Mostrando entradas con la etiqueta 2 de octubre del 68. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2 de octubre del 68. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de octubre de 2009

2 de octubre sí se olvida... oficialmente

JORGE CARRASCO ARAIZAGA

Los rastros sobre el número de víctimas de la represión en la Plaza de las Tres Culturas se pierden en un laberinto de rumores, ineficiencias, ocultamientos y desmemoria. La última pista –los archivos de las autopsias realizadas los días subsecuentes– desapareció y ninguna instancia gubernamental parece interesada en conocer su destino.
El “genocidio sin genocidas” con el que la justicia federal cerró el caso del 2 de octubre de 1968 y las deficiencias de la desaparecida Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) tuvieron el mismo efecto que los contradictorios reportes oficiales de la época: el ocultamiento del número de víctimas de la masacre.A pesar de que acusó a los responsables de la seguridad nacional de entonces, encabezada por el principal sobreviviente, Luis Echeverría Álvarez, de haber cometido “genocidio” porque pretendían “el exterminio” del grupo nacional identificado como “los estudiantes”, el titular de la Femospp, Ignacio Carrillo, sólo acreditó ante la justicia la muerte de 11 de ellos durante la represión en Tlatelolco.
En su Informe general histórico a la sociedad mexicana, Carrillo aseguró que también “acreditó debidamente” la muerte de un profesor y nueve personas ajenas al movimiento estudiantil. En total, 21 personas.El número de muertos, al menos por las autopsias hechas, difícilmente se podrá conocer con certeza. De acuerdo con exfuncionarios del Servicio Médico Forense (Semefo), están perdidos los registros de las necropsias practicadas en el Distrito Federal entre 1911 y 1974.
En las declaraciones que hizo ante la Femospp, el entonces director del Semefo, José Ramón Fernández Cáceres, consideró que los archivos de las autopsias realizadas el 3 de octubre a los cadáveres de las víctimas de Tlatelolco también pudieron haber sido recogidos por la desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS).
El testimonio ministerial, contenido en el toca penal 344/2006, indica que esos expedientes los conservó durante algunos meses en un archivo confidencial el entonces director del Semefo, Miguel Gilbon Maitret. En febrero de 1985, el director Mario Alva Rodríguez remitió al archivo del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal (TSJDF, del que depende el Semefo) todos los expedientes de las necropsias de aquel periodo.
Sin embargo, al comparecer ante la fiscalía el 31 de octubre de 2002, Fernández Cáceres aseguró que en el archivo judicial tampoco están los expedientes. Explicó: “Al solicitarnos (el fiscal) Ignacio Carrillo estos expedientes (…) los solicitamos al citado archivo judicial”. La repuesta oficial fue que “no existen constancias ni del ingreso ni mucho menos de (su) egreso, ignorando hasta el momento el destino que tuvieron”.
Fernández hizo entonces una pesquisa en el interior del Semefo, centrándose en quien fue jefa del archivo del forense en 1985, María de Lourdes Hermosillo Aspeitia: “Nos indicó que le constaba la entrega de dichos expedientes al archivo judicial, en lo que fue la antigua casona del sindicato” del TSJDF, ubicado en la calle Doctor Lavista, pero que “por descuido involuntario, no recabó la firma en el acuse de recibo, pero que si era necesario así lo declararía ante la autoridad”. Lo mismo haría el exdirector Alva Rodríguez.
La exdirectora del archivo refirió que la casona fue derrumbada para construir los juzgados familiares del TSJDF y que, al parecer, los expedientes fueron enviados a las bodegas del Reclusorio Sur.
El remate de la historia que cuenta el exdirector del Semefo es todavía peor: la directora del archivo judicial en 2002 quiso hablar sobre el particular con quien fue la directora del mismo archivo en 1985, “y, según me platicó, su pesquisa fue negativa, puesto que al parecer esa persona actualmente se encuentra trastornada de sus facultades mentales”, por lo que no existen constancias de que los expedientes hayan estado ni en el archivo del TSJDF ni en el Reclusorio Sur.
Aún más, dice que “por el año 1969 o 1970, corrió la versión de que la DFS recogió en todas las dependencias involucradas los archivos referentes y resultantes (de) los hechos del 2 de octubre”. Entre ellos, supone, estaban los del Semefo del Distrito Federal, pero declaró no recordar los nombres de las personas que generaron ese rumor “ni dónde lo escuché”.
En su informe, que apenas y circuló hacia finales del sexenio pasado, la Femospp nada dice sobre la intención del fiscal de dar con esos archivos. Sólo da por hecho que hubo 21 muertos, pero no precisa la manera en que llegó a esa “acreditación plena”.
Para mayor confusión, el reporte publicado a finales de 2006 maneja diferentes cifras. Por ejemplo, en el capítulo IV de los anexos, presenta una lista de 85 muertos relacionados con el movimiento estudiantil: nueve, en hechos anteriores al 2 de octubre; 70 ese día, incluidos dos militares; uno “por hechos posteriores” a esa fecha, y cinco “por otros momentos del movimiento estudiantil”.
Los informes oficiales de entonces, elaborados por la DFS y la también extinta Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales (DIPS), mencionan incluso cifras de decesos mayores que las que “acreditó debidamente” el fiscal y por las que consignó a Echeverría y a otros ocho exfuncionarios civiles y militares del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.
Sólo rumores
Una revisión que hizo Proceso de las actas de defunción en el Registro Civil del Distrito Federal indica que, tan sólo por hechos ocurridos “en la vía pública” el 2 de octubre de 1968, se inscribieron 29 decesos con características similares: traumatismo craneoencefálico o toráxico, heridas por proyectil de arma de fuego, congestión visceral generalizada, heridas punzocortantes o conjunto de lesiones. Entre el 3 y el 5 de octubre se registró la muerte de otras 14 personas por motivos parecidos.
Las víctimas mencionadas por la fiscalía forman parte de esos registros y coinciden en su mayoría con los nombres grabados en la estela levantada en Tlatelolco con la leyenda “1968-1993 CNH Adelante!! A los compañeros caídos en esta plaza”, erigida por la exdirigencia del Consejo Nacional de Huelga (CNH).
La cifra es apenas un acercamiento a lo ocurrido en la Plaza de las Tres Culturas. En su comparecencia ante la fiscalía, José Ramón Fernández Cáceres señaló que recibieron por lo menos una treintena de cadáveres de niños, adolescentes y adultos, tanto de hombres como de mujeres. Precisó que los cuerpos en general presentaban heridas por disparo de arma de fuego y por instrumentos punzocortantes, predominando en la cabeza y el tórax.
Lázaro Hernández Bernal, entonces mecanógrafo del Semefo, declaró a la fiscalía que transcribió los protocolos de las necropsias de los cadáveres que llegaron de la Cruz Roja, los hospitales de urgencias Rubén Leñero, Traumatología de Balbuena, Xoco y La Villa.
Sin embargo, Fernández Cáceres declaró –“sin que me conste”– que en esos mismos hospitales “estas autopsias se realizaban y realizan en los cadáveres de personas lesionadas que en esta calidad ingresaban o ingresan a cada uno de esos hospitales y que en el transcurso de su evolución fallecían en ellos, por lo que desconozco si en octubre de 1968 ingresaron lesionadas a esos hospitales personas procedentes de Tlatelolco y, por consiguiente, que hayan fallecido ahí y hayan sido autopsiados”.
También mencionó el rumor “de que llegó el Ejército al hospital Rubén Leñero y sacó a los lesionados y se los llevó”.En el Semefo, narró, había militares y peritos de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, aunque no pudo asegurar que el Ejército hubiera tomado las instalaciones. También refirió la vigilancia por parte de agentes policiales.
El exsubdirector del Semefo, Gilberto Ibarra Mora, quien en esa época era estudiante de medicina y al día siguiente de la matanza acudió al lugar para acompañar a su padre, que era perito médico, declaró a la Femospp en noviembre de 2002 que, además de escribir dos o tres autopsias dictadas por su padre, “vio a un militar de rango (y) un camión militar con lona estacionado atrás del Semefo por donde entraban y salían los cuerpos”.
El informe de la Femospp tampoco aclara si las autopsias a las víctimas se hicieron sólo en el Semefo y mucho menos dejó testimonio de que haya investigado el levantamiento de heridos por parte del Ejército.Por lo que hace a los cuerpos que llegaron al Semefo, Fernández le dijo a la fiscalía que, de acuerdo con la averiguación previa que acompañaba la orden de cada autopsia, los cadáveres habían sido recogidos en la Plaza de las Tres Culturas y trasladados a la Agencia del Ministerio Público.
Mencionó que en total practicaron “alrededor de 30 o 34” autopsias y que la mayoría de los cuerpos ingresaron identificados. Explicó que, en su condición de aprendiz, los médicos le explicaron las causas de algunas de las muertes: “Fíjate muy bien en estas lesiones, ya que en la vida civil difícilmente las vas a volver a ver… son típicas de la vida militar”.
Añadió: “me indicaron que, por la fuerza del choque y las grandes lesiones que presentaban algunos cadáveres en la cabeza, pudiera tratarse de lesiones estando las víctimas tiradas en el piso y por arma punzocortante”.
Recordó que otros cadáveres tenían heridas por proyectil de arma de fuego, pero casi todas esas heridas contaban con un amplio orificio de salida. Si se extrajeron proyectiles, fueron muy pocos.
Refiere el caso de una estudiante que era su compañera en el primer año de medicina, a la cual no identifica: “El perito médico –creo que fue el doctor Pablo Ibarra Gutiérrez– le dijo: ‘Fíjate bien: en la parrilla costal derecha se aprecia en su porción baja una herida por instrumento punzocortante, que puede ser herida de bayoneta, y de ahí se ve un movimiento ascendente de corte que secciona toda la parrilla costal de ese lado, así como los órganos, específicamente el pulmón derecho y en la porción alta del tórax.
“Donde termina el corte se observa un amplio orificio de entrada de un proyectil de arma de fuego que, por su aspecto y su tamaño, puede tratarse de un proyectil expansivo, y alrededor de este orificio se aprecia tatuaje (incrustaciones de granos de pólvora), quemadura y ahumamiento. Todo esto nos sugiere que el primero vino de un ataque de bayoneta, la sección ascendente de las costillas, y a continuación el disparo.”
Mencionó también el caso de un adolescente de entre 12 y 14 años que, a decir del perito, presentaba tres heridas punzocortantes, también presumiblemente hechas con bayoneta, y que por su número y posición, y por haber producido apertura del cráneo, muy probablemente fueron realizadas en forma casi simultánea estando la cabeza del menor apoyada en el piso.
Algunos casos
Las actas de defunción consultadas en el Registro Civil indican que en el Semefo hubo por lo menos 43 muertos por causas parecidas entre el 2 y el 5 de octubre. De ellas, 29 tienen como fecha de defunción el mismo 2 de octubre, ocurrida en “la vía pública” a una “hora desconocida”.
La fiscalía, sin embargo, sólo acreditó 21. Once eran estudiantes, tres de ellos menores de edad:
–Rosalío Marín Villanueva. Estudiante del DF, de 13 años. Vivía en Peralvillo. Murió de traumatismo craneoencefálico. Su padre, Romeo Marín, profesor de 30 años, fue quien compareció ante el Registro Civil.
–Juan Rojas Luna. Estudiante del DF, 15 años. Vivía en Vallejo y murió por herida de arma de fuego e instrumento punzocortante en el tórax. Su padre, Andrés Rojas, empleado de 40 años, acudió al Registro Civil.
–Guillermo Rivera Torres, 15 años, del DF. Era estudiante y vivía en la colonia Michoacana. Fue reconocido por su madre, Elia Torres; su padre, Guillermo Rivera, aparece como finado en el acta de defunción.
–David Miguel Baranda Salas, del DF. Estudiante, 18 años. Vivía en la colonia Independencia. Murió por herida de proyectil de arma de fuego penetrante de tórax.
–Jaime Pintado Gil, del DF. Estudiante, 18 años. Residente del edificio Guanajuato, Tlatelolco. Muerte por herida de proyectil de arma de fuego doble penetrante de tórax y abdomen.
–Ana María Regina Teuscher Kruger, estudiante del DF, 19 años. Vivía en la colonia Escandón. Murió de anemia aguda por hemorragia externa a causa de herida de proyectil de arma de fuego que seccionó el paquete vasculonervioso del cuello. Su defunción fue certificada por su hermano Pablo, de 21 años.
–Rosa María Maximiana Mendoza, estudiante del DF, de 19 años. Tuvo su casa en la colonia Verónica Anzures. Su padre, Aristeo Mendoza, de 40 años, constató en el acta que murió de heridas punzocortantes doble penetrantes de tórax y abdomen.
–Cuitláhuac Gallegos Bañuelos. Estudiante de 19 años, muerto por herida de proyectil de arma de fuego penetrante de tórax. Vivía en la colonia Reforma Iztaccíhuatl. Compareció ante el registro civil su padre, Aureliano Gallegos, de 45 años.
–Fernando Hernández Chantre, de Atlix co, Puebla. Estudiante de 20 años. Vivía en la colonia Guerrero. Su acta de defunción reporta alteraciones viscerales por heridas por instrumento cortante y cortocontundente penetrante de cráneo. Lo reconoció su hermano David Hernández, de 26 años.
–Jaime Armado Reyes Haro. Estudiante del DF, de 20 años. Vivía en Peralvillo. Murió de herida de proyectil de arma de fuego penetrante de tórax. Sus padres, Armando Reyes, jubilado de 69 años, y Refugio Haro, de 52, testificaron ante el Registro Civil.
–Gilberto Reynoso Ortiz, de Salvatierra, Guanajuato. Estudiante de 24 años que vivió en la colonia Anáhuac. Muerto por herida de proyectil de arma de fuego penetrante de cráneo.
–Leonardo Pérez González, de Huetlaltoyucan, Puebla. Profesor, 29 años. Vivía en Santa María La Rivera. Murió por proyectil de arma de fuego penetrante de tórax. Su defunción la certificó Regina Salgado, profesora de 32 años.
–Carlos Beltrán Maciel, de Culiacán, Sinaloa, era un ingeniero químico, de 29 años. Vivió en Coyoacán. Murió por herida de proyectil de arma de fuego penetrante de tórax.
–Cornelio Benigno Caballero Garduño, de Chapa de Mota, estado de México. Machetero, de 18 años. Vivía en la colonia Michoacana. Murió por herida de proyectil de arma de fuego penetrante de tórax y vientre.
–Luis Gómez Ortega, del DF, radiotécnico, de 23 años. Vivió en Ixtacalco. Herida por proyectil de arma de fuego con sección medular. Acudió al Registro Civil su padre Roberto Gómez, pintor, de 46 años.
–Cecilio de León Torres, de Durango. Radiotécnico de 24 años, vecino de Tlatelolco. Murió por herida de proyectil de arma de fuego penetrante de cráneo. Al Registro Civil acudieron Pablo de León, de 59 años, y Francisco de León, de 29 años. Ambos albañiles.
–José Ignacio Caballero González, del DF. Fue empleado particular. Murió a los 36 años por proyectil de arma de fuego penetrante de tórax. Vivía en Tlatelolco.
–Antonio Solórzano Gaona, de Querétaro. Tenía 42 años y era empleado, vivía en la colonia El Rastro. Murió por herida de proyectil de arma de fuego penetrante de cráneo.
–Jorge Ramírez Gómez, de San Juan del Río, Querétaro, de 59 años. También vecino de Tlatelolco. Murió por herida de proyectil de arma de fuego penetrante de cráneo.
–Agustina Matus Contreras, de 60 años, originaria de Mérida, Yucatán. Murió por herida de proyectil de arma de fuego. Vivía en la colonia Reforma Iztaccíhuatl.
–Reynaldo Monsalvo Soto, de Huexo tla, Estado de México. Era un corredor de bienes, de 68 años. Vivía en Texcoco. Su muerte fue por conjunto de lesiones.
En las mismas fechas –del 2 al 5 de octubre– hay actas en el Registro Civil que dan cuenta de muertes similares y que la fiscalía soslayó. En su mayoría se trata de trabajadores. Fueron los casos de Salvador Nájera Villafuerte, estibador de 35 años, originario del DF, y de Carmen Juárez Pérez, también del DF, y que a sus 22 años era recamarera.
También los de José Cruz Bonilla Vallarta, mesero de 36 años, de Pachuca, Hidalgo; Gloria Valencia Lara, del DF, comerciante de 38 años; Manuel Nájera Oviedo, del DF, empleado de 24 años; Ramón Horta Ortiz, del DF, barnizador de 21 años, y Petra Martínez García, de 15 años, trabajadora doméstica que vivía en Tlatelolco y cuya muerte fue reconocida en el Registro Civil por Saturnino Martínez, un campesino de 35 años. Caso similar fue el de Berta Cardona Tafoya, de Jungapeo, Michoacán, trabajadora doméstica de 19 años.
La fiscalía tampoco reconoció la muerte de Alejandro Felipe Carvajal Galán, estudiante del DF, de 15 años y vecino de Tlatelolco; Marcelino Campos Flores, estudiante de 12 años; Antonio Flores Tovar, de Pachuca, Hidalgo, empleado federal de 52 años; Adolfo Pablo Delgado, carpintero de 60 años, originario de Silao, Guanajuato, ni la de Alfonso Avilés Balbuena, pensionado ferrocarrilero de 68 años, originario de Temalcatepec, Estado de México.
Proceso 04/10/2009

domingo, 4 de octubre de 2009

Ex soldados narran su experiencia sobre el 2 de octubre

Alfredo Valadez, corresponsal


Zacatecas, Zac., 3 de octubre. Cinco ex militares que pertenecieron al batallón de fusileros paracaidistas plasmaron en el libro Testimonios del 68 su experiencia sobre los sucesos del 2 de octubre, donde describen fragmentos de aquel pasaje histórico y cuestionan el papel de las fuerzas armadas contra los estudiantes y la población en general.
La edición –de sólo mil ejemplares–, en tinta café y bajo el sello de la editorial Tres Torres, se hizo con aportaciones de los municipios Villa de Cos, Vetagrande y Morelos, gobernados por el Partido del Trabajo, además de la Universidad Autónoma de Zacatecas y una empresa refaccionaria.
En 89 páginas narran momentos de cuando entraron a la Plaza de las Tres Culturas “a bayoneta calada” para desalojar a los estudiantes, hechos de los que ahora se dicen “arrepentidos”.
En la introducción, Salvador Pintor Rodríguez, Gustavo Román, Tomás Acuña Martínez, Rigoberto Domínguez y Víctor M. describen cómo, a principios de 1968, la Fuerza Aérea Mexicana reclutó a 150 adolescentes que realizaban su servicio militar en el estado, quienes “tenían ideales patrióticos y sueños personales; se les mostró un mundo donde el Ejército era la mejor opción”.
Sin embargo –señalan–, “la vida militar les mostró la realidad empapada de abuso de poder y violencia. Al final comprobaron que la autoridad manipula la justicia y abusa de los ciudadanos”.
Gustavo Román describe: “mi primera participación fue disolver una manifestación en la Normal de Maestros (...) el cuerpo de granaderos no pudo (...) por ello se requirió la acción de los paracaidistas”. Recuerda que intervino en “tomar el Casco de Santo Tomás”, donde “la resistencia de los estudiantes fue mayor e incluso se llegó a los golpes y los forcejeos. “El comandante nos dijo que esos jóvenes eran líderes cubanos comunistas que querían boicotear las Olimpiadas (…) a partir de ese momento se empezó a manejar el código Alerta Roja, el cual significaba que deberíamos estar listos las 24 horas para entrar en combate”.
Pintor Rodríguez reflexiona sobre posteriores sucesos, como el halconazo de 1971 y matanzas recientes, como las de Aguas Blancas y El Charco, en Guerrero, y Acteal, Chiapas. “Yo me pregunto: ¿para qué sirve el Ejército?”
Sobre Tlatelolco, Rigoberto Domínguez destaca que al finalizar el tiroteo recibieron la orden de subir a la parte superior del edificio Durango para desalojar a quienes desde ahí habían disparado “y habían causado bajas a militares y policías”, además de estudiantes y civiles. “Empezaron a bajar a muchos detenidos, que no tenían nada de estudiantes: eran personas como de 28 a 40 años y con armas que al ver las nuestras daban risa”.

Corona del Rosal, entre quienes pagaron a francotiradores que dispararon al Ejército en Tlatelolco

Probada, la colusión de militares y líderes priístas en matanza del 68

>Según documento recién obtenido en el AGN, el grupo De la Lux surgió en 1960; también atacó en 1971

Gustavo Castillo García

Desde 1960, el entonces dirigente de la priísta Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), Alfonso Corona del Rosal, y Alfonso Martínez Domínguez, con apoyo de los militares –que luego se convertirían en generales– Manuel Díaz Escobar y Humberto Bermúdez Dávila crearon el grupo de choque que inicialmente se conoció como De la Lux, cuyos integrantes actuarían como francotiradores el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, afirma la historiadora María de Los Ángeles Magdaleno Cárdenas.
Para el 10 de junio de 1971, ese mismo grupo, entonces ya identificado como Halcones, participó en la represión contra maestros y estudiantes en la ciudad de México.
Con base en documentos obtenidos apenas el pasado viernes en el Archivo General de la Nación (AGN), la historiadora señala que para 1969, Corona del Rosal controlaba la zona de la Cuchilla del Tesoro, donde habitaban al menos 500 miembros de De la Lux, integrado por luchadores, boxeadores y locatarios de La Merced. “Los mismos que en 1971 entrenaban allí como halcones.
“Corona del Rosal mantuvo el comportamiento mostrado desde que fungió como líder del PRI en los años 50; constituyó lo que se conocería como la policía priísta, un cuerpo que vigilaba y espiaba a los militantes destacados y los dirigentes rivales.
“En su natal Hidalgo, desde 1952 creó un servicio de información para conocer las fallas del entonces gobernador Quintín Rueda Villagrán, a quien sucedió en el cargo. Para 1953, siendo gerente del Banco Nacional del Ejército, Fuerza Aérea y la Armada, comenzó a reclutar agentes a los que meses después comandaría desde la policía que operó dentro de las oficinas del PRI, partido que en 1956 lo postuló para ocupar el cargo de Ejecutivo local.
Financiaba a francotiradores
“El general, quien en 1968 se desempeñó como jefe del entonces Departamento del Distrito Federal, y uno de los aspirantes a suceder a Gustavo Díaz Ordaz en la Presidencia en 1970, financiaba a los francotiradores que dispararon contra el Ejército en la Plaza de las Tres Culturas, lo que desencadenó la matanza de estudiantes. Los documentos encontrados en el AGN demuestran la complicidad que tuvieron en el financiamiento de ese grupo personajes como Martínez Domínguez, ya que supo que desde la CNOP se pagaba a un grupo que se dice estaba conformado por 20 mil personas.
“La organización De la Lux surgió desde 1960, como señala un documento de la Secretaría de Gobernación clasificado como confidencial, el cual fue elaborado el 5 de julio de 1969. Otros oficios obtenidos también en el AGN refieren que el 4 de febrero de 1960, El Zorro Plateado, Manuel Díaz Escobar, jefe operativo de De la Lux, los francotiradores del 2 de octubre y los halcones en 1971, adquirió 40 pistolas y 25 revólveres Ruby Extra, calibres 22 al 38, según las relaciones de las armas importadas con permisos del Departamento de la Industria Militar, y certificados expedidos por el consulado general de México en Nueva York”, explicó Magdaleno Cárdenas, quien en su momento fue encargada del área documental de la ex fiscalía para movimientos políticos del pasado.
Señala que los documentos encontrados establecen “que en la conformación y actividad del grupo que de manera sistemática reprimió los movimientos sociales de 1960 a 1971, principalmente en la capital mexicana, estuvieron involucrados Alfonso Corona del Rosal, Alfonso Martínez Domínguez, Manuel Díaz Escobar, Humberto Bermúdez Dávila (jefe del Estado Mayor Presidencial, EMP, durante el gobierno de José López Portillo); Eliud Ángel Casiano Bello (general brigadier y subjefe administrativo del EMP en 1984, Luis Gutiérrez Oropeza (jefe del EMP durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y quien otorgaba las licencias para que Díaz Escobar se desempeñara como secretario general de la CNOP –oficialmente desde 1961– y quien también daba autorización para que Bermúdez Dávila fuera secretario particular de Corona del Rosal)”.
El documento confidencial de julio de 1969 señala: “estaba un grupo de 14 personas platicando que pertenecen al grupo De la Lux que sostiene el señor Lic. Alfonso Corona del Rosal, y que agrupa aproximadamente a 20 mil gentes, de las cuales 5 mil tienen un sueldo de 70 pesos diarios trabajando en la campaña política (...) a favor de Corona del Rosal; este grupo viene actuando desde hace 9 años, y su última actuación fue en la campaña del señor Lic. Díaz Ordaz; en el grupo De la Lux se encuentran adheridos y controlados por el licenciado Alfonso Carrillo, empleado de mucha confianza de Corona del Rosal, locatarios de La Merced principalmente, así como de la Unión libre de Boxeadores, luchadores y gimnastas, tranviarios, empleados subalternos del Depto. del DF; en las pasadas orgías (sic) estudiantiles, este grupo se dedicó a contraatacar a los estudiantes de leyes y otras escuelas, y para identificarse entre ellos usaban un guante blanco en la mano derecha”.
Se debe recordar que en 1968 (un año antes de que escribiera el oficio de referencia) en México se gestó un movimiento estudiantil, y que el 2 de octubre, en la Plaza de las Tres Culturas, hubo una matanza generada por francotiradores que dispararon a los soldados allí apostados; se identificaban igual que el Batallón Olimpia y un grupo de empleados de la Secretaría de Gobernación: con un guante blanco en la mano derecha.

viernes, 2 de octubre de 2009

Tlatelolco, hoy y siempre


Jorge Camil




¿Cómo olvidar a los niños exangües, alineados en bandejas de la morgue en los pasillos de alguna comisaría? Usted ha visto las fotos en La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska. Con qué facilidad decidimos abandonarlos para seguir el camino. Y digo decidimos porque fue un acto voluntario. Fuimos dejando de lado a los niños incómodos, a los niños “comunistas” que amenazaron al régimen de un autócrata, e impulsaron a otro a escalar la presidencia. Los niños que murieron para darle vida a un sistema in articulo mortis que respiraba con tanque de oxígeno. ¿Qué tiene nuestra presidencia que lo justifica todo, que todo lo perdona?
“Dos de octubre no se olvida” es la frase que ha recorrido por 41 años el territorio nacional. No se olvida, como dice Pablo González Casanova, porque la matanza “produjo un rencor inolvidable”. Dos de octubre no se olvida, pero tampoco se castiga. El presidente responsable, Gustavo Díaz Ordaz (“GDO”, en boca de la prensa oficial; “DOG”, en las pintas callejeras del movimiento estudiantil) murió en la impunidad. Una figura compleja, con rasgos de personaje shakespeariano y marcadas características de tirano: como Trujillo, como Somoza, ¿cómo Roberto Micheletti?
Murió endurecido, en el terco convencimiento de que los verdaderos machos enfrentan –y dominan– cualquier adversidad, incluyendo el genocidio. Con la bandera en el pecho y las fosas nasales hinchadas, mostrando la dentadura que era fuente inagotable de inspiración para caricaturistas y enemigos políticos, asumió la responsabilidad “ética, moral, jurídica e histórica” de la masacre en su quinto Informe de gobierno. Tenía la mirada altiva: estaba en casa, entre los suyos, en el recinto del honorable Congreso de la Unión. Ahí engolaba la voz masculina. Voz de mando, de hombre decidido; voz que se imponía frente a civiles y militares, y que éstos respetaban, porque además de presidente era comandante supremo de las fuerzas armadas. Después del mea culpa se fue a recorrer la campiña española con rango de embajador; buscaba aires nuevos. Hasta que lo persiguió el fantasma de Tlatelolco; hasta que lo dobló la enfermedad.
Antes de su muerte, al surgir mayores indicios de la participación de Luis Echeverría, y preocupado por la historia, GDO dejó en sus memorias inéditas un acertijo para los siglos: “asumo la responsabilidad, mas no la culpabilidad”. Retruécanos de la política: ¿cómo separar una de la otra? Con la información de hoy es difícil saber si GDO fue manipulado por Echeverría, o si él mismo era de los que ven moros con tranchetes.
Philip Agee, ex agente de la CIA que vivió Tlatelolco, y horrorizado por la barbarie abandonó la compañía, reveló en 1975 (Inside the Company) que GDO y Echeverría fueron informantes de la CIA. Años después Jefferson Morley, de Washington Post, en un artículo titulado: “Los ojos de la CIA en Tlatelolco”, confirmó lo dicho por Agee, basado en documentos liberados por Estados Unidos en 2006, y publicados por The National Security Archive (www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB204/index2.htm).
No cabe duda que Echeverría, el más astuto, ¿y el más culpable?, morirá exonerado con los santos óleos republicanos administrados por magistrados obsecuentes y tribunales complacientes. Ése es, lamentablemente, el estado de nuestro Estado de derecho; he ahí la tragedia de nuestra pobre democracia. Juan Velázquez, el abogado que defendió a Echeverría, afirma con ignorancia de la historia que hoy existen “dos verdades sobre Tlatelolco”: una –dice despectivo– “el dicho de la gente” y otra, “absolutamente distinta”, el fallo del tribunal. Por eso escribí en La Jornada en su momento (“Tlatelolco: genocidio sin culpables”, 03/4/09) que el litigante, eufórico por su victoria judicial, olvidaba que “todos sabemos cómo y dónde se obtienen algunos fallos de nuestros venerables tribunales; las complicidades, amistades, e intereses que empujan las sentencias por las inmundas cañerías del sistema”.
Ha faltado voluntad política. La vida sigue su curso, pero no olvidamos la matanza de la Plaza de las Tres Culturas (o “de las sepulturas”, como la apodó Demetrio Vallejo, o “de los sacrificios”, como la llamó Octavio Paz después de la tragedia). Decía Paz que sólo cuando se conteste el ¿por qué? del inolvidable cartón de Abel Quezada “podrá el país recobrar la confianza en sus líderes y en sus instituciones”.
Treinta años después de la masacre escribí en La Jornada (“In memoriam”, 02/10/98) que la brutal represión “compró la paz de los sepulcros y la paseó como escarmiento por el territorio nacional, hasta que el espectro de la violencia se encarnó nuevamente en el conflicto de Chiapas”. Después de Tlatelolco siguió la fiesta; después de Chiapas, también; después de Acteal… Quizá por eso la poetisa Rosario Castellanos cerró su hermoso Memorial de Tlatelolco con un melancólico presentimiento: “al día siguiente, nadie. /La plaza amaneció barrida; /los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo (…) /ni un minuto de silencio en el banquete./ (Pues prosiguió el banquete.)
http://jorgecamil.com/ - http://twitter.com/jorgecamil

2 de octubre no se olvida; la SSP-DF se alista para marchas multitudinarias


A las 16 horas se prevé salga una del Monumento a la Revolución y otra de la Plaza Tres Culturas.


Notimex Publicado: 02/10/2009 08:08


México, DF. Autoridades capitalinas e integrantes del comité del movimiento de 1968 conmemoraron el 41 aniversario de la represión estudiantil del 2 de octubre e izaron la bandera a media asta en la Plaza de las Tres Culturas.
Desde temprano, la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco amaneció con algunas veladoras y una corona en el obelisco que recuerda a los caídos del movimiento estudiantil.
En tanto, el Comité de Huelga colocó una pancarta con la leyenda "Los crímenes de lesa humanidad no prescriben".
Luego de colocar una ofrenda floral y montar una guardia de honor, el secretario de Desarrollo Social del Distrito Federal, Martí Batres Guadarrama, recordó que aún está pendiente el castigo para los responsables y hacer justicia a los caídos.
Acompañado por autoridades capitalinas de la delegación Cuauhtémoc, el funcionario señaló que la lucha estudiantil provocó cambios en la política y abrió las calles para las manifestaciones de las nuevas generaciones.
Batres Guadarrama comentó que no es posible que después de tantos años y pese a la creación de una comisión investigadora no haya responsables de los crímenes.
A su vez, el director general de Desarrollo Social de la delegación Cuauhtémoc, Alejandro Fernández Ramírez, quien asistió en representación del delegado Agustín Torres, señaló que en esta demarcación crearán una casa editorial juvenil denominada Movimiento Estudiantil de 1968, a fin de publicar libros, revistas sobre la memoria de esos jóvenes y de los actuales.
Se prepara marcha
En tanto, la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) informó que están listos los cuatro mil 714 policías que participarán este viernes en el operativo de vialidad y vigilancia con motivo de diferentes marchas conmemorativas del 2 de octubre.
La dependencia informó que el despliegue policiaco, que se llevará a cabo en especial en la zona centro de la ciudad, contará con el apoyo de 327 patrullas y dos helicópteros del agrupamiento Cóndores.
Las dos principales movilizaciones están programadas para dar inicio a las 16:00 horas y tendrán como punto de partida la Plaza de las Tres Culturas, así como la explanada del Monumento a la Revolución, y su destino será la plancha del Zócalo capitalino donde se prevé un mitin.
La dependencia adelantó que durante el paso de los contingentes habrá cortes viales en las arterias que sean utilizadas, y que serán en especial el Eje Central Lázaro Cárdenas, Paseo de la Reforma, Juárez, 16 de Septiembre, Francisco I. Madero y 5 de Mayo, entre otras.
Recomendó a los automovilistas que utilicen vías como Viaducto Río de la Piedad, Circuito Interior Río Consulado, Eje 1 Oriente Ferrocarril Hidalgo, Lorenzo Boturini y el Eje 3 Sur Morelos, Eje 2 Oriente Congreso de la Unión, José María Izazaga, Chapultepec y Avenida de los Insurgentes.

viernes, 27 de marzo de 2009

Exculpa tribunal a Luis Echeverría

“Inocente” del delito de genocidio por la matanza del 2 de octubre


Gustavo Castillo


El quinto tribunal colegiado en materia penal del primer circuito determinó este jueves que el ex presidente Luis Echeverría Álvarez es inocente del delito de genocidio por la matanza del 2 de octubre de 1968, y quedó absuelto de todos los cargos que le imputó la extinta Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, que estuvo a cargo de Ignacio Carrillo Prieto.

El Consejo de la Judictaura Federal informó por medio de un comunicado de prensa que “los magistrados Rosa Guadalupe Malvina Carmona Roig, María Eugenia Estela Martínez Cardiel y Manuel Bárcena Villanueva, al resolver el recurso de revisión 132/2007 interpuesto por el agente del Ministerio Público de la Federación y el quejoso Luis Echeverría Álvarez contra la sentencia dictada por el tercer tribunal unitario en materia penal del primer circuito, confirmó la resolución impugnada en la que se consideró que la acción penal no había prescrito, que se acreditó el cuerpo del delito de genocidio, no así la probable responsabilidad de Luis Echeverría Álvarez en su comisión”.

Esto significa que, si bien sí se cometió el delito de genocidio el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas y no había prescrito en 2007, el ex mandatario no tuvo ninguna responsabilidad en lo ocurrido.

Al respecto, el abogado Juan Velázquez afirmó: “ya no queda nada. Las dos acusaciones que había contra mi cliente resultaron sin cargos para él. Los casos fueron la matanza del 10 de junio de 1971, conocida como el halconazo, y el 2 de octubre en Tlatelolco 1968.

“Estamos agradecidos, Luis Echeverría y yo, con el fiscal del pasado porque nos permitió que mi cliente fuera sometido a un juicio y que en un proceso legal se le declarara inocente. Desde hoy, uno será el dicho de la gente y otro, absolutamente distinto, el fallo de un tribunal”.

Minutos después de que el litigante conociera la decisión del tribunal colegiado, acudió a la casa de Luis Echeverría y dijo que intentaría que el ex presidente subiera a su coche para darle una vuelta a la manzana como un símbolo de que había recobrado su libertad.

“Tendré la mayor satisfacción de un penalista, acompañar a mi cliente del aprisionamiento a la libertad, ya que voy a llevarlo a dar una vuelta en el coche y luego lo regresaré a su casa, no habrá nada de show”, agregó Juan Velázquez.

El 2 de julio de 2002, Echeverría fue llamado a comparecer ante el MP Federal. La primera orden de captura en su contra fue en junio de ese año, pero obtuvo un amparo. Luego, el 30 de noviembre de 2006, un magistrado federal libró una orden de aprehensión domiciliaria y ordenó que fuera juzgado por ser probable responsable del delito de genocidio.

Ayer, el ex mandatario recuperó su libertad plenamente.