, como le dicen aún los colonos, reconstruye la historia frente a un jugo de naranja, en un restaurante de El Paso, Texas. Se sabe las fechas de memoria.
Todo comenzó, dice, cuando quitaron los postes de luz, el 16 de mayo de 2003. Ya a oscuras, los colonos vieron llegar 300 cholos, encabezados por un leguleyo. Se instalaron en campers y comenzaron a visitar vecinos. Estas tierras son de los Zaragoza, dijeron. Fue el comienzo.
Una tarde, Morton dirigía la ampliación de la capilla cuando llegaron varios hombres a caballo. Aquí está prohibido construir, le soltaron.
No tomé en serio las amenazas, porque sabía que los Zaragoza son una familia muy católica y no pensé que se molestaran porque se ampliara la capilla, dice Morton.
La capilla fue destruida en septiembre de 2003. Los Zaragoza, donantes cinco estrellas de la diócesis local y sus obras pías, se deslindaron del hecho.
Como los colonos reconstruyeron la capilla, el 18 de marzo de 2004, los Zaragoza apretaron tuercas. Trescientos hombres cavaron zanjas y un día la colonia amaneció cercada por completo. Adentro quedaron las casas, la escuela primaria, el jardín de niños, un campo de futbol y el templo.
Los residentes se alebrestaron. Algunos comenzaron a derribar la cerca. Llegaron los guardias y se armó la trifulca. Las señoras con bebés en brazos aventaban piedras, recuerda Morton.
Un mes más tarde, los Zaragoza instalaron portón y dos torres de vigía. Pese a que han reconocido públicamente que los terrenos siguen en litigio, pusieron también un letrero con letras rojas: Propiedad privada.
Nadie pudo entrar más sin su permiso.
Al mismo tiempo, el hostigamiento arreció. Los guardias aprovechaban las ausencias de vecinos para tirar las cercas de sus casas.
En agosto de 2005, Manuel Balderas, abogado de los Zaragoza, ordenó a un grupo de golpeadores derribar la casa de “Abel, a quien apodaban El Bombero”. Cuatro vecinos se acercaron y los insultaron. Cuenta Morton que Balderas ordenó: Maten a esos pinches perros.
Cincuenta guardias se fueron contra ellos. A Luis Guerrero Dávila lo patearon en el suelo. Chuy, un vecino, corrió a su camioneta. Al verlo venir, Balderas le disparó en una pierna. Chuy le regresó un tiro en la panza.
Balderas no murió, pero no volvió a aparecerse.
Guerrero murió en el hospital un par de días después. Yo estaba con su esposa y sus niños, recuerda Morton, antes de hablar de su miedo de volver a México.
domingo, 15 de marzo de 2009
La toma de Ciudad Juárez
MARCELA TURATI
A tal grado llega el estado de terror en la ciudad más violenta del país que, de hecho, la esperanza ahí prácticamente ya no tiene cabida. Si acaso, una fugaz sensación de calma –producida por débiles indicadores de que la violencia baja– genera espejismos, que son la contracara de la frustración, de la angustia... Los habitantes de Ciudad Juárez consideran que la intervención del Ejército es necesaria para enfrentar a los poderosos cárteles que se adueñaron de la plaza. Sin embargo, ya vivieron el fracaso de la Operación Conjunta Chihuahua a un año de su arranque, y advierten que si la invasión de 5 mil soldados más no basta, “se acabó Juárez y se acabó México”.
CIUDAD JUÁREZ, CHIH.- El coordinador de los peritos forenses del estado, Héctor Hawley Morelos, tiene en su mano una prueba de las “rarezas” que ocurren aquí desde que 5 mil militares más se apoderaron de las calles y las recorren día y noche.
Se trata de un oficio en el que se lee: “Hago de su conocimiento que el turno transcurrió sin novedad alguna”. Lo firma uno de sus subalternos. Corresponde a la primera vez que el Servicio Médico Forense no fue notificado de ningún nuevo homicidio, o “evento”, como le llaman aquí.
“El mes pasado todos tenían un evento que reportar, estos son todos los de febrero”, dice mientras enseña el monte de oficios que va desglosando de manera casi pedagógica: “Este perito de turno tomó tres eventos... A éste de acá le fue bien, nomás tuvo un evento... A éste de acá le fue muy mal, tuvo ocho eventos con 14 muertos... Pero ya están apareciendo otras rarezas: tengo varios reportes de sin novedad, ya ha habido bastantes turnos que reportan sin novedad”.
El abrupto quiebre de las estadísticas hace sonreír a Hawley. Aunque febrero fue el mes más violento del año en la ciudad más violenta del país (231 asesinatos sólo durante esos 28 días, casi los mismos que en todo 2006), el sólo anuncio de la llegada de 8 mil soldados y policías federales parece haber espantado a los delincuentes.
“Claro que todos los ‘sin novedad’ se nos anularon con el motín en el Cereso”, interviene la agente del Ministerio Público Claudia Cony Velarde, quien participó con Hawley y su equipo en el levantamiento de evidencias y cadáveres en el penal juarense, donde el miércoles 4 fueron asesinados 21 presos. Pero al día siguiente volvieron a presentarse oficios que no registraban muertes.
Desde la oficina de Hawley se ve un campamento de policías federales que se aburren en un estrecho estacionamiento. El funcionario vuele a reír cuando recuerda que algunos periódicos publicaron que esa fuerza está ahí para evitar que los sicarios rematen a heridos o roben cadáveres.
“Los concentraron ahí porque no tienen dónde meterlos”, comenta asomándose por la ventana. Desde el sábado 28 de febrero comenzó el desfile. Ese día llegó la avanzada de los más de 5 mil militares y mil 800 policías federales que el presidente Felipe Calderón prometió enviar a esta ciudad fronteriza para reforzar la Operación Conjunta Chihuahua.
A casi un año de haberse puesto en marcha, los resultados de esta operación eran una escalada de violencia y muchas expectativas incumplidas, como el desmantelamiento de las redes financieras del narcotráfico y la reducción de los asesinatos (Ciudad Juárez pasó de 300 ejecuciones registradas en 2007, a mil 607 el año pasado).
En un intento de salvar la situación, aquel sábado llegó el primer contingente de refuerzo: militares y policías federales en un convoy de más de medio kilómetro formado por transportes Humvee, pick up, Hummer y camiones de carga. Al paso de los días arribaron más efectivos en aviones Hércules. La ciudad se fue poblando de uniformados.
Ahora son ellos los que, a modo de bienvenida, les piden a quienes llegan a la central camionera que abran su equipaje. Plantados en las carreteras, improvisan retenes junto al puente internacional que conduce a El Paso, Texas, y en cualquier calle. También están afuera de los hoteles de las avenidas importantes, copando gasolineras, comprando en el Sanborns, esperando que cambie el semáforo a bordo de una fila de vehículos... y acampando en estacionamientos.
Miedo y necesidad
En esta ciudad la policía ya parecía rendida.
Los narcos anunciaron que matarían a un policía municipal cada 48 horas, el militar que encabezaba la Secretaría de Seguridad Pública municipal renunció al primer asesinato y días después también fue abatido un agente de la Dirección de Tránsito. Los uniformados recibieron la orden de no acercarse a los autos sospechosos, o con vidrios polarizados o sin placas, aunque hubieran protagonizado un accidente vial.
Los niveles de violencia alcanzaron tales grados en todo el estado, que la oficina de Protección Civil de la ciudad de Chihuahua editó un instructivo para el caso de toparse con un comando de sicarios. Recomienda identificarse ante los mafiosos, responder a sus preguntas y no intentar la huida.
En Juárez se acaba de publicar otro manual, éste para enseñar a los ciudadanos cómo tratar a los militares, que comienzan a copar la ciudad. Prácticamente son las mismas recomendaciones: bajar la velocidad, prender la luz del auto, identificarse, responder a las preguntas, no huir.
“Tengo confianza en los soldados que te paran y te revisan, nomás. Pero los (policías) federales me hicieron pagar 200 pesos por no traer identificación y me querían quitar el carro”, repela el taxista Javier Hernández cuando se le pide su opinión sobre la ocupación militar.
“Un licenciado me platicó que unos soldados le robaron el pan y la leche, y que ellos son los que mandan a la gente a pedir extorsión”, dice otro taxista con pinta de ranchero. Pertenece a la base Monarca, donde permanecen estacionadas varias camionetas de federales.
“Por una parte está bien que estén, hay mucho resguardo, nos espantaron a los malandros, y como yo traigo negocio me conviene porque el comercio se va para arriba”, opina Rebeca Márquez, quien atiende un puesto de refrescos y papas afuera del Servicio Forense.
Y su vecino Lorenzo Mendoza: “Los soldados sí son unos desgraciados bien hechos, esos de la federal no son así, pero ni modo, tenían que venir a poner paz. Y ya se nota más paz”.
Pero la paz que comienza a notarse en esta ciudad puede ser un espejismo. Según El Diario de Juárez, también al inicio de la Operación Conjunta Chihuahua se observó una fugaz disminución de los homicidios parecida a la que ahora se presume. Durante abril, mes en que arrancó el operativo, las ejecuciones bajaron a la mitad, pero el respeto de los narcos por los militares duró poco y mayo fue más violento que los meses precedentes.
Sin embargo, muchos juarenses se dicen convencidos de que la presencia de los militares es necesaria. Es el caso, por ejemplo, del gerente de un restaurante de comida mexicana que abandonó su casa cuando un presunto integrante de Los Zetas lo llamó por teléfono para exigirle más de 100 mil dólares. Para él, lo único que puede remediar esa inseguridad es la entrada del Ejército. “Si ellos pierden, se pierde todo México”, dice desalentado.
Los policías locales que platican en la caseta del edificio de Seguridad Pública Municipal, hecha de madera, tienen una actitud ambigua. Llama la atención la barricada de costales que rodea su puesto.
–¿Para qué están los costales? –pregunta la reportera.
–Estos los pusimos hace unos seis, ocho meses, porque en esta ciudad llueve mucho –explica uno de los uniformados, que carga un fusil automático R-15, y completa: –Llueve mucho plomo. Los otros dos festejan el chiste.
Ellos aprueban que un militar asuma la dirección de Seguridad Pública del municipio. Coinciden en que es necesario, porque la violencia se salió de control, pero no dejan de ser escépticos sobre la eficacia de las medidas contra el narco, pues desde el año pasado el presidente Calderón envió 2 mil 500 militares y la violencia recrudeció, en vez de apagarse.
Uno dice: “Por la seguridad está bien, porque nosotros también estábamos inseguros. Pusimos los costales desde que se hizo costumbre ir a los funerales de los compañeros porque la caseta es de pura madera, no nos protege nada”.
Otro agrega: “Mientras (los militares) respeten nuestro reglamento, está bien”.
Y el tercero: “Muchos no vienen a cuidar a la comunidad, sino a fregarnos, a hacer dizque nos detienen y a sembrarnos drogas. O llegan a casa y roban dinero, DVD, de todo”.
Los tres, incluso el de ingreso más reciente, contrataron seguros de vida. Uno contrató dos seguros porque no confía en que el municipio se haga responsable de pensionar a su viuda si él muere.
–Creo que sí se ha calmado poquito, ¿no? –aventura uno.
–Ojalá sí se componga todo. Los policías municipales no estamos preparados para el narcotráfico, y ya ve los soldados: todo el tiempo que han estado ahí y no han podido. Ya si de a tiro no sirve nada, no servimos ninguno –es la respuesta de uno de sus compañeros.
El tercero se ríe. No quiere alabar a los militares y no concede todo: “Eso sí, los policías estamos más preparados para atender a la comunidad. Los otros no tienen estudios, son mal amansados, bajados de la sierra, que no entienden razones. Desde que llegaron hubo problemas: querían implementar 48 horas de trabajo que no estaban en nuestro reglamento”.
La última opción
El jueves 5 por la noche, afuera del bar Hollywood –en cuya puerta se lee: “No drogas, no alcohol, no menores”–, tres soldados, con su uniforme verde olivo, casco y chaleco antibalas, intentan cumplir bien una de sus primeras labores: mediar en un grupo de pandilleros que pelean por una cartera.
“Nos mandaron llamar y teníamos que dar respuesta”, se justifica uno de los soldados cuando se le pregunta por qué está en el antro. Él y su grupo estaban a dos cuadras del lugar, parando al azar los autos que circulaban por la Mariscal –la zona roja de Juárez– y revisándolos.
Como resultado de la presencia militar, casi no se han registrado homicidios. Más aún, en estos días se ve vacía la zona conocida como La Cima, en la colonia Bella Vista, donde está el picadero más grande de la ciudad. En esas esquinas solían verse siluetas que esperaban consumidores de drogas toda la noche.
Para el médico Arturo Valenzuela Zorrilla, secretario del Comité Médico Ciudadano que se constituyó a raíz de la racha de extorsiones, asesinatos y secuestros contra el gremio, la militarización debe ser temporal.
“Es una medida de emergencia, es necesaria, pero la fuerza del Ejército sólo sirve de parachoques, para impedir un choque violento. No va a ser para siempre, pero nos está dando la oportunidad a la sociedad de unirnos, de organizarnos, de hacer Juárez diferente”, dice optimista, no obstante que el año pasado fueron secuestrados 15 de sus colegas y alrededor de otros 20 fueron extorsionados. “Realmente no sé por qué a mí no me tocó”, comenta sorprendido.
Al menos los comerciantes tienen otros motivos para alegrarse por la llegada de más tropas.
–Me da un cigarro y un agua. ¿Tú qué quieres? –pregunta un agente federal a un compañero cuando entran a una tienda de autoservicio.
Los medios locales reflejan la esperanza de los comerciantes: Reaviva el comercio y los servicios la llegada de soldados y federales, fue el encabezado de una nota, en la que el reportero calculó un gasto de 30 pesos diarios en promedio por cada uniformado de la Operación Conjunta Chihuahua.
El ayuntamiento está acondicionando cinco naves industriales como cuartel provisional; la menor mide 3 mil metros cuadrados y la mayor 8 mil, donde puedan acampar hasta 500 soldados. Tendrán áreas de cocina y baños con regaderas, considerando que se queden al menos seis meses, a decir de un funcionario municipal.
Y aunque se desconoce la fecha en que estos contingentes se irán, Federico Ziga, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y de Alimentos Condimentados (Canirac), confirma que “con la llegada de las tropas el comercio pequeño y mediano está teniendo un repunte porque son gente que tiene que comer, y la Policía Federal llega a hoteles y consume”.
Opina: “Es más peligroso no tener a los militares, la mera verdad. Mientras los narcos ajustan cuentas, nosotros estamos en medio. Todas las matanzas casi siempre se llevan a cabo dentro o afuera de restaurantes”.
Y concluye: “Si falla (la estrategia militar), ya no hay más, falla la estrategia de Felipe Calderón. Si no limpiamos la ciudad, se acabó Juárez y se acabó México”.
Proceso 08/03/2009
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martes, 3 de marzo de 2009
La muerte imparable
REPORTAJE: CIUDAD JUÁREZ
PABLO ORDAZ 01/03/2009 /El País
Patrullamos con la policía federal por uno de los lugares más peligrosos del mundo: Ciudad Juárez, en la frontera de México con EE UU. Un pozo irrespirable donde cada día se registran de media cinco muertes violentas. Es la podredumbre del narcotráfico.
PABLO ORDAZ 01/03/2009 /El País
Patrullamos con la policía federal por uno de los lugares más peligrosos del mundo: Ciudad Juárez, en la frontera de México con EE UU. Un pozo irrespirable donde cada día se registran de media cinco muertes violentas. Es la podredumbre del narcotráfico.
Hasta hace 20 minutos tenía 14 años y se llamaba Raúl. Estaba parado en la esquina de su casa, charlando con dos amigos. Un coche apareció muy lentamente por el final de la calle llena de gente. Cuando estuvo a su altura, dos hombres -ni jóvenes ni viejos, ni guapos ni feos, nunca nadie ve nada en Ciudad Juárez- se bajaron y apuntaron sus armas sobre él. Un tiro, dos, tres...
Ahora ya no tiene 14 años ni se llama Raúl. Sólo es el último muerto de esta ciudad maldita donde el único negocio que florece es el de las funerarias. Un tiro, dos, tres... Así hasta 25. Los perros ladrando. El padre de Raúl escuchando los disparos, bajando a la calle, descubriendo justo lo que el presentimiento le iba diciendo al oído. Su hijo de 14 años, estudiante de secundaria, desplomado entre la acera y un Ford Thunderbolt de color crema. Con la cabeza destrozada a balazos.
Los perros no han dejado de ladrar ni la gente ha abandonado la calle. Jóvenes muchachos de la edad del difunto siguen charlando y comiendo helados mientras los agentes van poniendo un triángulo amarillo por cada casquillo encontrado. Veinticinco triángulos amarillos. Ninguno a más de dos metros de distancia de donde está el cadáver. Un fusilamiento perfecto. Ni la vieja chapa del Ford color crema ni las paredes de la calle Calexico han resultado dañadas. Raúl quiso huir, pero le dieron caza. Con la misma precisión que a sus dos amigos, que yacen al final de la calle, también rodeados por la curiosidad y los triángulos amarillos.
Un hombre joven fuma dentro del cordón policial. Es el padre de Raúl. Ni siquiera llora. Sólo fuma, un cigarro tras otro. Le cuenta al reportero sus últimos 20 minutos. Que escuchó los disparos. Que bajó atropelladamente temiéndose lo peor. Que se encontró a su hijo así:
"Como ningún padre querría ver nunca a su hijo. Hágase cargo. Tenía 14 años, estudiaba secundaria...".
El parte, frío, escueto, que un funcionario municipal redactará horas después sobre la "triple ejecución" hablará de un joven "que en vida respondía al nombre de Raúl Alberto Rubio Ochoa". Tiene razón. Los muertos no tienen nombre. No desde luego en Ciudad Juárez, donde este sábado de febrero escogido al azar serán ocho los jóvenes asesinados por las oscuras mafias de la droga. Ocho. No son demasiados; tres días después morirán 21. Ni demasiado jóvenes; una semana más tarde caerán seis niños bajo los disparos de tipos que siempre tienen tiempo de huir. Ocho muertos son sólo ocho líneas en cualquier periódico mexicano. Sólo si el muerto respondía en vida a un nombre famoso -un general condecorado o el jefe de un cartel principal- o si las causas de su muerte resultaron extraordinarias -lo cocinaron después de asesinarlo o lo ejecutaron tras construir un túnel para pasar droga...-, sólo entonces puede optar el difunto al raro honor de un titular en la portada de un periódico nacional. Un país donde el narcotráfico se lleva por delante a más de 6.000 personas al año -más de 16 cada día- no tiene más remedio que ir apilando tanto sufrimiento en la fosa común de las medias columnas, un pequeño trozo de papel escondido en una página par de un periódico de provincias. O hace eso -sin indagar por qué mataron a Raúl, casi un niño, sin investigar por qué su padre bajó las escaleras con el presentimiento envenenándole el aliento- o se arriesga a perder la sonrisa para siempre.
Al primer muerto del sábado lo mataron entre Marte y Saturno, una esquina a medio asfaltar de la colonia Satélite.
La llamada se produjo a las 9.45. Una ambulancia de la Cruz Roja corrió al lugar. Luego, los policías municipales. Luego, los estatales. Luego, los federales. Luego, el Ejército. Aseguraron la calle. Un agente en cada esquina. Con sus rifles Ak-47, sus AR-5, sus revólveres en la mano, sus chalecos antibalas, sus pasamontañas, su tensión que se huele... Su miedo.
- Pero si ya ha pasado todo.
- No siempre. A veces vuelven a por el cadáver.
- ¿Quiénes?
- Unas veces, sus amigos. Otras, sus rivales.
- ¿Para qué?
- Quién sabe. Unas veces, para rematarlos. Otras, los montan en las camionetas y se los llevan. Nunca aparecen. Es muy extraño.
El policía municipal que habla parece nervioso. Es un tipo bajito, mal uniformado. La canana que lleva alrededor del cinturón está medio vacía. Un cartucho sí, uno no. Todavía hoy muchos policías tienen que pagar de su bolsillo la munición que gastan. Y si por la mañana no llegan pronto al reparto de los escasos chalecos antibalas, deben salir a patrullar a cuerpo gentil, un blanco perfecto. El policía municipal va de un lado para otro. Apunta en una pequeña libreta los nombres de todos los que, policías o no, rebasan por un motivo u otro el cordón de seguridad. No llega a cruzar palabra con los agentes de otros cuerpos. Es una constante de Ciudad Juárez. Nadie se fía de nadie. Menos aquí, un lugar tristemente célebre por las decenas de mujeres que fueron asesinadas sin que aún hoy se conozcan los motivos ni los culpables. Hay además datos muy claros de que el narcotráfico tiene voluntades compradas entre los policías, entre los jueces, entre los políticos, entre los periodistas. Las miradas dicen: sabemos a quién pertenece tu uniforme, pero no a quién perteneces tú. No es nada personal. Sólo cuestión de supervivencia. La noche anterior, cuando el reportero llega al aeropuerto de Ciudad Juárez, dos agentes federales lo esperan a pie de avión. Han recibido la orden de escoltarlo durante el fin de semana, integrarlo en una de las patrullas de fuerzas especiales que recorren día y noche la ciudad en busca de sicarios. Pero cuando va a abandonar el aeropuerto, dos soldados le piden que abra la maleta y la mochila en la que transporta el ordenador portátil. Uno de los federales trata de aliviar el trámite y se dirige al militar:
- No se preocupe, oficial, viene con nosotros.
- Claro que sí. Pero tiene que abrir el equipaje.
- Pero
- Tiene que abrir el equipaje.
Nada personal. Sólo eso: nadie se fía de nadie. ¿O no es por los aeropuertos de México, y bajo la supervisión de agentes de la ley, por donde toneladas de droga y sustancias químicas ilegales entran en el país? La escena se repite dos o tres veces durante el fin de semana. Cada vez que el patrullero pasa por un puesto de control militar, los soldados lo paran y lo revisan como si se tratara de un vehículo particular. O tal vez más.
- ¿Adónde se dirigen?
- Vamos a instalar un control de carros robados a dos kilómetros de aquí.
- Correcto. Bájense y abran la cajuela.
El policía abre el maletero. El soldado mete la cabeza, casi olfatea el interior. Ni hay tensión ni deja de haberla. Los soldados no sonríen. Los federales tampoco. Es una guerra extraña la que vive México. Las bajas se cuentan por decenas, todos los días, como en cualquier guerra. Pero aquí no hay dos bandos. Hay muchos, y andan disfrazados.
- Está bien. Pueden continuar.
Unos metros más allá, el federal que hoy conduce el patrullero - un joven simpático que cita a los clásicos- le explicará al reportero por qué, aunque íntimamente les fastidie, obedecen a pie juntillas las instrucciones de los militares. Aparca el vehículo en el arcén, junto a la valla que delimita un depósito de vehículos. Parece uno de los muchos cementerios de automóviles destinados a chatarra que afean la ya de por sí poco agraciada Ciudad Juárez. Pero no. Es distinto. Aquí vienen a parar los carros incautados al narcotráfico o sujetos, como parte de la prueba, a algún proceso judicial. Los hay nuevos y viejos. Lujosos -allá al final se ve una Hummer en aparente buen estado- y simples utilitarios. El agente señala un todoterreno, varado no muy lejos de la carretera. Tiene, como muchos otros, la chapa agujereada por los tiros gruesos de los rifles de asalto. Pero es distinto. Es un vehículo oficial, un patrullero de la policía municipal. No le queda un trozo de chapa sano.
- ¿Una emboscada de los narcos?
- No. Los militares tenían instalado un control. Les dieron el alto. Los policías no quisieron parar. Los militares abrieron fuego. Los mataron a los dos.
Nada personal.
La una de la madrugada. Hotel Chulavista. Está cortado por el mismo patrón que los moteles americanos de carretera. Una recepción, un comedor y una serie de habitaciones alrededor de un aparcamiento. Ni bonito ni feo. Vulgar. Discreto. Hasta no hace mucho, un buen negocio. "Los que más nos visitaban", explica el camarero, "eran puros gringos. Parejas que cruzaban desde El Paso, aparcaban el carro en la puerta de la habitación y sólo salían un rato a cenar algo o a emborracharse a buen precio. Ya casi no viene ninguno. Les da miedo". Ciudad Juárez y también Tijuana, en la costa del Pacífico, constituían las míticas fronteras donde la fiesta sin tregua -el alcohol, el juego, los clubes de alterne- atraía cada fin de semana a cientos de turistas norteamericanos. Nunca fueron ciudades exquisitas ni bendecidas por el Vaticano, pero sí razonablemente seguras. De eso dependía el negocio. Ahora, muchos de los restaurantes ya han cerrado, los prostíbulos sólo atraen a clientes locales y desesperados, y la única ruleta que gira día y noche es a vida o muerte. El hotel Chulavista estaba prácticamente desahuciado. Pero entonces llegaron los federales.
Las fuerzas especiales. Muchachos jóvenes -casi ninguna mujer- procedentes en su mayoría de las filas del Ejército. Sus sueldos son bajos, pero para poder lucir ese uniforme azul han tenido que pasar exhaustivos exámenes de confianza, incluida la prueba del polígrafo. Según ha llegado a admitir Felipe Calderón, el presidente de México, más de la mitad de la policía mexicana "no es recomendable". Hay casos, como el de Tijuana, donde se detectó que nueve de cada 10 policías locales habían sido comprados por el narcotráfico. Incluso entre los 11.000 federales recién contratados, la mitad resultó ser de moral distraída. Se supone que estos que ocupan el hotel Chulavista de Ciudad Juárez pertenecen a lo mejor de cada casa, pero, por si acaso, sus jefes nunca le dicen por dónde patrullarán cada noche o a qué tipo de malandro van a intentar detener. Van y vienen de sus habitaciones al comedor uniformados al completo, chaleco antibalas incluido, y con el rifle AR-15 en bandolera. Sus mandos les dan el tiempo justo para comer algo y dormir un rato. El resto de la jornada lo emplean en recorrer la ciudad de cabo a rabo. Sus vehículos son camionetas pick-up de doble cabina. Ellos ocupan la parte de atrás, siempre de pie, con el dedo en el gatillo de sus armas y el pasamontañas hasta la nariz. Vigilando, siempre vigilando.
- ¡Nos vamos! Esta noche nos acompañará un periodista español. Si hay suerte y detienen a algún delincuente, no me lo golpeen demasiado... Háganme ese favorzote, muchachos.
El oficial subraya la broma guiñando el ojo detrás del pasamontañas. Los muchachos se ríen. Será el único momento de relajación en cinco horas. Las camionetas de los federales se sumergen en la noche de Ciudad Juárez, cruzan a todo trapo avenidas casi vacías y se adentran por colonias polvorientas, sin pavimentación, donde sólo los perros con sus ladridos parecen reconocerlos. Al fondo se distinguen las luces de El Paso, al otro de lado de la frontera. El Paso es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos. Ciudad Juárez, la más violenta de México. En El Paso, como en toda la frontera, se venden armas de grueso calibre sin ningún impedimento. Aquí se mata con ellas. Los policías se adentran en una de las colonias más peligrosas. Se sienten observados, por eso circulan sin luces, guiados por un agente local con un mapa y una linterna. El oficial comenta en voz muy baja:
- Esta noche vamos a hacer dos o tres cateos. Hemos recibido varios pitazos [chivatazos] sobre gente que podría estar vendiendo droga y armas.
Llegan al primer objetivo. Empieza un baile muy bien ensayado que se repite en cada registro. Los agentes saltan de las cuatro camionetas. Unos corren hacia las esquinas para asegurar el trabajo de sus compañeros y prevenir emboscadas. Los oficiales que van a penetrar en la casa -una especie de cortijo desvencijado- desenfundan sus armas cortas y quitan el seguro. Cada uno de ellos va escoltado por dos o tres compañeros con rifles de precisión. El puntito rojo de la mira se pasea por una pared que supo de mejores tiempos. Un perro encadenado parece enloquecer. Sale un hombre a la puerta de la casa. Descalzo. Despeinado. La camisa por fuera del pantalón.
- ¡Alto! ¡Federales!
El registro no dura más de 10 minutos. No parece que el dueño de la casa sea un narcotraficante. Parece más bien un nómada incómodo al que algún vecino quiere perder de vista denunciándolo a la policía. Hay niños por todos lados. Niños mal vestidos, niños canijos y sucios que juegan con juguetes rotos y que observan a los policías con serenidad, como si ya los hubieran visto más veces, como si formaran parte del juego al que están predestinados a jugar. "Negativo. No hay nada, ¡vámonos!". La acción se repite dos veces más. Dos cateos. Dos negativos. Ha sido una noche tranquila que ha terminado en empate. No han detenido a nadie, pero tampoco se ha reportado ninguna baja.
Vuelta a la base. Mañana será otro día.
Dos horas después suena el teléfono de la habitación. "Han encontrado a tres muchachos ejecutados en la puerta de una discoteca. ¡Nos vamos!". La misma historia del día anterior. La ambulancia. La policía local. La policía estatal. La policía federal. El Ejército. Y esperándolos a todos, sin inmutarse, la muerte.
Tres jóvenes. Boca arriba. Cada uno con su ración de plomo. Se parecen al joven ultimado en la colonia Satélite. Detallistas de la droga, camellos, narcomenudistas. Como mucho, aprendices de sicario. Clase de tropa. Carne de cañón. El perfil de las bajas del narcotráfico en México es el de jóvenes captados por los distintos carteles de la droga que luchan entre sí para afianzar su predominio en las plazas. No sólo han muerto en la frontera con Estados Unidos. También en la que separa un antes y un después de la historia de la droga en México. Lo que había hasta ahora está muy claro. Basta comprarse un CD de los Tigres del Norte o de los Tucanes de Tijuana para conocer las historias cotidianas del negocio o las leyendas de los grandes narcotraficantes como Amado Carrillo Fuentes, jefe hasta su muerte del cartel de Juárez. Le llamaban El Señor de los Cielos. De él se dice que tenía una docena de Boeing 727 con los que introducía cocaína en Estados Unidos. La épica de la frontera. Las reglas. El respeto. La complicidad de los gobernantes. Tú hasta aquí y yo hasta allí. Y como último recurso, la muerte. La muerte como herramienta de trabajo, de poder, de advertencia.
Todo eso se acabó hace algo más de un año. La versión oficial es que tantos años de complacencia con el crimen organizado habían llegado a horadar los cimientos de la República y amenazaban con privatizar el país en su beneficio. "Los señores de la droga ya estaban tocando las puertas de Los Pinos [la sede de la presidencia de la República]", dice a media voz uno de los hombres más poderosos de México. "O los combatíamos o les entregábamos el país. Ya eran dueños de algunos cuerpos enteros de policía que trabajaban para ellos y no para los ciudadanos". El caso es que el presidente, Felipe Calderón, tocó zafarrancho de combate. Hace de eso un año, dos meses y 7.000 muertos.
La furgoneta blanca del depósito de cadáveres llega al lugar de la triple ejecución. Se coloca junto a la ambulancia de la Cruz Roja. "El día que más miedo pasé", comenta una enfermera del servicio de urgencias, "fue hace sólo unos meses. Recibimos el aviso de que había un joven malherido tirado en la calle. Acababa de ser víctima de un ataque armado. Fuimos hacia allá y llegamos cuando todavía respiraba. No había tiempo que perder. Lo metimos en la ambulancia y salimos corriendo hacia el hospital. A medio camino se nos cruzaron dos furgonetas con los cristales oscuros. Bajaron tres o cuatro encapuchados, nos apuntaron en la cabeza al chófer y a mí y nos dijeron que nos estuviésemos quietos. Fueron a la parte de atrás, sacaron al herido y le dieron el tiro de gracia en medio de la calle. Mira, te lo estoy contando y aún se me eriza la piel. Antes de irse aún tuvieron tiempo de amenazarnos. Nos dijeron que, por nuestro bien, la próxima vez no tuviésemos tanto interés en llegar tan rápido...". Los dos grandes hospitales de la ciudad también han sido escenario de irrupciones violentas de sicarios que buscaban rematar un trabajo mal terminado. En una ocasión, y en previsión de que eso sucediera, el juez colocó a dos policías custodiando la puerta de urgencias. Por si llegaban los sicarios.
Llegaron. Mataron a los dos policías. Entraron en el hospital. Remataron al herido. Y se marcharon.
El jefe de la policía científica se dirige a los muchachos de la furgoneta blanca:
- Ya os los podéis llevar.
Los curiosos le echan un último vistazo. Certifican que los asesinados no son del barrio. De igual forma, unas horas antes, los vecinos de la colonia Satélite juraron que el primer muerto del sábado -chándal azul celeste, manos atadas a la espalda con una cuerda amarilla- jamás había sido visto por allí. Hay un testigo que dice haber observado cómo arrojaban al muchacho del chándal desde un vehículo, todavía vivo, y lo remataban en el suelo.
- ¿Y cómo era el carro?
- No me acuerdo, jefe.
- ¿Grande o pequeño?
- Normal.
- Y a éste -dice el policía señalando al muerto- ¿lo habías visto antes por aquí?
- Nunca. No es de aquí.
El procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, maneja un dato estremecedor:
- Al 40% de los que mueren no los reclama nadie.
Fosas comunes. Esquinas de papel en los diarios. Y la batalla que no cesa. Todos los días, el Gobierno de México distribuye una serie de comunicados -partes de guerra- que dan cuenta de la incautación de armas, de la intervención de droga, de la detención de sicarios. Pero al día siguiente, invariablemente, los noticieros hacen recuento de las bajas, y raro es el día que no superan las dos cifras. Diez en Ciudad Juárez. Cinco en Tijuana. Dos en Culiacán. Total: 17. Hay ciudades marcadas por la tragedia diaria. Suelen ser las sedes fronterizas de los antiguos carteles de la droga, hoy atomizados por las guerras entre sí y por el embate del Estado, pero también se producen bajas muy cerca del mar Caribe, a pocos metros de las palmeras y los hoteles de lujo. El goteo es continuo y, aun así, nunca faltan nuevos soldados dispuestos a morir.
La caravana de federales regresa al hotel Chulavista. Un semáforo en rojo. De pronto, como surgido de la nada, un joven se acerca corriendo. Dos federales lo apuntan con sus armas. El muchacho parece muy nervioso. Discute con los policías del primer vehículo, que finalmente acceden a que suba con ellos. La caravana aborta el regreso a la base y se dirige ahora, a toda prisa, a una colonia cercana. Al parecer, el muchacho ha sido víctima de un robo. Unos jóvenes le han quitado su vehículo a punta de pistola. Pero mientras regresaba a su casa, a pie y asustado, ha creído ver a uno de los asaltantes meterse en una casita de una planta, como casi todas las de Ciudad Juárez. Los federales llegan al lugar indicado. Se bajan de las camionetas y rodean el inmueble. Mientras tres agentes, acompañados del denunciante, entran en la casa, otros aseguran la zona y revuelven en la basura. La operación es rápida. Los que han entrado en la casa salen con el sospechoso agarrado del cuello. La víctima lo ha reconocido. Los policías que se quedaron en la puerta también tienen su botín. Acaban de encontrar las matrículas del vehículo sustraído. El interrogatorio se hace en caliente. La madre del muchacho sale a la puerta y le pide al oficial, con una sonrisa en la boca:
"No sea malito, jefe, no me lo golpeen".
El muchacho delata a un cómplice, y éste a otro, y el tercero habla de un tal? El vehículo es por fin recuperado. Casi al alba. Los policías se muestran exultantes, aunque el paisaje de fondo no es muy alentador. Chavales que manejan pistolas, roban coches, merodean por las calles sin asfalto en busca de su próxima víctima. El 40% de los muchachos de Ciudad Juárez ni estudia ni trabaja. Una buena parte sólo espera su turno de matar o morir. Su sueño es un carro del año, un buen revólver con las cachas de oro. Muchos mueren así, con el sueño de que un cantante famoso de narcocorridos le dedique una letra bien chingona a cada uno de ellos.
La patrulla regresa al hotel. Ya se divisa el alba cuando la voz del comandante da un nuevo parte:
"Se acaba de recibir un aviso. Han encontrado el cuerpo calcinado de un hombre encima de un contenedor de basuras. Diríjanse a la calle...".
El octavo muerto de este fin de semana tampoco tendrá nombre.
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Ciudad Juárez muerte en las calles
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