miércoles, 23 de noviembre de 2011

Una cuarta parte de la población murió asesinada bajo la dictadura comunista en los años setenta

El régimen del fallecido Pol Pot fue responsable de algunos de los mayores espantos del siglo XX

Entre 1,7 millones y 2,2 millones de personas -una cuarta parte de la población- murieron en Camboya de hambre, extenuación en el trabajo, enfermedades y ejecuciones durante el régimen de terror, paranoia y violencia de los jemeres rojos. Más de tres décadas después de que el Gobierno de Pol Pot (1975-1979) fuera barrido por el Ejército de Vietnam, los tres que quedan vivos de sus máximos líderes se han sentado en el banquillo para responder a las acusaciones de genocidio, crímenes contra la humanidad, persecución religiosa, homicidio y tortura. Un tribunal camboyano respaldado por la ONU comenzó la vista el lunes pasado, con la que espera llevar justicia a las víctimas de uno de los mayores horrores del siglo XX.


Los acusados son el ideólogo y Hermano número dos, Nuon Chea (de 85 años), el ex ministro de Exteriores Ieng Sary (86 años) y el ex presidente Khieu Samphan (80). Los tres han negado los cargos. El Hermano número 1, Pol Pot, murió en 1998 en una zona de la jungla cercana a Tailandia sin haber sido nunca juzgado.

“El Partido Comunista de Kampuchea transformó Camboya en un inmenso campo de esclavos, y redujo una nación entera a prisioneros que vivían bajo un sistema de brutalidad difícil de creer hasta hoy”, dijo la fiscal camboyana Chea Leang en la apertura del juicio, en una sala repleta de público; entre otros, víctimas, monjes, estudiantes y antiguos funcionarios del Gobierno de los jemeres, informa France Presse.

Parte de la vista ha sido emitida en directo en televisión. Casi 4.000 víctimas participan en el proceso legal. En el banquillo, no está, sin embargo, Ieng Thirith, esposa de Ieng Sary y ex ministra de Asuntos Sociales, ya que la semana pasada fue declarada incapaz de seguir el juicio porque sufre Alzhéimer. Los fiscales han recurrido la decisión.

El régimen de Pol Pot intentó transformar el país en una utopía agraria comunista, para lo cual vació ciudades y envió a sus habitantes a trabajar en comunas en el campo; abolió el dinero, la propiedad privada y la religión, y eliminó a cualquier sospechoso de ser intelectual o tener educación. El caos social y económico que siguieron no hizo más que alimentar la paranoia de los dirigentes, que intensificaron la caza de cualquiera sospechoso de traición y sumieron el país aún más en el desorden.


“El Partido Comunista de Kampuchea transformó Camboya en un inmenso campo de esclavos",
dijo la fiscal

Los fiscales afirman que los acusados concibieron uno de los peores horrores de la historia moderna, con el asesinato y la esclavización de millones de personas en su creación de una “pesadilla viviente”. Chea Leang citó la “crueldad” de las evacuaciones forzadas, y las “condiciones insoportables” en los campos de trabajo y a las que se vieron sometidas las víctimas de matrimonios forzados, a las que se obligaba a mantener relaciones sexuales con la pareja designada o de lo contrario se arriesgaban a ser asesinadas. “No pueden alegar de forma creíble que no sabían y no tenían control sobre los crímenes que se produjeron”, dijo el fiscal Adrew Cayley.

El ex presidente Khieu Samphan ha declarado este miércoles que las acusaciones son “cuentos de hadas” porque la mayoría de los camboyanos apoyaban al régimen, y ha acusado a los fiscales de querer servir su “cabeza en bandeja”. Khieu Samphan ha afirmado que actuó para defender a su país, después del golpe de estado de 1970, que instaló un Gobierno próximo a Estados Unidos, dirigido por Lon Nol. También ha dicho que él no tenía autoridad real en aquel tiempo y que los fiscales están utilizando para implicarle en las atrocidades viejos periódicos y libros.


El régimen de Pol Pot intentó transformar el país en una utopía agraria comunista, para lo cual vació ciudades y envió a sus habitantes a trabajar en comunas en el campo

Ieng Sary, que el mes pasado aseguró que no pensaba testificar, ha tomado también la palabra y ha mostrado su desacuerdo con la decisión del tribunal de que el perdón real que le fue concedido en 1996 no impide que sea juzgado.

El martes, Nuon Chea, negó igualmente todas las acusaciones y argumentó que la revolución de los jemeres rojos estaba destinada a salvar a Camboya del colonialismo y protegerla de la invasión por parte de Vietnam. “Queríamos librar a Camboya de convertirse en siervo de otros países, queríamos construir una sociedad limpia e independiente, sin asesinatos de la gente ni genocidios (…) Mi papel en la revolución fue servir a los intereses de la nación y el pueblo”, afirmó.

El juicio, el más importante sobre los jemeres rojos realizado hasta ahora, es visto como un paso imprescindible para curar las heridas de un país aún traumatizado por lo ocurrido. Temeroso de que no todos los acusados -que son octogenarios y padecen diversas enfermedades- vivan para escuchar los veredictos, el tribunal ha dividido el caso en una serie de juicios más pequeños, aunque durante la apertura de la vista los fiscales y abogados pueden tratar todas las acusaciones. El proceso se prevé que sea largo. Tras las declaraciones de la acusación y la defensa, los testimonios reales comenzarán el 5 de diciembre.

El juicio sigue a la condena en julio de 2010 de Kaing Gue Eav, director de Tuol Sleng -el principal centro de detención y tortura de los jemeres rojos-, a 35 años de prisión por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, aunque la pena ha sido reducida a 19 años por el tiempo pasado en prisión y otros factores técnicos. Kaing Gue Eav –alias Duch- ha recurrido la sentencia. Su caso es considerado más sencillo que el de los tres altos líderes, ya que Duch confesó y estaba claramente implicado por los detallados archivos de la cárcel.


El expresidente Khieu Samphan dice que actuó para defender a su país después del golpe
de estado de 1970

Miles de personas fueron encarceladas en Tuol Sleng -también conocida como S-21- y forzadas a confesar que eran enemigos de la revolución, traidores o espías al servicio de Estados Unidos. Las torturas utilizadas incluyeron, entre otros, descargas eléctricas, arrancar las uñas con tenazas y violaciones. Alrededor de 16.000 presos fueron torturados en esta antigua escuela antes de ser enviados a los llamados campos de la muerte en las afueras de la ciudad, donde fueron ejecutados.

El tribunal encargado de juzgar a los líderes de los jemeres ha estado rodeado de polémica. Desde su creación en 2005, ha gastado cerca de 150 millones de dólares (110 millones de euros), y ha sido acusado de retrasos, mala conducta, apatía y aceptar interferencias políticas.

El primer ministro de Camboya, Hun Sen, ha declarado públicamente que está en contra de que se persiga a más sospechosos porque esto podría desestabilizar el país. Hun Sen fue soldado con los jemeres rojos, aunque, según afirma, desertó para unirse a las tropas de Vietnam, que pusieron fin al régimen. Algunos de sus aliados políticos también formaron parte de los jemeres rojos.

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