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lunes, 31 de octubre de 2011

Tabasco: cuatro grandes inundaciones

Iván Restrepo


Cuando la temporada de lluvias no tiene visos de concluir, cabe preguntar sobre el destino de los recursos oficiales designados a proteger a la población y la infraestructura pública y privada de las inundaciones. En las entidades donde las lluvias dejan cada año miles de damnificados y cuantiosos daños, siempre se cuestiona la forma de utilizar tales recursos, con denuncias ciudadanas por corrupción y mal manejo. De paso, se desvelan las pugnas interinstitucionales por el uso político de las ayudas o la ejecución de las obras programadas para evitar que el agua arrase con todo. Un ejemplo lo tenemos en Tabasco, entidad que acumula cuatro grandes inundaciones en los últimos 15 años.

Hace cinco meses, cuando cayeron las primeras lluvias de esta temporada, se denunció que las obras para evitar nuevas tragedias estaban sin concluir, lo que ponía en riesgo la suerte de miles de familias. Por ejemplo, el canal trazado para desviar el caudal que no logren conducir los ríos de las partes altas de la entidad y que van a dar a la cuenca del Grijalva. Igualmente los bordos de protección correspondientes. No está de más recordar que por la planicie de Tabasco cruza la cuenca más caudalosa de México (la del Grijalva-Usumacinta), además de otros tres ríos no menos importantes: el Carrizal, el San Pedro y el Samaria. Sus habitantes se preguntaban entonces sobre los avances logrados por el Programa Integral Hídrico Tabasco, instaurado por el gobierno federal con el fin de evitar otra tragedia como la de 2007, la tercera de grandes dimensiones en la historia reciente. Al programa, que concluye con el sexenio de Calderón, se le asignaron casi 10 mil millones de pesos, pero las autoridades locales sostienen que hay poca trasparencia en el manejo de los recursos y en el cumplimiento de las metas trazadas. Culpan de ello a la Comisión Nacional del Agua (Conagua), responsable de llevar a buen término el programa citado y la cual sostuvo hace cinco meses que, aunque “hay problemas por resolver, todo estará concluido en forma y tiempo”.

Antiguos son los enfrentamientos institucionales por el dinero y la ejecución de obras en Tabasco. Sólo por lo que toca a los gobiernos panistas, hubo otro programa, el Integral contra Inundaciones (PICI), con más de 2 mil millones e iniciado en 2002 por la Conagua y el gobierno estatal, entonces presidio por Manuel Andrade. Pero quien remplazó a éste, Andrés Granier, sostiene que el PICI “fue de papel… si se hubiese aplicado, el daño habría sido menor”, en referencia a la grave inundación de 2007. Agrega que “hasta donde sabe, no se concluyeron las obras por incumplimiento de contratistas y no hay la certeza de que los recursos hayan sido usados para infraestructura hidráulica”.
“Todo terminó en un concierto de obras fantasmas o de maquillajes”, apunta un colaborador del actual mandatario. Pero José Luis Luege, director de la Conagua, afirma que “sí se trabajó, pero buena parte de los bordos de protección fallaron y algunos otros se vieron rebasados”.

En esta danza de declaraciones no aparecen claras las cuentas de otros recursos, en efectivo y en especie, transferidos por Petróleos Mexicanos al gobierno tabasqueño para infraestructura social y, en especial, para obras contra inundaciones. Tabasco es la entidad que mayores recursos ha recibido de la paraestatal para obras de infraestructura.

Mientras los funcionarios prometen toda la ayuda necesaria y anuncian nuevos programas “integrales” para prevenir futuras inundaciones, una foto le da la vuelta al mundo como expresión de los daños que sufren ahora 300 mil tabasqueños: una colosal cabeza olmeca del Parque Museo La Venta, que fundó el poeta Carlos Pellicer, rodeada de costales de arena para protegerla. En lo que no reparan esos funcionarios es en la necesidad de establecer un modelo de manejo racional del agua en el sureste y el país. Urgente en Tabasco, pues lo que ahora ocurre allí es fruto, entre otras cosas, de la destrucción de más de un millón de hectáreas de selvas, del manejo erróneo de las cuencas hidrográficas (deforestadas en extremo), de la corrupción y los abusos cometidos contra la naturaleza en aras de un falso progreso.

martes, 25 de octubre de 2011

Suman 294 mil los damnificados por lluvias en Tabasco

ARMANDO GUZMÁN

VILLAHERMOSA, Tab. (apro).- Mientras Margarita Zavala cargaba niños, se tomaba fotos y dialogaba con afectados, el gobernador Andrés Granier reiteró que los apoyos del gobierno de Felipe Calderón han sido insuficientes para atender a los damnificados que, según el último reporte de Protección Civil, aumentaron a más de 294 mil en 16 de los 17 municipios del estado.

Acompañada por el gobernador Granier Melo, la esposa del presidente Calderón visitó por la mañana tres albergues en Villa Ignacio Allende del municipio de Comalcalco, donde dialogó con los damnificados y anunció la entrega de tres mil despensas en esa localidad.

"No están solos, les vamos ayudar a salir adelante. El gobierno federal, el Ejército, la Marina y el gobernador Andrés Granier están trabajando arduamente para que ustedes reciban atención", manifestó.

Zavala destacó que lo más lo más importante es garantizar la comida para la población. "Sea de donde sea, ellos tienen hambre y por eso están pidiendo despensa y les va a llegar", ofreció Margarita Zavala ante los reclamos al gobernador por falta de apoyos.

Granier Melo replicó que los recursos enviados por el gobierno federal han sido insuficientes para atender las necesidades de los afectados; y dio su palabra de que su gobierno no escatimará fondos para apoyarlos.

"Yo no estoy escatimando, primero está que nuestro pueblo coma, y lo que se necesite, sea de donde sea, tenemos que darle de comer a este pueblo", dijo.

El gobernador tabasqueño añadió que la federación reconoce hasta el momento a 170 mil damnificados, sin embargo, por la tarde, la dirección de Protección Civil del estado reportó que la cifra de damnificados subió a 294 mil 370 personas, en 16 de 17 municipios; y que se han abierto 237 albergues para refugiar a 9 mil 16 afectados.

La Secretaría de Educación informó que 33 mil alumnos no asisten a clases por planteles inundados; y que unos 14 mil niños y jóvenes reciben el programa "la escuela en tu albergue", como funcionó en las cuatro anegaciones anteriores.

En el municipio de Centro, cabecera de Villahermosa, Protección Civil reportó 23 mil 215 personas afectadas de 78 comunidades.

La zona más afectada sigue siendo la Región de los Ríos donde se ubican los municipios de Tenosique, Balancán, Emiliano Zapata, Jonuta y Centla, así como Macuspana, en la Región de La Sierra, inundados por desbordamiento de los ríos Usumacinta y Puxcatán.

Aunque los ríos Usumacinta, Grijalva y Samaria permanecen arriba de sus escalas críticas, el Carrizal, Pichucalco, Teapa, Puyacantego, Tacotalpa, Tulijá, Puxcatán y la Sierra bajaron sus niveles por ausencia de lluvias en los últimos cuatro días, reportó la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

La dependencia estimó que las condiciones sin lluvias podrían persistir hasta el jueves.

Por su lado, la Secretaría de Salud mantiene operativo permanente con brigadas y caravanas médicas tanto en albergues como entre la población que permanece en las zonas afectadas.

Personal de salud ofrece consultas, realiza vigilancia epidemiológica y sanitaria, efectúa acciones para el control de vectores y de promoción de la salud.

Brigadistas distribuyen tabletas de cloro, plata coloidal, suero oral, antimicótico; además de las nebulizaciones para combatir el dengue y toma muestras para descartar la presencia de enfermedades como el cólera, que hasta el momento no se han presentado.

Las principales causas de consulta han sido las enfermedades comunes de la temporada como las infecciones respiratorias agudas, dermatomicosis y síndrome febril.

Proceso
25/10/2011

lunes, 27 de septiembre de 2010

El ciclo tragedia, justificaciones, promesas

Iván Restrepo

Que se recuerde, es la ocasión en que las lluvias y los huracanes dejan de un golpe tantos damnificados en Veracruz, Tabasco, Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. Más de 600 mil. Agréguense los daños en ciudades, cosechas, negocios, vías de comunicación y obra pública en general. Del huracán Álex hemos escrito ya en detalle. Toca ahora referirnos a Karl, de categoría 3, que azotó especialmente a Veracruz y Tabasco la semana en que el gobierno federal gastaba millones de pesos en pirotecnia y fiestas que pronto se olvidaron. Karl dejó en esas dos entidades cerca de 500 mil damnificados y daños que todavía no se cuantifican en su totalidad. En Veracruz, llovió sobre mojado porque semanas antes sus dos grandes ríos, el Coatzacoalcos y el Papaloapan, inundaron extensas áreas ribereñas dejando decenas de miles de familias damnificadas y sembradíos perdidos. Karl agravó las cosas.

Ahora que se hace el recuento de daños y las autoridades prometen remediar la situación, nos damos cuenta que la dimensión de esta nueva tragedia pudo ser muchísimo menor si el cuidado del medio ambiente, de los recursos naturales, fuera tarea efectiva de las autoridades y la ciudadanía. En el caso de Veracruz y Tabasco, hay que señalar que cuentan con el mayor número de ríos del país, algunos muy caudalosos, como el Grijalva, el San Pedro, el Coatzacoalcos y el Papaloapan. Por Veracruz corren 20 ríos importantes. Pero todas sus cuencas hidrográficas están deforestadas y el cauce de los ríos azolvados por la erosión de las partes altas debido a la falta de cubierta vegetal. Por eso cuando llueve los ríos de esas dos entidades, y también de otras partes del país, se salen de su cauce e inundan y arrasan las áreas ribereñas.

A esa falta de cuidado de las cuencas hidrográficas se agrega la enorme deforestación registrada en Veracruz y Tabasco, especialmente los últimos 60 años. El primero perdió ya la mitad de su cubierta forestal en aras de una ganadería extensiva antieconómica y una agricultura para nada eficiente. El segundo, un millón de hectáreas por igual motivo. No hay territorio en el mundo que pueda escapar a un cambio tan salvaje y radical en su medio ambiente sin pagar por ello. El agua se encarga de pasar la cuenta cada que llueve intenso con miles de familias que ven perder en pocas horas sus casas, haberes, cosechas y negocios; deslaves en las partes altas y en las carreteras, la destrucción de obra pública y privada, la pérdida de sembradíos.
No es todo. Si observamos la ubicación de los cientos de miles de damnificados dejados por Karl, y antes por Álex, la inmensa mayoría vive en asentamientos humanos construidos en las márgenes de los ríos o aguas debajo de las presas, en áreas frágiles y peligrosas de las poblaciones o en las zonas inundables de la franja costera. Como no existe desde hace décadas una política pública de desarrollo urbano, las ciudades y poblados crecen sin control, anárquicamente, y donde menos se debe. Por intereses electorales, por falta de combate efectivo a la pobreza, por corrupción de funcionarios, líderes y políticos, las autoridades permiten que las familias de menos recursos se instalen en sitios que no reúnen las condiciones mínimas de seguridad.

De igual forma, buena parte de la obra pública está mal hecha, es negocio de funcionarios, sus familiares y amigos, y por eso mismo cuando llueve se viene abajo. Lo mismo escuelas, centros de salud, que carreteras, puentes, sistemas de agua potable.

Diversas dependencias relacionadas con el manejo adecuado de los recursos naturales y responsables de prevenir los desastres, cuentan con muchísimos estudios donde los especialistas del sector público y los centros de investigación advierten sobre los peligros que corre el país, su población, por no contar con una política de manejo sustentable de las cuencas hidrográficas, las áreas costeras y el desarrollo urbano. De la urgencia de modernizar los sistemas de prevención de desastres. Pero ignoran esos estudios. Luego vienen las tragedias, y en seguida las justificaciones y promesas de los funcionarios diciendo que no se repetirán, que ahora sí se tomarán medidas adecuadas para evitarlas. Hasta la próxima tragedia.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Desastres del tamaño de la desidia oficial

Iván Restrepo

Esta vez, los damnificados por las lluvias y el viento en Veracruz y Tabasco no recibieron la visita del licenciado Calderón. Es que estaba inaugurando estadios, agasajando a quienes manejan el negocio del futbol a escala mundial y recibiendo malas noticias de los organismos internacionales y de los expertos sobre la marcha de la economía, la pobreza y la corrupción en México. En cambio, se ocupó de ellos, y mal, una panista consentida: Laura Gurza, quien en la Secretaría de Gobernación tiene a su cargo los asuntos relacionados con la protección civil y el apoyo a damnificados. Lo hizo de la mano del titular de Desarrollo Social, pero para cuestionar el número de víctimas anunciadas por los gobernadores de esas entidades. Que no son 200 mil en Tabasco, apenas 40 mil, dijo la funcionaria; que los municipios afectados son dos en cada estado, agregó. Que urge comida, clama el gobernador Granier. Ya dimos, responde Cordero en gira por Tabasco. El martes pasado eran 12 los municipios veracruzanos declarados en desastre. Y por lo menos cuatro en Tabasco. Y es que según el número de víctimas es el tamaño del apoyo público que recibirán. Bueno es recordar que en Veracruz y Tabasco el Revolucionario Institucional espera refrendar su hegemonía en los próximos comicios estatales.
Mientras en las alturas cuadran las cifras que más convengan políticamente, miles de familias de municipios tan importantes como Las Choapas y Agua Dulce, Huimanguillo y Cárdenas, Acayucan, Cunduacán, Comalcalco y Paraíso, Nanchital, Uxpanapa, Zaragoza y el corredor agroindustrial de Coatzacoalcos-Minatitlán-Cosoleacaque sufren desde principios de mes por la inundación de sus casas, la pérdida de sus bienes, de su trabajo, cosechas y animales, y por la afectación de las vías de comunicación y otras obras públicas. Así lo confirman los reporteros de los principales diarios y de los noticiarios de la televisión. Nuevamente las imágenes llevan a recordar tragedias anteriores y las promesas de los funcionarios de que se tomarían oportunamente las medidas más adecuadas para evitar que el agua cause otra vez destrozos por doquier.
Ahora de nueva cuenta la intensidad del viento puso al descubierto la desidia oficial. En Tabasco, por lo menos cinco kilómetros del litoral resultaron seriamente afectados por la fuerza de las olas marinas que arrasaron la arena para después dañar casas y obra pública y privada. Al desaparecer la arena de las playas quedaron al descubierto hasta los ductos de Petróleos Mexicanos. Los lugareños informan que el mar avanza tierra adentro. Es algo que también se observa en otras áreas del Golfo y el Caribe mexicanos, en la península de Yucatán. El caso más publicitado es el de Cancún y la Riviera Maya, en Quintana Roo, por ser el polo de atracción turístico internacional más importante del país. Hoteles y fraccionamientos situados cerca del mar se quedan sin playas y en su afán de conservarlas y evitar el embate del oleaje construyen, sin autorización oficial, entre otras obras, espigones, que no hacen sino agravar la erosión de las áreas vecinas. De todas formas el mar avanza incontenible tierra adentro.
En tanto se anuncia que proseguirá el relleno de las playas perdidas en la zona hotelera de Cancún y Playa del Carmen, proyecto muy cuestionado que costará mil millones de pesos, la parte de playa recuperada a principios de este mes ya se la llevó el agua. No porque estuviera mal hecho el trabajo, dicen los expertos de la Comisión Federal de Electricidad, sino por el oleaje producido por el reciente huracán, y eso que pasó muy lejos de Cancún. Ahora vendrá el viento y el oleaje de los “frentes fríos” que azotarán la región. Por otra parte, ni el Poder Legislativo ni el Ejecutivo ni las instancias oficiales locales acuerdan medidas para evitar que se siga construyendo virtualmente al pie del mar. Ignoran así las advertencias de los expertos mexicanos y del resto del mundo de que el cambio climático, la erosión, afectarán severamente la franja litoral del país. Y que resulta mejor, económica y socialmente, prevenir los desastres “naturales” que remediarlos.
En el discurso de los funcionarios es prioritario luchar contra el cambio climático. La realidad muestra lo contrario.