lunes, 8 de noviembre de 2021

Medio siglo de promesas incumplidas

 

E

l reclamo de Antonio Guterres, secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), al primer ministro británico, Boris ­Johnson, al inicio de la Cumbre del Clima en Glasgow, ocupó los titulares de los medios del mundo: No podemos seguir tratando a la naturaleza como si fuera un retrete. Palabras más, palabras menos, eso fue lo que dijeron hace ya casi medio siglo los delegados a la primera cumbre sobre el medio ambiente celebrada en junio de 1972 en Estocolmo, Suecia. La presidió con enorme destreza el inolvidable Maurice Strong. En esa ciudad, los delegados de decenas de países, unas cuantas organizaciones no gubernamentales defensoras de la flora, la fauna y la justicia social, alertaron que era urgente cambiar el rumbo del planeta y cuidar bosques y selvas, el agua, la biodiversidad, y buscando siempre acabar con la pobreza. Que era posible lograr el desarrollo sin destruir la ­naturaleza.

Ha pasado casi medio siglo de esa primera cumbre, gracias a la cual muchos países, como México, pusieron mayor interés en los temas ambientales. Además se fundaron las primeras organizaciones ecológicas mientras el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología creaba varios centros de investigacion dedicados al tema. Recuerdo tres: el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos, dirigido por Arturo Gómez Pompa; el de Ecología, por Gonzalo Halfter; el de Ecodesarrollo, que me tocó echar a caminar, y el de Investigaciones Biológicas del Sureste, en San Cristóbal, Chiapas.

Veinte años después, habría la multitudinaria de Río de Janeiro: la de la tierra, en la que por primera vez apareció como tema prioritario la generación de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. Aquí las organizaciones no gubernamentales fueron numerosas y exigieron nuevamente cambiar el modelo de desarrollo, pues el vigente era depredador de la naturaleza y origen de pobreza, especialmente en las comunidades agrarias. Además de enfermedades fruto de la contaminación del aire por monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre y partículas diversas. Y ello, debido al uso de los hidrocarburos, el carbón y las actividades industriales y agrícolas. Mientras había una acelerada deforestación de selvas y bosques que absorben contaminantes, generan humedad y regulan las temperaturas.

En 1994 comenzaron los países a negociar los términos en que debían ayudar a reducir la generación de esos gases. Y uno de los frutos fue el Protocolo de Kyoto, en 1997, donde se fijaron límites de emisiones para los países más industrializados. A partir de ahí, cada año hay cumbres para ver el estado del problema y los avances de lo acordado. En la décima hasta se ofrecieron 100 mil millones de dólares por parte del mundo industrializado para que los países en desarrollo enfrentaran lo mejor posible los efectos del cambio climático. Treinta mil de ellos, en un fondo verde para reforestación. No aparecen por lado alguno.

En 2015, y ante el avance del calentamiento global, se celebró la muy comentada Cumbre de París, en la cual los compromisos en torno a la generación de gases de efecto invernadero fueron más precisos y unánimes: limitar el aumento de la temperatura en 2050 a 1.5 grados tomando como base la era preindustrial. Y con metas por cada país.

Todo indica que lo prometido no se ha cumplido y los datos de los organismos internacionales señalan que la temperatura global aumenta más rápido de lo previsto, igual los gases de efecto invernadero. Cinco países son responsables de generar 60 por ciento de esos contaminantes: China 30 por ciento, Estados Unidos 14 por ciento, India 7 por ciento, Rusia 5 por ciento y Japón 3 por ciento. México ocupa el lugar 13, con 1.2 por ciento.

Ahora se celebra la COP 26 en Glasgow. La consideran la última esperanza para detener lo inevitable: una catastrofe ambiental, económica, social y política. Afectará a todo el mundo pues ningún país está exento de padecer los efectos del calentamiento global. Ya los sufrimos y son cada vez extremos: mayor número de huracanes, deshielos agresivos, sequías, incendios devastadores fuera de temporada. Todo ello consecuencia de la incesante actividad humana.

Tres datos que ilustran lo anterior. Cada año, el aumento de la temperatura desplaza a 2 millones de personas hacia otros territorios, mata a mil 600 por incendios forestales y ocasiona pérdidas por 49 mil millones de dólares. Glasgow, la última esperanza de detener la catástrofe. Pero todo indica que caminamos hacia ella. Ojalá me equivoque.

Poder y querer


E

l poder es una quimera demasiado real para resistírsele. Tangible, eficaz, estimulante. Alejo vive atrapado en la disyuntiva de entregarse de lleno a su juego, como de por sí hace, o dejarlo por otra cosa, probablemente mejor, pero probablemente no. Nada es mejor que el poder, eso lo sabe cualquiera que lo haya ejercido. En una escuela, un barrio, una oficina, un banco, un gobierno, un campo tomatero, un grupo armado, una iglesia, una fábrica, frente a un botón rojo. No sólo por el gusto gallinero de cagarse en los de abajo, sino porque uno se siente agraciado, talentoso, astuto, temido, adulado, necesario, convenientemente odiado, famoso, contento con lo logrado pero con apetito por más. Un apetito insaciable, Alejo sabe.

Es relativamente joven y están por darle una dirección general. Hasta ahora asesoraba con buen sueldo a un jefe muy alto, le contaba chistes, le recomendaba películas, le surtía citas clásicas, le resumía lecturas, lo ponía al tanto de las redes, le investigaba buenos restaurantes discretos. Redactaba discursos para ese u otros jefes, no necesariamente suyos. Dada la naturaleza de su trabajo, se codea con intelectuales, conoce escritores, periodistas, actores, actrices, políticos. Cultiva el bajo perfil, pero no quisiera quedarse allí para siempre. Le encanta ser reconocido por alguien importante.

La oferta que le hacen es irresistible. Posee la capacidad para aportar mucho desde ese puesto. Se sabe preparado para tomar decisiones, incluso influir en el curso general de las cosas. Alejo exuda seguridad en sí mismo, desconoce la envidia (recurso de mediocres) aunque competitivo sí es. Despiadado, mas con espíritu deportivo; sabe perder, aunque odia que le suceda. Hábil y flexible, evita que le pase, arría banderas cuando es lo recomendable y espera. No mucho. El exceso de paciencia es mal visto, tampoco eres pendejo de nadie.

La disyuntiva es radical, casi tremenda. Puede rechazar el cargo, lo que parecería ofensivo, o mostraría miedo, pequeñez, y eso no ayuda para ocasiones futuras. Conservaría la cómoda posición que ocupa, su libertad, aunque de seguir así pronto dejará de servirles y servirle. Amigas atractivas no le faltan y se la pasa cambiando de novia. Es la fecha que no se las toma en serio. Hace poco anduvo con una chica superior jerárquicamente, y aunque terminaron mal, a él le subió los bonos. Conquistar siempre significa poder. Pero también aburre. Prefiere aplicar su constancia en otras materias.

Claro que contempla una opción más. Bajarse del carro, abandonar esa ruta y meterse por caminos secundarios y veredas de extravío. Ahorros tiene, y hay mucho de Europa que no conoce. Si bota todo y se esfuma, ¿cuántos irán a extrañarlo? ¿Le importará que lo echen de menos mientras se baña en las islas griegas o bebe vino en la Toscana perfeccionando su italiano?

Qué burgués todo. Sucumbir al encanto del poder, sus largas y sus apoteosis, hasta el lejano retiro en cómoda residencia y prosperidad acumulada. O dejarse ir con la libertad en la mochila y la tarjeta, entregarse a los caprichos del viento confiado en la suerte.

Se dice fácil, pero el exceso de oportunidades se pone complicado y uno puede cagarla gacho. Aquí tiene todo ganado, las conexiones, la escena, el mercado, los prestigios, las credenciales, el carisma probado. Allá sería nadie, un turista cualquiera, cuando más el mexicano (hay lugares donde eso cae en gracia, como Japón, India o Tailandia, y a veces Alemania). Depositaría su futuro en inversiones a plazo. A lo mejor un día escribe unas memorias de viaje y demuestra su valía en el medio intelectual y artístico donde ahora es si acaso un actor de reparto.

Alejo se considera progresista y alivianado. Viene de la izquierda decente, su espíritu es democrático, su paladar y su oído, educados. Sabe idiomas, o al menos los lee. Le enorgullece su pasado universitario. Por todo esto, asume estar preparado para servir en una responsabilidad seria. Ha evitado la corrupción, salvo en detalles de poca monta, de los que nadie pela. Quien esté libre de culpa que arroje la primera piedra. Además, en su experiencia colateral observó que manejarse bien en el pantano y no mancharse también favorece su carrera. En el poder esas cosas se entienden por no ser pendejo.

¿Invertir en un negocito? ¿Un restaurante o bar en algún pueblo mágico, sibarita y bohemio, como le encanta, rodeado de amigos? Es demasiado impaciente, quizá no aguantaría esa clase de tranquilidad. Añádase que el poder es celoso, si lo dejas, no te facilita el regreso, ya no confiarán igual los de arriba, tu lealtad tiene agujeros.

Alejo debe decidir ya. No sabe si echar un volado o ir a que le hagan su carta astral o le lean el Tarot. A lo mejor ya decidió pero finge no saberlo, y pasará lo que tenga que pasar.

domingo, 7 de noviembre de 2021

José Ramón Enríquez, El Águila que carcome la “unidad” en Morena-Durango, quiere ser gobernador

 


Juan Monrreal López

Noviembre 7 de 2021

https://www.democratanortedemexico.com

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Durango, Durango. – “Ricardo Monreal Ávila (Coordinador de los senadores de Morena) y Mario Delgado (Carrillo, presidente del partido Morena), vinieron a destapar a (José Ramón) Enríquez, ¿qué no lo viste? Yo los escuché cuando le dijeron; tú eres el candidato”, expuso a Demócrata Norte de México, el pasado 23 de octubre,un alterado promotor de la candidatura del chapulín político conocido como El Águila,- senador por el PAN-PRD, ex presidente del Movimiento Ciudadano (MC) neo morenista convertido porque Delgado Carrillo, lo “regresó a sus orígenes -, mientras la algarabía del Tercer Informe Legislativo, existente en el Auditorio del Pueblo, se disipa, entre el silencio de quienes fueron acarreados y dispuestos en galería, para abultar el número de asistentes de un evento “político” con génesis narcisista; suceso siempre corto a los ojos de José Ramón Enríquez, quien concibe la política como el manotazo que agandalla, que cercena caminos de entendimiento entre las distintas fuerzas sociales, pero además, que concibe las alianzas con los que menos poder tienen, como trastos descartables en el momento que él lo decida; al menos esto revela la historia política de El Águila, quien una vez que ganó la alcaldía de Durango, se quedó sin “amigos históricos”, aquellos quienes lo apoyaron con relaciones y dinero en los peores días, como el tiempo en que el ex gobernador, dirigente de la CNC y diputado federal por el PRI, Ismael Hernández Deras, lo corrió del gabinete, echándolo de la secretaría de Salud del estado, y, hasta del del PRI.

El Tercer Informe de actividades legislativas de Enríquez Herrera, es mentiroso.

El Águila, no rindió antes testimonio de participación en la Cámara Alta; en principio, porque su suplente, el ex presidente del PAN estatal, ex militante del partido MC, Juan Quiñones, jamás realizó ponencia alguna respecto a las tareas legislativas; así lo registra la página oficial del senado, en consecuencia, no fue el Tercer Informe Legislativo, sí el primero.

Desde el principio, como en otros tiempos, cuando el PRI y el PAN eran gobierno nacional, el evento mostró esencia clasista, discriminatorio.

Los indígenas, los hombre de las comunidades campesinas, los habitantes  de las colonias marginales, fueron colocados en las partes altas del llamado Auditorio del Pueblo, – contingentes siempre identificados con letreros que cargaron ciudadanos de estos grupos-, mientras en las primeras sillas, frente al estrado, estuvo la llamada clase política,-  dicho sea de paso, los mismos de siempre desde hace varias décadas, sin que lleguen a reciclados, siquiera -, o quienes se han comprometido a “meterle dinero o especie” a la campaña por la gubernatura, en tanto,  El Águila aparece como showman por una de las puertas del recinto acompañado por su principal gurú motivacional, Víctor de María, uno de los beneficiarios que recibió millones de pesos del régimen de la alcaldía de José Ramón Enríquez, quien lo acompaña como guardaespaldas sobándole el envés, el hombro, el brazo.

José Ramón Enríquez, se ve exultado.

Levanta el brazo, saludando hacia todos lados, ha tenido una semana de fotos con el dirigente nacional de Morena Mario Delgado Carrillo, – el del tremendo microblading de cejas-, con Ricardo Monreal Ávila, el que no está de acuerdo con las encuestas para nombrar candidatos en Morena, pero con gusto aceptará este mecanismo si uno de sus afines es favorecido con este método.

En ese atole de acompañante del senador, destaca el yunquista, Manuel Espino Barrientos, un ultraderechista que promovió a Vicente Fox, convalidó el fraude electoral de Felipe Calderón Hinojosa e incluso, se adhirió a la campaña de Enrique Peña Nieto.

Pero a El águila, no le importa; sueña con sumar a Manuel Espino Barrientos a su campaña, con una sarta de personajes,- enemigos del pueblo-, provenientes de todos los partidos políticos, hoy mezclados en Morena.

La crónica legislativa, bautizado como “Durango Merece Más”, es el más desmesurado que se haya montado para reportar las acciones parlamentarias en la historia de Durango.

Fantaseando, desmedido, aunque a los ojos de Enríquez Herrera, resulte pequeño, el alcance político de “este suceso fue descortés”, demostración del socavamiento de las pocas tiras de unidad interna que existen en Morena, dicen miembros de las Comisiones estatales de Morena a Demócrata Norte de México.

El Águila, no trata de unir, intenta aplastar con el agandalle, con los manotazos sobre la mesa, como lo ha venido haciendo en todos los puntos del estado.

En este marco se inscriben la instalación de los Centros de Salud, – seguramente sólo por esta etapa electoral-, que abrió en Durango, Gómez Palacio, Lerdo y Vicente Guerrero; por cierto, también levantados sobre mentiras del senador; una de éstas; cuando se empezaron a cobrar los servicios, los medicamentos; él había anunciado atenciones y medicinas gratuitas.

También, la soberbia de instalar en casi todos los municipios de Durango, espectaculares comprados para montar su imagen, como los situados en La Laguna, específicamente sobre el Bulevar Ejército Mexicano, donde incluso desmontó, propaganda oficial del gobierno del estado, de la presidencia municipal, de Gómez Palacio y Lerdo, Durango e incluso del propio yunquista, Manuel Espino Barrientos.

Los “invitados”, llegaron temprano; en tanto Enríquez Herrera, se regodeaba con los senadores afines a Ricardo Monreal Ávila, como el senador por Coahuila, miembro de Morena, Armando Guadiana Tijerina, uno de explotadores de las minas de carbón en la cuenca carbonífera de Coahuila, donde los trabajadores excavan en condiciones de mínima seguridad con todo y los estallidos y derrumbes de los socavones.

La senadora por Durango, Margarita Valdez, una “monrealista” hasta el tuétano, quien le ha tomado sabor al poder, extrayéndole todos los beneficios posibles, algo que antes criticó.

Por el pasillo de seguridad que controla su ex director de Protección Civil, El Águila, sonríe, abraza a las activistas que promueven su imagen. Se ve orondo. Seguro que tendrá la candidatura al gobierno de Durango.

Como si fuera gobernador, rodeado de un cuerpo grande de guardaespaldas, se toma selfies a diestra y siniestra, ya lleva 40 minutos saludando a quien se deje.

El maestro de ceremonias presenta a una retahíla de senadores, luego descubre que solo los diputados locales plurinominales de la ciudad de Durango, – liderados por la corrupta ex panista, diputada plurinominal de Morena, Sandra Amaya-, acompañan a El Águila.

Los diputados de La Laguna, electos por los votos ciudadanos no se encuentran, son afines a la alcaldesa de Gómez Palacio, Marina Vitela Rodríguez.

Ya frente al atrio, el congresista, mal orador, suelta un discurso de retazos, en el que cabe de todo. Incluso, interrumpe su propia línea de peroratas para reconocer que él fue rescatado del PRI-PAN-MC gracias a Mario Delgado Carrillo, “quien me trajo a mis orígenes (¿del PRI?)”, para luego afianzar el entreguismo que le guarda, – a su padrino del momento-, Ricardo Monreal Ávila, a quien le dice desde la tribuna que “amor con amor se paga”, revelando la alianza que existe entre ambos.

Y allí, arriba en la plataforma, El Águila, habla como si hoy fuera constructor, gestor de obra pública, cuando nunca lo hizo como alcalde.

En la incongruencia total, dice que ha participado en muchas luchas progresistas, las que se desconocen cuáles sean.

Si se sabe que fue impulsor de la candidatura del corruptazo ex gobernador, el priista, Ismael Alfredo Hernández Deras, quien terminó echándolo del gabinete cuando le exigió día tras día que lo hiciera tesorero del estado.

También se conoce que se fue al PRD, luego al MC, aliado del PAN, hasta que los del blaquiazul junto a Rosas Aispuro, no cedieron a sus chantajes de hacerlo otra vez candidato a la alcaldía de Durango, donde dejó sin soporte más de 400 millones de pesos que avalen su uso.

De la misma forma, son públicas las acres críticas hacia Andrés Manuel López Obrador, mientras ensalzaba y paseaba a Rafael Moreno Valle, como precandidato a la presidencia de la República por el PAN, al igual que lo hizo con Ricardo Anaya Cortés, a quien placeó y apoyó con recursos públicos para que ganara la presidencia de la República en contra de AMLO.

Ni que decir del apoyo incondicional que proporcionó, – por ese momento-, a la campaña del gobernador infecto del PAN-PRD José Rosas Aispuro Torres, con quien, desde Morena, mantiene una guerra subrepticia en la que pretende evitar ser citado a la Fiscalía Anticorrupción de Durango, donde están las 3 denuncias por el faltante de 452 millones de pesos que dejó en la presidencia municipal, y, en aumento.

Por eso, ahora agradece a sus “padrinos”, Mario Delgado Carrillo, que lo incrustó en Morena, y fue “quien me trajo a mis orígenes”, y a Ricardo Monreal Ávila, de quien recibió amor al acogerlo en el grupo parlamentario de Morena en el senado, rindiéndole culto con la frase de “amor con amor se paga”, dijo desde el templete montado en El Teatro del Pueblo.

Señala que está “en un momento de la historia donde puede cambiar la vida de las personas en Durango y en el país”, mientras todavía lo esperan los damnificados de las lluvias de septiembre de 2016, a los que les prometió ayudar, pero nunca resolvió lo mínimo necesario, al igual que su compinche del instante, el gobernador prianista, José Rosas Aispuro.

Luego, sin esfuerzo, alardeó con los avances que logró en tiempos récord para la instalación de 16 hospitales en el estado cuando fue secretario de Salud.

La realidad, fue que muchos de estos supuestos nosocomios apenas si llegaron a galerones, como el ubicado en Bermejillo, Durango.

También, en esta semana de vanaglorias de El Águila, le alcanzó en el discurso hablar de los “grandes logros” que consiguió como alcalde de la ciudad de Durango, en donde los índices de bienestar de los ciudadanos bajaron en el trienio de Enríquez Herrera.

Alardeó de haber desarrollado 3 mil 443 obras que “cambiaron la vida de los duranguenses”, trabajos que por mucho no existen en el municipio, en cambio, la denuncia del desvío o desaparición de 452 millones de pesos, siguen vigentes, tan presentes como las carencias de infraestructura productiva en el municipio.

Entonces, soltó todo desde el templete lo que no es; promotor de la unidad, conciliador, autocrítico.

Enríquez Herrera, mantiene una guerra abierta con la corrupta alcaldesa de Gómez Palacio, la ex priista, Alma Marina Vitela Rodríguez, quien brincó a Morena con las viejas prácticas del PRI, que aún mantiene.

Después, El Águila, terminó como inició; con retazos de cháchara.

Así culminó la semana de apoteosis de egolatría de José Ramón Enríquez, que, en el transcurso de la semana del 15 al 23 de octubre, tapizó el estado comprando cientos de anuncios espectaculares, donde el centro fue su figura vestida de vaquero, de médico, de traje, anunciando su informe legislativo cuyo trasfondo fue promoverse en el estado como la opción más viable para ser el candidato a gobernador por el partido Morena en el año 2022.

En este lapso, El Águila, socavó, los pocos hilos de unidad que existen en el deshilacho de vida orgánica con el que cuenta el partido Morena-Durango, usando las reuniones de los llamados comités de defensa de la 4T, citando a los medios de difusión para que le tomaran las fotos, videos y escucharan sus incongruencias políticas apadrinado por Ricardo Monreal Ávila.

En este tiempo, utilizó a Ricardo Monreal Ávila, para que, como presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, invitara al gobernador prianista, José Rosas Aispuro, para tomarse la foto en una sola mesa e incluso, para que enviara a un representante al evento de El Águila, encomienda que recayó en uno de los precandidatos panistas a la gubernatura, Héctor Flores Dávalos, actual secretario de Gobierno.

Se sabe que, Rosas Aispuro y José Ramón Enríquez, guardan un fuerte encono, pero El Águila, pidió a Monreal Ávila que invitara al gobernador como presidente de la JUCOPO del Senado, lo que Enríquez Herrera manejó como un acto de poder particular.

Terminado el discurso de El Águila, que carcome los hilachos de unidad de Morena-Durango, bajó sonriendo, sudoroso, sudado, tras llevar más de 2 horas en el evento que organizó en El Auditorio del Pueblo, suceso donde el objetivo es él.

Luego, fuerza a Mario Delgado, a subir al estrado. El presidente de Morena, habla de que “lo importante es la unidad”, algo inexistente en esta mezcla de tufos y prácticas de política comandadas por ex priistas, ex perredistas, ex panistas, ex MC de todo, menos quienes iniciaron la construcción de Morena en Durango.

Para cerrar el evento, Ricardo Monreal Ávila, prácticamente destapa a José Ramón Enríquez, afirmando que El águila está lista “para engrandecer a Durango”, afirmando equivocadamente actitudes que no permean en la vida política de Enríquez Herrera.

Luego, Monreal Ávila, enumera una serie de actitudes necesarias en este proceso hacia nombrar candidato a gobernador.

“Tenemos que actuar con generosidad, con unidad, porque todos aquellos aspirantes a gobernar su tierra, tienen que dar muestras de humildad, de sencillez, de unidad, esa unidad que no debe ser de fachada y simulación sino tiene que ser de congruencia de hechos y realidades”; características que José Ramón Enríquez, no reúne.

Entonces cierra; “Durango, va a cambiar, Durango, se va a vestir de Morena”, nada más alejado de la realidad; con los candidatos presentes, aunque ganen, nada cambiarán en favor de los ciudadanos. Ganarán ellos, como ya lo demostró en la alcaldía El Águila Enríquez y Marina Vitela en Gómez Palacio.

Tampoco, Durango, ganará, con los otros aspirantes. Los candidatos de la probable alianza de PAN-PRI-PRD son personajes limitados.

El futuro de Durango, es oscuro con los protagonistas revelados en el proceso de sucesión gubernamental.

Con los prospectos a gobernar Durango, la pobreza se incrementará en la entidad, en cambio, florecerá una nueva casta de neo millonarios, como los formados en este sexenio de la desvergüenza que dirige José Rosas Aispuro, quien traicionó las promesas hechas a los duranguenses.

En Durango, existen niveles de pobreza que no existían hace 6 años, las carencias aumentaron, con todo y que el Güero Aispuro, endeudó al estado como nunca antes en la historia.

Por lo pronto, al otro día del evento de la vanagloria de José Ramón Enríquez, el domingo 24 de octubre, el corrupto José Rosas Aispuro, mandó un mensaje acerca de quien tiene el poder en el estado; impidió que los medios de la capital de la entidad publicaran en las primeras páginas, el informe del auto elogio del senador, presionando con los convenios de publicidad que los medios de difusión mantienen con el gobierno de Durango.

Una cosa es cierta; las desmesuras de José Ramón Enríquez, son un riesgo para Durango.

jmonrreall@yahoo.com

Twitter: @jmonrreall

Colombia: Los narcos invisibles

 


Ricardo Ravelo

Noviembre 5 de 2021

La cadena del crimen es muy larga, pero los “invisibles” ya no lo manejan todo: ahora la clave es subcontratar servicios. Cada quien hace su parte y obtienen buenas ganancias.

Después de años de violencia, en Colombia el esquema del narcotráfico dio un drástico giro. Ahora los grupos criminales son tan discretos que se les conoce como “Los Invisibles”, pues abandonaron la ostentación, los autos de lujos y las mansiones fastuosas. Ya no controlan toda la cadena de producción, sino que subcontratan servicios y sus ganancias se lavan fuera de Colombia, pues de esa forma no son detectados. Para quitarse el reflector nacional e internacional, les cedieron a los narcotraficantes mexicanos el negocio del transporte, por ello, ahora son éstos quienes se encargan de colocar los cargamentos en los grandes mercados de consumo, como Estados Unidos, Europa y Asia. Así, los narcos colombianos modificaron su esquema de operación. Ya no son como antes, pero siguen siendo tan eficaces en el negocio del tráfico de drogas como los viejos cárteles de Cali y Medellín. Detrás de ellos están los cárteles mexicanos, tan violentos como impunes: en el gobierno de la Cuarta Transformación no hay guerra contra el crimen, como en otros sexenios: ahora impera la política de la inacción. Ante las masacres y desapariciones, los soldados mexicanos no disparan ni al aire. Eso sí, la Guardia Nacional sí tiene permiso para matar a migrantes porque de lo que se trata es de salvaguardar los intereses de Estados Unidos a cualquier costo.

Después de que Colombia se significó por ser un país altamente exportador de drogas, dominado por el poder de dos cárteles emblemáticos –Medellín y Cali –el narcotráfico colombiano dio un giro drástico en los últimos años: ahora el tráfico de drogas en el país sudamericano es operado por pequeños grupos criminales cuyas actividades y ganancias pasan desapercibidas para las autoridades.  Sin embargo, el negocio es tan boyante como en el pasado.

La destrucción de los cárteles de Medellín y Cali, que ocurrió tras la muerte de Pablo Escobar en 1993 y la captura y extradición a Estados Unidos de los hermanos Rodríguez Orehuela, en 1995, respectivamente, devino en el surgimiento de cientos de organizaciones criminales pequeñas cuyos cabecillas ya no son ostentosos: ahora se presentan como empresarios y ganaderos exitosos; tampoco generan violencia y una forma de mantenerse en el anonimato fue haberles pasado la estafeta de la distribución y el transporte de enervantes a los capos y cárteles mexicanos, quienes se encargan de colocar los cargamentos de drogas en los grandes mercados de consumo, como Estados Unidos y Europa, por citar sólo dos de los más importantes.

Según los informes de la Policía Nacional de Colombia y la Drug Enforcement Adminitration (DEA) estos nuevos grupos dedicados al narcotráfico son tan discretos que son llamados “Los Invisibles”, pues no hacen gala de la ostentación y sus ganancias, que han disminuido pero son constantes, se invierten en el extranjero para no ser detectados por las autoridades fiscales colombianas.

Estas fuentes registran en sus informes y carpetas de investigación que en Colombia operan tres grandes narcotraficantes que son identificados por sus alias. A ellos, les atribuyen el movimiento más importante de enervantes desde Colombia que, en muchos casos, cruzan por Venezuela, desde donde se planean las rutas a seguir para las entregas vía aérea o marítima.

Actualmente los tres capos más importantes de Colombia son identificados por las autoridades locales y la DEA como “El Señor T”, “El Contador” y “La Araña”. A ellos se les atribuye la capacidad de mover hacia el extranjero la mitad de la droga que se produce en ese país y que se estima en unas 500 toneladas de cocaína al año.

Según el perfil de que disponen las autoridades, estos tres capos se han mantenido en el negocio debido a sus alianzas con cárteles extranjeros y bandas criminales locales; además, se mantienen en el anonimato y llevan una vida sin lujos.

“El Señor T” –establecen los informes –opera bajo una fachada de comerciante prestador de servicios; se abastece de la cocaína que se produce en demarcaciones como Catatumbo, Magdalena Medio, Cauca y Chocá, donde ha establecido pactos con miembros del Comando Central del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que tiene presencia en esos territorios.

Las agencias de inteligencia colombianas y norteamericanas, que han estudiado sus movimientos, aseguran que mantiene alianzas con cárteles mexicanos, chilenos, españoles y holandeses. Incluso aseguran que existen registros de algunos encuentros sostenidos en Venezuela.

El llamado “Señor T” no es cabeza de un cártel, como ocurría en el pasado. Este personaje del crimen organizado conformó un outsourcing y creó varias empresas en el exterior para canalizar sus ganancias sin dejar rastros.

A pesar de que mantiene una vida austera, su capacidad para mover droga es tan elevada que esto lo puso al descubierto: ahora forma parte de la lista de los veinte criminales más buscados del mundo.

Algo similar le pasó a “El Contador”, otro de los narcotraficantes más importantes de Colombia, quien terminó convertido en el mayor traficante de la llamada Costa Pacífica noriñense, donde se alió al Frente Oliver Sinisterra de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y las Guerrillas Unidas del Pacífico, a quienes financió.

Estos grupos se volvieron visibles para las autoridades por sus constantes acciones violentas contra la población, así como contra las Fuerzas Militares de Colombia y Ecuador.

Por ello, “El Contador” había visto peligrar el bajo perfil con el que se movía. Para evitar ser capturado creó un grupo de hombres armados –lo que bien podría ser llamado un brazo ejecutor, al estilo de Los Zetas en México cuando formaban parte del cártel del Golfo –a quienes armó con un arsenal facilitado por el cártel de Sinaloa, a fin de que combatiera a sus antiguos socios, quienes fueron abatidos.

“El Contador”, en otro tiempo, manejó las finanzas del “Frente 29” y la Columna Daniel Aldana de las FARC, de ahí le etiquetaron el apodo con el que hasta la fecha se le conoce.

No menos poderoso es “La Araña”, otro narcotraficante cuyo ascenso ha sido vertiginoso. Según sus antecedentes, empezó como intermediario entre la banda de Los Constru, que opera en el sur de Colombia, y las disidencias de Las FARC en Putumaya, pero traicionó al cabecilla de ésta última –conocido por el alias de “El Sinaloa” –para quedarse con su poderío y varios activos, entre otros, las rutas más importantes que en su momento abrió el guerrillero Raúl Reyes.

 La nueva estructura del narco colombiano

  Cobijados por el anonimato, con ejércitos y grupos de sicarios menos ostentosos, pero efectivos, y con nuevo esquema interno, el narcotráfico colombiano sigue a la cabeza en la exportación de drogas hacia el mundo. En estricto sentido, nada ha cambiado: el negocio prevalece, pero actualmente los capos son más discretos y evitan, en la medida de lo posible, la violencia de alto impacto, como ocurría en los tiempos de Pablo Escobar.

Los nuevos narcotraficantes colombianos se exponen menos a los reflectores, evitan ser rastreados y monitoreados en sus ganancias. En gran medida, este bajo perfil también fue posible que lo alcanzaran debido a que les cedieron a los narcos mexicanos el negocio del transporte de enervantes.

Otros paradigmas han cambiado en Colombia. El negocio monopolizado, por ejemplo; el deseo de volverse “íconos de la mafia” y la guerra contra el Estado, ya no existen. Además, cálculos estratégicos y cambios en el mercado de las drogas mueven hacia otros destinos las rentas del narcotráfico en Colombia.

No es todo: La violencia extrema se transformó –aunque no se ha terminado del todo –y ahora los capos, en su mayoría, han optado por una vida modesta y anteponen la fachada de ser empresarios exitosos o prósperos ganaderos. A esto se debe que la organización Insight Crime –una de las más importantes que ha estudiado el fenómeno del narcotráfico en América Latina –denomine a los nuevos narcos como “Los Invisibles”.

Estas nuevas células criminales –que a principios de este eran denominados “Los Baby cárteles” – tienen otra dinámica. Antes, los viejos cárteles como Medellín y Cali tenían el control de toda la cadena productiva, desde la siembra hasta la distribución.

Cuando fue asesinado Pablo Escobar y apresados los hermanos Rodríguez Orehuela, el narcotráfico colombiano se fragmentó en forma gradual e irreversible. El negocio primero pasó a los grandes ejércitos ilegales que controlaban las diferentes regiones donde se cultiva la coca y luego el cártel del Norte del Valle operó el negocio, pero por breve tiempo.

De acuerdo con los informes oficiales, en estas organizaciones no había un líder absoluto y ciertas facciones terminaron enfrentándose entre sí por el control de las rutas y las propiedades del narcotráfico. Luego surgieron los llamados “Bacrim” –Bandas Criminales –conformadas, en su mayoría, por paramilitares que no se acogieron a la justicia y se mantuvieron delinquiendo en todo el país.

Además, la salida de las FARC del conflicto armado, lo que ocurrió con la firma del acuerdo de paz, permitió que se confirmaran los llamados “invisibles”, la nueva generación de capos que en Colombia nadie ve ni combate.

Actualmente, en Colombia no existe una sola forma estructural en las organizaciones criminales. Lo que es claro es que, si bien antes el negocio estaba manejado por cárteles que eran altamente jerárquicos y que monopolizaban todas las etapas de la producción y tráfico de la cadena de narcóticos –como fue el caso de Pablo Escobar –actualmente hay un sistema conformado por muchos grupos de distintos tamaños y en diferentes puntos de la cadena.

Con base en informes de la Policía Nacional de Colombia, lo primero que cambió fue la estructura interna: ahora hay descentralización y la línea de mando es horizontal. Hay grandes grupos que controlan los territorios, donde están las siembras ilícitas –como los Urabeños, El clan del Golfo, El ELN y las disidencias de las FARC –pero también los hay más pequeños y sofisticados que los cárteles que operaban en los años ochenta.

En general no hay grandes capos con un porcentaje de mercado tan grande como en su momento lo manejó Pablo Escobar, establecen los informes. Lo que sí hay –añaden –es un mayor número de organizaciones, pero con rentas menores.

El actual sistema del narco en Colombia reúne a organizaciones criminales de diferentes formas, por lo que es difícil para el gobierno generalizar cómo son los actualmente los narcotraficantes.

Los empresarios del narco ahora abandonaron la idea de volverse íconos de la mafia; ya no se movilizan en los mejores autos ni viven en mansiones; tampoco tienen zoológicos de animales exóticos ni visten con joyas de oro, por ello, se camuflan entre la sociedad y resulta mucho más difícil para las autoridades identificarlos.

Además, aprendieron a profesionalizarse. Las familias cercanas a los capos estudian y muchos han adquirido conocimientos que les permiten burlar el sistema financiero y las leyes para poder blanquear sus activos.

Incluso, disponen de mejores recursos tecnológicos, con los que pueden vigilar los cargamentos vía satélite. En la época de Pablo Escobar el narco libró una fuerte guerra contra el Estado. Los actuales narcos no quieren enfrentamientos, por ello, buscan no ser vistos.

Así se manejaba, por ejemplo, el capo José Bayron Piedrahita Ceballos, “El Árabe”, quien se inició en el negocio cuidando los laboratorios del cártel de Cali. Después, fue la cabeza de una importante estructura de lavado de dinero, conformada por varias compañías en la región de Urabá, en el departamento de Antioquia.

Fue el principal generador de empleo en la zona, por lo que se camuflaba con la fachada de un próspero ganadero y exitoso empresario. Así pasó desapercibido durante años para el radar del Estado, hasta que un error lo puso bajo los reflectores de la justicia: actualmente purga una cadena perpetua en Estados Unidos.

La cadena del crimen es muy larga, pero los “invisibles” ya no lo manejan todo: ahora la clave es subcontratar servicios. Cada quien hace su parte y obtienen buenas ganancias. Así, todos ganan y se mantienen impunes e invisibles para el Estado.

En México, sin embargo, ocurre todo lo contrario: es tanta la impunidad de la que gozan que los narcotraficantes se pasean libremente, matan, desaparecen, cobran piso, incendian mercados y bares de postín si los dueños se niegan a pagar cuota; controlan la piratería, la trata de personas, el tráfico humano, regentean burdeles, casas de citas y explotan la prostitución a gran escala con absoluta libertad. El gobierno de López Obrador, con sus omisiones, ha sido el protector número uno del crimen organizado. Aparentemente ya no hay pactos entre capos y el poder, pero sí impera la inacción frente al poder criminal, lo que resulta una práctica tan perniciosa como los viejos acuerdos entre los presidentes y los jefes del narcotráfico.

Jaime Martínez Luna y la comunalidad

 


Luis Hernández Navarro

Noviembre 2 de 2021

En la década de 1970, Oaxaca era una olla de agua a punto de hervir. La indignación ante agravios ancestrales, pobreza ofensiva y cacicazgos oprobiosos precipitaron el surgimiento de cientos de conflictos comunitarios y regionales, que explotaron a lo largo y ancho de su territorio. En 1977, como volvió a suceder en 2006, la inconformidad popular estalló en la entidad y exigió la renuncia del gobernador Manuel Zarate Aquino.

En todo el estado se precipitaron tomas de tierras y ocupación de alcaldías, manifestaciones y luchas por servicios y en defensa de los recursos naturales. Movimientos armados, como el de Florencio Medrano y su Partido Proletario Unido de América (PPUA) establecieron bases de apoyo en comunidades de la Chinantla. Organizaciones como la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo (Cocei) impulsaron el municipalismo democrático y la recuperación de la cultura zapoteca.

Los poderes respondieron a esta movilización con sangre y fuego. En diversas comunidades orquestaron verdaderos baños de sangre, persiguieron y encarcelaron activistas y estigmatizaron las protestas. Combinando el monopolio legítimo de la violencia del Estado con la acción de pistoleros y guardias blancas, quisieron conservar el orden que garantizaba sus privilegios.

Con el aire del Congreso Indígena de 1974 de San Cristóbal de las Casas, organizado por el obispo Samuel Ruiz, y la formación, un año después, del oficialista Consejo Nacional de los Pueblos Indios, soplando a sus espaldas, emergió en la entidad un vital movimiento etnopolítico, que hizo visible la ancestral resistencia comunitaria de los pueblos originarios. A veces de manera silenciosa, en ocasiones ruidosamente, se impulsó la recuperación de las leguas, al tiempo que florecían literatura y arte indígenas.

En parte, ese nuevo horizonte en construcción fue alimentado por las reflexiones de un movimiento indígena internacional, auspiciado y guiado por los pueblos originarios canadienses y estadunidenses, que hicieron del trabajo por el reconocimiento de sus derechos culturales en el marco del sistema de las Naciones Unidas un terreno de acción clave. La carta que el jefe piel roja Sea­ttle dirigió en 1854 al presidente de Estados Unidos como respuesta a su petición de compra de sus tierras, circuló ampliamente entre los nuevos dirigentes indígenas oaxaqueños. Importante fue también la propuesta andina de retornar al curso viejo de la historia propia, estableciendo un segundo Tawantinsuyo. Inspirado en 10 principios fundamentales que sirvieron de soporte a la sociedad incaica, propone ganar el porvenir, reconstruyendo la nación india.

A finales de los 70, en la Sierra Juárez se gestaron cuatro organizaciones regionales que protagonizaron luchas fundamentales. En 1979, se organiza el Comité Coordinador para la Defensa de los Recursos Naturales de la Región Mixe. En 1980, ocho pueblos fundan Pueblos Unidos del Rincón, para gestionar un camino e impulsar una cooperativa de transporte. En 80, con 26 comunidades, surge la Organización en Defensa de los Recursos Naturales y Desarrollo Social de la Sierra Juárez, para defender sus bosques y finalizar el decreto presidencial que permitía su explotación a la Papelera Tuxtepec. Y en 81, nace la Asamblea de Autoridades Zapotecas, en lucha por caminos, y contra el caciquismo en Yalalag.

De la reflexión sobre esa riquísima experiencia de resistencia comunitaria surgió el concepto de comunalidad, en palabras de Benjamín Maldonado, no como principio esencialista, sino rector de vida, como una expresión de la voluntad individual de ser colectividad. Dos intelectuales indígenas, uno mixe y otro zapoteca de la sierra, fueron claves en su formulación: Floriberto Díaz y Jaime

Martínez Luna. Otros, como el mismo Maldonado, Joel y Aristarco Aquino, Juana Vázquez y Juan José Rendón, lo enriquecieron.

Víctor Hugo decía que no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha ­llegado su tiempo. Al comunalismo le ha llegado su tiempo. Su práctica es una realidad en decenas de comunidades indígenas de la Sierra Juárez, pero es, además, parte de la propuesta educativa alternativa del magisterio oaxaqueño, una referencia fundamental para pensar la realidad y las aspiraciones de los pueblos originarios del país que rechazan la autonomía tutelada por el Estado, y punto central del ideario emancipatorio de muchos sectores no indígenas.

Expresión de la vitalidad de este concepto y merecido homenaje a uno de sus más importantes constructores, el pasado 22 de octubre, la 41 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), entregó el Reconocimiento FILO a la trayectoria a Jaime Martínez Luna, en el Centro de las Artes de San Agustín.

Jaime nació zapoteco en Guelatao de Juárez. Estudió antropología en Xalapa, Veracruz. Cantor que impulsó la nueva trova serrana es también un formidable promotor cultural, que ha fundado estaciones de radio, estudios de grabación, revistas y canales de televisión. Creador de nuevos conceptos, una parte de su riquísima obra escrita puede leerse en los dos tomos de Textos sobre el camino andado. Eso que llaman comunalidad y más.

Comunalista consecuente, en la ceremonia de su reconocimiento en la FILO dijo: “No me represento a mí mismo. Lo que tengo, lo que escribo, lo que canté, no es mío, me lo han dado (…) Lo que trato de decir es que lo que escribo es de ustedes. Por eso no es un homenaje a Jaime Martínez Luna, es un homenaje a todo lo que empezó hace más de 500 años”.

Twitter: @lhan55